jueves, 27 de febrero de 2014

Herencia literaria

Julio Córtazar en una imagen de archivo de 1968. A. GALVEZTreinta años después de su muerte en París, Julio Cortázar y su genial pluma no solo no han perdido vigencia sino que siguen inspirando a las nuevas generaciones de escritores argentinos.
«Creo que Julio Cortázar está presente a la hora de pensar mis personajes, la importancia de las ciudades como ámbitos recurrentes en mis ficciones, la búsqueda de una escritura que resulte cercana a la experiencia de la lectura», reconoció a Efe el novelista y periodista argentino Sergio Olguín, nacido en Buenos Aires en 1967. Ganador del premio Tusquets de Novela en 2009 con «Oscura monótona sangre», destacó que en la década de los ochenta «muchos críticos intentaron destruirlo, se burlaron de él o lo ningunearon, pero sus libros han sobrevivido en el gusto del lector».
Cuando Hernán Ronsino (Chivilcoy, 1975) comenzó a escribir, sobre los 20 años, descubrió que Julio Cortázar vivió y trabajó como maestro durante cinco años en su ciudad natal, unos 160 kilómetros al oeste de Buenos Aires, lo que le llevó a leerlo «con atención y desde un lugar muy cercano», rememoró. El autor de Lumbre y Glaxo, ambientadas en Chivilcoy, señaló que el juego y la música, imprescindibles en «Rayuela» y en muchas otras obras cortazarianas, han tenido una gran influencia tanto en la literatura argentina como en la latinoamericana.
La cuentista Samanta Schweblin coincidió en que Julio Cortázar «abrió el juego» y «le dio al cuento rioplatense, característico por su oscilación entre la realidad y el fantástico, un espacio más abierto y lúdico, y no por eso menos denso ni angustiante, que no se había abordado todavía». Esta escritora porteña de 35 años, creadora de perturbadoras atmósferas en su libro de cuentos Pájaros en la boca, aseguró que «la frescura» y «la gran cercanía e identificación» de los relatos breves de Julio Cortázar la empujaron por primera vez a la escritura y a la idea de que «en la literatura hay juego y hay disfrute, aún para narrar la oscuridad».
Indisolublemente unida al juego, los escritores argentinos contemporáneos destacaron también «la libertad que tenía para escribir» el recordado maestro argentino y que caló hondo en la literatura, en palabras del novelista y poeta Pedro Mairal. Entrevistado por Efe, Mairal, de 43 años, subrayó «la libertad sintáctica que se ve en sus diálogos, en frases que comienzan sintácticamente correctas y florecen, se expanden, se ramifican» y también su capacidad para «mirar una cantidad de detalles de lugares que son invisibles, por donde uno pasa a toda velocidad» en libros como Los autonautas de la cosmopista.
A diferencia de sus predecesores, en líneas generales, los jóvenes escritores aprecian más los cuentos de Julio Cortázar, como Casa tomada o la compilación de Bestiario, que las novelas que le consagraron. «Rayuela debe haber influido mucho, pero no sé si tanto con los autores de mi generación como los de la anterior, dejó abierta una puerta para los que vinieron después y esos fueron los anteriores a mi generación», opinó Mairal.
«Su obra novelística me resultó un poco anacrónica, impresión que no tuve con sus maravillosos cuentos», apuntó Oliverio Coelho, elegido por la revista británica Granta en 2010 como uno de los mejores escritores hispanohablantes menores de 35 años. «En realidad al Julio Cortázar novelista hay que leerlo joven y a mí se me pasó la hora», agregó este escritor y crítico literario, nacido en la capital argentina en 1977.
Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) admitió meses atrás que no le gustan mucho las novelas de Julio Cortázar , tampoco le gusta La Maga y le sorprende que el mítico personaje femenino de Rayuela fuera considerado «el ideal de una generación».
Herencia reconocida o no, el padre de Historias de cronopios y famas ha sido leído por todos los escritores argentinos que le sucedieron y en el trigésimo aniversario de su muerte «se lo sigue leyendo», indicó Olguín. «Eso solo se puede decir de muy pocos autores muertos», concluyó este novelista.

Fuente: Mar Centenera

martes, 25 de febrero de 2014

Universidad abierta en Internet

El futuro de la educación parece estar online. Allí estan subidos grandes cursos de universidades importantes.
En estos últimos meses —con las revelaciones del topo estadounidense Edward Snowden— hemos visto claramente cómo Internet, originalmente lleno de tanta promesa para igualar el acceso a información en el mundo, se ha convertido, también, en una oscura herramienta de espionaje y vigilancia digna de la peor Gestapo. Ni hay que mencionar, además, que esta fantástica máquina —o red de máquinas— de información (¡de comunicación! ¡de archivo!) se ha atorado con material efímero, vulgar y banal. Pornografía y videos tiernos de gatos son dos enormes consumidores de banda ancha, por ejemplo. Pero tal vez Internet sea como una ciudad que fue fundada por una puñado de sabios (los científicos y geeks que asentaron las bases) pero que después, como cualquier ciudad luminosa sobre una colina, se convirtió en un imán para toda la humanidad: comerciantes y eruditos, artistas y ladrones, sacerdotes y prostitutas... Bueno, ya entendieron la metáfora.


Pero lo que queríamos decir es que en esta ciudad que es Internet hay una maravillosa Universidad y que es abierta. Sin exagerar, puede ser una de las más impresionantes universidades que haya erigido la humanidad. Aunque de acceso libre, a la vez está medio oculta. No tiene un nombre o un campus (o una solo url). No tiene un centro. Es una universidad flotante, en continuo cambio, siempre creciendo. Es tan grande que no se puede ver. Hay que ir armándola como un rompecabezas. El propósito de esta breve columna es simplemente indicar algunas de sus piezas. Al menos las piezas de las esquinas, que es por donde uno siempre empieza.

En teoría, con los recursos que existen online y gratis, podríamos armarnos un currículo de estudios que es de calidad mundial. Podríamos, ahora mismo, cursar materias que ofrecen las mejores universidades del mundo. Esto gracias al movimiento OpenCourseWare (algo así como materiales de cursos abiertos) que tiene un poco más de diez años de existencia y al cual se adhieren cada vez más instituciones educativas. Básicamente, es un movimiento altruista que considera que abrir información es beneficioso para la humanidad. Las universidades que se adhieren a este movimiento lo hacen pensando que compartir los materiales de sus cátedras no perjudicará su supervivencia, porque la experiencia de estar en carne y hueso en una universidad real no puede ser suplantada por una virtual. Pero creen, a la vez, que acceder a los contenidos de una universidad virtual puede cambiarle la vida a una persona que, de otra manera, no podría asistir la universidad real.

Pero acabamos de decir en teoría porque hay por lo menos tres barreras iniciales que pueden impedirnos realizar esta utopía. Una es tecnológica, la otra es de lenguaje y la última es psicológica. La tecnológica tiene que ver con el acceso a la tecnología y temas relacionados con la brecha digital. Para acceder a estos materiales necesitamos una conexión a Internet y el conocimiento básico de cómo funciona la lógica de la web. La segunda, de lenguaje, es complicada también. Es fundamental saber inglés, ya que la mayoría de los cursos los que vamos a referirnos están en universidades estadounidenses. Si superamos las primeras dos barreras, es turno de la tercera, la psicológica. Hay acceso, hay material, hay textos, hay videos de ponencias, material de referencia... todo esto está. Pero al fin, en frente de todo este material estamos solos, solos con la computadora y tal vez un cuaderno para anotar. Para sacarle provecho a este recurso tenemos que encarnar los ideales del autodidacta. No hay exámenes para motivarnos vía el castigo; no hay títulos en juego para motivarnos a través del prestigio; no hay alumnos para motivarnos vía el compañerismo. Estamos solos con nuestras ignorancias y deseos de conocer mejor al mundo y sus innumerables misterios.


II.

Tal vez el aula más enorme de lo que hemos designado La Universidad Invisible, es el sitio de OpenCourseWare del Massachusetts Institute of Technology. El MIT está a la vanguardia del conocimiento científico y tecnológico. La meta de este sitio es ofrecer un espejo online de sus cursos reales. Es un trabajo en curso, pero la cantidad de materiales e información que existe ahora mismo es tan abundante que llega a ser abrumadora. Hay cursos sobre Filosofía Legal, Teoría Financiera, Cognición en la primera infancia, Ingeniería Mecánica. Y con este listado ni siquiera tocamos la superficie de las 2150 materias que actualmente están en el sitio.

Para los humanistas un sitio fundamental y casi tan asombroso como el del MIT —aunque mucho más pequeño— es el de la Universidad deYale, Open Yale Courses. Lo más valioso de este sitio son los videos de las ponencias de los profesores. Se puede asistir virtualmente a todas las clases de materias como Introducción a la historia griega antigua, Introducción a la teoría de la literatura, Arquitectura Romana, Introducción a la teoría política, o un seminario sobre Hemingway, Fitzgerald y Faulkner.

Entre paréntesis, la matrícula anual del MIT está por encima de los 40.000 dólares por año y la de Yale asciende a 50.000. Pero por más que tuviéramos el dinero para asistir a estas universidades, es casi imposible formar parte del alumnado. Se necesita un récord académico, personal y profesional impoluto y de nivel de un niño prodigio. Son lugares elitistas, como el Real Madrid en fútbol. Solo juegan los más talentosos. Por lo tanto, asistir virtualmente a estas clases tiene una segunda función: es como espiar -como en un reality- aunque sea una parte de la clase provilegiada de ese país (en el caso de Yale) o la de los alumnos más de élite de ciencias y matemáticas del planeta (en el caso del MIT).

Al fin de esta nota hay una lista de universidades que ofrecen materiales y cursos vía el sistema OpenCourseWare. Arrancamos con el MIT y Yale por su prestigio, por la excelencia de su sitios y también porque solo con estas dos “aulas” virtuales, tenemos trabajo intenso para dos o tres años como mínimo.

III.

Emparentado al sistema o movimiento OpenCourseWare hay un sitio relativamente nuevo, extraoridinario, llamado edX. Es un consorcio que agrupa 31 universidades, entre ellas Harvard, MIT, la Universidad de Hong Kong, ITT Bombay, Berkley y el Ecole politique de Lausanne.

Aunque esta iniciativa comparte el espíritu del OpenCourseWare, en cuanto es gratis y provee los mismos materiales que las universidades en carne y hueso ofrecen a sus alumnos, tiene una diferencia fundamental a los sitios que hemos mencionado hasta ahora. Es más formal: hay que registrarse y seguir los cursos según un cronograma específico. También hay exámenes para medir el progreso y foros donde además se puede interactuar con asistentes de los profesores o los alumnos mismos.

El semestre de este año recién arranca, así que hay tiempo para sumarse.

Por ahí todo te suena muy lindo, pero tenemos problemas más básicos. Por ejemplo, revisar la matemática elemental de la primaria antes de cursar materias de física cuántica. Para eso podemos recomendar un sitio extraordinario llamado Khan Academy. Aquí también hay que registrarse. Este sitio es uno de los mejores ejemplos de una aula virtual. Hay un pizarrón virtual, los instructivos son didácticos, hay pruebas de evaluación. El sitio arranca con aritmética de tercer grado y llega hasta el cálculo integral y ecuaciones diferenciales. También tiene materias en ciencia y economía y financias. Nadie menos que Bill Gates ha alabado el contenido y método de este sitio.

IV.

Proponemos, entonces, estos cuatro sitios como las piezas de esquina de la “Universidad Invisible”: MIT OCW; Open Yale Courses; edX; y Khan Academy. Sigue una lista de piezas sueltas para ir rellenando. Parece sencillo, pero puede ser el trabajo de toda una vida.


Fuente: Revista Ñ







domingo, 23 de febrero de 2014

Salinger y la fama

La correspondencia del autor con una compañera de estudios de la juventud revela aspectos de su personalidad y una relación ambigua con la fama: deseaba ser un escritor reconocido, se consideraba muy bueno pero lo atormentaba la celebridad.

En una carta a una amiga de la universidad, un joven J.D. Salinger dejó escrito su deseo de ser famoso. Aunque en otras cartas a la misma mujer y su hijo durante las siguientes cuatro décadas, el autor estadounidense se encargó de describir cuanto odiaba ser una celebridad.

En la correspondencia con Ruthie Smith Maier, una mujer que conoció mientras que era alumno en Ursinus College en Pennsylvania, en 1938, ambos comparten anécdotas sobre ser padres, trabajar como escritores y sobre chusmerío general sobre la cultura popular. Según los expertos, las cartas humanizan al autor recluso, lo muestran en momentos bisagra de su vida.

La primera carta es de enero de 1941 y allí un confiado Salinger de 22 años le escribe a Ruthie que su intención es ser un gran autor. “Oh, que soy bueno,” dice en la carta tipeada de interlineado simple, según consigna el periodista Jon Herskovitz de la agencia Reuters. “Llevará su tiempo convencer al público, pero así será”. Recuerda también la época y a las personas de Ursinus, dando pistas sobre los temas de su trabajo venidero. “Por cada cien falsos (phonies) hay un bueno y esa es mejor proporción de lo que encuentro acá en mi salvaje ciudad natal de Nueva York”, dice.

La siguiente carta está fechada 17 años después, en 1958. En los años intermedios, los cuentos de Salinger habían sido editados en la revista The New Yorker, había sido soldado en los más feroces combates de la Segunda Guerra Mundial, luchando en el teatro europeo, había publicado su novela más famosa El guardián en el centeno y el libro Nueve cuentos.

Alarmado por su repentina fama, Salinger también había huido de Nueva York en 1953, defendiendo ferozmente su privacidad en el pequeño pueblo de Cornish, al noroeste de New Hampsire (un estado del noreste estadounindense, que comparte una pequeña parte de su frontera con Canadá). En la carta, Salinger habla cariñosamente sobre su pequeña hija, Margaret, sus cálidos recuerdos de Ursinus y su desdén por las consecuencias de la fama. "Estos días, casi cualquier noticia que me llega sobre mi ficción me irrita, me deja helado o simplemente no me llega", dice.

Kenneth Slawenski, el autor de la aclamada biografía J.D. Salinger: una vida, dijo que la correspondencia a través de muchos años era algo conún para el autor –como, por ejemplo, la que mantuvo con su compañero de cuarto de la academia militar, Valley Forge–, pero que eran pocos los académicos que conocían las cartas entre él y Maier. "Que yo sepa, Salinger nunca maldijo la fama en sí misma (es, después de todo, fundamental para vender libros) sino que en sus cartas frecuentemente se lamentaba sobre las consecuencias de la fama", dijo Slawenski.

Ya en 1969, Salinger estaba en la imaginación estadounidense como uno de los reclusos más famosos del país. El le escribe a Ruthie del enorme placer al ver el crecimiendo de sus hijos y dejar atrás su celebridad. "En mis peores momentos, hace años, todas las cartas que me enviaban eran, en parte o completamente, escritas con el estilo de Holden Caulfield [el protagonista de El guardian en el centeno]. Era como estar en el infierno.”

Unos nueve años más tarde le escribió a Ruth para contarle sobre cuánto se divirtió visitando su hijo Matthew, que estaba estudiando en Francia, y cómo ambos visitaban cafés y paseaban en auto por los Alpes. Salinger y Maier compartían noticias sobre sus hijos, alababan la actriz Mary Tyler Moore, y contaban anéctodas cotidianas. Según Salinger, la suya era muy aburrida.

Pero Salinger estaba muy ocupado con la escritura, contándole al hijo de Ruth, Christopher, que durante la mayor parte de la década del 70 había escrito lo mejor de su ficción "lenta, erráticamente pero, de alguna manera, bien". Aunque el biógrafo Slawenski aclaró que es difícil encontrar un momento en la vida de Salinger en que no dijera que estaba produciendo su mejor ficción.

Mucho de lo que Salinger escribió durante este período de soledad no se verá hasta el 2060, 50 años después de su muerte, como lo estipuló en su testamento. El autor tenía 91 años cuanto murió, en el año 2010. Tres de sus cuentos inéditos fueron filtrados y publicados online, seguramente de un libro no autorizado que se publicó en Inglaterra sin el permiso del autor.

En sus cartas, Salinger también dice que no tiene intención de ver su obra filmada o adaptada al teatro, un comentario seguramente provocado por productores de Hollywood que intentaron durante años llevar a El guardian en el centeno al cine.

En una carta de 1977 al hijo de Maier, Salinger escribió que quería que su ficción fuera publicada eventualmente, pero no ahora. "La publicación, para mí, por lo menos, suele poner todos los otros trabajos en proceso en peligro. Uno de los motivos es que desconfío de la finalidad de la edición".

Fuente: Revista Ñ

viernes, 21 de febrero de 2014

Gelman por Caparrós

Me llamaba maestro, como en “maestro, por favor baje a comprarme cigarrillos; dos paquetes, sí, parisiennes”. Yo tenía 16 años, él era el jefe de redacción y yo cadete de un diario que se llamaba Noticias y él, Juan Gelman, me llamaba maestro. Como en “maestro, cuando pueda, ¿me trae un vaso con hielo?”. Yo, mientras, me preguntaba cuándo podría empezar a escribir sin que la música de sus poemas me impidiera escuchar cualquier otra.
Maestro: yo entonces lo admiraba tanto que a principios del ‘76, cuando me fui de la Argentina, el único libro que me llevé fue un tomo marrón, tapa muy blanda, donde la editorial Corregidor había reunido sus poemas. Después pasaron –a todos nos pasaron– tantas cosas, y ahora se murió.

Escribí lo infrascrito el 23 de abril de 2008, cuando le entregaron su premio Cervantes. Aquí, como en el resto, importan sus palabras:



Dice que por favor no le contemos a los muchachos del barrio que se va a tener que transformar en un pingüino. M. y yo nos miramos: es la una de la mañana, acabamos de encontrarlo en el lobby del hotel madrileño, y se lo ve de buen humor, casi feliz.

–¿Un pingüino?

–Sí, me tengo que poner un frac, voy a parecer un auténtico pingüino. . .

Dice, y se le achinan los ojos de sonrisa y ensaya el gesto de los pianistas que se levantan el faldón del frac para sentarse. 

–Pero en la Argentina, ahora, pingüino significa más bien otra cosa.

Le digo, y se ríe más: sí, claro.

–Bueno, eso tampoco se lo digan a los muchachos del barrio. ¿Pero se imaginan lo que dirían si me llegaran a ver ahora, acá?

Los muchachos del barrio son una forma de decirlo: la metáfora de todo un mundo que ha quedado lejos, aunque lo lleve puesto. Villa Crespo, judíos rusos, ciertos libros, un diario, partidos comunistas, maoístas, más diarios, esos versos, cafés, los montoneros, las ginebras, aquellos parisiennes que me mandaba a comprarle cuando era su cadete, hace sólo 34 años. Lejos, aquí, los muchachos de todos esos barrios. Mañana, en la sala más solemne de la vieja universidad de Alcalá de Henares, el rey de España le dirá que es uno de los grandes escritores de la lengua. Juan Gelman, supongo, no necesitaba que ningún borbón se lo contara.

                                                    *                *                *

El Paraninfo de la universidad de Alcalá es chiquito y grandioso, una sala de cuatro o cinco siglos, frescos en las paredes, techos artesonados.  Hoy rebosa de oros, figuras, figurones, murmullos y miradas hasta que entran el rey, la reina, el presidente Zapatero, el ministro de Cultura César Molina y una guardia de guardias y fotógrafos, y se sientan sobre un estrado, tras una mesa larga cubierta de terciopelo rojo. Juan Gelman entra con ellos, bien pingüino, y se sienta en un sillón de terciopelo rojo, enfrente. Se lo ve atento, casi divertido, la cara de aguilucho que el tiempo ennobleció: la nariz corva, sus bigotes, las orejas enormes, los ojitos chispeantes cansados incisivos, la curva raramente perfecta de las cejas.

Es la hora. Hay un silencio, y el rey anuncia que empieza la sesión. El rey es el que ordena, da y quita la palabra: supongo que nadie más podría mandar en su presencia. Entonces Gelman se levanta, camina con cuidado, va hacia el estrado; el rey se levanta y toma, de un estuche, una cadena de oro. Gelman se para ante él e inclina apenas la cabeza, como quien no la inclina: justo lo necesario para que el rey le pase la cadena con medalla y se la cuelgue al cuello. El aplauso es cerrado.

Gelman agradece con palabras susurradas, sonrisas de ocasión, apretones de manos, y camina hacia una escalera en un costado.  Por ella, despacio, casi vacilante, sube a una cátedra o púlpito a tres metros del suelo, dorados y arabescos, dos guardias vestidos de terciopelo rojo, sombrero, pluma blanca. Gelman se instala, carraspea; desde allá arriba habla:

“Hoy se premia a la poesía, como fuera premiada ayer y aun antes en este histórico Paraninfo, donde voces muy altas resuenan todavía. Y es algo verdaderamente admirable en estos "dürftiger Zeite", estos tiempos mezquinos, estos tiempos de penuria, como los calificaba Hölderin preguntándose "Wozu Dichter": ¿para qué poetas? ¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte”, dice Gelman, y muchos se emocionan. El tono ya está dado: entre la poesía y el mundo, celebraciones y lamentos, el gozo y la elegía.

                                                    *                *                *

Gelman habla en voz baja, concentrada, y esa cadencia con la que siempre recitó, su arrullo tierno. Después le preguntaré de dónde la sacó, cómo inventó esa música. “De verdad me gustaría saberlo”, me dirá, risueño. Pero, ahora, Gelman sigue hablando desde arriba y combina tres temas: Cervantes, la poesía, la dictadura militar.

“Ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo, donde los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto. Esa clase de olvido es imposible. Bien lo sabemos en nuestro Cono Sur. Para San Agustín, la memoria es un santuario vasto, sin límite, en el que se llama a los recuerdos que a uno se le antojan”, dice. El rey y la reina miran hacia adelante, hacia la nada: son maestros en el arte de mirar la nada. Zapatero y Molina miran a Gelman hacia arriba, arrobados, la boca medio abierta. Gelman sigue: “Pero hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están ahí y muestran su rostro sin descanso. Es el rostro de los seres amados que las dictaduras militares desaparecieron. Pesan en el interior de cada familiar, de cada amigo, de cada compañero de trabajo, alimentan preguntas incesantes: ¿cómo murieron? ¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué? ¿Dónde están sus restos para recuperarlos y darles un lugar de homenaje y de memoria? ¿Dónde está la verdad, su verdad? La nuestra es la verdad del sufrimiento. La de los asesinos, la cobardía del silencio. Así prolongan la impunidad de sus crímenes y la convierten en impunidad dos veces”, dice Gelman, la cólera tan buey, tranquila, rítmica. Es su momento con más derecho a hablar: nos reúne la celebración de su palabra. El ministro Molina asiente con movimientos vigorosos, el presidente Zapatero sigue embelesado, el rey se rasca la oreja y, por un momento, vence al sueño. Nadie celebra su victoria.

                                                    *                *                *

El Paraninfo se emperra en un silencio religioso. Somos pocos: muchos se han quedado afuera, y disfrutamos de esta misa profana y exclusiva. Gelman dice que “Cervantes se instala en un supuesto pasado de nobleza e hidalguía para criticar las injusticias de su época, que son las mismas de hoy: la pobreza, la opresión, la corrupción arriba y la impotencia abajo, la imposibilidad de mejorar los tiempos de penuria que Hölderlin nombró. Se burla de ese intento de cambio y se burla de esa burla porque sabe que jamás será posible terminar con la utopía, recortar la capacidad de sueño y de deseo de los seres humanos”. Un cura joven de gran cruz de plata asiente, otro más viejo de flequillo y hábito de terciopelo negro mira su reloj. Juan Gelman sigue: “Yo creo, sin embargo, como el historiador y filósofo Juan Carlos Rodríguez, que el Quijote es una gran novela de amor. Del amor imposible. En el amor se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da y ahí está la presencia del ser amado nunca visto, el amor a un mundo más humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para todos que no es”, dice, y el rey escucha amor, mira a la reina, arruga los labios, cierra los ojos como quien niega algo; después sacude la cabeza en pelea contra el sueño insidioso o quizás un recuerdo. La reina lleva un vestidito rosa, su broche de diamantes, el pelo duro de un maniquí cansado y se sonríe. La reina sonríe siempre, con el gesto de los que saben y se callan.

                                                    *                *                *

Gelman no, pero está terminando: ya lleva media hora de palabras. “La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma. Esas invenciones laten en las entrañas de la lengua y traen balbuceos y brisas de la infancia como memoria de la palabra que de afuera vino, tocó al infante en su cuna y le abrió una herida que nunca ha de cerrar. Esas palabras nuevas, ¿no son acaso una victoria contra los límites del lenguaje? ¿Acaso el aire no nos sigue hablando? ¿Y el mar, la lluvia, no tienen muchas voces? ¿Cuántas palabras aún desconocidas guardan en sus silencios? Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía. Esto exige que el poeta despeje en sí caminos que no recorrió antes, que desbroce las malezas de su subjetividad, que no escuche el estrépito de la palabra impuesta, que explore los mil rostros que la vivencia abre en la imaginación, que encuentre la expresión que les dé rostro en la escritura. El internarse en sí mismo del poeta es un atrevimiento que lo expone a la intemperie. Aunque bien decía Rilke: ‘lo que finalmente nos resguarda/ es nuestra desprotección’. Ese atrevimiento conduce al poeta a un más adentro de sí que lo trasciende como ser. Es un trascender hacia sí mismo que se dirige a la verdad del corazón y a la verdad del mundo. Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir”, dice Gelman, termina, y el aplauso no se termina nunca.

                                                    *                *                *

Juan Gelman baja las escaleras, escucha los aplausos, les sonríe. El rey y Zapatero se dicen algo con gestos de las manos y sus risas. Gelman mira a la reina y la reina lo mira, casi pícara. Después el ministro Molina hace un discurso enérgico, encomiástico, y en algún momento cita versos de unos de los primeros libros de Juan Gelman, Velorio del Solo. Más tarde le preguntaré qué impresión le causa escuchar, en ambiente tan solemne y coronado, esas líneas que escribió en un café, una redacción, un departamentito, y Gelman me mira como quien mira al tiempo:

–No sé, como si todo fuera tan antiguo. . .

El ministro termina. Zapatero asiente, rey y reina sonríen y lo felicitan; el rey se para y se otorga la palabra. Es un momento extraño: el rey de España dice que cuando Juan Gelman tenía 11 años –que cuando ese chico argentino de barrio pobre, hijo de un comunista ruso, andaba por sus 11 años– soñaba poemas maravillosos que se olvidaba al despertar y que ahora, tantos años más tarde, nos ha demostrado que esos poemas no eran sólo un sueño. Juan Gelman, en su sillón de terciopelo rojo, lo mira como quien se pregunta. El rey, en realidad, no dice: lee. Alguien le ha escrito un buen discurso y me pregunto qué pensará de todo esto: si le habrán explicado, por ejemplo, cuando se lo entregaron, que este señor que homenajea y ensalza solía pensar que los reyes son una aberración y un arcaísmo y, seguramente, se debe haber cabreado mucho cuando él y su señora visitaron al general Videla, hace ya tantos años que parece como si hubiera sucedido muy poquito, muy leve, casi en sueños.

                                                    *                *                *

La sesión solemne ha terminado.  Ahora, en un claustro maravilloso –columnas, flores y esculturas–, se sirve un ligero piscolabis. El rey y la reina hablan con Gelman, su mujer, sus nietos, y uno podría pensar que se divierten. Hay fotos, muchas fotos. Zapatero me sorprende con una pregunta sobre la situación en la Argentina y si sé cómo pudo pasar eso del humo. Menchi Sábat se ríe de los cuasi, Horacio Verbitsky habla de su emoción por el discurso de su amigo. Sabina dice que está feliz, que está orgulloso:

–Estoy feliz de que le entreguen este premio a Juan y mira, estoy casi orgulloso de este país, que se lo da.

–¿Te me has vuelto nacionalista así, de pronto?

–Bueno, sólo por un momento, no te creas.

Los parabienes van y vienen, las felicitaciones, copas y tapas, las sonrisas. Juan Gelman, pingüino todavía, es el centro de todo. Lleva una semana de homenajes continuos, coloquios, charlas, lecturas, una muestra de pintura y fotos, almuerzos, cenas. Le pregunto cómo le sienta todo esto, y me dice que está muy cansado. ¿Feliz? Feliz, supongo, pero muy cansado.

Fuente: Pamplinas

miércoles, 19 de febrero de 2014

Más pastillitas de saber

Plazos, vencen o expiran, mejor que finalizan
 
Se recomienda que no se utilice el verbo finalizar cuando se hable de tiempo, ya que existen otros más apropiados, como vencer, expirarcumplirse.
Uno de los problemas más comunes en la redacción de noticias en español es la utilización repetida de un solo verbo (conocido como «verbo comodín») para determinado significado, con la consiguiente desaparición de otros más apropiados para cada contexto.
Eso es lo que ocurre cuando se emplea el verbo finalizar para decir que ha transcurrido el tiempo de vigencia de un plazo: «El miércoles finaliza el plazo para la presentación de enmiendas al proyecto» o «Ayer finalizó el plazo establecido por israelíes y palestinos para firmar el acuerdo».
En estos casos, en lugar de finalizar, hay en español otros verbos más adecuados como vencer, expirarcumplirse: «El miércoles vence (o expira) el plazo para la presentación de enmiendas al proyecto» y «Ayer se cumplió el plazo establecido por israelíes y palestinos para firmar el acuerdo».

lunes, 17 de febrero de 2014

Pastillitas de saber

"De cierto modo" no es "en cierto modo"
Foto: ©Archivo Efe/Jose Coelho 
La expresión en cierto modo, que significa ‘en parte’ o ‘de alguna manera’, no equivale a de cierto modo, cuyo significado es ‘de una forma determinada’, tal como explica el Diccionario panhispánico de dudas, de las Academias de la Lengua.
Sin embargo, en algunas noticias se usan esas expresiones de manera impropia, como en los siguientes ejemplos: «La propuesta de gravar las ganancias de capital tiene muchos años y, de cierta manera, era algo esperado», «El debut con los Gigantes fue emocionante, pero de cierto modo muy distinto a lo que se imaginaba».
Para indicar que algo no se especifica, se comprende o se conoce con precisión, las expresiones adecuadas son en cierto modo y en cierta manera, por lo que en los ejemplos anteriores lo apropiado habría sido «La propuesta de gravar las ganancias de capital tiene muchos años y, en cierta manera, era algo esperado», «El debut con los Gigantes fue emocionante, pero en cierto modo muy distinto a lo que se imaginaba».
Sí es apropiado emplear de cierta manera o de cierto modo cuando significan ‘de un modo determinado’, como en «Permiten que el novio controle sus mensajes, las llame a todas horas, les pida que no se vistan de cierta manera…», pues lo que se expresa es que los novios rechazan que se vistan de una manera concreta.

sábado, 15 de febrero de 2014

Espías en los libros electrónicos

El próximo 8 de febrero podemos ver en un solo plano a la Señora Dalloway conviviendo en Londres con Adrian Mole, Sherlok Holmes, Mary Popins o aquellas extrañas criaturas bautizadas por Elizabeth Beresford como Womble. Esta yuxtaposición de épocas y personajes es posible –o eso dicen sus creadores – en el Issue F del proyecto CurioCity, que se dedica a presentarnos los mapas más curiosos de la capital inglesa en papel.  Sus creadores han apelado a los personajes y lugares que han convertido a la ciudad en un referente literario. En la red también se busca identificar las preferencias de los lectores. Ahora es posible saber qué es lo que más le gusta a un lector, identificando las páginas que se saltó, lo rápido que leyó una historia o si, desinteresado, desertó.
COLOMBIA

Alfaguara rescata para Latinoamérica uno de los autores míticos de la literatura colombiana, bastante desconocido fuera del país. Mi cuerpo es una celda es la autobiografía de Andrés Caicedo (1951-1977), desempolvada y editada por el periodista y escritor chileno Alberto Fuguet. Caicedo, suicida prematuro, es una leyenda de la Colombia de fines de los 70. Su novela de culto Qué viva la música,  retrata con desgarro la agitación de la juventud de la ciudad de Cali, con pinceladas de cine y rock. En Europa sólo está disponible en inglés y francés, editada nada más y nada menos que por Penguin, aunque Alfaguara la tiene en su catálogo americano en papel y disponible en edición digital para España. Caicedo se dio prisa en legarnos un testimonio de su tiempo en cuentos, novelas, guiones y artículos de cine, pues según dicen que decía “Vivir más allá de los 25 años es una vergüenza”. Sobre Mi cuerpo es una celda, La Tercera de Chile, concluye que “es el diario de un cinéfilo, pero también la [historia] de un grafómano que iba con una “prisa demente”, poseía un “espíritu sufriente” y predicaba que la “tristeza que da la ausencia es lo que más me hace escribir”. Una buena noticia es que Alfaguara está preparando la edición en España de tres joyas: Los cuentos completos, Qué viva la música y la autobiografía de Andrés Caicedo.
CUBA

La semana pasada se falló el Premio Casa de las Américas, dedicado a las letras latinoamericanas y caribeñas. Cosas peores, de la colombiana Margarita García fue el ganador en la categoría de cuento. El premio de teatro se lo llevó la obra Blanco con sangre negra, del mexicano Alejandro Román y el de ensayo artístico literario fue para otro colombiano, Carlos Orlando Fino, por José Lezama Lima: estética e historiografía del arte en su obre crítica. La venezolana Mariana Libertad obtuvo el reconocimiento por La loca inconfirmable. Apropiaciones feministas de Manuela Sáenz (1944-1963) y el jamaiquino David Austin obtuvo el Premio de Ensayo en lengua inglesa porFear of a Black Nations – Race, Sex and Security in Sixties Montreal.  Los galardones honoríficos de poesía José Lezama Lima, de narrativa José María Arguedas y de ensayo Ezequiel Martínez Estrada fueron para la colombiana Piedad Bonnett, el mexicano Juan Villoro y el brasileño Luiz Bernardo Pericás.
ESTADOS UNIDOS

Las huellas que dejamos en la Red son aprovechadas abiertamente para saber más de nuestros gustos y preferencias. El mundo del libro también está aprovechando estas pistas para complacer a los lectores: ¿Qué partes del libro releen?, ¿Qué páginas se saltan? y, por supuesto, si no llegan a terminar el libro. El objetivo es retroalimentar a los escritores para que le den a los lectores lo que quieren. Un arma de doble filo que podría limitar la creatividad de los autores o dispararla. Mientras Amazon y Barnes & Noble ya recopilan este tipo de datos, en Kindle y Nook, esa información sigue siendo privada. Una de las empresas que ha estado trabajando en esto es Scribd. Aunque es conocida como una herramienta para compartir documentos en PDF en la web, también permite publicar novelas, biografías y otros libros. Justamente Scribd, según The New York Times, ha descubierto que los libros eróticos se leen más rápido o que mientras más larga es una novela de misterio, más probable es que el lector salte hasta el final para ver quién es el asesino.
REINO UNIDO

El domingo pasado terminó el Being a Man (BAN) festival. Un fin de semana (31 de enero/2 de febrero) en el que se habló y se cantó sobre lo que significa ser hombre en estos tiempos. Cierto es que las agendas culturales y festivas están llenas de citas alrededor de la mujer, la niñez o el colectivo LGTB, en los cuales muchas veces los hombres salen  mal parados o en el peor de los casos son ignorados. Así que el escenario propuesto por el Southbak Centre les permite reivindicarse o al menos explicar –incluso a sí mismos– sus puntos de vista y sus temores alrededor de temas como la paternidad, el sexo, la sexualidad, la guerra, la relación con las mujeres y el feminismo.  El escritor Nick Hornby, autor de Julieta desnuda (Anagrama) oTodo por una chica (Anagrama) fue uno de los oradores del masculino festival junto al cantautor Billy Bragg, el poeta y rapero Akala o el ceramista Grayson Perry, que lanzó preguntas hilarantes pero incisivas como “¿Por qué nuestros penes están atrapados en el pasado?” o “Por qué siempre tengo la razón?”.
El proyecto CurioCity, dedicado desde 2011 a crear los mapas más rebuscados de Londres, prepara el lanzamiento de Issue F el próximo 8 de febrero, nos cuenta The Independent. Quizá Londres no tenga tantos personajes de ficción como habitantes, pero lo que si es cierto es que la literatura y el cine la han convertido en un inabarcable universo literario en el que conviven Sherlok Holmes, Clarissa Dalloway, Mary Poppins o Bridget Jones. Los cuatro jóvenes capitanes del proyecto ya nos han regalado un mapa de las estrellas de Londres y una anatomía de la ciudad sobre un cuerpo disecado. Ahora, sobre una ilustración de Lucie Conoley, nos presentan el Londres más literario en un mapa clásico (a primera vista), que combina artículos e ilustraciones que se esconden en pliegues impredecibles. De hecho, hay textos que sólo se pueden leer cuando se pliega de cierta manera. Todo un reto, en estos tiempos de tabletas digitales.
ESPAÑA

Platero y yo cumple cien años.  Para celebrarlo, la cuna de Juan Ramón Jiménez ha declarado este 2014 como el ‘Año de Platero’ con un reclamo que seguramente invitará a los amantes del libro a visitar la localidad onubense de Moguer: Se trata de una edición conmemorativa y no venal de la novela, que sólo se podrá adquirir a través de un  pasaporte de visitas, que el interesado deberá llenar con sellos de los diferentes escenarios del pueblo, relacionados con el Premio Nobel moguereño.  A lo largo de 2014, el Ayuntamiento y la Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez ofrecerá un programa de exposiciones visitas teatralizadas, jornadas de gastronomía, actividades literarias, proyección de audiovisuales y conciertos. El pasado 27 de enero, el mismísimo Platero se plantó en la Plaza del Cabildo en una escultura de bronce, con la que se inauguró el Museo al Aire Libre Platero.
Esta semana, tendremos en Madrid a Zygmunt Bauman, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2010. El intelectual polaco, que EL PAÍS entrevistó la semana pasada, estará en Madrid presentando su nuevo libro ¿La riqueza de unos pocos nos beneficia a todos? (Paidós).
A Barcelona llega Andrea Camilleri, quien recibirá el premio BCNegra. El corresponsal de EL PAÍS en Roma, Pablo Ordaz, habló con él sobre su disciplina para escribir –lo hace cada día perfectamente acicalado, como si fuera a la oficina–y sobre su desilusión de la política italiana. El incansable creador del comisario Montalbano publica por estos días El juego de los espejos (Salamandra).  
Edmundo Paz Soldán experimenta con la Ciencia Ficción en su nueva novelaIris (Alfaguara) que estará en librerías el próximo 5 de febrero. El escritor boliviano, que vive en Estados Unidos desde 1991, acaba de estar en un panel sobre literatura boliviana en la Feria del Libro de Viña del Mar.  El día 5 presenta Iris  en el Centro Cultural de España de La Paz y al día siguiente en la Biblioteca del Centro Simón I de su Cochabamba natal.
Planeta presenta Matar a Prim, un libro que hurga en el asesinato del carismático general Juan Prim cuando se cumplen 200 años de su nacimiento. El periodista  Francisco Pérez Abellán consiguió un permiso para exhumar el cadáver y practicarle una autopsia. En el libro, que sale a la venta este lunes, se presentan nuevos datos sobre caso Prim, 142 años después de su sorpresiva muerte.

Fuente: Carolina Ethel