Por Ramón Moreno Rodríguez En el siglo pasado Lewis Caroll ejercía con fervor incomparable su sacerdocio anglicano y su paidofilia. Del primero, afortunadamente, no se conserva nada; del segundo, desgraciadamente, tan sólo conocemos una serie de fotografías de niñas semidesnudas, cartas a más de una de ellas, el nada candoroso libro Alice's adventures in wonderland (que el candor de Walt Disney lo convirtió en una torpe película de dibujos animados) y una saga de éste: el libro Through the looking-glass and what Alice found there, traducido telegráficamente al español como Alicia a través del espejo. Para ambos escritores, Borges y Caroll, el espejo tiene un tentador significado: conocer de una manera cabal al mundo, es decir, a sí mismo. Alice Liddell atraviesa el espejo para ingresar a un mundo confuso y extraño: simbólica representación del yo propio o acaso, ¿por qué no? del propio Charles L. Dodgson (verdadero nombre de Caroll). Para el inglés el espejo es tan sólo l...