Rayuela es muchas cosas pero, ante todo, es un canto a la libertad y a la experimentación. Por ello, entre los capítulos 10 y 18 de la novela de Julio Cortázar, un grupo de amigos - autodefinidos como el Club de la Serpiente - quedan en las noches parisinas para beber y escuchar jazz, música como ninguna que permite violentar las estructuras y pensar en un tiempo diferente, más espontáneo. En esas "discadas", auténticos rituales que abren puertas insospechadas, comparten audiciones Horacio Oliveira (un culto exiliado argentino), la Maga (su amante, de gran poder intuitivo), Ossip Gregorovius (filósofo checo que compite en lo intelectual y en lo amoroso con Horacio), Ronald y Babs (un músico y una ceramista norteamericanos), Perico Romero (español que estudia filosofía Zen), Wong (un chino que estudia las formas de tortura) y Etiennne (un pintor francés). Pilar Peyrats realiza un viaje por la banda sonora de esos encuentros, en un libro-CD que ahora recupera la edi...