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Mostrando las entradas etiquetadas como lexico

Las palabras mueren cuando se dejan de usar

"El lenguaje se redujo de tal manera que atenta contra la democracia." Acostumbrado a sorprender con sus declaraciones, Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, mide la reacción de La Nacion ante sus contundentes palabras. "Cuando no hay capacidad de expresión se achica el pensamiento. Lo vemos todos los días con jóvenes que no leen, que no saben escribir correctamente y terminan con un lenguaje empobrecido. Y ese empobrecimiento intelectual y verbal le hace muy mal al sistema democrático", explica. Barcia formuló su preocupante diagnóstico durante una entrevista realizada a raíz del reciente lanzamiento del Diccionario argentino de dudas idiomáticas (DADI), publicado por la editorial Santillana, que echa luz sobre errores, vacilaciones, incertidumbres y barbaridades en que caen los argentinos a la hora de escribir y de hablar. Y tanta fe le tienen al diccionario sus autores, que cariñosamente lo llaman DADI, que es como se dice fo...

Etimología popular

Según el diccionario de la RAE de 1992, la etimología popular consiste en la «interpretación espontánea que se da vulgarmente a una palabra relacionándola con otra de distinto origen. La relación así establecida puede originar cambios semánticos o provocar deformaciones fonéticas».  Según esta definición, habría que distinguir dos tipos de etimología popular: a) Sin deformación fonética, como es el caso de inhumar empleado por incinerar (en lugar de «enterrar») por creer el hablante que dicha palabra se emparenta con el español «humo» cuando, como se sabe, procede del latín «humus» (tierra) y no de «íumus» (humo). b) Con deformación fonética, como es el caso del vulgarismo *mondarina por mandarina por creer el hablante que esta fruta tiene algo que ver etimológicamente con la familia léxica monda (cáscara). Pero aún caben dos tipos más: c) Con deformación gráfica: es muy frecuente ver escrita la palabra ilación («acción y efecto de inferir una cosa de otra»; «t...

El particularismo lingüístico rioplatense

El 24 de febrero de 1946, Juan Domingo Perón obtuvo un rotundo triunfo en las urnas. El 56 por ciento de los electores votó su candidatura presidencial. En los mítines, Perón no trataba a los adversarios políticos de tontos y desgraciados, que hubiera sido lo razonable, sino de pastenacas y chantapufis, o sea, lo mismo dicho en alguna de esas jergas porteñas tan comunes entonces. Los opositores políticos eran unos contreras y quienes apoyaban al peronismo, los grasas. Fórmulas de indudable éxito que entonces te podían llevar a la Casa Rosada. Los peronistas veían en ellas la expresión popular, desgarrada y arrogante de un líder al estilo de los viejos caudillos criollos. A poco de ganar las elecciones, en la paredes de Buenos Aires aparecían pintadas como "Le ganamo a lo dotore". Los doctores eran, como puede suponerse, gente poco peronista y poco amiga de la grasa.  En sí misma, la oratoria peronista no era nueva. Seguía una tradición muy antigua y muy arraigada ...