El amor, la ira… la contradicción; el desenfado, el desenfreno… el desencanto. Una infinidad de sentimientos y sensaciones habitan a la vez en complejas personalidades y convergen en una sola fuerza creadora. Así, la vida y la obra se confunden y entremezclan: se vive para crear, se crea lo vivido. Estamos hablando de Arthur Rimbaud. Al momento de ser invitado por Verlaine a su casa de París, luego de que él le enviara el poema El barco ebrio, Rimbaud era un genial y rebelde adolescente que había intentado llegar antes a la capital de Francia, sin mayor éxito, y ya mantenía correspondencia con Paul Demeny y Banville. Nació el 20 de octubre de 1854, -en Charleville, región francesa de las Ardenas-, en una familia encabezada por Vitalie Cuif, una madre severa y ultrareligiosa que tempranamente había sido abandonada por su marido al partir a la guerra de Crimea. Siempre fue un niño precoz que comenzó a escribir versos a la edad de diez ...