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El oficio de corrector: de la copia de autógrafos a la edición digital

El Quijote debió de pasar por todas las fases que a comienzos del Seiscientos eran corrientes para que un libro llegara al lector romancista: el autor escribía a su aire, un amanuense profesional sacaba en limpio el autógrafo, y la copia del amanuense (revisada o no por el escritor) era repasada a su vez por el corrector de la imprenta, quien, a grandes rasgos, marcaba sobre ese «original» o exponía a los operarios las reglas ortográficas que debían aplicar, con la inevitable interferencia de errores, gustos y modalidades lingüísticas propias, que luego él, con mayor o menor diligencia, procuraba subsanar en las pruebas. *Francisco Rico (edición completa, anotada e ilustrada  de  Don Quijote de la Mancha) Mucho antes de la invención de la imprenta, cuando los libros se copiaban a estilete o pluma sobre diversos soportes, ya existían correctores que supervisaban el trabajo de los amanuenses. Es sabido que entre los romanos el cuidado de transcribir y corregir los manuscritos s...