En esta entrevista, el polémico y provocador escritor británico habla de su manera poética de luchar contra todo tipo de discriminación. Benjamin Zephaniah no es precisamente el arquetipo de poeta que uno suele imaginar. Al recitar sus versos, con un ritmo que se funde entre el reggae y el rap, y a los que dramatiza con todo tipo de gestos corporales, sus trenzas negras, o dreadlocks, se dispersan como largos dedos gruesos por la espalda, de un lado a otro, casi hasta la cintura. “La poesía es música, el cuerpo mismo lo siente”, dice este artista de origen inglés, que vivió gran parte de su infancia en las pacíficas tierras de Bob Marley. Y fue acaso la influencia de la música y de la estética jamaiquina la que derivó en el comentario actual, casi unánime, de la crítica internacional: a Zephaniah vale la pena leerlo; pero mucho más, verlo y escucharlo. Lo mismo opinan sus seguidores; Nelson Mandela, uno de ellos, lo invitó personalmente en varias oportunidades a Sudáfrica. “Siempre ...