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Pastillitas de saber: y/o, fórmula innecesaria

La fórmula y/o, calco del inglés and/or, resulta casi siempre innecesaria pues la conjunción o no es excluyente, por ello, y tal como expresa el Diccionario panhispánico de dudas, se desaconseja su uso, «salvo que resulte imprescindible para evitar ambigüedades en contextos muy técnicos». Sin embargo, tanto en los medios como en otros muchos soportes de comunicación, cuando se quiere dejar claro que existe la posibilidad de elegir entre la suma (y) o la alternativa de dos opciones (o) se utiliza la fórmula y/o: «Porque la decisión estaba en manos de la militancia y no de las direcciones regional y/o federal», «Se ha observado una excesiva preocupación por obtener o mantener una figura delgada y/o musculosa». En estos casos se olvida que la conjunción o puede expresar en español ambos valores conjuntamente, de modo que hubiera sido más apropiado escribir «Porque la decisión estaba en manos de la militancia y no de las direcciones regional o federal», «Se ha observado...

¿Dónde pongo la coma?

En las enumeraciones de elementos separados por comas no es correcto escribir una coma delante de la y que precede al último de ellos , según recoge el Diccionario panhispánico de dudas. A menudo, en textos de diversa índole, se escribe coma delante de la y que introduce el último elemento de una enumeración: «En la época republicana trabajó en los ferrocarriles, se convirtió en líder sindical, y viajó por Centroamérica». El empleo en español de esta coma no es apropiado porque la y sustituye precisamente a la coma del último elemento de la enumeración.  De este modo, en el ejemplo anterior lo adecuado hubiera sido: «En la época republicana trabajó en los ferrocarriles, se convirtió en líder sindical y viajó por Centroamérica». Sin embargo, sí se escribe coma delante de la y en otros casos, como: - Cuando la enumeración tiene elementos complejos que deben separarse por punto y coma: «Agradezco su ayuda a Enrique, biólogo; a Pedro, botánico; a Luis, zoólogo, ...

Jazzuela, el jazz en Rayuela

Rayuela es muchas cosas pero, ante todo, es un canto a la libertad y a la experimentación. Por ello, entre los capítulos 10 y 18 de la novela de Julio Cortázar, un grupo de amigos - autodefinidos como el Club de la Serpiente - quedan en las noches parisinas para beber y escuchar jazz, música como ninguna que permite violentar las estructuras y pensar en un tiempo diferente, más espontáneo. En esas "discadas", auténticos rituales que abren puertas insospechadas, comparten audiciones Horacio Oliveira (un culto exiliado argentino), la Maga (su amante, de gran poder intuitivo), Ossip Gregorovius (filósofo checo que compite en lo intelectual y en lo amoroso con Horacio), Ronald y Babs (un músico y una ceramista norteamericanos), Perico Romero (español que estudia filosofía Zen), Wong (un chino que estudia las formas de tortura) y Etiennne (un pintor francés). Pilar Peyrats realiza un viaje por la banda sonora de esos encuentros, en un libro-CD que ahora recupera la edi...

¡La lengua con el vocabulario más grande!

A veces la gente se pregunta sobre el tamaño del vocabulario de diferentes idiomas, o se propagan algunas opiniones sobre esos temas. Muy a menudo la discusión gira en torno a la reivindicación de que el inglés tendría el vocabulario más grande.  La respuesta correcta es que la pregunta carece de sentido en su formulación general (como antes), en el sentido estricto de que contiene palabras que son demasiado vagas en este contexto ("lengua" y "vocabulario" y "grande" y "tener") . Por lo tanto, a pesar de la forma gramatical es interrogativa, en realidad no se plantea ahí ninguna pregunta.  La cuestión se puede convertir en preguntas significativas y pasibles de muchas respuestas diferentes, pero ninguna de ellas es en realidad más obvia ni más natural que las demás, a menos que uno piense en términos de una lengua o de un tipo de lenguaje, como si fueran lenguajes aislados. De esta forma, el asunto sería un conjunto de preguntas que n...

El particularismo lingüístico rioplatense

El 24 de febrero de 1946, Juan Domingo Perón obtuvo un rotundo triunfo en las urnas. El 56 por ciento de los electores votó su candidatura presidencial. En los mítines, Perón no trataba a los adversarios políticos de tontos y desgraciados, que hubiera sido lo razonable, sino de pastenacas y chantapufis, o sea, lo mismo dicho en alguna de esas jergas porteñas tan comunes entonces. Los opositores políticos eran unos contreras y quienes apoyaban al peronismo, los grasas. Fórmulas de indudable éxito que entonces te podían llevar a la Casa Rosada. Los peronistas veían en ellas la expresión popular, desgarrada y arrogante de un líder al estilo de los viejos caudillos criollos. A poco de ganar las elecciones, en la paredes de Buenos Aires aparecían pintadas como "Le ganamo a lo dotore". Los doctores eran, como puede suponerse, gente poco peronista y poco amiga de la grasa.  En sí misma, la oratoria peronista no era nueva. Seguía una tradición muy antigua y muy arraigada ...

Los verboides

Los verboides son, como su nombre lo indica (el sufijo -oide significa 'falso'), falsos verbos. Esto quiere decir que parecen verbos -reciben, de hecho, los modificadores del verbo- pero se comportan sintácticamente como otras clases de palabras. Dicho en otros términos, se trata de formas no personales que los verbos pueden adoptar. Y ahí está la clave: sólo los verbos, como clase de palabras, tienen un accidente gramatical llamado persona (que puede ser: primera, segunda o tercera); si no la tienen, NO son verbos. Existen tres clases de verboides: los infinitivos, los participios y los gerundios. Veamos: - Los infinitivos son los que renocemos por la terminación -r, unida, de acuerdo con la conjugación a la que pertenezcan, a una vocal que puede ser -a-, -e- o -i-. Dicho en criollo: -ar, -er, -ir. Además de recibir los mismos modificadores que los verbos (objetos, circunstanciales), el infinitivo funciona como un sustantivo en la oración. Por ejemplo: Apalear duendes es...

Del sexo al género

En los últimos años, algunas de las principales polémicas sobre el lenguaje y el género han llegado hasta nosotros a través de la política. Desde la equiparación de derechos hasta la violencia machista, desde las políticas de cuotas hasta las listas cremallera, desde las políticas de conciliación a las de empleo. El carácter transversal de las iniciativas puestas en marcha para normalizar la incorporación de la mujer a la sociedad, en igualdad de condiciones, sin discriminaciones ni injusticias, ha puesto en primera línea del debate social las cuestiones relativas al género. Un debate que posee, además, unas aristas mucho más comunes y afiliadas de lo que, desde la superficie, podría parecer. Este libro, Del sexo al género. Los equívocos de un concepto (Cátedra, 2011, disponible en FantasyTienda), compilación de artículos colectivos editada por Silvia Tubert, segunda edición de un libro publicado ya en 2003, nos permite explorar más afondo uno de los más polémicos: el relativo al...