miércoles, 10 de abril de 2013

La guía para los nuevos medios se presenta en Argentina


La Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) presenta este martes en Buenos Aires Escribir en internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales, que recoge consejos y herramientas para expresarse con corrección en el mundo digital.  


La guía, elaborada por un equipo de 40 expertos coordinados por Mario Tascón, pionero del periodismo digital, responde a la preocupación creciente de quienes se acercan al mundo de las nuevas plataformas y la redes sociales por expresarse en ellas con corrección, como señala el director general de la Fundéu BBVA, Joaquín Müller.

La presentación correrá a cargo de la representante de la Fundación en la Argentina, Gabriela Pauer, y los periodistas especializados en nuevos medios Pablo Mancini y Ariel Torres.

Al acto asistirán, entre otros, el presidente de la Academia Argentina de Letras (AAL), Pedro Luis Barcia, y el director de Relaciones Institucionales del banco BBVA Francés, Gonzalo Verdomar Weiss.

El libro, publicado por Galaxia Gutenberg y distribuido por el grupo editorial Del Nuevo Extremo, comprende dos partes, como explica Pauer.

«La primera está dirigida a cualquier usuario de las nuevas tecnologías: Twitter, Facebook, internet, el correo electrónico, el blog, la cátedra en línea, los foros, etcétera. La segunda, apunta a aquellos que hacen un uso profesional de estos medios: periodistas digitales, diseñadores y maquetadores web, etcétera».

«Y, desde luego, a aquellos vanguardistas de profesiones noveles, recién desembarcadas, como son los gerentes de comunidad, los científicos de datos, los desarrolladores de interfaces, entre otros» añade.

A través del libro se puede aprender cuáles son las abreviaturas propias de la web; por qué, en ciertas circunstancias, conviene usar un lenguaje internacional; cuáles son los códigos de cortesía en el ciberespacio; qué prácticas deben evitarse en Twitter; qué es un emoticono y cuándo usarlo.

Los profesionales encontrarán información sobre los formatos y plataformas multimedia, el uso de los números en el mundo digital, cómo escribir para los buscadores o cómo gestionar la reputación en línea.

Esos contenidos, a los que se unen un anexo de términos imprescindibles y una serie de consejos jurídicos de todo tipo, convierten el libro, señala Pauer, «en un texto de consulta permanente sobre una variedad de temas del mundo digital».

La Fundéu BBVA es una entidad sin ánimo de lucro nacida de un acuerdo entre la agencia Efe y el banco BBVA y que trabaja en Argentina asesorada por la Academia Argentina de Letras para impulsar el buen uso del idioma español en los medios de comunicación.

martes, 9 de abril de 2013

Trilogías argentinas



La trilogía de las “Historias” de Alan Pauls



Recientemente finalizada con la edición de Historia del dinero, Alan Pauls se propuso algo que puede muy bien marcar una insistencia de nuestros días en cuanto a temática de novelas se refiere: sí, mis queridos, nos referimos a la visita, desde la actualidad, al mundo simbólico e imaginario de los setenta. En Historia del llanto, Historia del pelo y la ya mencionada Historia del dinero tenemos a un personaje innominado que sospechamos por momentos el mismo y que, a partir de estos tres ejes temáticos, da un paseo poco agradable por una década diseccionada en sus detalles, visitada de una manera para nada grandilocuente. Parca, ascética, medida: Pauls ofrece una perspectiva poco sentimental acerca de una de las etapas más candentes de nuestro pasado.


La trilogía “Canguros” de Jorge Asís


Si hay una clara obsesión en la prosa de Asís es la de los negocios. La lógica del batacazo que podíamos leer en Arlt (y que tiene una obra presentada en dos entregas: hablamos, claro, de Los siete locos y Los lanzallamas) llega a su punto cúlmine con la idea de “los canguros”, esas personitas que van al mercado y que, vistas desde mucha distancia, parecen estos animalitos saltarines llevando lo que tienen de un lugar al otro para conseguir algo de plata. Metáfora central de una trilogía que da un panorama bastante particular de la Argentina de los últimos años de la dictadura: Flores robadas en los jardines de Quilmes, Carne picada y Canguros, con un “insert” bastante desconocido que lleva el nombre de La calle de los caballos muertos (y que retoma el candente tema de las barras bravas en el país), hoy Asís ha vuelto a la narrativa con una nueva trilogía que acaba de finalizar, junto con la esperada reedición de muchos de sus más notables trabajos. Ya no hay excusas: a leerlo.


La trilogía policial de Juan Martini


Nada mejor para una trilogía que el policial. Ya la idea de serie parece pegada a la sola mención del género. Y si a eso le sumamos el determinante rol que cumplió ese género en el país durante la última dictadura, bueno, tenemos entre manos un trabajo determinante que vuelve  a poner sobre el tapete la relación entre la literatura argentina y la realidad política (parafraseando el trabajo de David Viñas). Con tres títulos – El agua en los pulmones (1973), Los asesinos las prefieren rubias (1974) y El cerco (1977)-, Martini retoma las pautas clásicas del policial negro de los ’30 y ’40 para hablar de la más terrible época de la historia nacional. Recientemente, Martini terminó otra trilogía que lleva el elegante título de Cine en sus tres libros con diferentes subtítulos, editadas todas ellas por Eterna Cadencia.


“La trilogía de Entre Rios” de Perla Suez


Pinta tu aldea. Un mandato claro que existe en el arte para hablar, claro está, del mundo: narrar lo absolutamente propio y local con la mayor honestidad posible como una estrategia para hacer filtrar, por esos recovecos, el mundo. Y eso es lo que sucede tras la lectura de esta trilogía armada por Perla Suez. A partir de la historia de un grupo de inmigrantes judíos y  de sus descendientes, Suez reconstruye la historia nacional en tres momentos diferentes: la Semana Trágica de 1919 con El arresto, la década del ’30 con El complot y la década del ’50 con Letargo. Con un estilo seco, bien a lo Andrés Rivera, estas tres novelas cortas hacen lo que muchas veces cualquier novela busca: pintar un fresco de su época.

“La trilogía de la espera” de Antonio Di Benedetto


Di Benedetto es uno de esos escritores que tendrían que ser no sólo recomendados, sino casi podemos afirmar obligatorios para cualquier lector incipiente. Zama, de 1956; El silenciero, de 1964 y Los suicidas, de 1969, componen una serie que, pese a no ser pensada como tal, termina adquiriendo forma a partir de la publicación en el año 2011 de estas tres novelas organizadas bajo el sugerente subtítulo de “trilogía de la espera” a partir de su unidad estilística y temática, tal como reza el prólogo de Juan José Saer a la citada edición. Si bien Zama ha sido la que obtuvo mayor reconocimiento, es en Los suicidas donde el lector se rendirá a la prolijidad de una prosa concisa, rodeada de un silencio perceptible (frases cortas, tajantes) y que somete al lector a su lógica distante, desesperanzada. Basta con colocar las tres primeras frases del texto como prueba: “Mi padre se quitó la vida un viernes por la tarde. / Tenía 33 años./ El cuarto viernes del mes próximo yo tendré la misma edad”.


Fuente: Fernando Bogado





martes, 2 de abril de 2013

Malvinas, una guerra privada


Malvinas. una Guerra Privada
James Peck nació en 1968 en Puerto Deseado (Malvinas). Es artista y escritor. Se educó en Inglaterra en la Falmouth School of Art y la Chelsea School of Art, y en Australia en la Nacional Art School de Sydney. Ha realizado numerosas exposiciones, entre ellas: Malvinas. Two Visions (con Ed Shaw; Centro Cultural Borges, Buenos Aires, 2012); Drive to Cerritos (Galería Sara García Uriburu, Buenos Aires, 2007); NAS (Sydney, 2006); FIGO (Londres, 2005), Brasserie Show (Stanley, Malvinas, 2004); From the South (con Andrés Waismann, Centro Cultural Borges, Buenos Aires, 1999). Participó en la feria arteBA en 1998, 2000 y 2010. Recibió el premio Shackleton Scholarship Award (1997); premio Bolsa de Comercio de Bahía Blanca (2000); premio Aerolíneas Argentinas (2002); premio OSDE (2004) y Stella Downer Gallery Award (2005). Vive y trabaja en Buenos Aires.


Contratapa


El 2 de abril de 1982, la Argentina entró en guerra con Gran Bretaña por la posesión de las islas Malvinas. En ese momento, James Peck tenía trece años. Su memoria conserva las imágenes de cuerpos mutilados, el miedo, la angustia. Con cuatro generaciones de isleños a sus espaldas, su padre combatió del lado británico y es considerado un héroe.

Tras el fin de la guerra, de ser un territorio pobre y olvidado, las islas pasaron a ocupar un lugar estratégico en la política británica. Mientras tanto, Peck conoció a María, una pintora argentina, y se casó con ella. Cuando las autoridades del archipiélago se mostraron hostiles, la pareja decidió partir. Comenzaron un peregrinaje que los condujo a Buenos Aires. 
En 2011, Peck solicitó el documento de identidad argentino, que recibió de manos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. 
Este libro es un testimonio íntimo y personal sobre la guerra de Malvinas. Con una prosa valiente, de textos breves y despojados, el autor rehúye las generalidades y se limita a narrar una parte de la verdad, la suya propia. Malvinas. Una guerra privada permite acercarse a esa tierra hermosa y desolada, desconocida para la mayoría de los argentinos aunque algunos hayan dado su vida por ella.

Entrevista 


James Peck. El artista malvinense, que vive en Buenos Aires, posa con uno de sus cuadros en su atelier. Lorena Lucca
James Peck 
Es una tarde soleada de comienzos de otoño en Buenos Aires, tal vez la estación que mejor le queda a esta ciudad, cada vez más llena de autos y de árboles desprolijos, una ciudad que parece repetir su mito de crisol de razas y de contenedora de las historias más diversas. Una de estas historias está en el atelier de James Peck, artista visual que acaba de publicar su primer libro: Malvinas, una guerra privada (Emecé).

Entre el título del libro —que es el crudo testimonio del hijo de un héroe de guerra kelper— y el nombre del autor, hay una tensión que se explica rápidamente: Peck es el primer hombre nacido en las Islas Malvinas que se nacionalizó argentino y recibió su D.N.I., en junio pasado, de manos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Nacido en 1968 en las islas, Peck vino a la Argentina por amor, cuando, después de la guerra, la vida de una pareja “mixta” en el archipiélago se hizo difícil. “Quise abrazar la historia de mis propios hijos que nacieron acá —cuenta en un español de erres casi mudas y acento australiano—, yo vivía con la cabeza en medio de esa guerra, sentía que tenía que defender a mi padre, a las islas”.

“Yo tenía sólo trece años cuando estalló el conflicto y aquí nadie me atacó, pero muchos en las islas me llamaron traidor cuando me nacionalicé argentino”, dice.

Como una especie de Hamlet que se despoja del mandato de defender y vengar el honor de su padre, Peck describe en el libro cómo fue crecer en un ambiente que era hostil aún antes de la guerra. Una población de alrededor de 1800 personas, en tiempos en que no había televisión, en un paisaje gris y plano y, cuesta creerlo, sin árboles: “la primera vez que estuve en un lugar con muchos árboles fue en la Patagonia y no pude tolerarlo, necesitaba ver el horizonte, me pareció demasiado hermoso para soportarlo”. En el atelier de Peck están colgados algunos de sus cuadros, llama la atención que sean paisajes pero, para este isleño, los paisajes son una medida del mundo, por eso pinta los picos de la cordillera mendocina, por eso se empeña en describir los accidentes de una geografía que de chata no tiene nada.

Sobre los soldados argentinos que el 2 de abril de 1982 alteraron para siempre la vida de las islas recuerda el hambre, los robos de comida, la ropa miserable. Uno de sus recuerdos aterradores de la guerra no es el estruendo de las bombas, ni el vuelo rasante de los Exocets, ni siquiera de la vez que sacando fotos desde el techo de su casa su objetivo se encontró con el caño de un fusil que le apuntaba de frente: “estábamos en casa y escuchamos que los vidrios de la habitación de arriba explotaban, un ruido horrible, vi debajo de la puerta las sombras de unos pies, por las rendijas de las ventanas tapiadas con frazadas, vi las siluetas de los soldados. Habían tirado una piedra para romper la ventana y entrar a robar comida” —desgrana en un relato que siempre parece al borde de todo—, pero sigue y se aventura a lo que sucede hoy: “lo que pasa en las islas no es genuino, no es inocente y con el referéndum hay mucha manipulación.

Aunque suene muy fuerte lo que digo, por más que algunos isleños digan que quieren tener el control, un tipo de independencia, yo creo que no tienen el coraje de hacerlo y les dejan todo a los británicos. La guerra también se llevó la poca identidad que teníamos”, sentencia.


-¿Había una identidad kelper antes de la guerra?

-Sí, no era muy compleja, una combinación de cosas argentinas e inglesas, galesas, irlandesas, es triste pero eso no existe más. Y me parece que eso es lo que está en mi libro, eso es lo que tenía para decir.

-¿Por eso lo escribiste?

-Sí, para ser el mejor padre para mis hijos y dejar de defender cosas que no quiero defender, no quiero cargar siempre con una guerra privada.

-Tu padre fue el único malvinense que peleó para los británicos...

-Sí, él tenía 43 años y es raro: es la misma edad que tenía yo cuando tramité mi documento acá. El murió en las islas en 2006 pero en esa actitud de tomar posición me parezco a él, yo creo que no se puede permanecer sin hacer nada, creo que hay que actuar según las convicciones y soportar el peso de las consecuencias.

James Peck escribió su propio testimonio sobre Malvinas, ese trauma que se pensó para salvar la dictadura más sangrienta de nuestra historia y se cobró la vida de 649 jóvenes argentinos. Una guerra también entre paisajes: el insular, malvinense y británico, y el continental argentino, una guerra que merece ser revisada una y otra vez para honrar a los muertos y a sus familiares, para resarcir a los heridos y para que el reclamo de soberanía argentina sea tan potente como íntegro.

Audio de Radio Nacional

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Fuente: Revista Ñ y Tematika