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Mostrando entradas de junio, 2014

Largo viaje hacia la transparencia

Gabriel García Márquez sabe ahora cómo es el alma invisible del hielo. Fortuna será, para cada uno de nosotros, alcanzar a ver con luminosa claridad cuál ha sido nuestro ya ineludible cielo prometido

Por Félix de Azúa
Nunca llegué a leerlo, aunque era el libro que más me atraía en la biblioteca de mis padres. Seguramente me cautivaba el título, tan seductor como repelente. Se llamaba Primavera mortal y lo había escrito un húngaro entonces extensamente leído, pero hoy desaparecido, Lajos Zilahy. Creo que en posteriores ediciones se le cambió el título por otro más comercial, Primavera mortífera. Se me asociaba con un verso famoso: “Abril es el más cruel de los meses”. Un verso a veces profético.
La última primavera está siendo especialmente mortífera con mis amigos, Ana María Moix, Leopoldo Panero, José María Castellet... Ojalá que García Márquez sea tan solo su invitado final. Ahora le veo, en algún momento del siglo pasado, abriendo la puerta de su modesto apartamento en la calle de la …

En defensa del Diccionario: de almóndigas y otras «aberraciones»

En 2014 se presentará la vigésima tercera edición del Diccionario de la Real Academia Española, aunque desde hace tiempo podemos conocer algunas de las novedades que presentará gracias a la versión en línea. Como suele ocurrir con las obras de la Academia, el Diccionario es fuente de encarnizadas polémicas. Desde el momento mismo de su fundación hasta hoy, a la RAE nunca le han faltado detractores ilustres; a ellos se han ido sumando espontáneos de todos los campos del saber y del desconocer, que, gracias a Internet, nos ofrecen su opinión en blogs, foros, revistas digitales y redes sociales, dando lugar a artículos, debates, pifias y grupos de señoras que se sublevan contra la RAE. Examinando sus reacciones en la red, la actitud que se percibe en los hablantes es, en general, de un autoproclamado conservadurismo, en ocasiones un tanto inopinado, llegando a considerar la Academia como una institución nociva para la salvaguardia de la lengua por su carácter indulgente, por no decir maca…

Pastillitas de saber

Usos de los puntos suspensivos
Tienen dos funciones principales:
a) Indicar suspensión del discurso.
b) Indicar omisión de algún elemento en un texto.
Por lo que respecta a su ortografía hay que saber lo siguiente:
a) Después de los puntos suspensivos unas veces se escribe mayúscula y otras, minúscula, dependiendo de si se da por concluido el enunciado o si se retoma este a continuación.
b) Los puntos suspensivos son incompatibles con el punto (con alguna pequeña excepción).
c) En cambio, son compatibles con la coma, el punto y coma y los dos puntos.
d) Son también compatibles con signos dobles como los paréntesis, las rayas y las comillas.
Pero para utilizar correctamente este signo de puntuación no basta con conocer sus funciones y las consideraciones ortográficas anteriores. Además hay que tener algunas nociones ortotipográficas:

Todas las encarnaciones del editor

Al adentrarse en el mundo editorial, una de las dificultades para aclimatarse con las que suele toparse el neófito es el dominio de la variadísima terminología sectorial. Fenómenos habituales como la polisemia, la ambigüedad, los falsos amigos y la paronimia le ponen las cosas aún más difíciles si cabe. El propio término que distingue profesionalmente este campo, editor, significa en castellano demasiadas cosas. Veamos cuántas:

→ El editor puede ser el propietario de la editorial, el emprendedor que funda y establece las líneas generales de una editorial; es decir, la persona que crea su estructura, provee sus medios de financiación y marca su política de ediciones.

→ El editor puede ser también el director editorial (o director literario en las editoriales literarias, o de línea en las grandes editoriales con múltiples ramificaciones por especialidad, o simplemente editor sénior), es decir, el principal y último responsable intelectual de una obra obra, colección, publicación o línea e…

El interior o los mitos de la Argentina

En el 2005, a lo largo de más de cinco meses y a bordo de un Renault 21 blanco  que Caparrós compró sin saber que había pertenecido a Osvaldo Soriano (autor con el que estuvo, chismorreos al margen, enemistado durante bastante tiempo), Martín Caparrós recorrió catorce provincias de la República Argentina. Una travesía de casi 30.000 kilómetros que se suma a los no proporcionales “kilómetros de prosa” (tal el patrón de medición que Roberto Arlt concebía) que este viajero empedernido y acreditado grafómano, licenciado en Historia en la Sorbonne y uno de los más destacados cronistas de las dos últimas décadas, lleva escritos al presente. Cifras que con solo contar las 3200 páginas de la segunda edición en cinco tomos de La voluntad (ese fresco de la militancia revolucionaria en la Argentina que escribió a cuatro manos con Eduardo Anguita), o las casi mil de su novela La historia (1999), invitan a imaginar los beneficios que con El Interior obtendría Caparrós si, a imagen y semejanza de l…