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Los fósforos...

“Acaso lo extraordinario dependiera menos de los hechos en sí que de la manera de relatarlos”, reflexiona el narrador de Cuarteto para autos viejos (Miguel Vitagliano, Eterna cadencia, 2008) posado en el hombro de quien al avanzar en el texto se recorta como máximo protagonista de la historia y por momentos despierta la sospecha de ser un alter ego del autor. Se trata del primer personaje que nos presenta Vitagliano en su octava novela y la máxima le surge en relación a la pasión de los taxistas -impensados colegas entre los que se siente sapo de otro pozo- por ostentar la anécdota más insólita vivida gracias a un circunstancial pasajero. Pero ese dictamen resulta exactamente opuesto a las decisiones narrativas de la obra. Porque de la mano de una prosa clara y despojada, que evita tanto recursos retóricos como descripciones estáticas, Vitagliano construye una compleja historia de amor. Quizá sería mejor decir algunos fragmentos de una compleja historia de amor, ya que por moment...