Vitagliano no está cautivo entre los barrotes de las modas. Según sus propias palabras, entiende la literatura como experimentación; aunque, por fortuna, sabe que los retorcidos deben ser los personajes no la prosa. Se nota, eso sí, que escribe sin un rumbo predeterminado: el final nos toma por sorpresa. Es éste uno de esos libros espléndidos que obligan al lector a rellenar los huecos. Si cada pareja es un mundo buscando acoplarse dentro de otro mayor, Lina y Rodi, los protagonistas de La educación de los sentidos (Norma), desarrollan su excesiva pasión amorosa a través de un plan sistemático de expansión territorial: la gordura de sus cuerpos. Entre los dos suman doscientos sesenta y tres kilos, y aspiran a más. Pero la vida de estos profesores de escuela media, que transcurre sin mayores sobresaltos, empieza a cambiar sutilmente cuando ambos establecen una relación filial y erótica con una joven vecina embarazada. “En un momento en que todo se mira a través de la...