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Mostrando las entradas etiquetadas como Coetzee

La infancia de Jesús

La infancia de Jesús comienza con la llegada de un niño, David, y de Simón, el adulto “responsable de él”, al Centro de reubicación Novilla. Se trata de la puerta de entrada a una sociedad muy peculiar, imposible de situar geográficamente, donde los sujetos reciben nuevas identidades –nombre, edad, idioma, trabajo-, a partir de las cuales se espera que dejen atrás su pasado y empiecen una nueva vida. El ambiente del inicio es eminentemente kafkiano: la “amplia y sobria” oficina, los inconvenientes burocráticos que van postergando la asignación de un alojamiento para los recién llegados y, en general, la presentación de un mundo con reglas muy precisas y rígidas que tanto el lector como los personajes ignoran y sólo muy gradualmente irán descubriendo, sin terminar de comprenderlas. El comienzo también puede evocar en los lectores de Coetzee, el último capítulo de Elizabeth Costello –la obra maestra del sudafricano- aquel en que la escritora llegaba a un pueblo –tan indeterminado geog...

Esperando a los bárbaros

Buena parte de la literatura deriva su fuerza de reparar un origen perdido. Para Gunter Grass, el nombre oculto y necesario de la narrativa es Danzig; para Vladimir Nabokov, San Petersburgo; para Salman Rushdie, Bombay; para Gregor von Rezzori, Bucovina; para Juan José Ž Saer, un río sin orillas.  J. M. Coetzee* (Ciudad del Cabo, 1940) perdió — algo más restringido que una ciudad, una región o un país: la granja en la que pasó los mejores días de su infancia y que fue mal administrada por su familia. Este giro adverso de la fortuna representa — una suerte de exilio. Aunque solo iba ahíde vacaciones, se trataba de un refugio en tierra extraña. Coetzee proviene de un núcleo afrikaner , pero fue educado en la comunidad inglesa a la que nunca se integró — del todo. Las leyes raciales y la ascensión  del Partido Nacionalista complicaron las tensiones entre los grupos sociales sin que él se identificara con ninguno de ellos. Los negros le parecían menos rudos que los afrikaner ...