La infancia de Jesús comienza con la llegada de un niño, David, y de Simón, el adulto “responsable de él”, al Centro de reubicación Novilla. Se trata de la puerta de entrada a una sociedad muy peculiar, imposible de situar geográficamente, donde los sujetos reciben nuevas identidades –nombre, edad, idioma, trabajo-, a partir de las cuales se espera que dejen atrás su pasado y empiecen una nueva vida. El ambiente del inicio es eminentemente kafkiano: la “amplia y sobria” oficina, los inconvenientes burocráticos que van postergando la asignación de un alojamiento para los recién llegados y, en general, la presentación de un mundo con reglas muy precisas y rígidas que tanto el lector como los personajes ignoran y sólo muy gradualmente irán descubriendo, sin terminar de comprenderlas. El comienzo también puede evocar en los lectores de Coetzee, el último capítulo de Elizabeth Costello –la obra maestra del sudafricano- aquel en que la escritora llegaba a un pueblo –tan indeterminado geog...