«Nada es en esta vida tan universal y trascendente como la palabra. Dadme una palabra sabia, y el mundo será sabio...La palabra es el espíritu expresado, es la razón cumplida. No solo es signo, no solo es carácter, es el complemento del ser inteligente. Hablar es pensar y sentir. Y pensar y sentir es ser hombre. La palabra es el hombre». Así dice en sus Sinónimos castellanos el filólogo español Roque Barcia, y a fe que tiene razón el hombre. Lo que asombra, sin embargo, es que a juzgar por las cataratas de tonterías que a diario se dicen y oyen por radio y televisión, y el diluvio de disparates que se escriben y leen en diarios y revistas, sean legión los que en este mundo nuestro, irónicamente teniendo como oficio el periodismo o la literatura, no acaban aún de enterarse de un hecho moral tan grande como templo e indestructible como la justicia misma. Hay, por ejemplo, entre los ilustres estudiosos de nuestra lengua y de todas las lenguas que niegan tal carácter, eminenc...