Cada tarde, cientos de jóvenes en Buenos Aires salen de sus casas con la sana intención de matar a Borges. A Borges o al mismísimo Witold Gombrowicz, el escritor polaco al que se le atribuye el famoso consejo cuando le preguntaron qué deberían hacer los argentinos para adquirir la deseada madurez literaria. -¡Maten a Borges! -gritó desde el barco en el que regresaba a Europa en 1963, o bien se lo confió a un periodista al pie del barco; en ese punto la leyenda se bifurca. En cualquier caso, cientos de jóvenes salen cada tarde en Argentina a formarse como escritores. Y suelen meterse en casa de otros escritores que montan talleres literarios. “Es curioso”, resalta la escritora Sylvia Iparraguirre “el prestigio del que sigue gozando el libro en esta época en la que cada cual publica lo que quiere en Internet”. Alrededor de esos maestros están naciendo alumnos aventajados. Pero antes de mencionar un solo nombre convendría recordar las palabras de uno de los mejores autores arge...