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Mostrando las entradas etiquetadas como Adriana Greco

Recomendaciones para el fin de semana

Si alguna vez escuchando al tope en el equipo de audio   La historia del príncipe    Kalender   de korsakov, imaginó los misteriosos rasgos de esa cara, recordando su pasada opulencia anunciada por la    trompeta y el    trombón o gracias al fagot, compartió junto a él las escenas de su actual pobreza y castidad, no es de extrañar que se hiciera la siguiente pregunta: ¿Qué criaturas serían capaces de engendrar el oboe, la flauta o el clarinete? ¿Es descabellado sentir curiosidad por el resultado del encuentro entre el arpa y el violín? Así, gustosamente vanidoso, se apoltrona en el sofá y cierra los ojos sintiéndose tremendamente original. Lamento, lector, contradecir esos sueños de gloria pero Doc Labyrinth ya lo pensó. Conociendo la fragilidad de nuestra civilización, y su tendencia destructiva, y antes de que las arenas del tiempo olviden la grandeza de nuestros compositores ideó una máquina capaz de procesar las más sublimes partituras par...

"Señor, el comandante Guevara está al teléfono"

Roberto Soriano es un periodista deportivo que viaja a Cuba con el firme propósito de entrevistar al ya mundialmente famoso Che Guevara. Para esto pide licencia en el diario donde trabaja, vende el auto, moviliza contactos y logra viajar  a la isla sin saber a ciencia cierta si este hombre convertido tempranamente en leyenda aceptará ser entrevistado por él. Su preocupación radica en qué peso tiene el "sustrato cultural argentino" en un hombre que alcanzó la categoría de mito para un pueblo extranjero y para el mundo (el contexto histórico ubica la acción en los días previos a su desaparición de la vida pública ), en un médico de clase media alta que se convirtió en combatiente de un país ajeno. La excusa de una encomienda enviada por la familia, y el soborno de la tan preciada yerba para el mate lograrán un acercamiento del entrevistador a su revolucionario interlocutor que  lo recibirá durante seis días en su oficina del Ministerio de Industria.  A lo lar...

Ese pícaro inolvidable

¡Tom! Silencio. -¡Tom!                                                    Silencio. -¡Dónde andará metido ese chico!... ¡Tom! La anciana se bajó los anteojos y miró, por encima, alrededor del cuarto; después se los subió a la frente y miró por debajo. Rara vez o nunca miraba a través de los cristales a cosa de tan poca importancia como un chiquillo: eran aquéllos los lentes de ceremonia, su mayor orgullo, construidos por ornato antes que para servicio, y no hubiera visto mejor mirando a través de un par de mantas. Se quedó un instante perpleja y dijo, no con cólera, pero lo bastante alto para que la oyeran los muebles: -Bueno; pues te aseguro que si te echo mano te voy a... No terminó la frase, porque antes se agachó dando estocadas con la escoba por debajo de la cama; así es que necesitaba todo su aliento para puntuar los escoba...