jueves, 30 de enero de 2014

Julio Cortázar y el deporte: el juego y la responsabilidad ante el destino

En 2014 se celebra el centenario del nacimiento de Julio Cortázar, uno de los grandes autores de la narrativa del siglo XX. Destacó por la renovación de técnicas y formas de presentar el orden de los hechos y por conceder una gran importancia al humor, la música y el juego en sus escritos. Este componente lúdico constituía una forma de riqueza de la expresión y un nuevo enfoque para dar forma a la intuición de la realidad, según explicó en clases de literatura que impartió en la Universidad de Berkeley. Perfil deportivo 
Su perfil deportivo acogió aficiones que se vieron condicionadas por la responsabilidad ante el destino y la picardía en el juego para avanzar hacia otros ámbitos. 

Como consecuencia del primer principio, Julio Cortázar demostró falta de interés por los deportes colectivos, al considerar que en ellos se diluía la responsabilidad de los actos individuales. Razón por la que en diversas entrevistas mostró un menor interé por el béisbol, el rugby y el fútbol, aunque se declaró hincha de Banfield, y centró su preferencia por deportes que enfrentaban dos destinos individuales el uno contra el otro, caso del tenis y el boxeo. 

Y el segundo principio, hizo que el autor presentara, entre 1956 y 1982, diversas situaciones deportivas relacionadas con el ajedrez, el automovilismo, el boxeo, el ciclismo y el fútbol, para acabar llegando a otros ámbitos sociales con una nueva mirada. Las referencias al ajedrez son empleadas en Del sentimiento de no estar del todo para ejemplificar la lucha entre el hombre y el niño que, mediante el juego, descoloca el orden tradicional para acabar llegando a otro nuevo. 

El automovilismo, en Lucas, su patrioterismo con el uso de referencias al piloto de fórmula 1 Juan Manuel Fangio como juego dialéctico para marcar la superioridad de Argentina en una conversación. 

El ciclismo se registra en Ciclismo en Grignan como un juego para la picardía orientada hacia el erotismo. 

El fútbol sirve como elemento para expresar los recuerdos adolescentes o del pasado, según ocurre al ambientar las conversaciones de personajes como Oliveira y Remorino en Rayuela, y para explicar diversas ideas en La vuelta al día en ochenta mundos, como la permanente búsqueda de una forma de expresión gracias a la improvisación y la suficiencia.

El boxeo acaparó su atención a lo largo de toda su vida, como escritor, locutor radiofónico y cronista especializado. Lo concibió como un espectáculo estético al que aplicar una nueva mirada artística y compartió con el automovilismo en Lucas, su patrioterismo, su empleo como recurso para la confrontación dialéctica a la hora de mostrar la superioridad de Argentina gracias a referencias sobre Firpo, Suárez y Monzón. 

Aportó tres aspectos. En primer lugar, la conversión de una afición infantil en una mirada artística, más allá de la violencia. Cortázar asistió como espectador de combates al estadio de Luna Park con un libro bajo el brazo y admiró las cualidades pugilísticas de los estadounidenses Sugar Ray Robinson y Cassius Clay y los argentinos Luis ángel Firpo, Nicolino Locche, Carlos Monzón, Justo Suárez y Juan Yepes. Consideró el pugilismo como forma elevada del arte entre dos personas y acto de responsabilidad ante el destino, según escribió en El noble arte. Mostró su predilección por la técnica, la danza del púgil y, sobre todo, por la habilidad para llegar a vencer siendo más débil. Son unas claves que aparecen ejemplificadas en Descripción de un combate o a buen entendedor, relato sobre el combate de regreso de Juan Yepes en el Luna Park en el que muestra el silencio admirativo roto por no hacer una pelea como fino estilista y recibir un duro castigo hasta caer fulminado sobre el cuadrilátero. 

En segundo lugar, el relato de la estética de la derrota deportiva de Argentina ante Estados Unidos, con el recuerdo del combate de 1923 entre Luis ángel Firpo y Jack Dempsey en La vuelta al día en ochenta mundos, así como de la figura del brillante y simpático Justo Suárez en Torito. 

Y en tercer lugar, el uso del deporte como elemento para ambientar otras historias de carácter dramático o alegórico. Es el caso del recuerdo de la pelea entre Carlos Monzón y José "Mantequilla" Nápoles en París para narrar la historia de tema político y policial recogida en el cuento La noche de Mantequilla. Según expuso en el prólogo de Historias de Cronopios y de Famas, Cortázar fue locutor en París en 1951. Desempeñó la función de traductor de Actualidades Francesas para las radios de América Latina y se encargó de la transmisión radiofónica de un combate para Argentina y México. 

Y como periodista escribió la crónica del combate entre Miguel Angel Castellini y Doc Holliday que publicó el semanario El Gráfico el 10 de abril de 1973. En ella destacó la necesidad de la alegría para dar belleza al boxeo y la obligación de la celebración y el festejo para que el deporte llegue a ser un espectáculo estético. 

Epílogo 
En los escritos deportivos de Julio Cortázar están presentes diversas angustias personales y la huida a golpes de la confusión generada por la vida moderna hasta encontrar vías de esperanza, una idea del siglo XX también presente en actores del cine mudo como Charles Chaplin y Buster Keaton. 

Halló en el deporte un elemento útil para encontrar una nueva expresión literaria a la hora de ambientar recuerdos del pasado, construir metáforas basadas en la vida cotidiana y condensar emociones con intensidad.

Referencias bibliográficas 

áLVAREZ GARRIGA, C.: Julio Cortázar: clases de literatura, Berkeley, 1980. Madrid: Alfaguara, 2013. 

CORTáZAR, J.: Rayuela. Buenos Aires: Sudamericana, 1963.
 — Torito, Ceremonias. Barcelona: Seix Barral, 1968. 

— La vuelta al día en ochenta mundos. México DF: Siglo XXI, 1967. 

— El noble arte, La vuelta al día en ochenta mundos. México DF: Siglo XXI, 1967. 

— Lucas, su patrioterismo, Un tal Lucas. Madrid: Afaguara, 1979 

— La noche de Mantequilla, Alguien que anda por ahí. Madrid: Afaguara, 1977. 

— Segundo viaje, Deshoras. Madrid: Afaguara, 1982. 

— Un triunfo con algunas nubes, El Gráfico, Buenos Aires, 10 de abril de 1973. 

— «Prólogo», Historia de Cronopios y de Famas. Buenos Aires: Minotauro, 1962. 

— «Descripción de un combate o a buen entendedor», último round. México DF: Siglo XXI, 1969. 

— «Ciclismo en Grignan», último round. México DF: Siglo XXI, 1969.
— CRESPO, A. L. (Compilador): Confieso que he vivido y otras entrevistas. Buenos Aires: LC Editor, 1995. 

«Escrito en el ring», Olé, Buenos Aires, 26 de agosto de 2000. 

— MORALES, E.: «Julio Cortázar, el boxeo, la realidad y la fantasía», Izquierdazo, México, 28 de junio de 2013. 

— PARROTTINO, R.: «Julio Cortázar, historia de puños y de letras», El Gráfico, Buenos Aires, 12 de febrero de 2009. 

— RISCO, A. M.: «Variaciones del "juego profundo": Torito y Segundos afuera», Revista Borradores, VIII—IX, Universidad Nacional de Río Cuarto, 2008, pp. 1-17. 

TRILLA, A.: Cortázar: el boxeo y el jazz, dos pasiones de cronopios, Madrid, 1983


Fuente: Jesús Castañón Rodríguez, Idioma y deporte 

lunes, 27 de enero de 2014

El español no corre peligro


Es el nuevo presidente de la Academia Argentina de Letras (AAL), una institución que nació en 1931 “asociada” a la Real Academia Española, pero que a fines del siglo pasado cambió su estatus a “correspondiente”. José Luis Moure, –de él se trata– no pierde las formas pero tampoco es amigo de la corrección política. “El carácter de correspondiente parecería colocar a la academia (argentina) en situación de mayor dependencia de la que tenía. Explícitamente nadie admite tal cosa, pero entonces ¿por qué se cambió la calificación? No tengo una respuesta clara para eso”, asegura en su despacho de la calle Bustamante, en la sede de la AAL. 

—¿Son asimétricas la RAE y el resto de las academias americanas?
En la corporación española ha habido un cambio en el sentido de admitir públicamente que todas las academias americanas de la lengua están con ella en un plano de igualdad. Objetivamente, me parece que los hechos no son así. La circunstancia histórica de que la Real Academia Española tenga trescientos años explica algo de esto. 

—Usted ha manifestado dificultad para incorporar argentinismos al diccionario de la RAE
—Se incorporan muy pocos y no encuentro razones para que no se incorporen todos, con la debida indicación del registro y el alcance a que corresponden. Si estamos hablando de un diccionario total empleado por la veintena de naciones que hablamos ese idioma, todo debería estar allí. Eso llevaría a un diccionario de proporciones gigantescas, porque lo mismo que uno puede pedir para la Argentina, lo podría reclamar cualquiera de los otros países, con lo cual construiríamos un diccionario que por su volumen resultaría casi inmanejable. Pero honestamente, me parece una inconsecuencia que la RAE seleccione nuestro vocabulario e incluya en el Diccionario regionalismos peninsulares minúsculos y deje fuera términos empleados por millones de hablantes. Se trata de una discriminación que no está claramente explicada. 

—En lo personal, ¿qué fantasmas lo preocupan con respecto al idioma?
—Absolutamente ninguno. Si un organismo vivo (como es la lengua), de acuerdo a lo que dice el propio Instituto Cervantes, está llegando a los quinientos millones de hablantes nativos ¿de qué temor estamos hablando? Se habla también de la defensa del idioma, lo que me parece una contradicción difícilmente zanjable. ¿Cómo se puede hablar de la defensa de un idioma que tiene quinientos millones de hablantes? Yo nunca he oído ese tipo de alarmas referido a un idioma como el inglés, que se habla en todo el mundo, en todas las variedades y registro, y que no tiene ninguna academia ni centro rector; y nunca he oído hablar de que corra peligro. Yo creo que ese sí es un fantasma inducido, con el propósito de que se puedan llevar adelante ciertos planes de unificación del idioma, que considero absolutamente ajenos a la lingüística. 

—Esa es la política panhispánica: ¿a usted no le parece practicable? 
—No soy enemigo del panhispanismo, simplemente creo que es una campaña que no va a ninguna parte. Tengo la impresión de que se va a ir debilitando, porque no tiene qué cosa construir. Los hablantes en nuestros países van a seguir hablando sus modalidades y en la medida en que sean conscientes y deseen pertenecer a un mundo cultural común, lo que llamamos mundo hispanoamericano, la lengua va a tener la unidad que tuvo siempre. Cualquiera de nosotros tiene idea de que está hablando castellano, no lo pone en duda. Si hubiese algún peligro, se hablaría de esto hasta con un cierto temor. 


Fuente: Revista Ñ

sábado, 25 de enero de 2014

La lectura aumenta la conectividad en el cerebro

Para nadie es un secreto que la lectura es buena para el cerebro, pero hasta ahora no sabíamos exactamente qué es lo que ocurre en él cuando leemos una novela. «Las narraciones le dan forma a nuestra mente y, en algunos casos, definen a una persona», afirmó el Dr. Gregory S. Berns, director del Centro de Neuropolíticas de la Universidad de Emory, en Atlanta, Georgia. «Queremos saber cómo entran las narraciones al cerebro y que efecto ejercen luego sobre él», agregó. 

Ahora podemos tener una idea un poco más clara al respecto, gracias a las investigaciones de Berns y su equipo, quienes trabajaron con imágenes de Resonancia Magnética Funcional (RMf) tomadas de los cerebros de 21 estudiantes de grado mientras estos descansaban. Luego se les pidió que leyeran capítulos de la novela de suspenso Pompeya, de Robert Harris, durante nueve noches. Los cerebros de los jóvenes fueron escaneados todas las mañanas posteriores a cada noche de lectura, y luego durante los cinco días posteriores a la finalización de la lectura del libro. 
Los escaneos revelaron un inesperado aumento de la conectividad en los cerebros de los estudiantes en las cinco mañanas siguientes a la lectura y los investigadores observaron que los cambios persistieron durante cinco días después de haber terminado la obra. Las áreas de mayor conectividad fueron la corteza del lóbulo temporal izquierdo, un área asociada con la comprensión del lenguaje, y la circunvolución prerrolándica, en la parte posterior del lóbulo frontal, que se asocia a sensaciones y movimiento. 


«La parte anterior del surco de Rolando contiene neuronas que controlan el movimiento de partes del cuerpo», le explicó Berns a The Huffington Post. «La parte posterior del surco contiene neuronas que reciben información sensorial de diversas partes del cuerpo. El incremento de la conectividad fue una sorpresa que implica que, tal vez, el acto de leer pone al lector mentalmente en el cuerpo del protagonista». 

¿Cuánto tiempo duran estos cambios?. Berns respondió que eso no está tan claro, pero aventuró una primera conclusión: «Como mínimo, podemos decir que la lectura de narraciones —especialmente aquellas de historias más fuertes— reconfiguran las redes cerebrales al menos durante algunos días, lo que muestra la forma en que las narraciones permanecen con nosotros. Esto puede tener profundas implicaciones en el efecto de la lectura en los niños y la forma como les modela el cerebro», concluyó.


miércoles, 15 de enero de 2014

Un mar de letras en Ostende

El Viejo Hotel Ostende dispone de una biblioteca en la que comparten un espacio aquellos que allí se hospedaron y escribieron, desde Saint-Exupéry y Bioy Casares hasta Briante y Fogwill

Por  Silvia Hopenhayn

Bienvenidos a este libro. Viene con desayuno, ropa blanca, recuerdos y sueños de distintas épocas, caracoles, fotos viejas, clips modernos, citas inolvidables, papeles perdidos, personas encontradas. Un libro de alegría y nostalgia, donde el ayer es un maravilloso desplegable del presente. Me refiero al bello Libro de huéspedes - 100 años del Viejo Hotel Ostende (Planeta), un verdadero festejo de los tiempos del mar, de los árboles, perros, amores, odios y otros vuelos. Por allí pasaron temporadas Bioy Casares y Silvina Ocampo (cuya referencia de ficción está en la novela que escribieron juntos, Los que aman, odian , Tusquets); también Saint-Éxupéry (¡su piecita está intacta!), pero sobre todo, "huéspedes", seres dispuestos al bienestar (preferiría la palabra compuesta: bien estar), que a lo largo de todos estos años han veraneado en el mítico hotel.

En una foto de la playa, un joven adolescente rapado y con jopo, de los primeros modernos del siglo XX, remonta un barrilete que serpentea sobre una frase de George Steiner: "La palabra huésped denota tanto a quien acoge como a quien es acogido. Es un término milagroso. ¡Es ambas cosas! Aprender a ser el invitado de los demás y a dejar la casa más bella de lo que uno la encontró".

El libro, en sí mismo, hospeda la mirada. Las páginas son como oleadas de tiempo. La famosa frase de Valéry acompaña el tránsito: " La mer, toujours recommencée " (el mar, siempre volviendo a empezar). Y es como si el hotel fuera yendo y viniendo, convirtiéndose en lo que es, cada vez y desde entonces.

Primero están -inevitablemente- los que llegaron antes. Es el capítulo titulado "Prehistoria": las primeras dunas divisadas, la experiencia jesuita, el trazado de mapas, la famosa historia de Felicitas, el ferrocarril "Sud", hasta arribar a la piedra fundamental y el primer apellido: Foresti. A partir de entonces, el hotel cobró vida, o sea, albergó gente; cambió de nombre, de techos, de escaleras, de dueños, hasta que en los años 70 lo adquirió Abraham Salpeter, cuya hija, Roxana, actual anfitriona, le insufló nuevo encanto. O encantamiento: cuenta que cuando era niña y sus padres compraron el viejo hotel, ella estaba convencida de que en el altillo había una mujer encerrada, una especie de Jane Eyre que alimentaba sus fantasías infantiles.

Nada mejor que la imaginación de una niña para poblar un hotel de bellos fantasmas, que conviven a gusto con las historias de personas reales. Como escribe John Banville en su novela Antigua luz (Alfaguara, 2012), frase que acompaña esta publicación: "El Tiempo y la Memoria son una quisquillosa empresa de decoradores de interiores, siempre cambiando los muebles y rediseñando y reasignando habitaciones".

Algunos recuerdos animan la playa, como la fuerte ola que en febrero de 1931 puso delante de los ojos de una joven embarazada que paseaba por allí el cadáver de una ballena de 27 metros de largo. Otro nombre para la historia: al recién nacido lo llamaron Omar por la exclamación de su madre: "Oh, mar?".

El libro también cuenta con platos exquisitos para lectores golosos: cascos de naranjas en almíbar, sangría catalana, calamarettes a la Iyonesa; músicas para leer (el inefable Jacques Brel) y textos también gozosos de escritores allegados al hotel (Forn, Saccomanno, Alarcón, Enríquez, entre otros). Un libro que se aloja en la memoria, mientras el mar hace de las suyas para volver a empezar.

miércoles, 8 de enero de 2014

En el 2013, ganó el "escrache"

Ilustración: LAVVUEscrache, un término que alude a las manifestaciones convocadas frente a los domicilios de políticos y otros personajes públicos, es la palabra del año 2013 para la Fundación del Español Urgente.

Por primera vez en sus ocho años de vida, la Fundéu BBVA ha elegido su palabra del año de entre las muchas sobre las que se ha pronunciado, ya sea en sus recomendaciones diarias, ya en las respuestas a las consultas recibidas durante los últimos doce meses.

«Buscábamos una palabra que tuviera cierto interés desde el punto de vista lingüístico, bien por su origen o por cómo está formada, y que haya estado en el primer plano de la actualidad en los últimos meses», explica el director general de la Fundéu BBVA, Joaquín Muller.

«Escrache reúne cualidades en los dos aspectos: es una palabra con un origen no del todo cierto, pero muy interesante, que ha llegado al español de España desde el de Argentina y Uruguay, y que se convirtió en protagonista de la actualidad y en el centro de una polémica en la que se cruzaban los elementos lingüísticos y los políticos», aclara Muller.

El Diccionario de la Real Academia Española no incluye ese término, pero sí el verbo escrachar como una expresión coloquial propia del español rioplatense con dos significados: ‘romper, destruir o aplastar’ y ‘fotografiar a una persona’.

El Diccionario de americanismos, de la Asociación de Academias de la Lengua Española, añade que en esos países escrachar significa también ‘dejar en evidencia a alguien’.

Y para el sustantivo escrache aporta la definición que ha popularizado el término fuera de su ámbito original: ‘manifestación popular de denuncia contra una persona pública a la que se acusa de haber cometido delitos graves o actos de corrupción y que en general se realizan frente a su domicilio o en algún otro lugar público al que deba concurrir la persona denunciada’.


Uno de los escraches del colectivo H.I.J.O.S.

Con ese sentido y en el contexto de la investigación de los crímenes de sus dictaduras, empezó a emplearse con frecuencia en los medios de comunicación argentinos y uruguayos en los años 90.
En España la palabra se populariza durante las protestas organizadas en los primeros meses de 2013 por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).

Muy pronto, a la polémica generada por ese tipo de acciones, que llevó incluso a reformas legales para regular estas manifestaciones, se sumó otra sobre el propio uso del término, que para algunos representantes políticos no era más que un eufemismo para lo que consideraban un auténtico «acoso con métodos violentos».

La polémica llegó incluso al seno de la Policía cuando un sindicato denunció que se había pedido a los agentes que no empleasen la palabra escrache en sus comunicaciones y diligencias, aunque luego el Ministerio del Interior aclaró que había instado a no usarla porque no se adapta a la terminología de la legislación actual.

Respecto al origen del término, hay varias teorías. Unas lo sitúan en el italiano schiacciare (‘aplastar, astillar, machacar’) o en el genovés scraccâ (‘escupir’), términos que habrían llegado al español a través del lunfardo, una jerga originalmente empleada por las clases más bajas de Buenos Aires, muchos de cuyos integrantes provenían de Italia.

Para otros existe una conexión clara con el inglés to scratch (‘arañar, rasguñar, marcar’). De hecho, en el español de los Estados Unidos se usa escrache como ‘arañazo o rasguño’, como recoge el Diccionario de americanismos.

Esa combinación de factores lingüísticos y de actualidad es, explica Muller, la que justifica que escrache sea la palabra del año para la Fundéu BBVA; una fundación constituida por la Agencia EFE y el BBVA, que trabaja asesorada por la Real Academia Española y que tiene como principal objetivo velar por el buen uso del idioma en los medios de comunicación.

Los filólogos y periodistas que trabajan en esta organización hicieron una primera selección de doce términos entre los que, además del finalmente elegido, figuraban varios vocablos relacionados de algún modo con la situación económica, como copago, emprender, ere  —la forma lexicalizada de la sigla ERE—, quita y austericidio.

El mundo de internet y las redes sociales estaban presentes con voces como meme, autofoto y wasapear. La docena de palabras aspirantes se completaba con un término del mundo de la ciencia (bosón), otro del deporte (cholismo) y, por último, con la forma expapa, una palabra que en más de dos mil años de historia de la Iglesia no había habido apenas ocasión de emplear, pero que saltó a las páginas de los medios con ocasión de la renuncia de Benedicto XVI.

lunes, 6 de enero de 2014

Día de Reyes: Democracia e instintos aristocráticos

La publicación del primer volumen de La democracia en América de Tocqueville fue saludada como “el comienzo de una nueva era en el estudio científico de la política”, según afirmó en 1835 John Stuart Mill. Incómodo en Francia después de la caída de los Borbones en 1830, el joven aristócrata Alexis de Tocqueville tomó la decisión de viajar a los Estados Unidos; en ese momento no era consciente de que no solamente toda su vida iba a cambiar drásticamente, sino que además daría a conocer a los europeos el inmenso valor de la democracia. Chateaubriand había exaltado la democracia de los Estados Unidos, ante lo cual Tocqueville reaccionó como un fervoroso nacionalista monárquico y rechazó que Francia tuviese algo que aprender de la república americana. Denunció a Chateaubriand como un genio que había perdido la ruta y que empleaba su maravilloso talento en arruinar su propio país. En 1827, Chateaubriand había escrito en su Viaje a América que “el establecimiento de una república representativa en Estados Unidos es uno de los más grandes acontecimientos de la historia mundial”. Tocqueville, después de su propio viaje por los Estados Unidos, al escribir el resultado de sus observaciones, corroboraría la afirmación de Chateaubriand que tanto le había molestado antes de salir de Francia.
Me pregunto si acaso fue necesaria la sensibilidad de un aristócrata para entender las costumbres democráticas de una manera tan aguda y penetrante. Quiero recordar que, después de publicado el segundo volumen de La democracia en América en 1840, Tocqueville afirmó: “Me gustan las instituciones democráticas si uso la cabeza, pero yo soy aristócrata por instinto; es decir que le tengo desprecio y miedo a la muchedumbre” (“Mon instinct, mes opinions”, 1841). Me parece que la distancia que separaba al aristócrata de los demócratas sirvió, paradójicamente, para agudizar su mirada, tal vez de la misma manera en que un antropólogo observa a grupos humanos completamente diferentes al suyo. No se convirtió en un demócrata, pero hizo algo mejor: nos dio las más refinadas herramientas para entender la democracia moderna.

En el mismo texto, que escribió para sí mismo y no para ser publicado, Tocqueville revela lo que encuentra en el fondo de su alma: “Amo con pasión la libertad, la legalidad, el respeto de los derechos, pero no la democracia.” ¡Tremenda afirmación del autor del más importante texto que se haya escrito sobre la democracia! En su intimidad, Tocqueville sigue explicando: “Odio la demagogia, la acción desordenada de las masas, su intervención violenta y mal iluminada en los negocios, las pasiones envidiosas de las clases bajas, las tendencias irreligiosas.”

Tocqueville estaba convencido de que las costumbres explicaban la democracia mejor que las leyes o las instituciones. Esta idea le permitió entender muchas cosas, pero también le cerró los ojos ante un fenómeno esencial de la democracia en los Estados Unidos: la función de los partidos, tema que prácticamente no aborda.

Fueron tal vez también sus instintos aristocráticos los que ayudaron a Tocqueville a reconocer en la gran Revolución francesa los elementos que provenían del antiguo régimen. La sociedad moderna, en realidad, había sido incubada por el antiguo régimen, y la revolución había solamente sido el rabioso precipitador que espoleó la destrucción de aquello que era inservible. Es esta una de las ideas centrales de su libro El antiguo régimen y la revolución, de 1856. Las costumbres aristocráticas de Tocqueville (que él llama sus instintos) le permitieron adentrarse en los arcanos del antiguo régimen para descubrir allí los elementos modernos que en 1789 harían eclosión.
En su indagación de las contradicciones que alojaba el régimen anterior a la revolución, Tocqueville halló una de las ideas claves de su obra: que no debía confundirse la libertad con la independencia. Las clases ilustradas del antiguo régimen soportaban una terrible dependencia con respecto de la monarquía, pero su alma era mucho más libre que la de quienes rodeaban a Tocqueville. De allí esa frase que tan bien caracteriza todo su pensamiento y que ha inquietado a muchos: “No hay nada menos independiente que un hombre libre.” Como tantas ideas de Tocqueville, esta afirmación sigue dando que pensar hoy en día. Las personas son hoy seguramente más libres que en la época de Tocqueville, pero dependen más de la inmensa fuerza de la globalización y de las redes económicas, políticas y mediáticas que las rodean.

Tocqueville fue extremadamente sensible a la caída de la nobleza y por ello entendió bien el avance de la igualdad, que sufrió en carne propia. Estaba seguro de que su expansión era inevitable. Pero ello no le impidió ver, como lo expresa en las palabras finales de La democracia en América, que la igualdad puede llevar a las naciones tanto a la libertad como a la servidumbre, a la ilustración como a la barbarie, a la prosperidad como a las miserias...

Fuente:  Roger Bartra