jueves, 18 de octubre de 2012

Las cartas de Cortázar que cuentan cómo fue la cocina de la traducción de Poe


Los cinco volúmenes de la correspondencia de Cortázar permiten entrar en la intimidad de su trabajo de llevar al castellano todos los cuentos del autor de El corazón delator.

Entre los próceres más notables de la historia de la literatura universal, entre los más queridos no sólo por su obra, sino por el espíritu romántico, dolido y misterioso que habita en su leyenda, se encuentra el estadounidense Edgar Allan Poe. Notable cuentista con alma de poeta, Poe es virtual y unánimemente considerado el padre del cuento moderno, quien le dio el perfil definitivo que aún rige ese formato, y una referencia ineludible para todos aquellos que deseen atreverse al arte de contar historias. Tal vez sólo Anton Chejov, una figura mucho menos popular, pueda ser considerado tan influyente como él entre sus colegas cuentistas.
Hace algunas semanas Edhasa lanzó una nueva reedición de los Cuentos Completos de Edgar Allan Poe. Una noticia que casi no lo es: el mercado está atestado de diferentes versiones de los cuentos de Poe, más completos o menos completos, en ediciones baratas u otras más caras; grandes, chicos, medianos; tapa dura o tapa blanda. Sin embargo esta edición cuenta con un punto extra a favor, uno muy valioso e imposible de igualar: la traducción estuvo a cargo nada menos que de Julio Cortázar, uno de los escritores y cuentistas más importantes e influyentes de la literatura argentina y latinoamericana de todos los tiempos. Admirador de Poe en diferentes grados a lo largo de toda su vida, Cortázar realizó esta traducción durante 1953 en Francia, donde se había establecido algunos años antes. Como es sabido hoy en día a partir de diferentes ediciones póstumas (aunque el hecho puede ser entrevisto en algunos de sus cuentos, como “La salud de los enfermos” o “Cartas de mamá”), Cortázar era un ávido corresponsal y la distancia potenció su inclinación a sostener sus vínculos afectivos a través de las cartas. Recientemente publicadas, las Cartas de Julio Cortázar ocupan cinco volúmenes de más de 600 páginas cada uno, que ciertamente pueden ser leídos como una suerte de heterodoxa autobiografía. Lo interesante es que desde sus páginas es posible tener algunos detalles del proceso de traducción llevado a cabo por él, en la omnipresente compañía de su esposa y hoy albacea universal, Aurora Bernárdez.

Como hacía con casi todo lo que le iba ocurriendo océano de por medio, Cortázar mantenía informados a los suyos a través de un flujo incesante de correspondencia. Entre esas noticias, el 10 de julio de 1953, el escritor le da la buena nueva a su amigo Eduardo Jonquières, uno de los destinatarios más frecuentes de sus primeros años en París. “Primero de todo el notición:” anuncia Cortázar sin disimular su emoción. “Puerto Rico ha aceptado mi enérgica propuesta para la traducción de Poe, y me paga 2500 dólares.” La frase pinta un panorama muy completo de cuánto significaba para él ese proyecto: cuánto en lo literario, pero sobre todo cuánto significaba en lo económico. Basta recordar que por entonces Cortázar no era todavía el escritor consagrado tras la publicación de Rayuela, y se sostenía con su trabajo como speaker (locutor) de radio y con sus traducciones para la Unesco. Tanto significaban tal cantidad de dólares, que le permitieron mudarse seis meses a Italia con Aurora, para dedicarse a la traducción a tiempo completo. “En octubre nos plantamos en Roma […] y nos quedamos a pasar el invierno y a traducir a Poe como dos enanos. ¿No te parece absolutamente genial?”, concluye con esperanzada alegría, pues ve en ese encargo una puerta de entrada a futuros trabajos. Un Cortázar al que, como a cualquier hijo de vecino, lo preocupa su situación económica y la continuidad laboral.
Tres meses después, le cuenta a Jonquières que ya está metido “hasta las orejas en Poe. Hoy traduje diez páginas de los crímenes de la rue Morgue. ¡Br…!” La traducción los ocupa por completo: “No tenemos tiempo para tratar con gente, pues entre Poe y Roma nos comen el día y parte de la noche.” Ya en diciembre de 1953 la traducción es su única alternativa: “No trabajo en nada que no sea Poe, con el cual ando un poco atrasado, aparte de que da bastante trabajo. Quisiera escribir una novela, pero lo intentaré cuando [haya] terminado la traducción, y tenga tiempo en París.” En la primera carta de 1954 a su amigo, Cortázar es definitivamente claro respecto del complejo trabajo que ha asumido: “Te escribo con retardo […] La razón central es Poe, cuya traducción ha entrado en lo que un mal escritor llamaría el período crucial pero que yo, más purista, califico de quilombo desatado.” El humor y la enorme calidad de Cortázar para no temerle a la palabra justa, fuera esta cual fuese. Y concluye: “Hace dos meses calculé que me faltaban unas 600 páginas. Traduzco diez diarias como promedio. Anoche saqué cuentas y me faltan unas… 600 páginas.” Un mes después reconocerá a su amigo que ese era un trabajo para hacer en Buenos Aires, “sin los hilos de la tentación que te cuela Roma por la ventana”, pero que aun así “traducir a Poe es una gran experiencia, y me he divertido mucho.”

El 24 de Mayo, desde Venecia, le confirma a Jonquières que su labor ha dado por resultado más de 2000 páginas. Aunque todavía le quedaba el estrés de mandar el material y rezar para que llegara sin problemas. Los más jóvenes tal vez no puedan imaginar un mundo sin los envíos instantáneos que permite una herramienta hoy irreemplazable como Internet, pero en la década del ’50 la única forma de hacer llegar esas 2000 páginas de París a Puerto Rico, era por correo, por barco o avión. Dos mil originales, porque tampoco existía la fotocopia (extendida comercialmente recién en 1959) y cualquier pérdida o deterioro era definitivo. Cortázar escribe a Damián Bayón en julio de 1954: “¡No sabes qué suspiro di al enterarme por tu carta que los paquetes habían llegado! Todo este tiempo estuve temiendo vagamanete que alguno de los paquetes se perdiera, y se pusiera verde por la humedad, o una rata se comiera un pedazo… la sola idea de tener que rehacer un pedazo me daba nausea.”
Algunos años después, aquella traducción de Poe fue publicada en dos volúmenes y durante muchos años poco es lo que se dice de ella en la correspondencia de Julio Cortázar. Sólo una referencia interesante, una carta a Guillermo Cabrera Infante de 1965, donde el escritor argentino le avisa que le manda los dos enormes libros. “Dado el extraño parecido que la edición tiene con una pareja de elefantes (enanos, en todo caso), dile a Miriam que acepte el envío. No hay que darles de comer, duermen en un rincón, y lo único que dicen, de cuando en cuando, es: Never more.” La edición publicada por Edhasa es una corrección de aquel trabajo realizada por el propio Cortázar y que Francisco Porrúa le encargó para editorial Sudamericana en 1966. Cortázar ya no estaba conforme con su trabajo original. “Sé veinte veces más inglés que en el ’53, y cincuenta veces más español”, le dice al editor. Una gran excusa para leer a Poe como si nos lo contara Cortázar.


Fuente: Edhasa

miércoles, 17 de octubre de 2012

Siempre Poe...

Columna literaria de Adriana Greco en Programa radial Paranormales

Poe ocupa un lugar de honor en la historia de la literatura sobre todo debido a sus cuentos, en los que se revela como un adelantado a su tiempo, un faro en el llamado “romanticismo oscuro”, padre de la novela policial, maestro de la narrativa de terror, pionero de la ciencia ficción... y si duda, uno de los creadores cuya influencia ha sido más profunda y duradera.


En 1838 aparecerá el cuento que Poe prefería,Ligeia. Al año siguiente nacerá otro aúnmás extraordinario,La caída de la casa Usher,en el que los elementos autobiográficos abundan y son fácilmente discernibles, pero donde, sobre todo, se revela —después del anuncio de Berenice y el estallido terrible de Ligeia— el lado anormalmente sádico y necrofílico del genio de Poe, así como la presencia del opio. Por el momento, la suerte parecía inclinarse de su lado, pues ingresó como asesor literario en el Burton’s Magazine.
Por ese entonces le obsesionaba la idea de llegar a tener una revista propia, con la cual realizar sus ideales en materia de crítica y creación. Como no podía financiarla (aunque el sueño lo persiguió hasta el fin), aceptó colaborar en el Burton’scon un sueldo mezquino pero amplia libertad de opinión. La revista era de ínfima categoría; bastó que Edgar entrara en ella para ponerla a la cabeza de las de su tiempo en originalidad y audacia.

En diciembre de 1839 apareció otro volumen, donde se reunían los relatos publicados en su casi totalidad en revistas; el libro se titulaba Cuentos de lo grotesco y lo arabesco.
Aquella época había sido intensa, bien vivida, y de ella emergía Edgar con algunas de sus obras en prosa más admirables. Pero la poesía estaba descuidada. «Razones al margen de mi voluntad me han impedido en todo momento esforzarme seriamente por algo qué, en circunstancias más felices, hubiera sido mi terreno predilecto», habría de escribir en los tiempos de El cuervo.
Un cuento podía nacer al despertar de una de sus frecuentes «pesadillas diurnas»; un poema, tal como Edgar entendía su génesis y su composición,exigía una serenidad interior que le estaba vedada. En eso, más que en otra cosa, hay que buscar el motivo de la desproporción entre su poesía y su obra en prosa.

Edgar Allan Poe nació el 19 de enero de 1809 en la ciudad de Boston, Massachusetts. Fue criado por la acaudalada familia de John y Frances Allan, luego de que falleciera su madre y su padre lo abandonara. Poe asistió brevemente a la Universidad de Virginia y a West Point, sin que se graduara de ninguna de estas instituciones. Comenzó a publicar sus primeras colecciones de poemas siendo aun bastante joven: “Tamerlan y otros poemas” (1827) y “Al Aaraaf” (1829). Poe se convertiría en maestro de obras de terror y daría origen a las historias modernas de detectives. Además, Poe trabajo como editor y también como crítico literario. Falleció en Baltimore en octubre de 1849, bajo circunstancias que nunca fueron completamente aclaradas. 


Cuentos completos, Edgar Allan Poe
Los poemas, relatos y ensayos de Edgar Allan Poe transportan al lector en viajes fantásticos por regiones idílicas y terroríficas, donde una momia embalsamada durante miles de años de pronto revive y los muertos dialogan con los vivos... Se exploran temas como la resucitación, el hipnotismo, la percepción extrasensorial, el déjà vu y psicocinesis, así como el significado y la relación de Dios y la materia. 

Poe recibió la influencia de las concepciones científicas y racionales delos siglos XVIII y XIX, y estaba familiarizado con los trabajos de Newton, Laplace, Herschel y Humboldt. La escuela romántica inglesa  –Coleridge, Byron, Keats, Shelley, De Quincey—también 
influyó enormemente sobre su trabajo creador inspirándolo y suscitando en él momentos de exultación y dolor lacerante. Las obras de Shelling y Shlegel, Schopenhauer, Tieck y E.TA. Hoffman fueron decisivas para inspirar muchos relatos de Poe, y sobre todo gravitaron en la creación de sus heroínas: Berenice, Ligeia y Morella. La aparición de la novela gótica, cultivada por Horace Walpole, Monk Lewis y sus contrapartes norteamericanas Charles Brockden Brown y Edgar Huntly, fue vital para promover la inclinación natural de Poe por las situaciones macabras, violentas y sobrenaturales.   



Por su condición de poeta Poe perdurará mientras exista el idioma inglés. Su lírica tiene magia; sus poemas son cantos; son melodía pura. Poemas como “Tamerlán”, “Al Aaraaf”, Israfel”, “El Cuervo”, “Lenore”, “Ulalume” y “Annabel Lee” son combinaciones acerbas e inquietantes de la mente y el corazón, mosaicos de armonías y tonos cromáticos. Los relatos de Poe se desarrollan tanto dentro como fuera del mundo racional objetivo. Inducen al lector a penetrar en lo que Charles Baudelaire denominó “las cámaras secretas de la mente”.

Para volver a leer o para descubrirlo recomendamos una reciente publicación presentada por la editorial Edhasa en la prestigiosa traducción de Julio Cortázar, en orden cronológico, el conjunto de los Cuentos de Edgar Allan Poe (al que aquí se añaden las "estampas" creadas como acompañamiento a preciosos grabados, que también se incluyen) permite evaluar la calidad y la evolución de una de las narrativas más potentes que pueden leerse hoy.







viernes, 5 de octubre de 2012

Primer manual de Internet de la RAE


El futuro de la lengua española "se juega en internet" y cada vez hay una mayor preocupación por cuidar el idioma. Con esa doble convicción la Fundación del Español Urgente publica ahora un manual con numerosas recomendaciones para escribir correctamente en la red y aprovechar todas sus posibilidades.
Dirigido por el periodista Mario Tascón, "Escribir en internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales" cuenta con los consejos de más de 40 expertos sobre asuntos como la cortesía en la red, la correspondencia electrónica, la reputación online, la redacción de blogs, las redes sociales o los emoticonos.

Como prueba del interés que la Real Academia Española le presta a los nuevos medios y a las redes sociales, el libro se presentó el jueves 20 de septiembre en la sede de la RAE, en un acto en el que intervendrán, entre otros, su director, José Manuel Blecua, presidente también de la Fundéu BBVA; Mario Tascón y el músico Julián Hernández, cantante y letrista de Siniestro Total y con fama de excelente tuitero.

"Las redes sociales están generando preocupación por el lenguaje y los usuarios saben que si expresan de forma incorrecta sus opiniones, su mensaje pierde valor y los desprestigia", le dice a Efe Joaquín Müller, director general de la Fundéu, cuyas recomendaciones cuentan con unos 130,000 seguidores en Twitter.

Publicado por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, el primer manual práctico de uso del español en internet sirve tanto para expertos como para recién iniciados.

Puede ser útil, señala Müller, "para el que lleva años utilizando el correo electrónico, pero desconoce sus normas de cortesía, para el que no entiende los emoticonos que recibe por el móvil, para los que empiezan en Twitter y no deducen su vocabulario, para el principiante que no sabe cómo dirigirse a su público en una red social y para el político interesando en su reputación ’online’".

Esa "exposición pública permanente" que se da en los nuevos medios "obliga sin duda a la corrección. Cualquier falta de ortografía destruye el mensaje. Si lo hacía en las cartas íntimas de amor, ¡cómo no va a hacerlo en los textos públicos de la red!", comenta Müller, plenamente convencido de que el futuro de la lengua "se juega en internet".

Frente a los que opinan que "ahora se escribe peor que antes", Mario Tascón cree que "lo que sucede es que ahora la gente que escribe mal es más visible que nunca".

Y si no que se lo digan a esos famosos que han cometido una falta de ortografía en algún mensaje y "se les ha sometido al escarnio público en la plaza digital de las redes sociales".

En una entrevista Tascón afirma que este manual pretende "recopilar buenas prácticas que ya se están dando en la red, llamar la atención sobre algunos errores y recomendar posibles soluciones, al tiempo que reúne bastantes documentos dispersos que había sobre estas cuestiones".

Los diversos canales de comunicación que hay en internet y la irrupción en el mercado de dispositivos electrónicos están dejando "una profunda impronta en el lenguaje" y afectan "al vocabulario e incluso a la gramática", añade Tascón, autor, junto a Mar Abad, de "Twittergrafía".

En la red florecen nuevos usos lingüísticos, algunos de ellos heredados de los mensajes sms. Los signos de apertura tienden a desaparecer ("qué piensas?"), se producen "agolpamientos de palabras" ("diadeinternet", "nonosvamos") y la brevedad lleva a veces a escribir "salu2", "ade+" o "bss", afirma Tascón.

La "k" parece adquirir un carácter reivindicativo en expresiones como "k kieres?"; hay palabras que se estiran, como "adioooooos", "goooOOoool", en un intento de "transmitir sentimientos", y no es lo mismo decir "no" que "¡¡¡¡¡No!!!!!"

La cortesía en la red es importante. De ahí que el nuevo manual contenga una serie de consejos "para ser un internauta cortés", que ofrecen Elena Gómez y Luis Guerra.

Ser conscientes de la audiencia, emplear adecuadamente el tú, el usted o el vos, ser claros y estructurar bien los textos, tener en cuenta las diferencias culturales y no ampararse en el anonimato para ser descorteses, son algunos de ellos.

Dividido en dos partes (uso cotidiano y uso profesional), "Escribir en internet" no se limita a hablar del lenguaje en la red, sino que aborda otros muchos temas, entre ellos el diseño de una página web, cómo sacarle el mayor partido a los buscadores, la accesibilidad en los nuevos medios y consejos jurídicos para sobrevivir en internet.

Al final del libro se ha incluido un amplio anexo con el vocabulario básico para moverse por internet.

En ese anexo los menos iniciados se enterarán de que "crowdsourcing" es un neologismo para "referirse a la tendencia a generar grandes comunidades alrededor de un tema de interés"; "emoji" es un término japonés que designa los emoticonos o ideogramas que se usan en mensajería instantánea para teléfonos, y que "trol" denomina coloquialmente a los alborotadores que participan en foros cibernéticos.

martes, 2 de octubre de 2012

Joseph Anton, la esperada autobiografía de Salman Rushdie


Se publicó el mes pasado en todo el mundo Joseph Anton, la esperada autobiografía del escritor angloindio que fue condenado a muerte por la dictadura de Jomeini en 1989, tras la publicación de Los versos satánicos

Joseph Anton Random House Mondadori es una absorbente autobiografía de Salman Rushdie, que desgarra todo corazón. Un ser humano se ve obligado a vivir en la clandestinidad, escondido como un perro rabioso, proscrito como un jinete del apocalipsis, con un nombre nuevo, una vida nueva, unos compañeros de viaje nuevos.

El jarabe de muerte acecha a Salman Rusdie a la vuelta de la esquina, pero él sacando fuerzas de donde no las hay ha dado una lección magistral enarbolando la dignidad y esquivando a los cazadores de su alma. En «Joseph Anton» lo cuenta todo, desde aquel fatídico día de los enamorados de 1989 en el que una llamada de una periodista de la BBC le anunción que había sido condenado a muerte por el talibán Jomeini.

Aquel San Valentín, el mundo explotaba alrededor de Rushdie. Sonó el teléfono y al otro lado la periodista le informaba que su antigua vida había terminado, que su existencia más oscura estaba a punto de comenzar. «¿Cómo siente, -le preguntó la periodista-, saber que le han condenado a muerte por el ayatolá Jomeini?». Londres amanecía soleado ese día febril y loco de febrero. El mundo comenzaba a volverse esquizofrénico y el sol londinense tornó en grisáceo: «"No se siente bien". Esto es lo que pensaba: soy un hombre muerto».
Rushdie se preguntó cuántos días le quedaban, y adivinó que la respuesta era probablemente un número de un solo dígito. Colgó el teléfono y bajó corriendo las escaleras de su cuarto de trabajo, en la parte superior de la casa adosada estrecho Islington donde vivía. Las ventanas de la sala de estar tenían contraventanas de madera y, de modo absurdo, las cerró. Y tras ello, la puerta.

Al autor de los «Versos satánicos», Salman Rushdie, su esposa, la novelista estadounidense Marianne Wiggins le había comunicado cinco días antes que era infeliz en su matrimonio, que ella no se sentía bien en torno a él nunca más. Un año después de casarse, él también, ya sabía que todo había sido un error. Ella le miraba, mientras él se movía nerviosamente alrededor de la casa. Comprobó las cortinas, las ventanas, volvió a revisar las puertas. Era como si una corriente eléctrica hubiera invadido su cuerpo. Ella no sabía nada, y él, Salman, tuvo que explicarle todo lo que ocurría. Comenzaron a hablar sobre lo que tenían que hacer. Ella usó la palabra «nosotros». Fue un acto de coraje.

Salman Rushdie: «Soy un hombre muerto»Una rueda de molino al cuello

Inmediatamente, su domicilio londinense fue cercado por los periodistas. Llegó un coche de la CBS. Rushdie tenía una cita en los estudios American, en Bowater House, Knightsbridge, donde tenía que presentarse en vivo, por vía satélite, en su programa matutino. «Debería ir», dijo. «Es en directo. No puedo no aparecer».
La televisión vomitaba la voz de Jomeini, que quería colgar el cuello de Rushdie la rueda de molino de la «fatwa» (condena a muerte): «Informo a los musulmanes del mundo que el autor de los "Versos satánicos", libro que atenta contra el Islam, contra el Profeta y contra el Corán, y todos los involucrados en su publicación que estaban al tanto de su contenido son condenados a muerte. Les pido a todos los musulmanes que la ejecuten donde quiera que los encuentren».

Alguien le proporcionó una copia impresa de ese texto de condena a muerta, mientras Rushdie era escoltado al estudio para su entrevista. Desde entonces, se iba a convertir en un hombre nuevo. Un tsunami, que dura ya veintitrés años, se había generado alrededor de Rushdie. Se había convertido en un autor «satánico» a los ojos del fundamentalismo. ¡Qué fácil era borrar el pasado y qué sencillo era construir una nueva versión de la misma persona contra la que parecía imposible luchar.

La milla verde

Salman Rushdie miró a los periodistas y se preguntó si su caminar por aquel pasillo, por aquella milla verde del estudio de televisión, era como cuando se mira a los hombres que van camino del cadalso, de la horca o la silla eléctrica. Le saluda un corresponsal extranjero se le acerca, y le dice: «No se preocupe demasiado, las sentencias de Jomeini al Presidente de los Estados Unidos se producen todos los viernes por la tarde».

Durante la entrevista, cuando se le solicita una respuesta sobre la amenaza de muerte de Jomeini, Rushdie responde: «Ojalá hubiera escrito un libro más crítico». Estaba orgulloso, entonces, y siempre lo ha estado que su novela los «Versos Satánicos» no era especialmente crítico con el Islam. Cuando la entrevista terminó, le llamó su esposa: «No vuelvas a casa. Hay doscientos periodistas en la acera esperándote». Cuando sus amigos le preguntaron qué podían hacer para ayudar, él les suplicó: «Defender el texto».

Conrad y Chéjov

Tuvo que cambiar de indentidad y de nombre. La policía que escogiera un nombre nuevo. Él se había pasado su vida mencionando personajes de ficción. Ahora, él se se había transformado en otro personaje de ficción también. «Conrad Chéjov» no habría funcionado. Pero «Joseph Anton» sí era alguien que pudiera existir. Que ahora sí existe. Conrad, el creador de vagabundos, de navegantes en el corazón de las tinieblas, de agentes secretos en un mundo de asesinos y bombas. Y Chéjov, el maestro de la soledad y la melancolía, de la belleza de un mundo viejo destruido. Serían desde entonces sus padrinos literarios, el alma al que aferrarse como un náufrago: «Tengo que vivir hasta que me muera».

Fuente: ABC

lunes, 1 de octubre de 2012

Libros de estilo para lectores y escritores en Internet


En la red no se lee igual. Dos obras analizan y dan consejos sobre el uso de la lengua en los nuevos medios 'on line'.

Nunca habíamos leído y escrito tanto hasta la explosión de los nuevos medios basados en la red. Pocos hablan con sus dispositivos y en cambio «la mayoría prefiere la escritura», destaca el profesor de la UPF Daniel Cassany (@dancassany). Pero al mismo tiempo, este uso ha hecho evolucionar el lenguaje «a una velocidad nunca vista», apunta el experto en nuevos medios Mario Tascón (@mtascon). Ambos están detrás de dos libros que llegan a las librerías en los próximos días y que abordan la teoría y la práctica de las nuevas realidades de la lectura y la escritura.
Tascón es el director (detrás hay 40 especialistas) de Escribir en internet. Guía para los nuevos medios y las redes sociales, editado por Galaxia Gutenberg (@G_Gutenberg) y la Fundación del Español Urgente BBVA, en el que se abordan «problemas teóricos y soluciones prácticas». Desde reglas de uso respetuoso y efectivo ('netiqueta') a consejos prácticos elementales, los conceptos teóricos básicos de la arquitectura de una web o un libro de estilo propio para cada medio.

Aun con la RAE detrás, el tono de sus "recomendaciones" es el de "no promulgar normas rígidas, sino de formar en la mente de los lectores de la obra una preocupación constante por los usos idiomáticos". 'En línea. Leer y escribir en la red', de Daniel Cassany, publicado en el año 2011 en catalán en catalán (Graó) y ahora en castellano por Anagrama, analiza también las "nuevas maneras de utilizar la escritura para interactuar y resolver tareas sociales", pero poniendo más énfasis la escuela. Por ejemplo: un ejercicio para que los alumnos sean usuarios críticos de la Wikipedia.

¿Con faltas? Bueno...

Tanto Cassany como los autores del libro coordinado por Tascón asumen con normalidad las «formas escritas no normativas», en palabras del primero, que ponen los pelos como escarpias a más de un académico o profesor, o la integración de «formas gráficas inimaginables hasta ahora», hasta formar una neolengua que algunos han llamado 'netspeak', 'cyberspeak' o, en el caso del inglés, 'netlish' (¿aquí deberíamos hablar de 'interñol' o 'netcatalà'?). Marta Torres la define como una «escritura ideofonemática» y Xosé Castro, en el libro de la Fundéu, califica recursos como la supresión de tildes, las onomatopeyas, siglas, emoticonos, abreviaturas... como una «ortografía adaptada» a los límites de espacios o la inmediatez.

En lugar de «ejemplos vandálicos de escritura», Cassany asume estos usos como «el resultado de comunicarse de una manera eficaz, rápida y barata», además de una forma de identificación juvenil. «La economía del lenguaje en internet no se debe entender como ignorancia, sino como la adaptación de la escritura a estas nuevas realidades», opina Markus Steen. «A más espacio disponible y más público, más correctos y con menos atajos» son los textos, concluye Tascón. Porque aquí, dice Cassany, entra otro concepto, el de lo «vernáculo digital». Usos «en el ámbito privado y ocioso de la familia y los amigos, que hacemos por iniciativa propia, cuando y como nos da la gana y sin seguir norma o directriz alguna».

«Una comunicación en gran parte privada que se convierte en pública», dice Tascón. En este espacio entre lo privado y lo público nacen desde los blocs a la 'fan fic', creación de una obra nueva que recrea el universo de un autor. En general, documentos que se adaptan a las capacidades de los 'nativos digitales' definidos por Marc Prensky: cómodos en documentos enlazados y que combinan formatos, que practican la multitarea, conectados y cooperativos, rápidos pero impacientes...

Por un lado, este nuevo mundo expande la creación. La 'ciberetiqueta' critica a los fisgones, perezosos o que no aportan nada de interés ('lurkers', 'idlers' y 'smurfs'). «En la red no es posible ser solo un gran lector [...] en internet los lectores también escriben [...] No se puede estar pasivo o callado», escribe Cassany. Por el otro lado, cuenta con limitaciones a las que escritores y diseñadores de medios deben aprender a adaptarse. Los estudios de movimiento ocular (la lectura en F: en horizontal los dos primeros niveles, y repaso rápido en vertical del resto) muestran según Jakob Nielsen que los internautas leen un promedio del 20 % del contenido de una web, lo que le lleva a recomendar que no se escriba en línea más del 50 % de lo que se habría escrito en papel, además de adoptar varios principios básicos de escritura breve, ordenada, segmentada y vinculada.

Lectores activos

En definitiva, contar con «el lector asume más iniciativa al elegir qué quiere leer y en qué orden» cuando lee en línea. Porque según Cassany hay lectura digital que apenas se diferencia de la tradicional, y una lectura en línea caracterizada por la conexión, la cooperación, la ausencia de filtros y la diversificación de las formas de escritura. «Cada plataforma, ya sea Facebook, Twitter, Google +, los blogs, los chats, los foros o los medios digitales, tienen sus particularidades, reglas y características», recuerda la Fundéu.

Pero incluso para autores que viven con más excitación ser protagonistas de un momento de cambio que con nostalgia... algo de esto aún hay. «¿Será este mi último libro? [...] No puedo dejar de sentirme como un monje medieval que escribe en latín cuando en la calle hablan romance», concluye Cassany.

Fuente: La página del castellano