domingo, 9 de junio de 2013

Cuando los lobos comen viento

Bestiary_Panther
El bestiario de Aberdeen

El Bestiario de Aberdeen apareció en Inglaterra durante el siglo XII; es una recopilación de distintos libros similares, principalmente el physiologus griego, además incluye capítulos del Génesis, como los primeros siete días de la creación. Los bestiarios eran compilaciones de todo tipos de animales, reales o imaginarios, acompañadas de una explicación moralizadora. Uno de los elementos más llamativos del Bestiario de Aberdeen son las ilustraciones, en las que los dibujantes dejaron volar libremente su imaginación.

Acaso uno halle el Bestiario de Aberdeen en un momento de ocio. Acaso mientras se busca, como resulta a menudo impostergable, descripciones del amor carnal entre marineros y sirenas. Acaso en una tarde de tormenta, el cielo ondulando como un mar, mientras las palmeras sacuden violentamente la cabeza y pelícanos desorientados pasan junto a las ventanas.
File:AberdeenBestiaryFolio008rTigerDetail.jpgCuán interesante, entonces, descubrir que los pelícanos suelen matar a su cría y que, habiendo hecho esto, se abren un tajo en el costado y dejan que la sangre se derrame sobre el cadáver, lo que le devuelve la vida. Cuán interesante descubrir que el pelícano, aun con su tosca apariencia prehistórica, no es en modo alguno el más extraño de los pájaros. El murciélago, por ejemplo, es el único pájaro que posee dientes, y las abejas, que son los pájaros más pequeños, doblan en fertilidad a cualquier otro. El pavo real, conocido también por su andar despreocupado, tiene la cabeza de una serpiente. El martín pescador encuentra placer en la tristeza, la codorniz sufre de vértigo y los avestruces son hipócritas.

Pero acaso no se trate meramente de un hallazgo. Acaso uno salga en su búsqueda en un momento de penosa necesidad. Puede ser cuestión de vida o muerte saber que la sanguinaria es efectiva contra el veneno no menos que contra el engaño, o que los safiros permiten contener una hemorragia, a la vez que, en tanto uno practique la castidad, curan úlceras y migrañas y heridas en la lengua. Es sin duda importante saber que el medus, molido en una muela verde y mezclado con leche de mujer, cura la ceguera; que el azabache calma un zumbido en el oído, cura el malestar de estómago y ahuyenta víboras y demonios; o que la smaragdus es una piedra maravillosa, la cual, si se lleva con castidad, trae riqueza, y si se la lleva en el cuello, castamente o no, confiere una elocuencia persuasiva—pero no sólo eso, no, sino que además cura la fiebre hemiterciana y la epilepsia, aleja la tormenta y también la lujuria.
Pero en ocasiones se precisa otra clase de consuelo. Así, uno hará bien en recordar, de pie junto a la ventana en la oscura vigilia de la noche—mientras se confunden quizás el llamado del búho con el ulular procaz de un simio astuto y malvado—que los diamantes son eficaces contra el temor infundado, y que las perlas disponen para el sueño.


¿Y qué hay de los simios, en efecto? El Bestiario enseña que la esfinge es un tipo de simio, al igual que el sátiro, que es fácil de atrapar pero morirá en cautiverio porque sólo puede vivir bajo el cielo de Etiopía. Los sátiros poseen rostros hermosos, pero como a todos los simios, los inunda la tristeza cuando decrece la luna.

Cuando el león se siente mal, no tiene más que comer un simio, que lo cura.

Otro tipo de simio es el de cabeza de perro, animal particularmente feo y cuya presencia en la recámara femenina ha de ser  desalentada, ya que, como es bien sabido, el hijo de mujer tiende a parecerse a lo que ella piense en la cumbre del ardor, y de haber un simio en la habitación, será en vano esperar que la presencia de su amante comporte una distracción suficientemente absorbente.

Pero haya o no simios en la recámara, todo hombre que se afana en trabajos para satisfacer a su impetuosa amante, o para al menos capturar su atención en medida tal que el vástago que carga lleve sus rasgos, debe recordar que para la mujer el centro del placer carnal es el ombligo.

Y todo el mundo, sí, todo el mundo debe tomar nota de los peligros de la sangre menstrual, que mata las cosechas, avinagra el vino, pone rabiosos a los perros y ablanda el alquitrán.

¿Existe en el mundo entero criatura más irritante y artera que la mujer? Tal vez no, pero acaso el hombre que noche tras noche decepciona a su amante, muy a pesar de la dedicación que presta a su ombligo, y se escurre cada noche fuera de la cama, abriéndose paso entre las burlas de los simios, para resguardarse en la niebla que rodea la galería, pueda reconfortarse al reflexionar que las cosas no son menos complejas en otras zonas del reino animal. No hay razón para envidiar a los elefantes, por ejemplo, que para concebir un hijo caminan juntos hasta las puertas del paraíso, donde la hembra debe convencer a su pareja de consumir el fruto de la mandrágora. A esto él se muestra reacio, naturalmente, y sin embargo hasta que no haya comido el fruto no podrá ella concebir. Cuando ella da luego a luz en un estanque, él monta guardia para protegerla de los dragones.

Los osos dan a luz un feto sin forma—de color blanco, sin ojos—que luego la madre esculpe con su boca.

Las panteras no dan a luz sino una sola vez en su vida, lo cual tal vez explica la disminución de su número.

Las abejas nacen de gusanos, los cuales nacen a su vez cuando uno apalea un becerro. Para producir avispones, alcanza con sustituir el becerro por un caballo, o por un asno para producir avispas.
El reino animal es ciertamente rico y variado, y no hay guía zoológica más completa que el Bestiario, donde uno aprende que si un león ha comido demasiado, se introduce las patas dentro de la boca y extrae parte de la comida, que las hienas viven en tumbas, que las víboras desprecian a un hombre vestido y temen al que va desnudo, y que si un castor presiente que un cazador lo persigue, se arrancará los testículos de un tarascón antes de arrojárselos en la cara, sabiendo que sus testículos son el objeto de deseo del cazador. De los testículos del castor se extraen medicamentos muy efectivos.

La mordida del spectaficus puede licuar a un hombre.

Un perro que toque la sombra de una hiena no volverá a ladrar.

Los lobos comen viento.

Pero ya basta, basta. Está muy bien detenerse a contemplar las bellezas y horrores de la naturaleza, pero cuando uno vuelve a hallarse otra vez solo y ocioso en el jardín, adornado de joyas y piedras, una decepción para el amante de uno, una decepción para uno mismo, la mirada fija en el cielo abrasador, ¿entonces qué? ¿Entonces qué?

El Bestiario no descuida la vida espiritual; ¿cómo podría? La lección del castor es muy clara: uno debe arrancarse los pecados y arrojárselos en la cara al diablo. Y en la hiena, que imita el sonido de un humano vomitando y devora al perro que se acerca a investigar, tenemos la cifra de aquellos hijos de Israel, que en la depravación del lujo adoraron ídolos. Los simios, los eternos simios, cuya parte trasera es repugnante, le enseñan a uno a temer al Diablo, y la comadreja, que concibe por la oreja y da a luz por la boca—salvo cuando concibe por la boca y da a luz por la oreja—representa a esas personas que oyen la palabra divina y sin embargo no le prestan atención.

En sentido estricto, el hombre viene de la tierra, y hacia la tierra va. No es de extrañar que uno llore en la ducha. Son variados los caminos que conducen al Infierno, y no hay piedra preciosa, sin importar qué tan castamente o sobre qué parte del cuerpo se la lleve, que garantice un lugar en el Cielo.

Los barcos navegan más despacio si transportan el pie derecho de una tortuga. El excremento del caladrius cura las cataratas. Los monjes ríen, siempre ríen. Debe mantenerse la imagen de Cristo delante de los ojos a toda hora, porque Cristo es un león. Deambula por la cima de las montañas y oculta con la cola el rastro de su divinidad. Cristo es una pantera. Es tranquilo y multicolor, y tres días después de alimentarse, se alza del sueño, da un fuerte grito, y emana de su boca un perfume dulzón. Cristo es una palmera, ya que tiene pelo y ha crecido hasta su altura máxima. Humíllate como el elefante, que carece de articulaciones en las rodillas. Mírate, como la paloma, con tu ojo izquierdo, y con el derecho contempla a Dios. Cristo es, después de todo, un pelícano girando desesperado bajo un cielo atormentado, ya que vive en soledad y carece de bolsa en el estómago donde guardar comida y así como mata a su cría con el pico, rechaza igualmente los actos y pensamientos que inspira el pecado.


Fuente: Buenos Aires Review

sábado, 8 de junio de 2013

Recomendaciones de fin de semana

La Larga Crisis Argentina

La Larga Crisis Argentina
de Luis Alberto Romero

Desde hace cuatro décadas la Argentina experimenta una larga crisis, jalonada de estallidos y situaciones de emergencia. La crisis se ha convertido en parte de nuestras vidas, en un elemento recurrente para pensar nuestro presente y nuestro futuro. Entender de dónde viene y cómo afecta la vida social y política es central para vislumbrar salidas y alternativas de reconstrucción. Pero para eso no basta la memoria: se requiere un trabajo de interpretación que ayude a comprenderla tanto a quienes la vivieron como a las generaciones más jóvenes. Ese es el propósito de este ensayo brillante y polémico, que explica cómo se fue conformando la Argentina actual en la larga historia del siglo XX. Luis Alberto Romero ubica el inicio del declive argentino en los años setenta, cuando el estado empezó a ser desmantelado y depredado, la sociedad se escindió y la pobreza alcanzó niveles dramáticos. Paradójicamente, incluso en medio de las tormentas de las tres décadas pasadas, no decayó la voluntad de construcción democrática. Otra paradoja fue el sorpresivo resurgimiento de la prosperidad luego de la durísima crisis de 2001. Entonces pareció que se abría para el país una nueva oportunidad, que sin embargo no pudo ocultar la realidad de un estado incapaz de proyectar acciones de largo plazo, una sociedad que ha desbordado los marcos de la ley y una política sin espacios ni disposición para el diálogo. Cada uno de estos procesos tiene raíces profundas, que conducen a los comienzos del siglo XX. Cada uno de ellos nos lleva a un presente tan problemático como angustiante. Luis Alberto Romero realiza una magistral síntesis de cien años de historia argentina para echar luz sobre un presente complejo y pensar opciones de futuro, comprometidas con la construcción colectiva de un país normal. 

El autor


Luis Alberto Romero es Investigador Principal del CONICET, Profesor de Historia Social General de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y Director del Centro de Estudios de Historia Política de la Universidad de San Martín. Ha publicado Sectores populares, cultura y política: Buenos Aires en la entreguerra (con Leandro H. Gutiérrez, 1995), Qué hacer con los pobres. Elite y sectores populares en Santiago de Chile en el siglo XIX (1996), Volver a la historia (1997), Argentina. Crónica total del siglo XX (2000), Buenos Aires, historia de cuatro siglos (con José Luis Romero; 2da edición, 2000), y Breve historia contemporánea de la Argentina (2da ed. 2001) (traducida como A History of Argentina in the Twentieth Century 2002). Ha sido Director académico de la colección Los nombres del poder, del Fondo de Cultura Económica, y de la Historia Visual Argentina, publicada por el diario Clarín. Dirige actualmente la colección Historia y cultura de Siglo XXI editores de Argentina

domingo, 2 de junio de 2013

La crisis europea y el español panhispánico

Las dificultades por las que atraviesa actualmente España afectan también al español, por lo menos al estándar creado en Madrid por la Real Academia Española y sus subsidiarias agrupadas en la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale). En efecto, conviene al Estado español –que enfrenta apremiantes demandas sociales– que el diccionario excluya de sus definiciones las «deficiencias e injusticias de la economía de mercado», reconocidas en la vigésima segunda edición (2001): 

 estado de bienestar 1. m. Sistema social de organización en el que se procura compensar las deficiencias e injusticias de la economía de mercado con redistribuciones de renta y prestaciones sociales otorgadas a los menos favorecidos (subrayado mío). 

En la 23.a edición, prevista para 2014, se excluye la mención a «las deficiencias e injusticias de la economía de mercado», que podría alentar a quienes buscan una justa compensación por el castigo que les imponen precisamente, esas «deficiencias» y esas «injusticias» que solo afectan a una parte de la sociedad. 

En efecto, la definición de estado de bienestar prevista para la vigésima tercera edición ha cambiado de la siguiente forma: 

 estado de bienestar 1. m. Organización del Estado en la que este tiende a procurar una mejor redistribución de la renta y mayores prestaciones sociales para los más desfavorecidos. 

Se pone así de manifiesto una vez más que el llamado «español panhispánico» es en realidad una lengua inexistente, no hablada en ninguna parte, creada en busca del mantenimiento del control de la lengua por parte de Madrid, de acuerdo con las conveniencias del reino de España. En cuanto a la participación de Asale en esta supuesta variedad del español, no es, en mi opinión, más que una tapadera para que se mantenga el control que la RAE ejerce desde hace trescientos años sobre la lengua y cuyas riendas no quiere soltar. 

Si para muestra basta un botón, vale recordar que el titular del dominio web asale.org está registrado bajo el nombre Real Academia de la Lengua y que el DNS (domain name server) se hospeda en Madrid, en dos servidores de llamados crea.rae.es y ns4.rae.es. Dado el hecho de que cualquier individuo o entidad puede registrar un dominio en la web, cabe preguntarse por qué la Asale, si es una entidad realmente existente y no un mero sello de la RAE, no puede registrar el suyo. Cabe preguntarse también por qué, si es una reunión de iguales, cada una de sus reuniones debe ser presidida por el rey de España. 

Con esto queda claro que, si abrazamos la ideología panhispánica, los 430 millones de hablantes deberíamos ajustar nuestro idioma a las necesidades y conveniencias de un estado que, en materia de lengua, no renuncia al antiguo poder colonial y no acepta, más que discursivamente, situarse en pie de igualdad ante sus excolonias. Tendremos que sujetarnos a una Asale hecha de súbditos del monarca que preside cada una de sus reuniones y que avala sin chistar cada una de las decisiones de la casa dieciochesca. 


Fuente: Ricardo Soca