sábado, 3 de agosto de 2013

Vinicius de Moraes entrevistado por Clarice Lispector

©Clarice Lispector
Rio de Janeiro 1969
Revista Manchete 

Incluída en el libro
Clarice Lispector “Entrevistas”
Ed. Rocco, Rio de Janeiro 2007

Traducción en español para Escritoras Unidas y Compañía: 
Alejandra Rodrigues Matias  / viviana marcela iriart


-Vinicius, pienso que vamos a conversar sobre mujeres, poesía y música. Sobre mujeres porque corre la fama de que tú eres un gran amante. Sobre poesía porque tú eres uno de nuestros grandes poetas. Sobre música porque tú eres nuestro trovador. Vinicius, tú realmente amaste a alguien en la vida? Llamé a una de las mujeres con la que estuviste casado, y ella me dijo que tú amas todo, a todo te das por entero: a hijos, mujeres, amistades. Entonces me vino la idea de que tú amas el amor, y en él incluyes a las mujeres.  

-Que yo amo el amor es verdad. Pero por amor comprendo la suma de todos los amores, o sea, el amor del hombre por la mujer, de la mujer por el hombre, el amor de mujer por mujer, el amor de hombre por  hombre y el amor del ser humano por la comunidad de sus semejantes. Yo amo ese amor, pero eso no quiere decir que no haya amado a las mujeres que tuve. Tengo la impresión que, a aquella que realmente amé, me entregué por completo.

-Te creo, Vinicius. Te creo.  Aunque también creo que cuando un hombre y una mujer se encuentran en un amor verdadero, la unión siempre se renueva, poco importan las peleas y los desentendimientos: dos personas nunca son permanentemente iguales y eso puede crear en la misma pareja una nueva forma de amar.

-Claro, pero yo todavía creo que el amor que construye para la eternidad es el amor pasión, el más precario, el más peligroso, ciertamente el más doloroso. Ese amor es el único que tiene la dimensión del infinito.

-¿Tú ya amaste de ese modo?

-Yo sólo tengo amado de ese modo.

-¿Pero tú acabas una relación porque conoces otra mujer o porque te cansas de la primera?

-Mi vida ha sido siempre como si una mujer me depositase en los brazos de otra. Eso tal vez porque ese amor pasión por su propia intensidad no tiene condiciones de sobrevivir. Creo que esto está bien expresado en mi "Soneto de Fidelidad: “que no sea inmortal puesto que es llama / pero que sea infinito mientras dure”.

-¿Tú sabes que eres un ídolo para la juventud? ¿Será que ahora que apareció Chico , las muchachas van a cambiar de ídolo, las muchachas y los muchachos?

-Pienso que es diferente. La juventud busca en mí un padre amigo, que vivió y que tiene una experiencia para transmitir. Chico no. Él es ídolo por sí mismo, lo de él es idolatría.

-¿Tú soportas ser ídolo? Yo no soportaría.

A veces me pone de  malhumor. Pero una de esas muchachas me explicó: es que tú, Vinicius, vives en los estantes de nuestros libros, en las canciones que todo el mundo canta, en la televisión. Tú vives con nosotros, en nuestra casa.

 -¿Cuál es la artista de cine que amarías?

-Marilyn Monroe. Fue uno de los seres más lindos que hayan nacido. Si solamente existiese ella, sería suficiente para justificaría la existencia de Estados Unidos. Me casaría con ella y seguramente me equivocaría porque es difícil amar a una mujer tan célebre. Solamente soy celoso físicamente, el celo del animal, no tengo otro tipo de celos.

-Háblame de tu música.

-No hablo de mí como músico, pero sí como poeta. No separo la poesía que está en los libros de la que está en las canciones. 

-Vinicius, ¿tú ya te sentiste solo en la vida? ¿Ya sentiste algún desamparo?

-Pienso que soy un hombre bastante solo. O por lo menos tengo un sentimiento muy agudo de soledad.

-Eso explicaría el hecho de que tú ames tanto, Vinicius.

-El hecho de querer comunicarme tanto.

-Tú sabes que admiro mucho tus poemas, y, más que gustarme, los amo. ¿Qué es la poesía para ti?

-No sé, nunca escribo poemas abstractos, tal vez sea el modo de que la realidad se vuelva mágica ante mis ojos. De envolverla con ese tejido que le da una dimensión más profunda y consecuentemente más bella. 

 -Reflexiona un poco y dime cuál es la cosa más importante del mundo, Vinicius.

-Para mí es la mujer, verdaderamente.

-¿Tú quieres hablar de tu música? Estoy escuchando.

-Dicen, en mi familia, que yo canté antes de hablar. Y había una cancioncita que yo repetía. Fui criado en el mundo de la música, mi madre y mi abuela tocaban el piano, recuerdo cómo me torturaban con aquellos valses antiguos. Mi padre también tocaba la guitarra, crecí oyendo música. Después la poesía hizo el resto.


-Hicimos una pausa. El continuó:

-Siento tanta ternura por tu mano quemada.

-(Me emocioné y entendí que este hombre envuelve a una mujer de cariño).  Vinicius dijo, tomando un trago de whisky:

-Es curioso, la alegría no es un sentimiento ni una atmósfera de vida nada creativa. Yo sólo sé crear en el dolor y en la tristeza, incluso si el resultado  sean textos alegres. No me considero una persona negativa, quiero decir, yo no deprimo a las personas. Es por eso que pienso que estoy viviendo en un movimiento de equilibrio infecundo del cual estoy intentando liberarme. El paradigma máximo para mí sería: la calma en el seno de la pasión. Pero realmente no sé si es un ideal humanamente alcanzable.

-¿Cómo es que entraste a  la vida diplomática, tú que eres lo anti informal por excelencia?

-Sucede que detesto todo lo que oprime al hombre, incluso la corbata. Pero, es sabido que un diplomático es un hombre que usa corbata. Pero dentro de la diplomacia hice buenos amigos hasta hoy. Después sucedió otra cosa: las raíces y la sangre hablaron más alto. Encuentro muy difícil que un hombre no vuelva a su interior, para llegar o por lo menos aproximarse al conocimiento de sí mismo.

-Como persona, Vinicius, ¿qué desearías alcanzar?

-Yo desearía alcanzar otra cosa. Eso de la calma en el seno de la pasión. Pero desearía alcanzar una tal capacidad de amar que me hiciese útil a mis semejantes. 

-Quiero pedirte un favor: haz un poema ahora mismo. Tengo la seguridad de que no será banal. Si tú quieres, trovador, recita tu poema.

-Mi poema es un poema de dos líneas: tú escribe una palabra encima y la otra abajo porque es un verso. Es así:

Clarice
Lispector
Encuentro lindo tu nombre, Clarice.

-Puedes decir cuáles son las mayores emociones que tuviste. Yo, por ejemplo, tuve tantas y tantas, buenas y pésimas, que no osaría hablar de ellas. 

-Mis mayores emociones están ligadas al amor. El nacimiento de los hijos, los primeros encuentros y los últimos adioses. Incluso teniendo dos experiencias de cuasi muerte – accidente de aviación y de carro (auto)- incluso esas experiencias de cuasi muerte ni de lejos se aproximan a las emociones de que te hablé.

-¿Te sientes feliz? Esta, Vinicius, es una pregunta idiota, pero que me gustaría que respondieras.

-Si la felicidad existe, yo sólo soy feliz mientras me quemo y cuando una persona se quema no es feliz. La propia felicidad es dolorosa.



Meditamos un poco, conversamos un poco más, Vinicius se fue. Entonces llamé a una de las esposas de Vinicius:


-¿Cómo te sientes casada con Vinicius?


Ella respondió con aquella voz que es un murmullo de pájaros:
  
“Muy bien. Él me da mucho. Y más importante que eso, él me ayuda a vivir, a conocer la vida, a querer a las personas”.


Después conversé con una muchacha inteligente:
  
“La música de Vinicius” –dijo ella – “habla mucho de amor y yo me identifico siempre con ella”.

-¿Tú tendrías un amorío con él?

-No, porque a pesar de encontrar amoroso a Vinicius, amo a otro hombre. Y Vinicius me revela todavía más cuanto amo a ese hombre. Su música hace que me guste todavía más el amor. Y "de repente, no más que de repente”, él se transforma en otro: y es nuestro poetita como lo llamamos.


He aquí pues algunos secretos de una figura humana grande y que vive a todo riesgo. Porque hay grandeza en Vinicius de Moraes.

Fuente: Escritoras unidas y compañia

viernes, 2 de agosto de 2013

Recomendaciones para el fin de semana

Si alguna vez escuchando al tope en el equipo de audio La historia del príncipe  Kalender de korsakov, imaginó los misteriosos rasgos de esa cara, recordando su pasada opulencia anunciada por la  trompeta y el  trombón o gracias al fagot, compartió junto a él las escenas de su actual pobreza y castidad, no es de extrañar que se hiciera la siguiente pregunta: ¿Qué criaturas serían capaces de engendrar el oboe, la flauta o el clarinete? ¿Es descabellado sentir curiosidad por el resultado del encuentro entre el arpa y el violín?
Así, gustosamente vanidoso, se apoltrona en el sofá y cierra los ojos sintiéndose tremendamente original. Lamento, lector, contradecir esos sueños de gloria pero Doc Labyrinth ya lo pensó. Conociendo la fragilidad de nuestra civilización, y su tendencia destructiva, y antes de que las arenas del tiempo olviden la grandeza de nuestros compositores ideó una máquina capaz de procesar las más sublimes partituras para tornarlas en seres vivos. De esta forma, un obsesivo melómano puede convertir a Mozart en padre de un pájaro exótico, a Wagner de un animal con mal carácter, y a Bach de asombrosos insectos. 

Qué pasaría si aquellas creaciones comenzaran a cambiar de aspecto, de talla y de comportamiento o si el armonioso juego de notas se convirtiera en una melodía desordenada que poblara el jardín de Labyrinth  con criaturas inverosímiles…
Lector, ¿creés que un simple traje de cow- boy  pueda funcionar a base de imaginación?  O que un grupo de doce soldados ganimedianos organicen estrategias inteligentes de asalto, a una impenetrable ciudadela, hasta concluir un ciclo completo de juego durante siglos…

Tal vez, haya que esperar que la tierra se pueble de rugs o que seamos informados por diarios  homeostáticos que pierden el control de la realidad…o ir a la biblioteca, buscar en el catálogo de libros para préstamo y decir: “Me llevo La máquina preservadora de Philip Dick”.

Considerado un autor de culto, en oposición a la masividad de otros escritores de ciencia ficción, es posible que muchos lectores de Philip Dick hayan ingresado a su literatura desde el cine con Blade runner (1982), filme basado en su novela de 1968 ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

El universo textual de Dick nos ofrece un contacto persistente con  la irrealidad  pura que desenmascara las tramas íntimas de la vida en sociedad, llevándonos una y otra vez al cuestionamiento de sus reglas. Conceptos como el tiempo, la locura o la muerte pueden distorsionarse desde su mirada particular, avanzar hacia un espacio único y reconocer aun así la cotidianidad  más descarnada. En efecto, cuando nos instalamos en la maravilla de sus mundos percibimos la riqueza de sus símbolos, la construcción filosófica de las identidades y la certeza de que quisiéramos estar también allí.     
En La máquina preservadora  nos vamos a encontrar con muchos de estos postulados y con una de sus grandes pasiones: la música; pero más allá de cualquier intento de análisis, la supremacía de su imaginación golpeará nuestra racionalidad con armas magistrales.
Philip K. Dick escribió un total de cuarenta y cinco novelas, de las cuales por el momento, solo treinta y tres han sido traducidas al español, entre las cuales podemos destacar El hombre en el castillo (1961), Tiempo de Marte (1962),  Los tres estigmas de Palmer Eldritch (1964) y Ubik (1966).    

Sin detenernos en su biografía, podríamos decir que desde su temprana muerte ocurrida en 1982 a los cincuenta y tres años ha habido un extraordinario interés por su obra. Sus seguidores y la crítica a menudo se refieren familiarmente a él como "PKD" y usan los adjetivos "dickiano" y "phildickiano" para describir su estilo y sus temas.
Complejo en su espiritualidad y visionario como los grandes genios, sus propias palabras suscriben la insoportable y sencilla certeza de que “La realidad es aquello que, cuando uno deja de creer en ella, no desaparece”.
                                              
Fuente: Adriana Greco para Correctores en la Red.



jueves, 1 de agosto de 2013

Palabras validadas

Para que una palabra sea considerada correcta ¿es necesario que esté en el diccionario? La presencia o ausencia de un vocablo en el Diccionario de la Real Academia Española ha sido el referente para darle validez a un término. Armando Soto Almanza, lector habitual de esta columna, en un artículo de la revista de National Geographic en español sobre los miedos patológicos (fobias o miedos irracionales compulsivos), se enteró que el miedo a las palabras largas tiene un nombre muy extenso: hippopotomonstrosesquippedaliofobia (irónico, sería un vocablo –además de impronunciable– imposible de usarlo frente al fóbico). Lo sorprendente para este lector fue comprobar ausencia de este vocablo del diccionario oficial de nuestro idioma (DRAE). Entonces surgió la duda: ¿es correcto o no su uso?
El caso no es extraño. En la misma condición se encuentran voces como rinopatía (término genérico para referirse a cualquier problema en la nariz que requiera de la atención médica), vocablo muy común entre otorrinolaringólogos (médicos especializados en problemas en oídos, nariz y garganta); y también está la alexitimia (trastorno que consiste en la incapacidad del sujeto para verbalizar las emociones propias y, consecuentemente, la imposibilidad para comprenderlas).
Ya en otra ocasión comenté que los académicos de la lengua, como cualquier científico, ahora se centran más en describir y entender su objeto de estudio; no a normarlo. Por tanto, en virtud que el lenguaje es el instrumento para comprender la realidad (si no se verbaliza, no se conceptúa, justo como el alexitímico), entonces no solo es importante que haya la palabra que describa cualquier aspecto de la realidad: es imperativo contar con el vocablo.
Al Diccionario de autoridades, así también conocido el DRAE, es casi imposible registre todas las voces de cada ciencia. Básicamente, incorpora el mayor número de voces usuales y las fundamentales de las ciencias. Pero no podría incluir el lenguaje especializado total, pues entonces se trasformaría en una enciclopedia. Para ello, como auxiliares, están los diccionarios especializados. El DRAE tiene como propósito incorporar las voces que ayuden al mayor número de personas a entenderse para interactuar de forma más efectiva. Las voces especializadas básicamente sirven a grupos muy delimitados. Ahí es donde entran los autores y de mayor prestigio de la especialidad. 
Ahora, normalmente cada ciencia recurre a la formulación de vocablos, acorde a las bases constructivas internacionales (casi siempre usando raíces y prefijos griegos, aunque en ocasiones echan mano de voces latinas y raramente de locales). La comunidad científica de la especialidad, al usar el nuevo término (neologismo), valida al vocablo. Así contamos con un nuevo instrumento para comprender su materia. 
He aquí la diferencia con voces populares que tampoco aparecen en el diccionario. Al igual que en la ciencia, se usa por un determinado grupo. Si funciona, su práctica le da validez. Pero a diferencia del campo científico, que tiende a buscar masificar el conocimiento, el lenguaje propio de un grupo suele ser instrumento de identidad y, por tanto, es contrario a la masificación. De ahí que no suela validarse socialmente y se recomiende académicamente evitarlos, para no caer en sectarismo.

Fuente: Enrique R. Soriano Valencia de Chispitas de lenguaje