domingo, 27 de octubre de 2013

Una lengua cambiante y múltiple

Español de islas y tierra firme, deltas, pampas, cordilleras, selvas, costas ardientes, páramos desolados, subiendo hacia los volcanes y bajando hacia la mar, ningún otro idioma es dueño de un territorio tan vasto.


Por Sergio Ramírez, escritor nicaragüense.

Fragmento del discurso de inauguración del VI Congreso Internacional de la Lengua Española, que finalizó esta semana en Panamá:

Al perder la palabra, perdemos la memoria. Para ser trasplantado hay que ser arrancado de las propias raíces, porque la lengua no es solamente una forma de expresión que uno pueda cambiar en la boca a mejor conveniencia, sino que es la vida misma, la historia, el pasado, y aún más que eso, el existir en función de los demás, porque la lengua sola de un individuo hablando en el desierto no tendría sentido, menos para un escritor, que si existe es porque alguien más comparte sus palabras, y las vuelve suyas. Según evocaba Miguel Ángel Asturias, la tradición del pueblo quiché, el mismo pueblo que nos heredó la magia del Popol Vuh, aquel que habla en nombre de los demás es el Gran Lengua de su tribu. (...)

Ramirez, Sergio.jpgSoy un escritor de una lengua vasta, cambiante y múltiple, sin fronteras ni compartimientos, que en lugar de recogerse sobre sí misma se expande cada día, haciéndose más rica en la medida en que camina territorios, emigra, muta, se viste y de desviste, se mezcla, gana lo que puede otros idiomas, se aposenta, se queda, reemprende viaje y sigue andando, lengua caminante, revoltosa y entrometida, sorpresiva, maleable. Puedo volar toda una noche, de Managua a Buenos Aires, o de la ciudad de México a Los Ángeles, y siempre me estarán oyendo en mi español centroamericano.
Español de islas y tierra firme, deltas, pampas, cordilleras, selvas, costas ardientes, páramos desolados, subiendo hacia los volcanes y bajando hacia la mar salada, ningún otro idioma es dueño de un territorio tan vasto. Me oirán en la Patagonia, y en Ciudad Juárez, un continente de por medio, y en el Caribe de las Antillas Mayores, y en el arco del Golfo de México, y del otro lado del dilatado Atlántico también me oirán, y oiré, en tierras de Castilla, y en las de Extremadura, y en las de León, en las de Aragón. Y en Guinea Ecuatorial, y en el desierto saharaui. Nos oiremos, hablaremos. Sabremos de qué estamos hablando, porque en la lengua, somos idénticos, estamos ungidos por la misma gracia.
Augusto Roa Bastos es un híbrido del español y el guaraní, de otra manera no existiría Hijo de Hombre. La sintaxis quechua entra en la escritura de José María Arguedas, de otra manera no existiría Los ríos profundos. Sin la lengua yoruba, congo o mandinga y su profundo palpitar de tambores, no existiría Songoro Cosongo de Nicolás Guillén, ni Tuntún de pasa y grifería de Luis Palés Matos, y sin el quiché tampoco Hombres de Maíz de Miguel Ángel Asturias.
Aguas revueltas de ríos distintos, una sola en su vasta y caótica diversidad que ya del lado de los emigrantes hispanos a Estados Unidos, se vuelve más vasta y sigue nutriéndose y transformándose. Porque una lengua viva, que emigra, y no se queda enclaustrada en su propia casa, siempre lleva las de ganar.

Tendremos identidad mientras la busquemos y queramos encontrarnos en el otro
Cuando en América hablamos acerca de la identidad compartida, nuestro punto de partida, y de referencia común, es la lengua. No somos una identidad étnica, no somos una multitud homogénea, no somos una raza, somos muchas razas. La diversidad es lo que hace la identidad. Tendremos identidad mientras la busquemos y queramos encontrarnos en el otro. Pero somos una lengua, que tampoco es homogénea. La lengua desde la que vengo, y hacia la que voy, y que mientras se halla en movimiento, me lleva consigo de uno a otro territorio, territorios reales o territorios verbales.
Estratos geológicos superpuestos, palabras escondidas abajo, y encima la agobiante modernidad que trastoca los vocablos que buscan el cauce de las necesidades tecnológicas, porque quien no inventa tecnología tampoco inventa los términos de la tecnología, y entonces la lengua abre sus valvas para recibir esas palabras ajenas, y volverlas propias, el inglés como antes el árabe.
No puedo sentirme solo. No tengo mi lengua por cárcel, sino el reino sin límites de una incesante aventura, de Cervantes a García Márquez, de Góngora a Rubén Darío, de Alonso de Ercilla a Pablo Neruda, de Bernal Diaz del Castillo a Juan Rulfo, de Lope de Vega a Julio Cortázar, de Sor Juana a Xavier Villaurrutia, de Miguel Hernández a Ernesto Cardenal, del Inca Garcilaso a César Vallejo, de Pérez Galdós a Carlos Fuentes, de Rómulo Gallegos a Vargas Llosa, de García Lorca a José Emilio Pacheco.
Es nuestra lengua mojada. La que entra oculta a los Estados Unidos en los furgones de carga, hacinada en los techos de los vagones del tren de la muerte en viaje de Chiapas a Sonora, la que pasa debajo de las alambradas, la que traspasa el muro inteligente, la que burla los detectores infrarrojos, la que no se deja encandilar por los reflectores, la que huye de los perros de presa que saben oler pobreza y sudores, y de los cebados granjeros de Arizona convertidos en vigilantes armados de fusiles automáticos. Vigilante. Palabra ésa que, ironías de la lengua perseguida, le pertenece a ella misma.
Quien no inventa tecnología tampoco inventa los términos de la tecnología
Emigra desde tan lejos como Bolivia, el Perú y Ecuador, acampa en el río Suchiate esperando la noche para pasar a nado, siempre acosada a lo largo de su marcha temerosa hacia el otro río, el río Bravo, clandestina, y por tanto subversiva. Es la lengua de la pobreza, que cae bajo las balas de los Zetas en su camino, lengua triste y masacrada que sin embargo vuelve a despertar al nombrar cada vez al dolor y la miseria, pero también la esperanza.
Renace todos los días, se aclimata, camina. Cambia mientras camina. El español de la Tierra del Fuego y el de los salares del desierto de Atacama, el de las alturas de Machu Pichu y el de la tierras caliente de Michoacán, el español del valle del Cauca y los llanos de Apure, el español de la estrecha garganta pastoril iluminada por el fuego de los volcanes que es Centroamérica, el español campesino del Cibao dominicano y el insaciable español habanero, el español tapatío y el de los chilangos de la región más transparente del aire, y el del desierto de crudos espejismos de Sonora, el español de las dos Californias, el de las madreadas mexicanas en Los Ángeles, el de los murmullos de los inmigrantes ecuatorianos y bolivianos perseguidos en San Diego, el de los nicaragüenses que lloran de cabanga en San Francisco por su paisaje perdido, el de los tex-mex del Paso, el de los chicanos de Yuma. La raza. El español de los hondureños dejados desde antaño en las costas de Luisiana por los barcos bananeros de la Flota Blanca, el de la Florida de Ponce de León donde se habla en son cubano, el de los salvadoreños, los tristes más tristes del mundo de Roque Dalton, en las barriadas de Washington, el vasto e intrincado español de los dominicanos, y los puertorriqueños de Nueva York.
La lengua que se paraliza en la boca es una lengua muerta. Y el español es también en los Estados Unidos una lengua literaria, que es la otra manera de que una lengua viva sin riesgos de muerte. Una lengua de los escritores que han traspasado la frontera, o que han nacido en el territorio de Estados Unidos, y escriben en español. Unos hablan la lengua, otros la escriben, y estos son sus dos puntales vitales. Es un asunto verbal, no territorial. Una cultura híbrida, variada, y contradictoria, sorprendente y sorpresiva, que varía su sintaxis, que crea neologismos, que se aventura a inventar.
Quienes la hablan y quienes la escriben son protagonistas de esa invasión verbal que cada vez más tendrá consecuencias culturales. Consecuencias de dos vías, por supuesto, porque cuando las aguas de un idioma entran en las de otro, se produce siempre un fenómeno de mutuo enriquecimiento.
La lengua que gana nuevos códigos cerca del lenguaje digital, de los nuevos paradigmas de la comunicación, de los libros electrónicos, de las infinitas bibliotecas virtuales que estuvieron desde antes en la imaginación de Borges, y que gana modernidad mientras se adentra en el siglo veintiuno.
El Gran Lengua seguirá siendo el vocero de la tribu. El que tiene el don de la palabra y representa así a los que no tienen voz. El que alza la voz, es él mismo la lengua, la encarna, y se encarna en ella. Guarda y publica la memoria de las ocurrencias del pasado, inventa, imagina, interpreta, recrea, explica, y seduce con las palabras.
¿A qué otra cosa mejor puede aspirar un escritor, sino a ser lengua de una tribu tan variada y tan vasta?

viernes, 25 de octubre de 2013

Diccionario de ideas del Congreso de la Lengua de Panamá

Repaso a los retos surgidos en el encuentro de Panamá, que terminó el 23 de octubre, a través de las reflexiones de sus protagonistas
Cuatro días, cinco sesiones plenarias, 24 paneles, 200 expertos, 1.100 profesores y cerca de dos mil asistentes


Ir al origen, a la educación y al fomento de la lectura como un derecho para garantizar el buen destino del libro a través de su elemento básico: los lectores. Solo así se podrá ahuyentar cualquier temor que pueda acorralar al libro. Son las principales conclusiones del VI Congreso Internacional de la Lengua Española clausurado ayer en Ciudad de Panamá, después de cuatro días. Un encuentro que se recordará por la presencia de 1.100 profesores panameños encargados en una cruzada de promoción de la lectura desde hace dos años.

Más de 200 académicos, filólogos, escritores, editores y libreros debatieron bajo el lema El español en el libro: del Atlántico al mar del Sur. El siguiente es un breve diccionario salido de las cuatro sesiones abordadas en el Congreso: El libro entre el Atlántico y el Pacífico, La industria del libro, El libro, lectura y educación y El libro entre la creación y la comunicación:

AMÉRICA LATINA: El futuro pasa por Latinoamérica. La asignatura pendiente tiene que ver con un cambio de enfoque, con la implantación de un eje de trabajo, una dirección de distribución que vaya de Norte a Sur y de Sur al Norte. Claudio López Lamadrid (editor de Radom House Mondadori).

ATLÁNTICO- PACÍFICO: Andrés Bello y Simón Rodríguez fueron esenciales en los inicios de la literatura en español en América. Y antes que ellos los escritos de los expedicionarios españoles y portugueses que contaban sus episodios del descubrimiento. Miguel Ángel Candanedo De la Academia de Panamá).
BIBLIOTECA. Además de su función tradicional de trasmitir conocimientos y productos culturales, están llamadas a convertirse en verdaderas escuelas de alfabetización digital en las ciudades, los pueblos, los barrios. José Carreño Carlón (director Fondo de Cultura Económica, México).

CREACIÓN. Desde la palabra y gracias a ella, hemos construido el edificio de la civilización. Más allá de la discusión sobre si es mejor o no el libro de papel o el electrónico, al final, contar historias seguirá siendo la esencia de nuestros orígenes. Juan Luis Cebrián (periodista, escritor, académico y presidente del Grupo Prisa)

DERECHOS. Ante los 25 millones de dólares que la piratería literaria genera anualmente se necesita una ley universal que regule el derecho de autor pero no existe un legislador que proteja a todos. Para solucionar los problemas cibernéticos, debemos crear nuevas técnicas más eficaces. Hay que crear un nuevo modelo de regulación. Héctor Abad Faciolince (escritor colombiano).

DIVERSIDAD. Los libros circulan, pero no circulan con tanta fluidez aquellos que consideramos que deberían circular. Para que la circulación de lengua realice todo su potencial hay que tomarse en serio su diversidad y esto nos compete a todos. Nubia Macías (editora de Planeta en México y exdirectora de la Feria del Libro de Guadalajara).

E-BOOK. La venta de e-books en España, centralizada en Amazon y Apple que representan el 70% de las descargas globales. En Estados Unidos y Reino Unido la situación es más dramática: cerca del 90% de la facturación la hacen estos dos canales. Pilar Reyes (editora de Alfaguara).

EDITOR. Para el mundo de los negocios somos algo parecido a intelectuales o artistas y para el mundo de la creación y del pensamiento no somos mucho más que mercaderes. Alejandro Katz (editor de Katz).

EDUCACIÓN. Una de las principales deficiencias del sistema educativo de la región es que se ha enfatizado en aprender a leer en vez de leer para aprender, de allí los bajos índices académicos. Juan Carlos Vergara Silva (de la Academia Colombiana).

ESTUDIANTE. El error ha sido nuestro: hemos querido imponer una enseñanza como la nuestra y nos hemos olvidado de los alumnos. Hoy el estudiante no solo quiere ser receptor de información, quiere construir conocimiento. Lucy Molinar (ministra de Educación de Panamá).

FUTURO. El futuro, más que de amenazas, está lleno de oportunidades para el libro en español y para nuestra lengua en general. Debemos pasar del espacio donde el lector comulgaba solo con la palabra y abrirnos a la posibilidad de una experiencia multimedia donde existe la palabra acompañada de video, fotografías y hasta juegos. Raúl Padilla (presidente Feria del Libro de Guadalajara, México).

GOOGLE. Se habla de una crisis de contenido en español pero en Google lo vemos como una oportunidad. Los contenidos en español tienen todavía mucha vida gracias a las nuevas tecnologías. Florencia Bianco (directivo de Google para América Latina).

HÁBITOS. El reto es saber movernos en ese nuevo espacio de hábitos de consumo cultural y, sobre todo, que ese espacio se articule de manera responsable desde el punto de vista del respeto de la propiedad y de las transacciones justas y necesarias para el desarrollo de la creación. Javier Cortés (presidente de la Federación de Gremios de Editores de España).

IDIOMA. Necesitamos defender y cuidar nuestra lengua, no cerrándonos a lenguas extranjeras, sino abriendo las ventanas de nuestro idioma para enriquecernos de otros lenguajes, tal y como ellos lo hacen con nosotros. Debemos impedir que el idioma se empobrezca y se degrade. Mario Vargas Llosa (nobel de Literatura).

INFORMACIÓN y LITERATURA. Hay que abordar la literatura de manera diferente, evitando colocarla como algo lejano y ausente. Es necesario insertar el cuerpo extraño (la literatura) en un paisaje familiar. Antonio Skármeta (escritor chileno).

LECTOR: “Un buen lector es alguien dispuesto a dialogar y, en consecuencia, abierto y preparado para la discusión razonada de la cosa pública y de los problemas sociales. Un buen lector es un hombre capaz de “vivir reviviéndose” de continuo. (Don Felipe, Príncipe de Asturias).

LECTURA. No podemos olvidar que en gran parte de las sociedades hispanohablantes el primer desafío es hacer accesible la lectura a los ciudadanos. Esta es la primera asignatura que los poderes públicos deben aprobar. César Antonio Molina (director de la Casa del Lector, de Madrid)

LENGUA. Nuestra lengua ha previsto que podamos decir todos los matices. Con la misma raíz nuestra lengua sabe diferenciar entre envejecer y avejentar. Sabe la diferenciar entre llover y lloviznar. Alex Grijelmo (periodista de EL PAÍS y exdirector de la agencia EFE).

LIBERTAD. La lengua es el camino de la libertad y la libertad viene de la capacidad de adquirir conocimiento. La lengua nos hace libres. José Manuel Blecua (director de la Real Academia Española)


LIBRE CIRCULACION. El crecimiento de la industria se ve frenado por las dificultades de distribución. Con mayores ofertas y precios más bajos enfrentaríamos la piratería. Ana María Cabanellas (editora argentina).

LIBRO. Hoy se piensa que los libros son mercancías: pero en realidad son lámparas en las que pueden estar guardados unos genios imprevisibles. Y aunque no toda lámpara tiene genio, lo que brota de ellos también depende de lo que hay en el alma del hombre que frota la lámpara. Porque leer de verdad no es consumir sino crear, y a menudo son los lectores quienes les revelan a los autores qué fue lo que en realidad escribieron. William Ospina (escritor colombiano).

LIBRO DIGITAL. Las ediciones electrónicas comienzan a superar a las impresas y son el camino para que los países alcancen el anhelado fin de la democratización de la lectura. Osvaldo Hurtado (ex presidente de Ecuador).

MEMORIA. La memoria está desprestigiad en la educación, y eso es un error. Para elaborar algo hay que tener datos. Hay que inculcar el conocimiento en los alumnos y que tengan una mínima base de información y humanidades. Francisco Rodríguez Adrados (Académico de la lengua española y de Historia)
PALABRA. Más allá del recurso instrumental que se utilice, (un libro impreso o digital) el propósito de todos los esfuerzos del hombre es garantizar la permanencia de la palabra como depositaria única de nuestra historia. Gustavo García Paredes (rector Universidad de Panamá).

PIRATERIA. Solo el 32% de los que se descargan libros en España, lo paga. El consumidor tiene poca conciencia sobre el valor de la creación intelectual y la ausencia de leyes que la protejan ayuda a la quiebra la cadena de valor del libro. La piratería es un delito que debe afrontarse con un verdadero compromiso por parte de los legisladores y la sociedad. José Creuheras (vicepresidente del Grupo Planeta).

PRÁCTICAS COMERCIALES. Respecto a las prácticas comerciales innovadoras y más ajustadas a los hábitos de consumo digital, hay que señalar que no falta, alguna tan novedosa para el mundo del libro como la de tarifa plana, que permite leer por suscripción mensual, y con una cuota muy reducida, todos los títulos que se deseen de amplios catálogos. Emiliano Martínez (vicepresidente de la Fundación Santillana).

PROPIEDAD INTELECTUAL. El derecho de autor está en crisis. No sabemos si es un derecho público, privado, social, personal… tiene algunas características de cada uno y en definitiva, es un derecho humano y un derecho moral. Pero es un derecho complejo. Esto dificulta su legislación y la aplicación de la ley. Fernando Serrano Migallón.

RELACIONES. Debemos analizar cómo reconciliar esa relación libro-lector. Debemos abordar la tecnología intentando incorporar las nuevas relaciones y redefinir el libro, analizando hábitos y modos de lectura. Álvaro Marchesi (secretario general de la OEI).

RETO. En este momento el reto de los editores de América Latina es lograr entender y acomodarse a las nuevas dinámicas de producción, distribución y consumo cultural en la era digital. Pese a que los gigantes de la distribución global (Amazon, Google y Apple) están trabajando en algunos países de la región, los editores locales aún tienen la posibilidad de fortalecer su producción y consolidar su posición en el mercado, en alianza con librerías y distribuidoras locales. Fernando Zapata López (director de Cerlalc)

TECNOLOGÍA. Los cambios tecnológicos han afectado tanto la literatura que dentro de poco ni la literatura ni lo que digamos sobre ella en la escuela serán lo mismo. El profesor del siglo XXI se alía con las tecnologías o terminará enrollado. Luis Barrera (profesor de la universidad Simón Bolívar de Venezuela).

UNIVERSALIDAD. El español se hizo grande en Iberoamérica pero será en Estados Unidos donde alcance su universalidad. Gerardo Piña-Rosales (de la Academia Estadounidense),

VI CONGRESO DE LA LENGUA. Ministros de Educación de Panamá, Honduras, Costa Rica y Ecuador clausuraron la cita del español. Hicieron énfasis en la educación y la lectura como un derecho. José Manuel Blecua, director de la Real Academia, y Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, recordaron que la lengua y el libro no solo crea mejores ciudadanos sino que la lengua da la libertad.


lunes, 21 de octubre de 2013

Secretos íntimos del cerebro lector

En un pasillo de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Córdoba, un hombre lee. Devora con la mirada. Sus ojos saltan de una palabra a otra sin arrojar ancla en puntos, comas o paréntesis. Ninguno de los alumnos que corren desesperados esquivando carteles rosas de la agrupación estudiantil “La Freud” para llegar a tiempo a una clase –teórica– sobre libido y sexualidad sospecha que este lector obsesivo no lee como cualquiera. Manuel Carreiras se alimenta de frases, párrafos y capítulos con una ventaja: este psicólogo español conoce de primera mano los secretos científicos de la lectura, aquellos procesos silenciosos que se activan en nuestros cerebros en el preciso momento en que un libro –novela o ensayo– nos hipnotiza y nos secuestra del mundo.
LEAMOS. Ninguna actividad humana moviliza y ejercita tantas variedades de memoria como la lectura.
LEAMOS. Ninguna actividad humana moviliza y ejercita tantas variedades de memoria como la lectura
“Al leer, tres áreas de la corteza exterior del cerebro trabajan: el lóbulo frontal, encargado de procesar las imágenes; el lóbulo occipital, que asocia los símbolos que percibimos, o sea, las letras con un significado, y también el lóbulo temporal –cuenta el director científico del Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje (BCBL) en San Sebastián, sin quitar los ojos del libro El tiempo entre costuras de María Dueñas–. Se ven claras diferencias morfológicas entre los cerebros de aquellos que leen y aquellos que no”.

A diferencia del carácter instintivo del lenguaje –solo basta con estar inmerso en una comunidad para aprender un idioma–, la lectura y la escritura requieren una instrucción formal. Y, pese a que ahora convivamos con estas capacidades tan naturalmente, no existen desde siempre: la lectura es una invención relativamente reciente en la historia de la humanidad. Apareció en diversos sitios del planeta en distintas épocas. En Mesopotamia en el 3000 a.C., en China en el 1200 a.C. y en Mesoamérica en el 500 a.C.

Fue, sin embargo, hace poco que psicólogos y neurocientíficos corrieron la cortina y descubrieron algo ya sabido desde hace siglos por escritores, libreros, profesores de literatura, promotores de editoriales y suplementos literarios: leer nos transforma por dentro. Y mucho.

Carreiras y su equipo de investigadores fueron más allá del sentido común y lo pusieron a prueba. Para ello, compararon las imágenes de resonancia magnética de los cerebros de veinte ex guerrilleros colombianos adultos que habían completado un programa de alfabetización con imágenes cerebrales de otros veintidós ex guerrilleros adultos analfabetos. Y los resultados, publicados en la revista Nature, fueron sorprendentes: las personas alfabetizadas mostraron un incremento importante en la materia gris, es decir la densidad neuronal, y en la materia blanca, aquella encargada de conectar los dos hemisferios del cerebro.

“Cada vez que leemos, nuestro cerebro cambia. La lectura provoca alteraciones estructurales como todo aprendizaje –dice Carreriras, fanático de John Le Carré y e invitado por la Asociación Argentina de Ciencias del Comportamiento–. El cerebro es un órgano muy plástico. Y leer es para la mente como ir al gimnasio. Desencadena procesos complejos y automatizados. Por eso nos parecen tan simples”.

La lectura está omnipresente en nuestra sociedad de la (hiper)información. Curiosamente, una vez que aprendemos a leer no podemos hacer otra cosa que leer palabras. Y lo hacemos a una velocidad tremenda: cuatro palabras por segundo. O sea, una palabra cada 250 milisegundos. Ninguna actividad humana moviliza y ejercita tantas variedades de memoria como la lectura: al leer ponemos en acción la memoria verbal y visual, realizamos varias operaciones complicadas de codificación ortográfica, semántica, fonológica. Nuestro cerebro, por ejemplo, es sensible a la ortografía, a la posición de las letras en una palabra. No es lo mismo “sol” que “los”.

Cuando leemos, cuenta Carreiras, no nos detenemos letra por letra. Escaneamos el texto. Si bien no dejamos de reconocer letras, no somos conscientes de eso. Leemos a pantallazos. Extraemos información a través de muchas fuentes de información. De ahí, la importancia de la tipografía, la relevancia del diseño gráfico, del “traje” que viste a un texto. Lo cual explica también por qué no es exactamente lo mismo leer en un libro, en Internet o en un Kindle, aunque se trate del mismo texto, de las mismas palabras escritas por el mismo autor.

“Además, cuando leemos un texto predecimos, rellenamos. Hay procesos de reconocimiento de palabras. La lectura es dinámica y se hace salteando letras y pedazos de palabras. Por eso, para ejercitar la memoria y retrasar los síntomas del Alzheimer la mejor recomendación es leer habitualmente y hablar una segunda lengua”, revela este especialista en psicolingüística y neurocognición conocido también por investigar por qué ciertos chicos tienen problemas de lectura.

Leer, así, no es una actividad marcada por la pasividad. Es el combustible de las neuronas, una actividad que nos enriquece cerebralmente. Y que mueve también nuestro cablerío interno. Según un estudio realizado en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, si una palabra viene acompañada por una serie de estímulos no lingüísticos cuando la leemos –ya sea un sonido, un olor, una sensación–, cada vez que nuestro cerebro vuelva a percibirla se estimularán también las áreas encargadas de procesar el estímulo no lingüístico asociado. O sea: cuando leemos palabras como “chocolate”, “medialunas” o “huevo frito” en nuestro cerebro se activan también aquellas zonas que utilizamos para captar olores y gustos.

Pero esta habilidad y costumbre, además de fortalecer la imaginación y la concentración, trasciende el mero hecho de consumir símbolos. “La lectura nos permite hablar con los muertos”, decía Francisco de Quevedo en el siglo XVI. Conecta personas a través de décadas y kilómetros, rompe las barreras del tiempo y el espacio: la lectura (y su hermana siamesa la escritura) nos permite transmitir pensamientos de generación a generación. Se puede legar toda una cultura porque ha quedado impresa mientras que los rasgos de la oralidad se pierden en el aire (¿cómo hablaban los egipcios?).

Sin la lectura viviríamos en un mundo meramente inmediato, en un presente continuo como lo hace el resto de los animales. O peor: no tendríamos la capacidad de abstracción e imaginación que la escritura y la lectura incentivan.

Leer también nos vuelve más veloces mentalmente y permite que nuestra experiencia sensorial sea más rica. En el caso de los libros gordos, aquellos que superan las 300 páginas, la lectura inmersiva y profunda es el antídoto contra la tiranía de la superficialidad (y brevedad) de las redes sociales que nos bombardean de estímulos dejándonos siempre como adictos o, peor, como los perros de Pavlov que salivaban ante un nuevo sonido. En nuestro caso, la lucecita del celular.

Como explica Emanuele Castano, profesor de psicología en la New School for Social Research de Nueva York, en un paper publicado en la revista Science, leer –y no solo leer cualquier cosa sino libros de ficción de calidad, no obras light de Paulo Coelho u Osho– mejora un conjunto de habilidades que nos dan mayor empatía con el prójimo. Aceita procesos de pensamiento fundamentales en las relaciones sociales complejas como los que intervienen en el acto de entender el pensamiento y las emociones de otros.

Stéphane Mallarmé, el gran crítico y poeta francés del siglo XIX, decía que, al leer, un concierto solitario y silencioso se produce en nuestra mente. Todas nuestras facultades mentales están presentes en esa exaltación sinfónica. Neurocientíficos y psicólogos como Carreiras ahora amplían esta imagen: leer es una actividad tan musical como eléctrica. Todo un festín para el cerebro.

Fuente: Revista Ñ

domingo, 20 de octubre de 2013

Herederos de la memoria

La obra de los grandes autores, a su muerte, suele navegar diversos mares procelosos. ¿Qué pasa con su legado una vez que desaparecen los protagonistas? Los custodios revelan el secreto.

Entrega. En el caso de Borges, Kodama se ha destacado, por mucho, como una de las más aguerridas y cuidadosas de una obra literaria.

Más allá de los de derechos intelectuales y legales, ¿cómo se organizan los herederos de grandes autores? Lidiar con el legado, esa es la cuestión, pero ¿por qué? Probablemente se deba a que el patrimonio cultural es lo que nos precede; sin él, no habría identidad social. Resulta un ambicioso trabajo disponer de textos de escritores y exhibirlos ante una sociedad curiosa y culta. 
PERFIL dialogó con algunos de los protagonistas y hete aquí sus expresiones y deseos: los de preservar la memoria de sus queridos y transmitirla. María Kodama, por ejemplo, inauguró la Fundación Internacional Jorge Luis Borges dos años después de la muerte del maestro: “Desde que abrimos el museo también hacemos exposiciones de obras, de fotografías, montamos paneles en la fundación. Organizamos una serie de conciertos, también, consagrados, noveles, música de cámara. Quienes colaboran con nosotros traen proyectos y los llevamos a cabo”. Kodama viaja constantemente por todo el país y por el exterior inaugurando exposiciones o cualquier otra actividad que refiera a Jorge Luis Borges. Debido a su incansable labor y a la íntima concomitancia que tuvieron, Kodama es una digna embajadora a la hora de representar a nuestro más destacado autor. “Borges me había hecho heredera cultural tiempo antes de enterarme yo…”. Una cuestión tácita si nos referimos a su acompañamiento incomparable. La misma fundación linda con una de las casas de Borges en Barrio Norte (donde escribió Las ruinas circulares), “hemos recreado su habitación de su casa de la calle Maipú en el primer piso”, continúa Kodama, “conservamos y catalogamos sus manuscritos, las primeras ediciones de cada una de sus obras, libros propios, ¡hasta sus bastones! Tenemos como proyecto para el año próximo traer a un grupo de cámara de Bosnia como lo hicimos en su momento con Pedro Memelsdorff”. Destaca también la participación de escolares: “Hace diecisiete años que hacemos el concurso de haikus ya que Borges era un gran adepto: empezamos haciéndolo entre cinco colegios y hoy son más de ciento cincuenta en todo el país con chicos de entre trece y diecisiete, dieciocho años. Y la calidad es óptima. Gracias a Editorial Planeta publicamos hace unos años El camino del haiku con muchos de los trabajos de los alumnos. No me ocupo sola, tengo amigos profesores de literatura que me ayudan y seleccionan las obras. Como premio, también ofrecemos libros de Borges. Lo importante de la continuidad del trabajo es con los haikus; no paramos desde que empezamos; para mí es maravilloso. Yo me baso en cada acción de la fundación sobre los gustos e intereses de Borges. Para él la cultura japonesa era fascinante. Hay quienes dicen que yo lo catequicé y no es así en absoluto. El decía que su abuela le leía en inglés cuentos japoneses siendo muy niño. Y con los años llegó a todos los clásicos que leía en traducciones al inglés o al francés”. Al respecto, Ezequiel Tomás Martínez, el presidente de la Fundación Tomás Eloy Martínez e hijo del autor de Santa Evita, entre más novelas, ensayos y guiones, nos dice: “La respuesta de la juventud es gratificante. El promedio de edad de quienes nos siguen en Facebook está en la franja de los 25-35 años. Pero además acuden a nuestros talleres, se acercan estudiantes de varias universidades tanto de aquí como del exterior que están haciendo su tesis sobre algún aspecto de la obra de mi padre y eso habla de su vigencia. Durante toda su vida, él dedicó tiempo a los jóvenes que se acercaban a pedirle su opinión o para darle a conocer sus escritos. Aunque se tratara de alguien que hacía sus primeros pasos en el periodismo o la narrativa, su dedicación era la misma. Le agradaba escuchar sus opiniones y abrirles alguna puerta. Después de su muerte mucha gente me comentó cuánto lo había ayudado mi padre con una generosidad desinteresada. Uno de los objetivos de la fundación hereda ese espíritu: dar un lugar a los jóvenes para desarrollar su talento a través de talleres que llevamos a cabo con escritores y periodistas. Hemos puesto a disposición de periodistas, investigadores, estudiantes o cualquiera interesado en su trayectoria, toda la documentación y los escritos que él ordenó que estuvieran reunidos en la fundación, junto con sus películas, su música y enorme biblioteca. No quería que todo ese patrimonio se dispersara sino que permaneciera donde otros pudieran aprovecharlo. Nos ocupamos de la difusión de su obra y su trayectoria, divulgando escritos inéditos o textos inhallables que divulgamos a través de la web”. 
Los premios al periodismo u otros géneros suelen ser parte de los programas para alentar la continuidad de la obra: “Una de las ideas que tuvo mi padre es que se otorgara un premio o una beca a proyectos avanzados de literatura y periodismo narrativo. El pudo terminar libros como La novela de Perón gracias a una beca que le permitió no distraerse con otros trabajos. Claro que para un proyecto así se necesita el apoyo económico de alguna institución que se comprometa con esto. Hasta ahora no lo hemos conseguido, pero estamos en conversaciones avanzadas con la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano que preside Gabriel García Márquez, para armar la Beca Fundación TEM para periodismo de investigación”. Contar con padrinazgos de renombre como los que cuenta TEM, ¿suman a la idea de Tomás Eloy Martínez de extenderlo a Latinoamérica? “El Comité de Honor de la fundación fue una idea mía que no llegué a hablar con él. Conocí a través de mi padre a casi todos los que forman ese comité, que luego de su muerte se acercaron con mucho afecto a ponerse a disposición para lo que se necesitara. Entonces se me ocurrió invitarlos a formar parte de ese Comité de Honor que de algún modo le diera proyección internacional a la fundación, y que fueran una guía y una compañía para mantener vigente el legado de mi padre. Lamentablemente dos de ellos ya no están –José Saramago y Carlos Fuentes–, pero a través de sus esposas seguimos manteniendo el vínculo. Justo en el último número de la revista Blimunda, que edita la Fundación José Saramago, Pilar del Río incluyó un artículo escrito por mi padre. Otros, como el español Juan Cruz, el nicaragüense Sergio Ramírez, el argentino Martín Caparrós o el mexicano Juan Villoro, han tenido la generosidad de visitar la fundación y dar alguna charla o conferencia en nuestra sede cada vez que pasan por Buenos Aires”. Hablaba Tomás Eloy Martínez de sus ficciones verdaderas, ¿acaso nuevo género? ¿Cómo promoverlo? “Hoy el periodismo vive una explosión de la crónica y del periodismo narrativo. Mi padre fue uno de los pioneros en eso de contar la realidad con las herramientas de la imaginación, cuyo mejor ejemplo está en las crónicas de Lugar común, la muerte. A través de nuestros talleres, se profundiza en ese género a través de las clases de periodistas como Josefina Licitra o Leila Guerriero, que nos acompañan en esa cruzada de intentar formar profesionales con inquietudes”.

¿Shakespeare necesitaba un representante? ¿Existe el temor a que una obra no logre mantenerse? O, mejor reformulado, ¿puede mantenerse sola? Dice Ezequiel Martínez: “No existe tal temor porque un escritor sobrevive a través de sus obras. Sus libros se siguen reeditando y hay nuevas traducciones y un interés permanente de editores en todo el mundo. Pero sobre todo, hay nuevos lectores. Encontramos en sus archivos mucho material –crónicas, cuentos, conferencias– que no han sido editados y pueden rescatarse en algún momento. Por otra parte, cada vez que publicamos algún texto o artículo suyo, aunque sea una frase dicha por él, se replica de manera constante y sostenida. Por ejemplo, el día que murió Videla, medios de todo el mundo echaron mano del artículo ‘Videla: las cuentas pendientes’, que había publicado en 2001, y citaban sobre todo una frase: ‘Videla forma parte de esa estirpe que ha revelado la mediocridad del mal y ha demostrado que el demonio puede encarnarse en un hombre cualquiera’”. Mario Sabato, hijo de Ernesto, estima que una obra puede mantenerse sola: “La obra de los grandes escritores permanece en el tiempo. Pueden pasar momentos de desprecio, o de olvido, pero luego, invariablemente vuelven. Mi padre fue, y lo sigue siendo, envidiado por otros escritores menores. Pero sus críticas malévolas, o el silenciamiento de su obra por parte de intelectuales de vuelo corto no alteró en lo más mínimo el fervor de sus lectores, que siguen siendo tantos. Menos aun, el cariño y la admiración de la gente. Un ejemplo notable de esto fue su velorio, que se hizo en el Club Defensores de Santos Lugares, tal como él nos lo pidió. Fueron miles de personas, y muchas de ellas vinieron de lugares muy distantes. Aparecieron, en cambio, sólo dos o tres escritores. La Presidenta nos habló por teléfono y mandó una enorme corona. El secretario de Cultura estuvo casi toda la noche, y también envió una ofrenda floral, como se dice en la jerga funebrera. En cambio, la Biblioteca Nacional no mandó ni una florcita. No es necesario que yo promueva la obra de Sabato. De eso se encarga muy eficazmente Willie Schavelzon. La familia decidió que lo siga haciendo, y no sólo por su capacidad y dedicación. Fue el que eligió mi padre y nunca aceptó cambiarlo.” Teresa es la hija de Leónidas Lamborghini y agrega al respecto: “Yo no promuevo, la obra de Lamborghini parece no necesitar difusión tampoco. No es algo a medio hacer. Pero es cierto que tiene sus conocedores, sus lectores, y esto tardó en suceder. Considero que soy testigo del pasaje del no lo compre y del una bolita de estiércol a esta nueva ubicación que le atribuyen, que me extraña de muchos, pero que no desconozco. El trabajo que debe afrontarse es la edición, no es arduo, pero sí requiere tomar decisiones, y para eso algo hay que conocer, de lo contrario las decisiones las toman otros. Antes fue necesario leer de un modo muy particular toda la obra, tener afinidad con el modo en que un autor se plantea la literatura de lo que escribe, provoca saber de ella. En el aspecto práctico, a la etapa final justo antes de que el diseño del libro entre a imprenta, ya deberíamos nombrarla de algún modo, porque es un clásico el tipo de cosa que se traba sólo a último momento. En algunos casos el autor o quien esté a cargo también se afecta de último momento. El trato con lo que uno cree que es una persona sí, es un trabajo arduo. Actualmente, los lectores de esta obra son los que habilitan. Aunque a veces me equivoqué, confío en estar haciendo con ellos este trabajo. Con los que ya saben qué encontrar ahí, y con los que no conocen ese lugar, pero se sorprenderían si lo hicieran”.
Teresa Lamborghini también tiene mucho para contar sobre la vasta labor de su padre, entre poesía, novela y ensayo: “Debido a lo diverso de su obra, clasificarla no es nuestra intención. Una precisa aunque sea una mínima disposición en dirección a lo que Leónidas hizo y organiza de por sí. En México no publicamos todavía. Los libros allí y en España son de sellos editoriales argentinos que o circulan en esos países con ISBN local o tienen distribuidor local allí. Pero sí mi padre escribió en México entre 1977 y 1990. Sus escritos están organizados en ciclos. Este es uno de ellos, uno muy importante. Hasta aquí, a un ritmo de dos libros por año a partir de 2010, el plan fue publicar los inéditos que Leónidas dejó encargados para su edición a Paradiso para su publicación en vida: El macró del amor, Siguiendo al conejo y Ultimos días de Sexton y Blake; otro libro póstumo, Mezcolanza, publicado por Emecé; y reponer títulos fuera de circulación, como El ruiseñor por Editores Argentinos, que también se ocupó del material audiovisual del que dispone y que tiene a mi padre como protagonista.”

Todo queda en familia. “Siempre digo que es una Fundación familiar, en la que todos sus hijos formamos parte. Quizás porque soy el único de sus siete hijos que se dedicó al periodismo –y particularmente al cultural–, soy el que ha estado más involucrado. Esa afinidad vocacional me permitió ayudarlo en la investigación de algunos de sus trabajos, revisar juntos sus artículos o libros, acompañarlo en varios viajes y compromisos cuando su salud ya no le permitía hacerlo solo. El me pidió en vida que fuese el albacea de su obra y que llevara adelante la creación de la fundación y así lo consignó en su testamento. Por supuesto, es algo que me llena de orgullo por la confianza, así como siento una gran responsabilidad por mantener vigente su legado y seguir honrando su nombre y sus valores éticos”, destaca Ezequiel Martínez. 
Prever la herencia cultural o cuál es la intención del autor en vida. Lamborghini dice: “Todo es post mórtem. Todo es escribir. Y aunque el pasaje a través de membranas para difundir una obra haga vivir la ilusión de que se está hecho, aunque una época haga sentir que eso está colocado, lo de la herencia cultural escapa a poder prever a través de ideas lo que ocurrirá con esa obra en el futuro. Quiero decir, ya sabemos que eso ahí llamado no requerirá de nuestra presencia para seguir su curso”. 
“La herencia, en términos mezquinos”, dice Sabato, “pertenece a sus herederos. Pero, en verdad es un legado que debemos compartir con todos los que admiran su obra y su ejemplo de vida. Mi padre siempre escribió para los demás, por los mismos motivos que asumió su compromiso cívico”. 
Mario Sabato aclara que clasificar la obra y los archivos de su padre es “más penoso que complejo. En la larga enfermedad de mi padre, que lo fue debilitando y minando su voluntad, fueron, digamos, ausentándose libros y escritos. No quedan los originales de sus novelas, ni de los ensayos. Quedan unas pocas páginas dispersas. Hemos rastreado los originales, y vamos a tratar de recuperarlos. Ya pudimos devolver la máquina de escribir al lugar que nunca debió haber abandonado, cumpliendo su expresa voluntad. Tengo confianza en que cuando se abra el museo, todo esté donde debe estar”. 
Abrir las puertas de la casa de Santos Lugares es un modo de transmitir directamente la intimidad de Sabato: “En febrero de este año pudimos empezar la restauración de la casa. La burocracia demostró, una vez más, que es una temible máquina de impedir, demorando por dos años que se librara el subsidio que el gobierno de la provincia de Buenos Aires y el municipio de Tres de Febrero otorgaron a la Asociación Amigos de la Casa de Ernesto Sabato. Por eso hoy podemos encarar muchas menos obras de las previstas. Tengo plena confianza en que podremos terminar la obra y abrir la casa con el apoyo de instituciones y fundaciones. Los trabajos de restauración son muy delicados porque nuestra intención es recuperar la casa como era en su momento de mayor alegría y creatividad, cuando vivían mi hermano y mi madre. Abrirla a la comunidad lo sentimos como un deber porque el legado le pertenece a todos. Nosotros lo único que haremos es cuidarlo”. 
María Kodama define todo este concepto gráficamente: “La historia es como los fuegos artificiales: de golpe estalla algo y todos lo ven, pero cuando se extingue, lo olvidan”.

Fuente:  Lala Toutonian, Perfil cultura.

domingo, 6 de octubre de 2013

Pastillitas de saber

¿Los nombres de enfermedades se escriben con mayúscula o minúscula?


La norma general es que los nombres de enfermedades se escriben con minúscula:

Se morían de varicela, de sarampión, de gripe, de tristeza, de alcoholismo [Abel Posse: La pasión según Eva]
El amor en los tiempos del cólera [novela de Gabriel García Márquez]

Esto es lógico porque se trata de nombres comunes. Una mención aparte merece el nombre sida, que se escribe con todas sus letras en minúscula, aunque tiene su origen en la sigla correspondiente a síndrome de inmunodeficiencia adquirida. Veamos un ejemplo con la grafía correcta:

Acabo de leer el bestseller de García Márquez en Los Ángeles y pienso en el amor en tiempos del sida [Carlos Fuentes: El naranjo]

No obstante, se ha de hacer una precisión a la regla general. Algunos nombres de enfermedades contienen un nombre propio que por lo general corresponde al de su descubridor. Dicho nombre propio mantiene su mayúscula solamente cuando va incluido en una expresión del tipo enfermedad de…, mal de…, síndrome de…, etc.:

Una hormona derivada de la grasa visceral [...] puede representar un factor de riesgo en el desarrollo de demencia y enfermedad de Alzheimer en las mujeres, según un estudio [...] [elEconomista.es, acceso: 10-1-2012]

Un grupo de niños con síndrome de Down y los futbolistas de la plantilla del Valencia comparten un calendario que ha sido presentado hoy [Abc (España), acceso: 10-1-2012]

Como consecuencia de las torturas que sufrió en los periodos de detención, años después le fue diagnosticada la enfermedad de Parkinson [Europapress.es, acceso: 10-1-2012]

En cambio, cuando ese mismo antropónimo se emplea aislado para referirse a la enfermedad, pasa a escribirse con minúsculas:

Por primera vez en Canarias, una asociación prestará tratamientos de asnoterapia a enfermos de párkinson, autismo, parálisis cerebral y alzhéimer [Eldia.es, acceso: 10-1-2012]

Esto es así porque se convierte entonces en nombre común. Se trata de un fenómeno que se denomina deonimización. Nótese, además, que en el ejemplo de arriba se ha castellanizado la grafía de alzhéimer y párkinson añadiéndoles una tilde. Esto no solo es correcto, sino que es lo obligatorio en estos dos casos concretos.

Esta delimitación en el uso de mayúsculas y minúsculas en nombres de enfermedades ha sido otra de las novedades que nos ha traído la Ortografía de la lengua española de 2010. Solo espero que a nadie le dé por ello urticaria o sarampión.

Fuente: Alberto Bustos

sábado, 5 de octubre de 2013

¿Cuál es la literatura argentina que se exporta al mundo?

A pesar de no contar con la preferencia de la mayoría de los lectores locales, la literatura argentina experimentó en la última década un notable proceso de visibilidad y consolidación de prestigio en el extranjero, sobre todo en ciertos países de Europa. ¿Hay manera de saber cómo se traduce ese interés de editores españoles, alemanes, italianos y franceses en números? La fundación TYPA publicó hace algunos años un balance sobre "extraducción" (la venta de derechos de autor y posterior traducción de libros de autores argentinos en el extranjero) que analizaba el período 2002/2009. Ahora la misma fundación acaba de terminar un segundo informe que se conocerá por estos días, realizado por Valeria Añón, y que estudia los datos comprendidos entre el 2008 y el 2012. Se trata de un trabajo fundamental para entender la composición del mercado editorial en lengua española y para ver cuál es, dentro de él, el futuro de la literatura argentina (no de su producción, que como se sabe se hace o debería hacerse al margen de los dictámenes de cualquier mercado, sino de su circulación). El período estudiado es significativo porque incluye los efectos de lo que fuera la presencia de la Argentina como país invitado en la Feria del Libro de Frankfurt (2010), y la designación de Buenos Aires como Capital Mundial del Libro por la Unesco en 2011.

Antes de analizar la cantidad de títulos locales vendidos en los últimos cuatro años para su traducción (el informe se centra en los géneros de ficción y ensayo), el trabajo propone un minucioso estado de situación del mercado editorial. Entre sus primeras conclusiones, figura la dependencia general que América Latina mantiene con respecto a los dictámenes de España, vigente a pesar de la crisis financiera difundida en Europa desde 2009. También se señala que, dentro del continente americano, quien más y mejores esfuerzos ha hecho para la exportación de su literatura a través de programas de incentivo para la traducción es Brasil (que no por casualidad será el invitado de honor en Frankfurt en octubre de este año). Y que en la Argentina, a pesar del crecimiento exponencial de la edición independiente, el mercado del libro sigue concentrado en pocas manos. "Sólo el 14 por ciento de las empresas del sector factura anualmente un monto superior a los 10 millones de pesos; espacio conformado por las grandes casas editoriales que aún controlan entre el 75 y el 80 por ciento del mercado, en un proceso de concentración que se inició en los años noventa y que no ha cesado".


Con respecto a la venta de literatura argentina en el extranjero, ¿cómo debería incentivarse esa "extraducción"? Básicamente, dice el informe, siguiendo las premisas de los líderes mundiales en la materia (Inglaterra, los Estados Unidos, y un poco por debajo Francia, Alemania, Italia, España y los Países Bajos): con subvenciones económicas y programas de fomento. En la Argentina esas medidas existen, aunque son demasiado nuevas como para arrojar resultados considerables. Recién en 2009 se creó el Programa Sur, que entregó al día de hoy unos 400 subsidios (alrededor de tres mil dólares por título argentino para solventar los gastos de traducción). Se diseñaron charlas y conferencias de capacitación en venta de derechos para editores locales en la Cámara del Libro y en el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires. Y se creó la página Books from Argentina, un portal de promoción del libro argentino lanzado en 2012. ¿Tuvo todo esto algún efecto en la difusión de la literatura argentina en el extranjero?


El informe de TYPA detalla que entre 2008 y 2012 se vendieron "al menos 709 licencias a un promedio de 141 licencias por año", lo que representaría un aumento del 35 por ciento con respecto al período anterior relevado. Los países que más derechos argentinos compraron fueron Alemania, Italia, Brasil, Francia y los Estados Unidos. ¿Y cuáles son los autores argentinos más traducidos? Para empezar, no hay grandes sorpresas: primero Julio Cortázar y segundo Jorge Luis Borges. Pero en tercer lugar aparece Claudia Piñeiro. Y detrás de ella se ubican Elsa Osorio, Pablo De Santis, César Aira, Lucía Puenzo, Liniers, Ricardo Piglia y Guillermo Martínez. ¿Representa esta lista a la literatura argentina actual? ¿O es un reflejo del gusto de los compradores de libros locales? ¿O del catálogo disponible de los agentes internacionales más poderosos? ¿Qué le dirán estos nombres, tan distintos entre sí, a un lector griego, húngaro, belga, italiano, chino o brasileño?


La inquietud que manifiesta el informe a la hora de las conclusiones es claro: todo esto recién empieza, y este tipo de programas solo son productivos en el largo plazo. Se necesita tiempo, y un proyecto sostenido de inversión más allá de los vaivenes de la política partidaria y libre de oportunismo, demagogia y chauvinismo. Como se advierte, el interés de los editores extranjeros es, a grandes rasgos, todavía conservador: llegaron hasta ellos algunos nombres clásicos, y otros que se hicieron un lugar por la resonancia de un premio literario o por títulos que experimentaron fenómenos de venta poco frecuentes. En la Argentina la balanza comercial literaria todavía está muy inclinada a la "intraducción": hay un público, aunque sea minoritario, que elije y puede leer a autores extranjeros contemporáneos (Dalton Trevisan, David Markson, Claire Keegan, Rayk Wieland, Steven Millhauser o Simon Reynolds) en buenas traducciones hechas aquí, y evitarse las por lo general imposibles versiones españolas. Tal vez, con el paso del tiempo, sus equivalentes argentinos lleguen a ojos extranjeros. Buenos autores sin traducciones sobran. Aunque sospecho que muchos de los mejores serían verdaderamente intraducibles.



Fuente: Maximiliano Tomas, La Nación.