martes, 31 de diciembre de 2013

Últimas pastillitas de saber del 2013

Usos del pronombre "se"

Uso no reflexivo 

Se utiliza el pronombre personal se como sustituto de le, les cuando le sigue inmediatamente un pronombre lo, la, los las en función de complemento directo:
Se lo di. / Le di el libro.
Cuando me los encontré, se lo dije. / Cuando me los encontré, les dije lo que sabía.

Uso reflexivo


Se utiliza en función de complemento directo o indirecto cuando su referente coincide con el sujeto.
La niña se peina (reflexivo, complemento directo)
A la niña la peina su madre (no reflexivo)
La niña se lava la cara (reflexivo, complemento indirecto)
A la niña le lava la cara su madre (no reflexivo)

Uso recíproco


Se utiliza de la misma manera que el anterior, pero cuando el sujeto es múltiple o plural y se entiende que cada individuo del sujeto realiza la acción del verbo hacia el otro o los otros.
Juan y Pedro se escriben cartas.

Indicador de impersonal refleja


En las oraciones impersonales reflejas, el pronombre SE es un incremento verbal que indica el carácter reflejo e impersonal de la oración, sin ninguna otra función. Solamente puede aparecer en tercera persona.
En este restaurante se come muy bien.

Indicador de pasiva refleja



En las oraciones pasivas reflejas, el pronombre SE funciona igualmente como incremento verbal que indica el carácter pasivo de la oración. Solamente se usa en tercera persona.
Se venden pisos.
Se comenta que subirá la gasolina.

Intensificador del verbo


A veces, el pronombre reflexivo (en cualquier persona) sirve únicamente para intensificar el significado del verbo, en construcciones transitivas o intransitivas.

Comió tres platos. / Se comió tres platos. (Transitiva)
Fue en seguida. / Se fue en seguida. (Intransitiva)

Indicador de voz media


Indica un proceso que se produce en el interior del sujeto, sin que este sea el agente ni exista ningún agente externo a él. Puede aparecer en cualquier persona (ME, TE, SE, NOS, OS, SE). Existen varios casos distintos:

Verbos que pueden funcionar como transitivos

Determinados verbos que funcionan a veces en estructuras transitivas no reflexivas, con sujeto y complemento directo diferentes, admiten la construcción en voz media. En este caso, suelen perder la construcción transitiva con CD y pueden admitir un suplemento.
No asuste usted a los niños / No los asuste. (Transitiva)
No se asuste usted. (Voz media)

Verbos pronominales


Son verbos pronominales, propiamente, los que exigen la presencia del pronombre reflexivo y no existen sin él. Pueden llevar suplemento.

Se arrepintió de lo que había hecho.


Fuente:  Foro Español de Compuserve

lunes, 30 de diciembre de 2013

Un nuevo sistema literario

Ficciones Argentinas de Beatriz Sarlo reúne 33 ensayos sobre libros de escritores argentinos contemporáneos. La literatura después de Borges y Cortázar.


Me gustaría empezar por un lugar común: muerta la generación de Bioy Casares y Sabato, muertos Saer y Fogwill, en más de una oportunidad oí decir que en la Argentina ya no hay grandes escritores.

-¿Qué te parece esa opinión?

-Es algo muy general que sólo el tiempo podrá corroborar. Si hace veinte años alguien hubiera puesto a Fogwill en esa lista, habría parecido inverosímil. No nos olvidemos que en 1990 Fogwill estaba “remando” para alcanzar su celebridad literaria… La frase hay que tomarla por lo que vale. Yo creo que en literatura no hay que hacer predicciones. Es un camino muy fácil al error. Y no es que el error sea un pecado, pero tampoco vale la pena incurrir en él voluntariamente.

-Cambiemos entonces y pensemos mejor qué sucedió en los últimos treinta años...

-Ahí sí me animo a decir que hubo algunos cambios. Para empezar, cuando empieza la década de 1980, Borges y Cortázar todavía estaban y eran las figuras excluyentes. Alrededor de ellos giraba el sistema literario argentino. Uno ahora dice Saer, pero en ese entonces ni figuraba. Tampoco Piglia, que todavía no había publicado Respiración artificial. Me parece que, por ese entonces, Borges y Cortázar ya no escribían lo que los había constituido como lo que fueron. Creo, más bien, que sobrevivían a su fama literaria, cada uno según su estilo: Borges, convirtiendo la entrevista de la revista Gente en un acto vanguardista, y Cortázar, ocupando el lugar del latinoamericano bueno que además es buen escritor. Un poco más adelante, algunos logran una centralidad muy rápida. Es el caso de Piglia, con Respiración artificial. En otros casos, como el de Saer, se trata de un progreso extremadamente trabado y hasta tortuoso. Prueba de ello es que, en la Argentina, lo editaba el CEAL. Más tarde Alberto Díaz, su actual editor, lo hizo publicar en Alianza y después se lo llevó a Seix Barral. Entonces, los nombres que hoy damos como “grandes” hace 30 años apenas empezaban a transitar lo que módicamente podríamos llamar su “consagración”. De modo que conviene ser prudentes porque el presente no refleja lo que sucedía hace 30 años.
-¿Por qué, si Piglia ya tenía cuentos sólidos, alcanzó la fama con “Respiración artificial”?

-Piglia tuvo la mala suerte de haber publicado Nombre falso poco tiempo antes del golpe de Estado. Yo escribí sobre esos cuentos en la revista Los libros y el número donde salía esa nota fue el que secuestró la dictadura. El momento en que se publicó Respiración artificial ya fue otro. Y hoy se ve con total nitidez porque coincidió con la publicación de Flores robadas en los jardines de Quilmes, de Jorge Asís. Ambos libros dividieron estéticas y públicos. Asís, que es un escritor muy diestro, apostó a una especie de realismo costumbrista, con críticas a la izquierda y un aire contemporáneo. Por su parte, Respiración artificial se convirtió en “la” novela del momento, pero no sólo por cuestiones ideológicas o políticas, sino en términos formales ya que hace un uso de la cita muy virtuoso, que Piglia tiene el talento de hacerlo eclosionar en la literatura argentina.

-¿Subsiste hasta hoy?

-No, hoy es imposible porque contamos con Google. No hay estética que se sostenga en las citas después de Google. Pero en ese momento, el uso de la cita, la alusión, la invención literaria y todas las formas posibles de la intertextualidad eran absolutamente pertinentes y coincidían con el momento teórico por el que atravesábamos.

-Según mi recuerdo, por esos años muchos intelectuales y profesores argentinos que no tenían espacio en la universidad sobrevivían dando clases particulares y enseñando en sus casas teoría literaria. En consecuencia, la teoría se había convertido en una suerte de vedette. ¿No sirvió eso para preparar a muchos de los futuros lectores de Piglia?

-Es probable que sí, pero yo antes de hablar de la importancia de la teoría, prefería referirme a una reverberación teórica, algo que ocurre en cada momento de nuestra historia literaria. Por ejemplo, antes, hablar de la traducción en relación con la literatura era un tema para especialistas; hoy, la reflexión sobre literatura y traducción es una reverberación teórica. Bueno, por esos años pasaba lo mismo, pero con otros tópicos, lo cual contribuyó a ampliar el público potencial de Piglia.

-¿Bastaría solo con eso?

-Seguramente no. Pero Respiración artificial tuvo otra rara virtud que muy pocos libros tienen: hizo que sus lectores se sintieran inteligentes porque tenían la impresión de comprender un aparato que, a primera vista, parece complicado.

-¿Sabato no funcionaba así? ¿No creaba en el lector la idea de que estaba entendiendo cosas graves y profundas, sin que eso fuera verdad?

-Ahí ya tengo más dificultad para evocar la cuestión. Acordemos que se trata de escrituras diferentes: Sabato es gótico y Piglia, hiperracional. Pero tienen un punto en común: ambos plantearon algunos grandes temas nacionales. Sabato, la creación de la nación argentina, su historia, la tipología de los personajes que la configuraron. Piglia, en cambio, el exilio y la censura, temas que ocupaban muchísimo lugar en los pensamientos de esa época.

-¿Por qué a Piglia y a Asís las cosas les resultaron más fáciles que a Saer?

-Creo que porque Piglia, con gran discreción y mucho saber literario, supo combinar una gran escritura con lo que estaba en el aire, logrando así una estética muy racionalista, muy gobernada. Asís, por su parte, con oficio, se incluyó en la muy argentina tradición del costumbrismo, tendencia que, con los cambios estilísticos de rigor, cada veinte o treinta años se renueva. Saer, en cambio, no combinaba nada ni se inscribía en ninguna tradición. Como él diría, la suya fue una estética negativa, que no buscaba persuadir de nada al lector ni presentarle los grandes temas de manera directa. Por otra parte, hablamos de una escritura espiralada y extremadamente difícil que sólo hoy, a fuerza de frecuentación, nos resulta más familiar. Pero la novedad de, por ejemplo, Nadie nada nunca era enorme: un libro que empieza muchas veces, con ligeras alteraciones, cuya lectura se sostiene sólo si el lector puede seguir esas mínimas alteraciones. Y no nos olvidemos de La Mayor y El limonero real, libros anteriores que, por haber aparecido en España, circularon muy mal entre nosotros en el momento de su publicación. Para resumir, las dificultades en Saer están y son muchas; es el tiempo y la frecuentación la que las ha ido moderando. Los lectores tuvieron que aprender a leer a Saer.

-En esa misma década de 1980, Alberto Laiseca, Rodolfo Fogwill y César Aira hacen su irrupción. Los tres poco a poco empiezan a convertirse en referentes para otro tipo de lectores. ¿Dónde los ubicarías en tu panorama?

-Laiseca fue siempre un escritor para escritores. A diferencia de Asís, Piglia y Saer –que lograron recorrer un breve tramo conquistando un primer círculo de público lector–, él y Héctor Libertella sólo fueron leídos por otros escritores. Libertella, en particular, quedó voluntariamente confinado a un núcleo estético vanguardista y nunca se apartó de allí. Laiseca, en cambio, aspiró a un público más grande, aunque tampoco alteró su literatura para ganar lectores. En el caso de Fogwill, a partir de Mis muertos punk aparece una nueva forma de representación que no tiene nada que ver con una renovación ni del realismo ni del costumbrismo. Se trata de un escritor profundamente materialista: le interesa la materialidad del mundo, cómo se denominan los objetos, cómo se realizan las acciones que tienen a esos objetos por protagonistas. Eso se va a ver con nitidez en Los Pichiciegos, que, me animaría a decir, plantea una nueva concepción de lo social, ya no en una trinchera de Malvinas o en una situación de guerra, sino en la Argentina a secas. En Fogwill hay cierto virtuosismo, no se ve el esfuerzo. Y lo mismo sucede con Aira. Mientras hay escritores que llegan con esfuerzo a tres o cuatro libros, con Fogwill y Aira uno siente que está delante de escritores siempre dispuestos a tirar un nuevo original sobre la mesa, lo cual no debe confundirse con un hecho editorial, porque se trata de un hecho estético. Que Aira, en función de las dimensiones, disponga un libro para tal editorial y el próximo para otra no plantea un problema de mercado, sino un hecho meditado de naturaleza estética.

-¿Pondrías en ese plano a Daniel Guebel y a Sergio Bizzio?

-El de Guebel es un caso interesante. No creo que, como Aira, tenga un proyecto literario, entendido esto como una relación de proyecto con sus ficciones. Diría que Guebel, más bien, adopta varios caminos como un explorador, aunque fundamentalmente le interesa el disparate. Ahí es donde yo vería algún posible parentesco con Aira. Y eso está claro en la primera versión de La perla del emperador, una novela que Guebel abandona dejando que termine como Dios quiera, según el recurso común en Aira de cansarse de lo que escribe, dejándolo terminar de cualquier manera. A Aira eso lo llevó a la producción de una masa textual impresionante que ni siquiera puede seguirse completa salvo que seas fanático o “aireano”, que es un barrio particular de la crítica...

-Hasta el momento no mencionaste a ninguna mujer.

-Hebe Uhart y Noemí Ulla. Y más acá, Matilde Sánchez, que es una de las escritoras más originales que te podría nombrar y que llegó a la literatura argentina sin gestos ampulosos.

-Estos autores son tan notables como los que no mencionás. ¿Las omisiones tienen que ver con que los ausentes no aportaron nada nuevo, limitándose a escribir los libros más o menos buenos en el estilo más o menos probado de la época?

-Es difícil contestar esa pregunta sin recurrir a la historia; vale decir, sin que vos y yo empecemos a recorrer nuestras bibliotecas para no incurrir en olvidos. Por ejemplo, no hemos mencionado a Daniel Moyano, un escritor altamente perjudicado por el exilio, o a Antonio Di Benedetto, a quien el exilio cortó en dos. Pero tampoco hemos mencionado a Héctor Tizón, uno de los mejores exponentes de la literatura argentina no rioplatense –él se nombraba “altoperuano”–, que siempre me pareció un escritor muy importante. Yo diría que es el único que pudo armar desde la Argentina algo convincente que se pudiera relacionar con el realismo mágico latinoamericano. Pienso en Sota de bastos, caballo de espadas y, sobre todo, en Fuego en Casabindo, una novela realmente muy buena. Y también está el Andrés Rivera de Nada que perder y Una lectura de la historia, que publicó José Luis Mangieri. Y Composición de lugar y los otros libros del exilio de Juan Martini. También El apartado, de Rodolfo Rabanal... O sea, había otra literatura que uno leía y sobre la que se escribía. Pero después, como siempre ocurre, algunas estéticas lograron prevalecer por encima de otras.

-Los escritores mencionados, ¿constituyen líneas de fuerza que luego continuaron, por ejemplo, los mencionados Guebel y Bizzio, o Alan Pauls, Sergio Chejfec, Martín Kohan, Carlos Gamerro, Aníbal Jarkovsky, y más acá, Eduardo Berti, Hernán Ronsino, Oliverio Coelho, Samanta Schweblin, etc.?

-Yo creo que la desaparición del sistema Borges/Cortázar –para algunos habría que sumar a Sabato– liberó a los escritores de tener que adscribirse a sus predecesores. En cierta forma, dos décadas después de la desaparición de Borges ya no es necesario el encolumnamiento detrás de su figura. Ya Piglia quedó rápidamente liberado de la sombra de Borges. Ahora que no hay genealogías tan fuertes vivimos un momento muy libre de nuestra literatura y, por supuesto, como se trata del presente, es probable que empiece a equivocarme.

-Hasta acá hablamos de “literatura argentina”, pero no nos ocupamos de otros géneros, como la poesía, la literatura dramática y el ensayo que, imagino, quedarán para otra vez. Sólo te pregunto si creés que ha habido algún tipo de relación fecunda entre géneros durante todo este tiempo.

-Te contesto con un ejemplo sobre algo que conozco bien: no es concebible imaginar la narrativa de Saer sin su poesía. Imagino que hay casos análogos también en los otros campos.


Fuente: Revista Ñ

domingo, 29 de diciembre de 2013

Las mejores novelas, cuentos, ensayos, poemarios, biografías y cómics del año

Según Babelia
La votación se hizo en seis géneros (novela, cuento, poesía, cómic, ensayo y biografía, autobiografía, memorias o testimonios) y sobre los cien que suman dichos apartados se votó el Mejor libro del año. Durante seis días, del miércoles 11 al lunes 16 de diciembre, 3.226 personas participaron. Para ellos, el mejor de 2013 es La verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara), de Joël Dicker, un thriller a la americana de 700 páginas. La novela del autor suizo obtuvo el 10,66% de los votos. El segundo lugar fue para Intemperie (Seix Barral), de Jesús Carrasco, con el 6,39% de los votos; y en tercer lugar Todo lo que era sólido (Seix Barral), de Antonio Muñoz Molina, con 5,65%.
A continuación publico los libros más votados en cada uno de los géneros literarios, y los diez primeros del apartado Libro del año:

Los 12 libros del año
Laverdad-sobre-caso-harry-quebert_1
1-      La verdad sobre el caso Harry Quebert. Joël Dicker (Alfaguara)

2-      Intemperie. Jesús Carrasco (Seix Barral)
3-      Todo lo que era sólido. Antonio Muñoz Molina (Seix Barral)
4-      Victus. Albert Sánchez Piñol (La Campana)
5-      La ridícula idea de no volver a verte. Rosa Montero (Seix Barral)
6-      Librerías. Jorge Carrión (Anagrama)
7-      Baile de máscaras. José Manuel Díez (Hiperión)
8-      Poesía completa. Ray Bradbury (Cátedra)
9-      Clases de literatura. Julio Cortázar (Alfaguara)
El héroe discreto. Mario Vargas Llosa (Alfaguara)
10-   En la orilla. Rafael Chirbes (Anagrama)


Las chicas del campo. Edna O`Brian (Errata Naturae)

Intemperie-carrasco
1-      Intemperie. Jesús Carrasco (Seix Barral)

2-      La verdad sobre el caso Harry Quebert. Joël Dicker (Alfaguara)
3-      El luminoso regalo. Manuel Vilas (Alfaguara)
4-      En la orilla. Rafael Chirbes (Anagrama)
5-      El héroe discreto. Mario Vargas Llosa (Alfaguara)




Cada-cual-y-lo-extrano-benitez
1-      Cada cual y lo extraño. Felipe Benítez Reyes (Destino)

2-      Cuentos completos. Antón Chéjov (Páginas de Espuma)
3-      Técnicas de iluminación. Eloy Tizón (Páginas de Espuma)




Los-surcos-del-azar-pacoroca
1-      Los surcos del azar. Paco Roca (Astiberri)

2-      El libro de los insectos humanos. Osuma Tezuka (Astiberri)





La-ridicula-idea-de-no-volver-a-verte-ROSAMONTERO
1-      La ridícula idea de no volver a verte. Rosa Montero (Seix Barral)

2-      Cartas a mi hija. Francis Scott Fitzgerald (Alpha Decay)
3-      Diario de guerra. 1914-1918. Ernst Jünguer (Tusquets)
4-      Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal. Ian Gibson (Aguilar)
5-      El zorro rojo. Biografía de Carrillo. Paul Preston (Debate)


Baile de máscaras-1
1-      Baile de máscaras. José Manuel Díez (Hiperión)

2-      Poesía completa. Ray Bradbury (Cátedra)
3-      Poemas 601-1200. Emily Dickinson(Sabina)
4-      Fuera de campo. Pablo García Baena (Visor)
5-      Obra completa. Blas de Otero (Galaxia Gutenberg)

Sociofobia-rendueles
1-      Sociofobia. César Rendueles (Capitán Swing)

2-      Todo lo que era sólido. Antonio Muñoz Molina (Seix Barral)
3-      Librerías. Jorge Carrión (Anagrama)
4-      Clases de literatura. Julio Cortázar (Alfaguara)
5-      ¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno. Will Gompertz (Taurus)






Fuente: Babelia, El País

sábado, 28 de diciembre de 2013

Noam Chomsky y el uso de Internet

"Si sabes lo que estás buscando y tienes un sentido razonable de cómo proceder, Internet puede ampliar tus perspectivas. Pero si te aproximas de manera desinformada, el efecto puede ser el opuesto".


Noam Chomsky es uno de los siete sabios de la lingüística actual. De origen judío-norteamericano, este prestigioso profesor universitario, investigador y creador del movimiento conocido como lingüística generativa y transformacional, ha sido capaz de orientar la atención del estudio de la lengua hacia ámbitos interdisciplinares, conectándola con la psicología, las matemáticas y las neurociencias. 
Sus descubrimientos sobre el funcionamiento del lenguaje humano han sido determinantes para el desarrollo de la lingüística computacional. Al mismo tiempo, su agudeza en el análisis social y político del gobierno norteamericano en el exterior lo llevó a un activismo que resulta de gran valor por su análisis e interpretación de las contradicciones y crueldades de gobiernos y compañías transnacionales durante los últimos cuarenta años. 

En una entrevista concedida recientemente a la BBC, Chomsky identificaba algunas claves interesantes para el uso inteligente de Internet. Curiosamente, la entrevista fue realizada en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, el mismo lugar donde en 1962 el informático John Robnett Licklider había inventado la idea de una red global. De la lectura de esta entrevista sintetizamos las siguientes ideas aportadas por el propio autor: 

Internet o la libertad de controlar a las personas

“Solo por propósitos comerciales, Google, Amazon y el resto están coleccionando enormes cantidades de información acerca de las personas; información que yo creo que no deberían tener. Rastrean tus hábitos, tus compras, tu comportamiento, lo que haces y están tratando de controlarte, dirigiéndote en determinadas direcciones. Creo que lo están haciendo en niveles que exceden lo que el gobierno hace. Así que el gobierno les está pidiendo ayuda. Los más jóvenes, muy a menudo no ven ningún problema en esto. Viven en una sociedad y una cultura exhibicionistas, donde colocas todo en Facebook, donde quieres que todo el mundo sepa todo sobre ti. Así que el gobierno también sabrá todo sobre ti”. 

Más abiertos y más cerrados de mente con el uso de internet

“Si sabes lo que estás buscando y tienes un sentido razonable de cómo proceder, Internet puede ampliar tus perspectivas. Pero si te aproximas a Internet de manera desinformada, el efecto puede ser el opuesto. La mayoría usa Internet como entretenimiento, diversión. Pero de la minoría que la usa para adquirir información, lo que se puede ver es que las personas localizan rápidamente sus sitios favoritos y los visitan porque refuerzan sus propias ideas. Entonces te vuelves adicto a esos sitios, que te dicen lo que estás pensando y no miras otros. Eso tiene un efecto de auto reforzamiento; el sitio se vuelve más extremista y tú te vuelves más extremista, te separas más de los demás”. 

Las bibliotecas e internet 

La biblioteca pública aporta información más fiable que internet “Hace un siglo, cuando se instalaron bibliotecas públicas en la mayoría de las ciudades estadounidenses, la disponibilidad de información y el incremento en la riqueza cultural fue ampliamente mayor que el que genera InternetÖ La diferencia entre Internet y una biblioteca es más pequeña que la diferencia entre la ausencia de una biblioteca o tener una biblioteca. En la biblioteca al menos puedes confiar en que el material tendrá cierto valor porque pasó por cierto proceso de evaluación. Internet es una suma de ideas azarosas y es difícil distinguir entre lo que alguien pensó mientras cruzaba la calle y lo que otro estudió en profundidad”.



Fuente: María Virtudez Núñez Fidalgo 

viernes, 27 de diciembre de 2013

Noticias de la lengua: reedición de El Diccionario ideológico de la lengua española

El diccionario agrupa las palabras de acuerdo a sus relaciones, así abandonan el ‘caos’ alfabético para juntarse por su significado. Su autor fue el español Julio Casares.


El hombre detrás del libro Sierra quiere acercar al gran público la figura de su abuelo, «un adelantado de su tiempo» y «una autoridad mundial» en lexicografía. Para ello han creado la página web www.juliocasares.es. «Desde la idea a la palabra; desde la palabra a la idea» es el subtítulo de esta gran obra, que, escribió José María Pemán, fue «el primer esfuerzo gigantesco por sacar el idioma del puro desorden −por ser orden únicamente formal− del índice alfabético e introducir en este un orden conceptual, en el que las palabras se agrupen por afinidades y familias». 

Casares (Granada, 1877 − Madrid, 1964) «ordenó aquel caos alfabético, donde, por puras coincidencias iniciales, la 'calandria' estaba muy cerca de la 'calabaza' y la 'poesía' era demasiado vecina de la 'policía' o del 'policlínico'», decía Pemán en 1944. Secretario perpetuo de la Real Academia Española desde 1939, Casares había intentado en 1921, en su discurso de ingreso, que el diccionario contase con el respaldo de esta institución, en la que creó el Seminario de Lexicografía y dirigió el Diccionario Histórico. 

En aquel discurso expuso los criterios que darían lugar a su diccionario, que, como novedad, presentaba el léxico español clasificado por esferas de significación. 

Antonio Maura, director de la RAE en aquella época, rechazó la idea por demasiado innovadora y porque le parecía «una quimera». 

«La Academia tiene olvidado a Casares», dice Sierra, que lamenta que la RAE no reivindique la figura de su abuelo. Le dedicó «parte de su vida» e hizo mucho por difundir su labor en la serie de artículos La Academia trabaja, publicados en ABC. El propio Casares hablaba sobre su diccionario en un folleto de 1944 en el que reconocía que esta obra podía haber sido «la mayor equivocación de su vida» de no haber estado convencido de que podía «prestar un servicio importante a la lengua y al pensamiento hispanos». Desde muy joven sintió «la inquietud de perder» los vocablos poco usados que le salían al paso. 

Fue apuntando hallazgos como «interesal», una palabra que había leído en Santa Teresa y que servía para calificar al «egoísta y codicioso que antepone a todo su interés personal». Luego anotó «confiable», dicho del que merece confianza... Y así fue agotando muchos cuadernos. 

Tuvo la suerte de dar con el editor Gustavo Gili, que «buscaba con candil un lexicógrafo español osado y revolucionario que se atreviese a hacer un diccionario analógico de nuestro idioma, donde las voces se agrupasen con arreglo a su significación, prescindiendo de toda rutina alfabética», escribía Casares en aquella época. 

El hombre y su diccionario

Julio Casares dedicó veinticinco años de su vida a preparar el Diccionario ideológico de la lengua española, una obra magna de la lexicografía que ahora se recupera y no ha perdido su carácter revolucionario e innovador. 

Publicado por primera vez en 1942 por la editorial Gustavo Gili y revisado y ampliado en 1959, El Casares, como se lo conoce popularmente, se reimprimió durante años, pero hace tiempo que era difícil encontrarlo en librerías.De ahí la importancia de que, cuando se aproxima el cincuenta aniversario de la muerte del gran lexicógrafo, el 1 de julio de 2014, Gredos haya decidido rescatar la última edición de este diccionario «sugeridor de imágenes y asociaciones», como decía su autor, que durante décadas ha sido vital para escritores, traductores, profesores y amantes de la lengua española. 
El libro, que ya está a la venta en España y que pronto llegará a Hispanoamérica, respeta la edición de 1959, sin que se haya actualizado su contenido. «Es una obra de autor y, como tal, no se debe modificar», dijo Eduardo Sierra, nieto del lexicógrafo y representante de los herederos. La taxonomía del diccionario El diccionario está dividido en tres partes: la primera es una sinopsis en la que se ofrece una clasificación de la realidad en dos mil campos semánticos. La segunda parte, la «analógica», presenta una serie de voces y frases relacionadas por afinidad de significado. 

Es en esta donde, por ejemplo, la palabra «arbitrariedad» se relaciona con voces como exigencia, tiranía, injusticia, inconstancia o extravagancia, y con expresiones como «decir por decir» o «quejarse de vicio». En la tercera parte, la «alfabética», Casares se basó en el diccionario de la RAE, aunque mejoró numerosas definiciones. 

La parte analógica es, sin embargo, la más característica de este diccionario ya que permite al consultante encontrar el elemento léxico que desconoce o no recuerda a partir de otros conocidos. Un ejemplo de su uso sería el siguiente: si alguien deseara saber cómo se llama el hoyo que se cava alrededor de una planta para recoger las aguas de riego, puede dirigirse a la palabra hoyo dentro de la parte analógica. Allí encontrará una remisión a excavación. En la primera serie de excavación, en la que figuran voces afines a esta, entre gavia y pileta, se encuentra la palabra buscada: alcorque. Para confirmar que el hallazgo es certero puede dirigirse a la voz alcorque, en la parte alfabética; allí encontrará su definición. 

Fuente: La página del castellano