miércoles, 8 de julio de 2015

Dedicatorias

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Más o menos con el mismo espíritu con el que Matthew Salinger, de un año de edad, le insiste a un compañero de mesa para que acepte un haba fría, insisto yo a mi editor, mentor y (Dios le ampare) mejor amigo, William Shawn, genius domus de The New Yorker, amante de la probabilidad remota, protector de los poco prolíficos, defensor de los extravagantes sin remedio, el más insensatamente modesto de los grandes editores-artistas natos, a que acepte este librito más bien escuálido.

                                                    J.D. Salinger, Franny y Zooey



Dedicatoria de EE Cummings en su libro
E.E.Cummings tenía una colección de poemas, 70 Poemas, que fue desestimada por varias editoriales. Finalmente, pidió prestados 300 dólares a su madre y publicó el libro con el nombre de No gracias, y lo dedicó a las 14 editoriales que lo habían rechazado. Rizando el rizo, los nombres de esas editoriales formaban una urna funeraria.



Esto no es para ti.
Mark Z. Danielewski, La casa de las hojas


Para Phyllis, que me hizo meter los dragones.
George RR Martin, Canción de hielo y Fuego. Tormenta de espadas

A la memoria de mi padre (1897-1971), que fue químico y buena gente.
Mario Benedetti, Primavera con una esquina rota



A mi mujer Margarnit y mis hijos Ella Rose y Daniel Adam, sin los cuales habría terminado este libro dos años antes.
Joseph J. Rotman, Fundamentos de la topología algebraica


Dedicado a la mala escritura.
Pulp


A Conchita, mi mujer desde hace cuarenta años. Nuestro amor es ya casi un incesto.
Jaime Campmany, El pecado de los dioses


A LEÓN WERTH


Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Pero tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de comprenderlo todo, incluso los libros para niños.

Tengo una tercera excusa todavía: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Tiene, por consiguiente, una gran necesidad de ser consolada. Si no fueran suficientes todas esas razones, quiero entonces dedicar este libro al niño que fue hace tiempo esta persona mayor. Todas las personas mayores antes han sido niños. (Pero pocas de ellas lo recuerdan).

Corrijo, por consiguiente, mi dedicatoria:

A LEÓN WERTH

cuando era niño

Antoine de Saint–Exupéry, El Principito


A la memoria de Aguedilla, la pobre loca de la calle del sol, que me mandaba moras y claveles.
Juan Ramón Jiménez, Platero y yo

J. K Rowling dedica el último libro de la serie, Harry Potter, Las reliquias de la muerte, a su marido Neil Murray, a sus hijos, a su madre, a su hermana y a los todos los lectores que han permanecido fieles a la saga hasta el final.
La dedicatoria es un verso que tiene la forma de rayo, un guiño a la cicatriz que Harry Potter tiene en la frente.


La dedicatoria se suprime a petición de parte.
Juan José Arreola, Palindroma


Dedicado a lo constantemente nuevo, a la duda metódica, a la timidez desafiante, al siempre es ahora mal que le pese al después, a la complejidad, en fin, dedicado a Alicia.
Jorge Wagensberg, Ideas sobre la complejidad del mundo



Fuente: Érase una vez


sábado, 4 de julio de 2015

Errores históricos de traducción

Orígenes hispanos de la toponimia norteamericana 

Los topónimos estadounidenses, sobre todo del sudoeste, son un rompecabezas fonético para muchos periodistas y presentadores hispanos, lo que es muy curioso dado que los nombres son, ni más ni menos, de historia, estirpe y ortografía españolas. 
La ciudad de Reno, en el estado de Nevada, es un caso muy notorio. La pronuncian generalmente "Rino", aguando la r. Si tuviera que ver con "rinoceronte", santo y bueno. Pero es el caso que debe su nombre al primer animal que vieron los españoles al llegar a esos entornos: un reno (para los anglófilos reindeer).

El nombre del gran estado al norte del río Grande o "Grande del Norte" (más conocido en México como río "Bravo"), muchos lo pronuncian "Tecsas" (articulando la equis al estilo moderno). Pero es curioso, ¿verdad?, que a los lugareños nunca les dicen "tecsanos", ¡sino "tejanos"! La grafía con equis, fuente de confusión fonética, nos llega de siglos atrás, cuando la letra equis se usó para representar sonidos como la sh inglesa o la ch francesa, y como la jota. Ahí está el caso de México, que siempre se ha pronunciado en español como si se escribiera con jota, pero que los anglohablantes pronuncian "Mécsico", por pura confusión de la fonética con la escritura. (Años atrás, la Academia Mexicana pidió que se autorizara escribir el nombre de su país con equis, pero con valor de jota, y así se ha aceptado.)

Albuquerque (originariamente Alburquerque), nombre que honra al duque de ese nombre, virrey de Nueva España, también sucumbe a veces a la confusión de los hispanos, que la pronuncian como si fuera nombre inglés, aguando la r y convirtiendo la e final en i.

En Nuevo México también hay unas montañas y pueblo con el nombre de "Sandía", que por desconocimiento de su origen muchos pronuncian "Sándia", al estilo anglófono. Pero claro, el nombre es puro español "Sandía", seguramente por haberse dado al cultivo de esa fruta.

Al estado de Montaña, que debe su nombre precisamente al hecho de ser muy montañoso, le quitamos erróneamente la eñe, que hasta el siglo diecinueve reflejaba exactamente su geografía, identificándolo plenamente. Aunque por influencia del inglés, hoy ha cundido la pronunciación con ene, todo el mundo lo entendería si lo pronunciáramos en correcto castellano: Montaña. 

Otro caso es Tucson, que en inglés se pronuncia como si la c fuera inexistente. Incorrectamente, claro, porque el nombre proviene de una tribu indígena llamada "Stjukshon" y esa letra k no estaba ahí por gusto. Al llegar los españoles se quedó en "Tucsón" o "Tuxón" (con acento en la última sílaba), pero con el advenimiento de los anglófonos en algún momento se perdió el sonido de la equis, quedándose en "Tuson". Pero pronunciarlo así en español, "Tuson", es tan ilógico como llamar al estado natal de William Clinton "Arkansó" porque así se pronuncia en inglés. Esa aberración prosódica, arraigada en la historia anglófila de la región, no tiene razón de ser en castellano. Si decimos "Kansas", pues el estado colindante, tanto geográfica como gráficamente, debiera ser, sin darle más vueltas anglófilas, "Arkansas". Pronunciarlo "Arkansó" es tan disparatado como pronunciar la capital de Arizona "Fínix" (copia fonética de la pronunciación en inglés), en vez de apegarnos a la prosodia del nombre originario que se le puso en nuestro idioma: "Fénix". 

El nombre de la californiana población de "La Jolla" lo pronuncian correctamente los anglohablantes al estilo español, "La Joya" (y no "La Yola"). Sin embargo, la tejana ciudad de Amarillo se pronuncia en inglés "Amarilo", costumbre prosódica que muchos hispanos erróneamente imitan, como si se escribiera con una sola ele. Y la también tejana Galveston debía escribirse "Gálvezton", puesto que lleva ese nombre en honor del español Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana y virrey de México. 

Más al noroeste, hay buen fundamento para creer que el nombre de Oregón proviene del español "orejón", que surgió con motivo de las orejudas bestias --burros y caballos-- que usaban los pioneros para el transporte de carga y personal a esa remota región. Aunque es tarde para rehispanizarlo y llamarle "Orejón", la acentuación aguda es la correcta, motivo por el cual resulta más natural y más castellano decir "Oregón" que plegarse a la acentuación esdrújula al estilo inglés. 

Pasando a la región del litoral atlántico del país, nos encontramos con que muchos hispanohablantes dicen "West Virginia", en lugar de lo correcto, que es "Virginia Occidental". Al fin y al cabo, a las Carolinas y Dakotas no las llamamos "North Carolina", "South Dakota", etc., sino "Carolina del Norte", "Dakota del Sur", etc. Por otra parte, es cierto que a toda regla hay excepciones, sobre todo tratándose de la toponimia, y a Rhode Island y Georgia no les decimos "Isla de Rhode" ni "Jorgia". Pero también excepcionalmente, algunos (pocos, por suerte) le dan la pronunciación de "Flórida" al estado más sureño, tierra que descubrió Ponce de León durante la Pascua Florida, poniéndole un nombre acorde con la ocasión. Este error prosódico se repite en muchos otros casos, como el de llamar al país más norteño del continente "Cánada", al estilo inglés.
Acaso el colmo sea la población aledaña a Tampa, Ybor City, que muchos hispanos pronuncian al estilo inglés, "Aibor City", siendo el caso que lleva el nombre de su fundador, un español procedente de Cuba, José Martínez Ybor. Y vamos a dejar para otra ocasión el examen de la toponimia floridana, que da para un relato mucho más extenso de lo que basta para el presente soporífico.

En resumen, amigos, que no hay que copiar los errores que cometen los anglófonos en la toponimia nuestra. Como tampoco tenemos derecho a complicar la suya, llamándole, por ejemplo, a la gran ciudad californiana que abarca a la meca mundial del cine, "Nuestra Señora de los Angeles de la Porciúncula" (su nombre de origen). Ah, y si nos vamos a ir a los extremos, podríamos darle a "Hollywood" la traducción literal que le corresponde: "Bosque de Acebo" o, mejor aún, "Acebedo". 

Fuente: Emilio Bernal Labrada  para  Nuestro idioma de cada día