martes, 31 de enero de 2012

Pastillitas de saber: heme aquí, hete aquí, hete ahí




Varias consideraciones:
he (del árabe “he”)

Expresión demostrativa, clasificada en el DRAE como adverbio, que, sola o unida a los pronombres personales “me, nos; te, os; lo, la, los, las” sirve, en uso hoy literario y poco frecuente, para llamar la atención sobre la persona o cosa representada por ellos. Usada sola va en lenguaje actual completada con uno de los adverbios “ahí, allí” o “aquí”. Y, generalmente, lo va también cuando lleva pronombre pospuesto:

He ahí las consecuencias de tu ligereza.

Heme aquí sin saber qué hacer.

En el uso actual de esta partícula, aunque no vayan expresos esos adverbios pueden sobreentenderse en cualquier caso:

Hela (ahí) desengañada y arrepentida;

pero antiguamente se hacía uso mucho más amplio de ella y en frases en que tales adverbios no tenían aplicación.

El pronombre “te” se encuentra muchas veces añadido a cualquiera de los otros, como si se quisiera dar a la partícula “he”, a pesar de su etimología, el valor verbal imperativo que tiene en francés “voi” en “voici” y “voilà”, referido en el caso de “he” al verbo “haber” con el significado de “tener”:

Hételos desavenidos cuando más necesitaban concordia.

Fuente: Moliner, María: Diccionario de uso del español.




he (hacia 1140)

Adverbio que, unido con aquí (y a veces con allí o ahí) sirve para mostrar una persona o cosa.

Del árabe hê, que tiene el mismo valor.

En toda la Edad Media y aun el S. XVI se empleaba he solo, sin que fuera menester acompañarlo de aquí.


Fuente: Corominas, Joan: Breve diccionario etimológico de la lengua española. Madrid: Gredos



he

1. Adverbio. Expresión que se usa delante de un adverbio de lugar, y combinada a veces con un pronombre átono, para señalar o presentar lo ue se dice después:


He ahí la respuesta a tu pregunta.


Henos aquí, preparados para la lucha.

2. Interjección. Expresión que se usa para llamar a alguien:

¡He, chico, ven aquí!

Ortografía. Dist. de e  y eh.

 Fuente: Diccionario didáctico de español. Madrid: Ediciones SM


¿A qué parte de la oración o categoría léxica pertenece la palabra he en expresiones como he aquí, he ahí, he allí? El DRAE dice que es un adverbio de origen árabe. ¿Cómo se explica entonces que lleve complemento directo, por ejemplo, en la siguiente cita bíblica: Mujer, he aquí a tu hijo, y tú, he aquí a tu madre. (Juan 19, 26-27)?

Todas estas Las expresiones


he aquí / he ahí / he allí


he aquí que 


heme aquí


hete aquí / hete ahí


héteme aquí


hétele aquí / hétele ahí


helo aquí / helo allí


hela aquí / hela allí


henos aquí


helos aquí / helos ahí / helos allí


helas aquí / helas allí


significan: ‘aquí lo tiene(s)’ / ‘aquí lo tenemos’ / ‘aquí lo tenéis’ / ‘aquí está’ / ‘míralo aquí’, ‘aquí tienes’, ‘aquí tenemos’, ‘esto es...’, ‘esta es...’, etc.

La palabra he en expresiones como he aquí... es de uso principalmente literario.
 Lo vemos en la traducción española de la Biblia de Nácar/Colunga en la que se traduce he aquí a tu hijo, mientras que la traducción de Valverde, hecha en lenguaje popular traduce: ahí tienes a tu hijo. 
En alemán, Lutero traduce: siehe, das ist deine Mutter, donde siehe corresponde al ecce latino.

La versión tradicional de la Biblia (Nácar/Colunga) dice:

Jesús, viendo a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo: He ahí a tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. (Jn 19, 26-27)

José María Valverde hizo una traducción de Los cuatro evangelios (Madrid, 1968) en lenguaje popular y traduce así:

Jesús, viendo a su madre y a su lado al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: –Mujer, ahí tienes a tu hijo.

Luego dijo al discípulo: –Ahí tienes a tu madre.

Y desde ahora, el discípulo la recibió en su casa. (Jn 19, 26-27)

La versión alemana de Lutero (1534) dice:

Als nun Jesus seine Mutter sah und bei ihr den Jünger, den er liebhatte, spricht er zu seiner Mutter: Frau, siehe, das ist dein Sohn!

Danach spricht er zu dem Jünger: Siehe, das ist deine Mutter! Und von der Stunde an nahm sie der Jünger zu sich.

La expresión he aquí se encuentra ya en el Cid y en Berceo. En el Renacimiento se percibió he como un verbo en imperativo y se empleaba también en plural heis.

Se dieron como etimologías vide ‘ve’, ad fidem ‘a fe’, habe ‘haber’, hasta que Menéndez Pidal descubrió el origen árabe de la palabra he en expresiones como he aquí. Según este gran filólogo, he es un adverbio que procede del árabe hê, que tiene el mismo valor. En toda la Edad Media y aun el S. XVI se empleaba he solo, sin que fuera menester acompañarlo de aquí.

Los diccionarios académicos han registrado la palabra he en estas expresiones como adverbio, hasta la publicación del último diccionario de la RAE, el Diccionario del estudiante (2005) en el que he es catalogado como verbo defectivo que se usa únicamente en esta forma, es transitivo, impersonal y forma culta.

Según María Moliner:

«El pronombre “te” se encuentra muchas veces añadido a cualquiera de los otros, como si se quisiera dar a la partícula “he”, a pesar de su etimología, el valor verbal imperativo que tiene en francés “voi” en “voici” y “voilà”, referido en el caso de “he” al verbo “haber” con el significado de “tener”: Hételos desavenidos cuando más necesitaban concordia.»

Un dato que parece favorecer la adscripción a la categoría de verbo de este he seguido de adverbio de lugar es que puede llevar pronombres átonos enclíticos (hete aquí). Así muchos autores no lo consideran como adverbio, sino como un verbo defectivo e impersonal:

«La palabra he (en He aquí el resultado), que las gramáticas y los diccionarios clasifican una veces como “imperativo del verbo haber” y otras como “adverbio demostrativo”, es, en realidad, un verbo a la vez defectivo e impersonal. El origen no verbal de esta palabra, antigua interjección árabe, que ha en engañado a tantos gramáticos, carece de toda importancia cuando se trata de definirla por su funcionamiento real en la lengua.» [Manuel Seco]




lunes, 30 de enero de 2012

La ortografía de los anglicismos



La complejidad de la vida moderna con los constantes descubrimientos científicos, la interdependencia político-económica y la rapidez de los medios de comunicación está obligando a todas las lenguas a crear continuamente nuevos vocablos. En siglos anteriores al nuestro, las lenguas más influyentes eran entre otras el italiano y el francés, pero hoy día es el inglés la principal. En esta presentación haré una visión breve de los extranjerismos que penetran a través del inglés y que se han generalizado en el español peninsular y en el español americano. La orientación principal del trabajo la constituirán siempre la pronunciación y la escritura predominantes en la mayoría de la comunidad hispánica, y no precisamente los criterios de la gramática española. Desde luego, cuando sea posible se insistirá en conservar las normas que han regido la lengua española desde sus orígenes. Se tomarán en cuenta la acentuación, la ortografía y la pronunciación tanto de los anglicismos como de los vocablos hispanizados.
La acentuación de los préstamos ingleses en su paso a la lengua española constituye un problema difícil debido a los tres tipos de acentos que posee la lengua inglesa (fuerte, secundario y débil), que contrastan con un solo acento en la lengua española. Por ejemplo, la voz fútbol que desde principios de este siglo figura en el diccionario académico como préstamo hispanizado del inglés football, la registra el DRAE con dos acentuaciones distintas: fútbol y futbol. Estos dos acentos transcriben el acento primario y el secundario del inglés, los cuales al hispanohablante le suenan con la misma intensidad. Igual sucede con la voz inglesa cocktail que puede pronunciarse cóctel o coctel. Sin embargo, en otra serie de préstamos compuestos, el DRAE opta por un solo vocablo con el acento siempre en una única sílaba, por eso adopta basquetbol (192) pero no básquetbol, a pesar de la existencia del préstamo básquet (192) con acentuación llana; béisbol (197-98) pero no beisbol (curioso que en esta voz el diccionario académico ni siquiera menciona la etimología inglesa baseball); voleibol (1493) pero no vóleibol. Conviene aclarar que las pronunciaciones preferidas en el español americano para estas palabras son básquetbol, beisbol y vólibol–-sin el diptongo ei que denota el vocablo en el DRAE.

Ricardo Alfaro (94-95) registra basquetbol, básquetbol y baloncesto y prefiere esta última por su estructura española. Para beisbol (95 y 96) y para volibol (466)recomienda su adopción y las considera agudas las dos. Sugiero que el DRAE registre estos tres vocablos con dos acentuaciones distintas tal como ha hecho con fútbol y cóctel. También que reconozca la eliminación del diptongo ei en voleibol. Por lo tanto, deben aceptarse:

básquetbol y basquetbol
béisbol y beisbol
vóleibol o vólibol y voleibol o volibol

Los préstamos se pronuncian generalmente de acuerdo con el sistema fonológico de la lengua que los adopta. De ahí que el inglés stress se convierta en el español estrés, con la es más consonante característica de la lengua española. Desde luego, no todos los ejemplos son tan sencillos como los que en inglés se escriben con s inicial más consonante. Especialmene problemáticas resultan las pocas consonantes que pueden ser finales en español. Los siguientes préstamos con -t final, el DRAE los escribe:

affidávit.... del latín a través del inglés affidavit
(La f doble se podría suprimir)
bit .... Del inglés bit ¿y por qué no bitio?
clóset .... del inglés closet
robot .... del inglés robot
tique .... del inglés ticket

Uno de estos préstamos se ha hispanizado eliminando la -t final: tique. Otros la han consrvado a pesar de que no se pronuncia. Algo parecido ha sucedido con otras voces terminadas en consonantes o grupos consonánticos que la fonología española no tolera como finales en su léxico hereditario.

bisté o bistec del inglés beefsteak
Clic del inglés click, aunque el DRAE no señala su origen indicando sólo que se trata de una onomatopeya. Debía subrayar también que el plural es clics y no cliques.
clip o clipe .... del inglés clip
club o clube .... del inglés club
film o filme .... del inglés film
flas .... del inglés flash
gong o gongo  .... del inglés gong
lord ... del inglés lord. El DRAE hace hincapié en el plural lores.
tic .... voz onomatopéyica. El DRAE debía subrayar que el plural es tics y no tiques.
La R.A.E. añade una -e final a los singulares del inglés clip, club, film, para evitar los plurales anómalos en la lengua española clips, clubs y films. No hace lo mismo con las voces onomatopéyicas clic y tic que permiten plurales como clics y tics. Con la eliminación de la -c final en bistec y la paragoge de la -o en gongo evita otros plurales anómalos. El plural bisteques nunca tuvo gran aceptación, de ahí que lo que se oía era bistecs o bistés. Este último es el plural usado hoy. En cuanto a gongos pierde el sonido onomatopéyico de gongs. Si la Academia permite clics y tics ¿por qué no gongs que registra Manuel Seco en su Diccionario de dudas (1986, 210) conjuntamente con gongos?

Hay préstamos que entran por la escritura, tal como sucede con jersey, del inglés jersey, que mientras en el español peninsular se pronuncia /xér-sei/, en el español americano, de ser reconocido, se pronunciaría /yér-si/. El contacto tan estrecho que nos brindan los medios de comunicación hoy día, logra que los préstamos nos lleguen acústicamente. Así pues a pesar de que siempre se han de respetar ante todo los aspectos fonológico y ortográfico de la lengua española, no se puede hacer caso omiso de la pronunciación del término en la lengua original. Hay voces que como iceberg mantienen el cuño de la lengua inglesa, pero no dejan de ser extranjerismos en español. En otras palabras la adaptación morfológica se aparta demasiado del original, así del inglés clown el DRAE registra clon (346). Aparte de que la palabra payaso es hermosísima y para nada se necesita el clown del inglés, esta última se pronuncia claun y no clon. Además existe el homófono clon (346) con el significado de ‘estirpe celular’. Otro anglicismo en nuestra opinión, igualmente innecesario que registrará la próxima edición del DRAE, es braun, del inglés brown. Son numerosas las voces para este color que existen en la lengua española: café, carmelita, castaño, marrón, pardo. Vale reconocer, no obstante, que esta vez la hispanización se ha realizado respetando el sonido de la palabra inglesa.

Finalmente, un ejemplo en el que la adaptación fonética resulta particularment difícil. Se trata de sándwich que venía desplazando al bellísimo parasintético emparedado y que por fin apareció en la vigésima primera edición del DRAE (1305). Se usa la locución conjuntiva por fin porque el término estaba tan propagado por todo el mundo hispánico, que era forzoso aceptar su presencia en el DRAE. ¿Cuál es, sin embargo, la ortografía apropiada para este anglicismo tan divulgado? Sándwich, sándwiche, sánduche o sángüiche? Las dos primeras tienen la ventaja de facilitar el reconocimento de la voz por el mundo extranjero, y como se trata, según se ha visto, de una palabra de uso casi universal, esto lleva peso. Existe, sin embargo, un grave inconveniente. La división silábica que llevará a cabo el hispanohablante será sán-dwich o sán-dwi-che, y nunca sand-wich, que es como se articula en inglés. La tercera manera en que se pronuncia esta palabra es sánduche que simplifica el anglicismo al eliminar el diptongo wi. La adición de una -e final facilita la división silábica, respeta las consonantes que como la ch no son finales en español e impide la formación del plural anómalo sándwichs, que se puede escribir pero no pronunciar. El diptongo wi tiende a convertirse en güi desde los tiempos remotos del latín vulgar y continúa ocurriendo esto mismo en el habla popular actual con voces españolas como huevo, que con frecuencia se pronuncia güevo. Por estas razones, y por ser la transcripción que más se acerca a la realización fonética en inglés, seleccionamos sangüiche. El DRAE ha seguido esta misma orientación al transcribir el inglés whiskey como güisqui (759).

Es muy difícil para las academias establecer una unidad de criterio para la adopción de estos préstamos, ya que no siempre se puede acomodar el anglicismo a la fonología y a la morfosintaxis de la lengua española. Según se ha visto, en el DRAE aparecen o aparecerán puros extranjerismos como airbag ‘bolsa de aire’; préstamos con consonantes o grupos consonánticos que no suelen ser finales en español como bit, voces extranjeras que no necesitamos como braun y ciertas irregularidades en la acentuación de compuestos como béisbol y beisbol. El enriquecimiento del léxico de la lengua española ha sido extraordinario en los últimos lustros y lo seguirá siendo bajo la sabia vigilancia de la Asociación de Academias. 

fuente: Beatriz Varela, University of New Orleans, Academia Norteamericana de la Lengua Española.

viernes, 27 de enero de 2012

Pastillitas de saber: verbos


Verbos transitivos e intransitivos
Oraciones intransitivas

Son verbos intransitivos aquellos que pueden formar por sí solos un Sintagma Predicado (son verbos de significación completa).

El niño duerme.
Mi primo nada.
El campeón sonrió.

No llevan C.D. (complemento directo) aunque acompañen al verbo otros complementos:

El ladrón huyó por la ventana

Hay autores que consideran oraciones intransitivas con verbos transitivos, basta, dicen, con que en la oración dada se omita el C.D. de esos verbos.


Mi hermano compra (V. trans.) los sábados

Pero Lázaro Carreter (filólogo español y director de la Real Academia Española ) dice: “a veces un verbo transitivo se presenta en superficie sin C.D."

Mi hermano compra en esa tienda
El niño lee en clase

No son verbos transitivos usados como intransitivos, sino verbos transitivos presentados superficialmente sin el C.D., que lo llevan en la estructura profunda.

Se compra algo
Se lee algo

También existen oraciones transitivas con verbos que no lo son (intransitivos) basta con que lleven un C.D.

Vivió una vida apacible
Durmió al niño en sus brazos
                          
Y es que hay verbos que, por su naturaleza, son generalmente intransitivos: vivir, jugar, nadar, dormir...
Otros verbos son transitivos, y necesitan un C.D.: dar, dejar, mostrar, regalar.....        

Me ofrecieron varios regalos
Y otros muchos verbos son transitivos o intransitivos según se usen de un modo u otro: estudiar, comprar, comer etc.:


Pedro estudia  en casa (intras.)
Pedro estudia  matemáticas ( trans.)
Mis padres compran en estos almacenes (intrans. )
Mis padres compranunos juguetes (trans.)

Nota: Cuando las oraciones intransitivas se construyen con un verbo habitualmente, transitivo, pueden llevar un Complemento Indirecto ej:

El ladrón escribió a sus 14 hermanos
El niño leyó para sus compañeros de clase

Oraciones Transitivas


Según la Real Academia son las formadas por verbos transitivos, cuando la acción de estos recae sobre un objeto distinto del sujeto y no comprendido en la significación del verbo.

El niño quiere el juguete
El perro come los huesos

Este tipo de verbos se llaman verbos transitivos; y, el complemento, que completa su significado, Objeto o Complemento Directo.
Este complemento u O.D. es el que nombra al ser o al objeto sobre el que recae la acción de verbo (directamente).


Diferencia entre un verbo transitivo y un verbo intransitivo.

El niño quiere los juguetes (Trans.)
El niño duerme en el sofá (Intrans.)

Si en el segundo ejemplo eliminamos "en el sofá”, la oración sigue teniendo sentido.
Si  en el primer ejemplo eliminamos “los juguetes” la oración pierde su sentido.

a) Formas del C.D.:

Sin preposición: El policía divisó un bulto
Con preposición “a” : El policía divisó a la culpable
Pronombre personal átono: El policía lo/la divisó.

b) Cómo reconcer el C.D.
Cuando va sin preposición tiene la misma forma que el sujeto

Los invitados comieron los pasteles
1) Si suprimimos el sujeto de la oración, el predicado no varía:

 Comieron los pasteles
Si suprimimos el C.D., hay que añadir, al verbo, un pronombre personal 
    átono= C.D.

Los invitados los comieron.
2) Si variamos el nº del sujeto, el verbo también varía de nº.

Los invitados comieron los pasteles
El invitado comió los pasteles
Si variamos el O.D., el verbo, no varía:

los invitados comieron los pasteles.
los invitados comieron el pastel
3) Si se puede poner en pasiva:

Colón descubrió América  - América fue descubierta por Colón

Verbos pronominales


Verbo pronominal es el que se construye obligatoriamente con un pronombre. Hay verbos exclusivamente pronominales (arrepentirse, fugarse). Otros adoptan determinados matices significativos o expresivos en las formas reflexivas (caerse, morirse, lavarse, frente a caer, morir, lavar). (La Terminología no recoge la expresión “verbo reflexivo”, término más tradicional pero menos exacto).”
[Alonso Marcos, A.: Glosario de la terminología gramatical. Unificada por el MEC. Madrid: Magisterio Español, 1986, p. 158]
«En principio se es un pronombre reflexivo que indica que la acción realizada por el sujeto le revierte. Para que se sea un pronombre reflexivo de objeto directo la acción debe salir al exterior, debe exteriorizarse: Juan se lava. Juan se peina. Juan se viste. La acción empieza y termina en el mismo personaje; hay además una exteriorización de la acción.
Cuando la acción del sujeto no recae sobre el propio sujeto, sino sólo sobre una parte, se es objeto indirecto, así en: Juan se lava las manos. En esta oración se es objeto indirecto. El objeto directo es manos.
Cuando la acción del sujeto recae sobre el sujeto, pero sin salir al exterior del mismo, sin exteriorizarse, o sin relacionarse con el mundo exterior para ocurrir, se es un complemento ético o de interés, un tipo de objeto indirecto, pero no es objeto directo. Esto sucede con los verbos llamados reflexivos formales. En Juan se levanta la acción no sale del propio Juan, lo mismo sucede en Juan se duerme o en Juan se enfada. En todos estos casos el proceso interno, aunque se manifieste externamente por el cambio de postura, por el estado de sueño o por los signos externos que acompañan al estado enfadado. En todos estos casos se es un objeto indirecto y el verbo es intransitivo por ello. Estos verbos pueden usarse como transitivos (i.e. pueden llevar objeto directo) cuando pierden su forma reflexiva: p. ej., Juan levanta a su hermano.
Cuando dos sujetos realizan una acción igual y son de ese modo objeto directo de la acción del otro, el pronombre se está usado como recíproco: Juan y Luis se cartean. No se trata de que exista un pronombre recíproco, sino de un uso recíproco del pronombre reflexivo.
La forma del pronombre se sustituye a la forma de la tercera persona, objeto indirecto, le, les, cuando esa forma va seguida de la forma de objeto directo, lo, la, los, las: Se lo dije a ella. En este caso se trata de un pronombre personal átono.
La forma se, no reflexiva, aparece como forma impersonal: Se dice que ...
La última forma se es la de la pasiva refleja: Se venden libros. Esta forma sustituye en la lengua moderna con gran pujanza a la pasiva propia:  «Son vendidos libros».»

Fuente: Marcos Marín, Francisco: Curso de gramática española.  

Verbos incompletos


Son aquellos que no tienen una conjugación completa debido a que carecen de algunas formas personales o de algún tiempo verbal.


También son llamados verbos incompletos. Son verbos defectivos, entre otros: balbucir (no se conjuga en la primera persona del singular del presente de indicativo, ni en todo el presente de subjuntivo); soler (no tiene futuro ni condicional y solo se conjuga en presente y en pretérito imperfecto del indicativo); atañer (solo se conjugan en tercera persona, tanto del singular como del plural).


martes, 24 de enero de 2012

El voseo en la Historia y en la lengua de hoy


En este tema, que, en realidad, es muy amplio, nos ceñiremos al voseo, o sea, al uso del vos en lugar del tú, que es uno de los fenómenos más característicos del español rioplatense y, también, de los más extendidos y vigentes en casi toda América hispánica. 
Hay que remontar el inicio del voseo español al siglo IV de C. En ese entonces, el empleo del vos en lugar del tú tiene un valor social de sumo respeto. Se ciñe su uso al trato con el emperador. Para su inicio, se apuntan dos causas: una, la presencia de dos emperadores, ya que el Imperio romano se había dividido; esto pudo inducir al uso del vos como una forma de incluir a ambos. Otros señalan que el vos fue la respuesta al nos, fórmula por la cual el emperador romano se mencionaba a sí mismo, como representante del poder y cabeza de todo el imperio. 

Este vos reverencial se habría ido extendiendo paulatinamente a las distintas autoridades (políticas, militares, religiosas) modificando el sistema del siguiente modo: 
1. tú para el interlocutor de igual autoridad, 
2. vos para el interlocutor de mayor autoridad. 

La expansión del uso del vos se habría vuelto más compleja y extensa durante los siglos VI y VII, según lo prueban distintos documentos que marcan la extensión del vos para una sola persona. 
En esta evolución del vos, Páez Urdaneta cree ver dos variantes sociolingüísticas que quiebran la estratificación original de [+ poder] o [+ autoridad]. Son estas variables la pragmaticidad y el sentimentalismo. Por pragmaticidad, entiende "la intención de un hablante de imponer un «acatamiento» o solicitar un «favor»", y por sentimentalismo, la «distancia» o «cercanía» afectivas que un actante asume o presenta en relación a otro actante". Las distintas lenguas romances presentarían entonces, en esos siglos, los siguientes valores para el vos: 

Vos: tratamiento para más de un interlocutor. 
Vos: tratamiento para un colocutor considerado [+ autoridad]. 
Vos: tratamiento para un colocutor del que se espera un favor o beneficio. 
Vos: tratamiento impersonal formal (no afectivo) con un solo colocutor. 

Este esquema es el que conservan las distintas lenguas romances. Del antiguo uso del vos como plural reverencial o de respeto hacia una persona considerada de mayor autoridad (el rey o el emperador), se desprendió el vos de cortesía o de respeto. 

En España, el uso del vos se irá modificando a lo largo de los siglos. Se irá pasando de un eje vertical asimétrico de [+ autoridad] o [+ poder], en que el vos se utiliza en dirección de abajo hacia arriba, a la dirección contraria: de arriba hacia abajo, es decir, para aquellos colocutores que tienen [- autoridad] o [- poder] y, asimismo, del polo de la distancia al de la cercanía. 

Se utilizará igualmente el voseo en un eje horizontal recíproco, es decir vos por vos. 

Según Páez Urdeneta, en los siglos XI y XII, habrían jugado para el empleo del vos las variables de rango social, pragmaticidad y virtud caballeresca. El tú estaba condicionado por el lazo familiar. 

En los siglos XIII y XIV, advierte un gran cambio social. Han ido reduciendo a los moros, y la sociedad se ha estratificado en tres. En la parte de arriba de la pirámide, están los nobles o caballeros; en la parte central, el clero; y en la base, los artesanos, los labradores y los mercaderes. Estos tres grupos desarrollarán, en lo social, normas internas y externas de tratamiento. El tú se habría ido enriqueciendo, intragrupalmente, como tratamiento solidario, informal, afectivo, y, también intragrupalmente, para indicar [- rango]. El vos cobraba fuerza extragrupal, con la novedad de emplearse de superior a inferior para indicar distancia social. Para esta nueva etapa, Páez ve jugar distintas variables, como son sexo, cercanía afectiva y, fundamentalmente, diferencia estamental. Sigue existiendo el vos pragmático o de interés, pero pierde vigencia la virtud caballeresca. 

En el siglo XV, el cambio que se produce en la sociedad española con el fin de la reconquista modifica nuevamente las fórmulas de tratamiento. Se produce la ruptura del orden estamental. Los nobles, sin el oficio de la guerra, se dedican al ocio; la burguesía asciende y se fortifica; y las ciudades crecen. El resquebrajamiento del orden anterior se da conjuntamente con una expansión del vos, que se usa tanto para marcar [+ rango] como [- rango]. Dentro de una misma clase, se utiliza asimismo para quienes tienen igual rango. Esto lleva a un desgaste del pronombre hacia finales del XV, lo que hace necesario introducir una nueva fórmula, vuestra merced, con el verbo en tercera persona. Al extenderse en la metrópoli vuestra merced como fórmula de respeto, el tú volvió a recuperar su primitivo valor de segunda persona del singular para la confianza, y el vos se restringe a la segunda persona del plural para la confianza. El paradigma queda fijado en la Península del siguiente modo:

Segunda persona del singular tú, 
para el trato de confianza; 
vuestra merced > vuesa merced > vuesarced > vuesanced > voacé, vucé, vusted, usted, para el tratamiento de respeto. 

Segunda persona del plural 
vosostros, para el tratamiento de respeto; 
vuestras mercedes > ... > ustedes, para el tratamiento de respeto. 

Estas modificaciones que se producían en el español de Europa no llegaron a toda América. En este continente, se introdujo el tuteo y tuvo dos ejes irradiantes, los virreinatos de México y del Perú, pero el resto de América, llamada la América voseante, siguió utilizando el vos para la segunda persona del singular, en tanto que el ustedes cubrió las dos formas de plural, la de confianza y la de respeto, fenómeno común con la América tuteante y con Andalucía. 

Pla Cárceles, en un estudio sobre "La evolución del tratamiento «vuestra merced»", muestra el progresivo desprestigio en que fue cayendo el vos en la Península. 

Mientras tanto, en América se conserva el voseo, considerado ya arcaísmo en la metrópoli, pero que aquí constituye un fenómeno vigente. 

Un autor americano, Rufino José Cuervo, explica la pervivencia del voseo en este continente por el abuso que de la forma voseante hacían los españoles al hablar con los inferiores. Según este crítico, es buena prueba de cómo trataban a los indios y a los criollos. En cambio, un crítico español, Lapesa, considera que el uso americano responde al abandono de distingos sociales y de normas lingüísticas del conquistador. Esto muestra cierta indiferencia ante el vulgarismo, pero tiene, en su aspecto positivo, la voluntad de nivelación cohesiva propia de las sociedades en formación. Pienso yo que no hay que entender estas dos opiniones como opuestas, sino como alternativas. Puede haber un fondo de amistosa confianza entre los conquistadores, que se sentían aquí hermanados por la aventura común, pero lo cierto es que, si es el trato habitual para vasallos y criados, seguramente lo prodigaron a indios y a criollos. Este trato tuvo que haber sido determinante para su integración en el español americano. 

Por otra parte, no hay que olvidar que las lenguas americanas no conocían el desplazamiento cortés, y, por lo tanto, para el aborigen no sería relevante el desplazamiento tú/vos. 

En América, se dan tres posibilidades de fórmulas de tratamiento: a) la propia de la América tuteante, donde hallamos tú para la segunda persona singular de confianza y usted para la segunda de respeto; b) la propia de la América sólo voseante, donde la forma de confianza vos coexiste con la de respeto usted, y, por último, c) la de la América tuteante-voseante, donde el vos se restringe al ámbito sumamente íntimo; el tú, para la confianza intermedia; y el usted, como forma de respeto. 

Además de esta alternancia, el voseo americano cambia según las zonas. 

Puede tratarse de un voseo verbal, pero con tuteo pronominal (como es habitual en el Uruguay), de voseo pronominal y tuteo verbal (como en Santiago del Estero) o de voseo pronominal y verbal. Además, los paradigmas tanto pronominal como verbal están "hibridados", o sea, que alternamos las formas de la segunda persona singular con las de la segunda plural. 

El paradigma pronominal se diferencia del verbal en que es único para toda América. El vos se conserva para el caso nominativo o sujeto, y para el término de la preposición y de la comparación. Se pierde para los casos objetivo-reflexivo y para el posesivo. Eso le da ese aspecto caótico que escandalizaba a Capdevila. Sin embargo, como ha estudiado Fontanella de Weinberg, las formas que han perdurado son las que se integraban mejor en el sistema. Te persiste atraído por me y se, el tu posesivo tiene la misma estructura de CV que las otras personas átonas del singular (mi, su), además de la ausencia de concordancia en género con el objeto poseído, y el posesivo tónico tuyo/a/s comparte con suyo/a/s una similitud máxima. 

La larga coexistencia de tú y vos fue debilitando en el hablante la conciencia de pertenecer a dos paradigmas distintos. Producida esta indiferenciación, la presión de las distintas personas de un mismo caso predominó y constituyó este paradigma que, si bien es híbrido, se integra mejor en el conjunto de todas las formas pronominales. 

A diferencia del pronominal, el voseo verbal no es uniforme para toda América, y se dan tres tipos distintos de voseo: 1) el voseo diptongado, es decir, aquel que conserva las formas cantáis, cantéis, coméis, comáis y partís, partáis; 2) el voseo argentino, es decir, monoptongado en la vocal más abierta del diptongo, y 3) el voseo a la chilena, que conserva diptongadas algunas formas, pero monoptonga otras en la vocal más cerrada, atraído por la tercera. Así lo sistematiza Rona para las tres conjugaciones en su alternancia indicativo/subjuntivo: El tipo I o diptongado sólo persiste en ciertas zonas andinas. Lapesa lo llama "reliquias hoy vulgares de un uso que antaño debió de ser el más distinguido". Lo cierto es que el conquistador debió de traer las formas monoptongadas con anterioridad a las diptongadas, cuando las monoptongadas aún eran usuales en la península. Al restaurarse el diptongo en el español de España, las formas diptongadas comienzan a contender con las monoptongadas como las más prestigiosas. Coexisten, por lo menos, hasta el siglo XVII, y en nuestro territorio, según un referente literario, el primitivo sainete criollo, aún durante todo el XVIII. Este voseo persiste en zonas aisladas, como San Juan de Micay (Colombia), o en algunas otras regiones aisladas, por lo general andinas. 

El tipo II, llamado voseo argentino por Henríquez Ureña, es el más extendido. No sólo es el propio del Río de la Plata, sino también el que se utiliza en Centroamérica, en la costa Ecuatorial, la zona andina de Venezuela y de Colombia, y la zona norte y este de Bolivia. En el Occidente venezolano, es decir en el estado de Zulia, se diptonga el presente y el futuro, pero no se diptonga el pretérito perfecto simple. 

El voseo de tipo III se extiende no sólo en Chile, sino también en otras regiones, como en la sierra del Ecuador –ya vimos que el voseo de la costa es de tipo II–, entre los collas del sur de Bolivia y en el Perú, donde se combina el voseo de tipo argentino, para la primera conjugación, con el voseo chileno para la segunda. 

Todo esto ya nos advierte que la sistematización de Rona es una simple sistematización, muy difícil de advertir en un –digamos– estado puro. La complejidad del tema del voseo proviene de que como nunca se lo tomó más que como una forma agramatical o incorrecta, en el mejor de los casos un arcaísmo, no hubo ni hay una preceptiva sobre voseo. 

Pero el tema es aún más complicado. Porque además de estos distintos tipos de voseo, el paradigma verbal también es mixto. Por lo general, se toma la segunda persona del plural para el presente de indicativo y de imperativo. Para el presente de subjuntivo, los hablantes de nuestro país, por ejemplo, alternan la forma del singular con la del plural (vos cantes o vos cantés). Para el futuro de indicativo, en la actualidad, se usa la forma de singular en la mayoría de las zonas voseantes, en pocas conserva el voseo (vos comerés o vos comerís). Esto se debe a que el futuro es una forma propia del habla escolarizada, puesto que las formas vulgares son perifrásticas. En nuestra literatura, la gauchesca registra algunas veces el futuro voseante (vos sabrés o vos comerés), pero estas formas son desconocidas en nuestro rioplatense actual. 

En los condicionales y en los imperfectos de indicativo y de subjuntivo, concuerdan las personas tú y vos. Son homomórficas por evolución al ser el voseo monoptongado. 

También resultan homomorfos por evolución, por la misma causa, los verbos estar, dar, ir y ver. 

En el caso del pretérito perfecto simple, la segunda persona del plural, proveniente de la forma latina -stis > -stes, conserva su -s final. En la Península, ésta suele pasar, por analogía, a la segunda del singular. En nuestro país, por ultracorrección, quitamos la -s de la forma voseante. 

Extensión del voseo y del tuteo 

En España, el voseo resistió en algunas zonas aisladas. Por ejemplo, en Andalucía aún se empleaba en el siglo XIX, según surge de documentos literarios, por ejemplo, las novelas de Fernán Caballero. Se diferencia del voseo americano en que se registra para la confianza intermedia. Es decir, el tuteo es en dirección hacia abajo (hijos o criados) o igualitario, en la suma intimidad (entre hermanos o cónyuges), en tanto que el voseo se emplea para una distancia intermedia, en dirección de abajo hacia arriba (hijos a padres, por ejemplo), o en forma simétrica, cuando no existe suma confianza (por ejemplo, entre vecinos). 
En América, el voseo ha persistido en gran parte de su territorio con distinta suerte. Se instala en la norma culta, en el Río de la Plata, pero es rural o subestándar en muchos países. En otros, como en Venezuela, se trata de una norma regional (es decir, que, en determinadas zonas, hay un orgullo localista por su empleo). 

Hay muchos factores que contienden para su expansión o restricción más allá de los puramente academicistas. Por ejemplo, el factor político: los gobiernos nacionalistas o populistas contribuyen a la expansión del vos; factores ideológicos: la exacerbación latinoamericanista, que se nota especialmente en el reflorecimiento del voseo entre los jóvenes en el cono sur a partir de la década del 60; factores económicos: por ejemplo, el boom editorial español en los años 80, unido a una literatura que venía censurada y autocensurada en la Argentina, hacen que el voseo se reduzca o desaparezca en gran parte de la literatura actual; factores sociales: de prestigio o status; factores sexuales: el voseo está bien para los hombres, por ejemplo, en Guatemala, pero suena mal en labios femeninos; factores escriturarios: el voseo está limitado a la lengua oral, pero su uso no es correcto en la lengua escrita; otro factor: los medios masivos de comunicación, que hacen que unas zonas irradien sobre otras. Por ejemplo, en Montevideo, nos decían que, en los últimos años, los programas de Tinelli o de Pergolini, que se retransmiten allá, incorporaron, entre los jóvenes, el voseo pronominal, dado el prestigio contestatario que estos programas conllevan. 

La extensión diatópica 

Si trazamos un mapa sobre la expansión del voseo en América, vemos que las zonas que se han conservado voseantes son las que estuvieron más alejadas de la Península. Si descendemos en el mapa, encontramos voseo en los estados del sur de México, Chiapas y Tabasco, que históricamente tuvieron un mayor contacto con la Capitanía General de Guatemala. También persiste el voseo en Centroamérica, en tanto que se ha perdido en las Antillas, que siguieron unidas a España hasta fines del siglo pasado, es el caso de Cuba y Puerto Rico, además de ser tránsito obligado de las naves que venían de la metrópoli. Respecto de Santo Domingo, pudo también influir el hecho de tener, desde antiguo, una Universidad muy importante. 

El voseo persiste, asimismo, en la zona andina de Colombia y de Venezuela. Hay voseo en la zona serrana y costera del Ecuador, en algunas provincias del norte y del sur de Lima, en el Perú: al sur, principalmente en Arequipa y al norte en Ancash, San Martín, Huánuco y Cajamarca. En Bolivia, donde, en los niveles populares, existe en todo el país. En Chile y en el Río de la Plata. 

La extensión diastrática 

Ya adelanté que en cuanto a niveles de uso, el Río de la Plata es la única región en que el voseo forma parte de la norma culta. Prácticamente la Argentina, el Paraguay y el Uruguay, junto con Costa Rica, son las únicas zonas que han excluido el tú del paradigma. Pero en Costa Rica, como en otras zonas de América del Sur, el voseo contiende con el "ustedeo", es decir, el empleo del usted para las situaciones de confianza; por ejemplo, en Costa Rica, los niños en la escuela se tratan entre sí de usted. 

El resto de Centroamérica también emplea el voseo. En Nicaragua, su uso abunda en la lengua oral, pero se tiende al tuteo en la escritura. El Salvador y Honduras alternan el uso voseante con el tuteante. 
Panamá es el más tuteante de los países centroamericanos. El vos se localiza en la zona occidental y en áreas donde el elemento indígena es predominante. En cambio, en las zonas donde prevalece el elemento africano, el uso es tuteante. 

En Sudamérica, en países como el Ecuador y el Perú, el voseo es subestándar o rural. En Colombia, hubo voseo en las ciudades, como Bogotá, pero en la actualidad, sólo lo hay en las regiones andinas, donde también su uso se limita por la presencia del usted como fórmula de confianza. En Bogotá, es notable el "ustedeo". Si trazamos una línea desde la menor solidaridad o confianza hacia la mayor, vamos a encontrar el usted en los dos extremos, en tanto que, en la zona de confianza intermedia, se da el uso del tú. El usted para la suma intimidad, dirigido a los padres, o a los hijos, o entre cónyuges, o en otras relaciones de mucho afecto, suele alternar en Colombia con la forma su merced, que continúa vigente como forma de sumo cariño. 

También en Venezuela, en especial en la zona andina, el "ustedeo" coexiste con el voseo. En Venezuela, el voseo es norma regional –es decir, que tiene prestigio dentro de la región– en el occidente, en el estado de Zulia. Allí los hablantes se enorgullecen de su empleo. Pero es subestándar en la zona andina. Allí se avergüenzan del uso, porque lo consideran incorrecto. 

En Bolivia, hay dos zonas lingüísticamente diferentes: 1) La zona colla, al oeste y sur del país, y 2) La zona camba, al este y norte de Bolivia. En la zona colla, el tú alterna con el voseo pronominal, en tanto que la forma verbal es tuteante (salvo el imperativo que es tomá, comé y viví). En algunas zonas de Oruro, Potosí y Tarija, se emplea el voseo verbal diptongado o a la chilena. En la zona camba, se utiliza el usted para el sumo cariño y también el usted para el trato formal. Utilizan el vos para la confianza y como modo despectivo (es decir, en dirección de arriba hacia abajo), y consideran el tú propio de los collas. O sea, que otra vez el voseo aparece como norma regional. 

Chile fue un país voseante hasta que llegó Bello y realizó una fuerte presión normativa en favor del tuteo. Sin embargo, el voseo siguió como norma rural y subestándar. Pasó algo similar a lo que ocurrió en el Uruguay, en el sentido de que se cambió al tuteo pronominal, pero no fue tan fácil de desarraigar el voseo verbal. En la década de 1970, ya algunos estudiosos advertían una extensión del voseo tanto en las capas sociales inferiores como en las medias y superiores. Este fenómeno habría comenzado a producirse a fines de los años 50 y principio de los años 60. 

Algunos lo atribuyeron al menor peso de la gramática normativa, en tanto que otros consideran que forma parte de una expansión que se da en todo el cono sur, porque los habitantes han ido cobrando conciencia de su identidad latinoamericana, unida al debilitamiento de las barreras sociales y a la rebeldía de los jóvenes frente a las pautas de clase rígidas, impuestas por su clase, que los llevan a tomar como modelo a los estratos más desposeídos. Lo cierto es que, en este momento, hay en Chile dos tipos de voseo: uno, llamado el auténtico, es el rural o subestándar que utiliza el pronombre vos. El otro, el voseo culto, utiliza el voseo verbal, pero con tuteo pronominal. En la actualidad, cuando llegamos a Santiago, es común oír que los jóvenes universitarios se saludan con la fórmula "¿cómo andai?", con pérdida de la -s final. Aunque parece que estos jóvenes, cuando llegan a la edad madura, no siempre continúan con este uso y vuelven a la tradición familiar. 

Como conclusión de lo que hemos venido diciendo, advertimos que el voseo es expansivo en ciertas zonas, por ejemplo, en el cono sur y en Centroamérica, en tanto que, en otros países del norte de Sudamérica, se encuentra en retirada, y en otros, sobrevive como un reliquia aislada que suponemos que va a ir desapareciendo por la presión de la norma culta del resto del país y por el influjo de los medios de comunicación.

                
Fuente: Norma Beatriz Carricaburo, La página del castellano

domingo, 22 de enero de 2012

Otras pastillitas de saber


Se advierte un uso abusivo y en ocasiones inadecuado de la expresión y es que.

La principal función de es que, un giro muy frecuente en el lenguaje coloquial, es expresar contrariedad, un pretexto o una justificación, como en «No comeré nada... Es que no tengo ganas», o para precisar en qué consiste algo a lo que se ha hecho referencia, como «Te honra una cosa y es que eres sincero».
Sin embargo, y además de un uso abusivo, se ha constatado también un uso inadecuado de este giro como sustituto de porque, como en los ejemplos de «Mañana lloverá y es que entrará un frente por el noroeste», «Es difícil adquirir una vivienda. Y es que los contratos temporales impiden que los jóvenes puedan emanciparse» o «El disco ha creado muchas expectativas, y es que la cantante ha reunido en él a varios talentos».

En estos casos, se puede usar ya que, porque, la razón es que o ello es debido a que, según el contexto: «Mañana lloverá porque entrará un frente por el noroeste», «Es difícil adquirir una vivienda. La razón es que los contratos temporales impiden que los jóvenes puedan emanciparse» y «El disco ha creado muchas expectativas, ya que la cantante ha reunido en él a varios talentos».

Por ello, se recomienda no abusar del giro coloquial y es que y en cualquier caso no usarlo cuando simplemente equivalga a porque.

Fuente: Fundeú