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Galería fantástica

María Negroni acaba de publicar Galería Fantástica, donde analiza relatos de Carlos Fuentes, Rosario Ferré, Felisberto Hernández y Cortázar, entre otros, como derivados de la literatura gótica. 

No solo de libros está llena la biblioteca de María Negroni. Aquí y allá, perdidas entre los estantes, hay muñecas antiguas, de esas de caras blanquísimas, ojos fijos y vestidos de organza ("Me encanta todo lo que tiene que ver con la infancia. Si no fuera escritora, sería coleccionista de juguetes). Las muñecas —dobles, miniaturas frías— también llenan muchos de los relatos que componen Galería Fantástica, ganador del VI premio de ensayo de Siglo XXI. En él, Negroni postula a la literatura fantástica latinoamericana como una deriva de la literatura gótica y toma como ejemplo de este vínculo relatos de Carlos Fuentes (Aura y La muñeca reina), Silvina Ocampo (El impostor), Felisberto Hernández (Las hortensias), Julio Cortazar (Las babas del diablo) y Alejandra Pizarnik (La condesa sangrienta), entre otros. A ambas literaturas —la fantástica y la gótica— les atribuye la particularidad de encarnar una formar de resistencia "a las cárceles de la razón y del sentido común" y de construir su "propio arsenal de oposición a la moral soleada (y petrificante) del statu quo". 

-¿Cómo surge el proyecto de Galería Fantástica? 

-Empieza con la escritura de Museo Negro (1999), mi libro sobre el gótico norteamericano y europeo, en donde analizo textos como Otra vuelta de tuerca, de Henry James, Frankenstein y El retrato de Dorian Grey. Por esa época tenía una especie de radar para detectar los textos que en América Latina tenían características similares. Leí Cagliostro, de Huidobro, Bomarzo, de Manuel Mujica Laínez y me di cuenta de que los cuentos o relatos latinoamericanos tienen muchos elementos del gótico, que es algo que no había pensado antes. Aparecen muchos motivos repetidos. Están los científicos desmesurados, los artistas, el tema del doble, la relación entre el artista y la creación... 

-Decís que a Silvina Ocampo le cabe el mérito de haber creado el gótico campero 

-¡Claro! En el relato El impostor no hay un castillo en Escocia como aparecería en el gótico, pero sí un chacra en el medio del campo que tiene muchas semejanzas. La casa está en ruinas, llena de filtraciones de agua, hay altillos que guardan los recuerdos de los ancestros, la cajita de música. Podría ser un revival de la casa de Una vuelta de tuerca, de Henry James. Pero además de los motivos repetidos, que aparecen y mucho, lo que verdaderamente me interesa es cierto carácter de resistencia que tienen estas literaturas frente a lo convencional. Ponen todo el tiempo en entredicho, desestabilizan las nociones con las que en general nos acercamos a la realidad, las categorías de tiempo, de espacio, de sujeto. Hay una especie de celebración de un mundo impreciso. 

-Es como si el gótico y el fantástico ensancharan el mundo 

-No, no lo ensanchan, el mundo es ancho, lo recuerdan. Recuerdan que hay una parte oscura, que no sólo tiene que ver con los vampiros y el terror, sino con el mundo del deseo, el mundo de lo no controlable, de lo no articulable. Un mundo que está todo el tiempo tensando desde abajo, como en el relato de Poe, La caída de la Casa Usher, donde la hermana del protagonista, Lady Madeline, golpea desde abajo, recordando que allí hay algo que está vivo. Generalmente lo que está tensando ahí abajo, lo que está pulsando y latiendo, tiene que ver con lo femenino. No necesariamente con el cuerpo de una mujer, sino con una zona que se le escapa a la palabra, la zona del deseo. 

-También decís que es la literatura que más se acerca a la poesía, ¿de qué manera lo hace? 

-Se para en el mismo lugar, en el lugar de lo que no se sabe. No hay poesía desde la certeza, es el género que por antonomasia cuestiona los fundamentos de lo real, desde el momento que cuestiona el instrumento mismo del acercamiento a lo real que es la lengua. No es casualidad que Baudelaire, el primer poeta de la modernidad, fuera traductor de Poe, todos los poetas del surrealismo francés admiraban la literatura gótica, Breton se hizo construir un castillo, que llamaba su castillo estrellado. La literatura gótica y fantástica, como la poesía, son conjeturales, tentativas, no intentan imponer certezas, al contrario, miran el mundo con cautela, asombro, perplejidad. 
-Los relatos que elegiste también están llenos de jardines 

- Pero no son jardines edénicos. Son jardines manchados, los jardines después de que Eva mordió la manzana. Están teñidos de la ambición de conocimiento, siempre hay un castigo latente cuando aparece el deseo de conocer. Los jardines del fantástico están cargados de deseo, muerte, sexualidad, temporalidad. 

-En Una cripta para la infancia, el análisis del cuento La muñeca reina, de Carlos Fuentes, decís que en los relatos fantásticos la escritura funciona como un imán, ¿hacia dónde nos arrastra? 

-Sí, en muchos relatos aparecen diarios, notas, recortes de diario. Creo que la escritura magnetiza, tiene un conocimiento que nosotros no tenemos. Va más rápido. Cuando uno escribe, escribe cosas que no sabe que sabe. En estos casos, es una escritura que se ha independizado de su productor, que cumple un papel hipnótico. Funciona como una metáfora del deseo, uno camina hacia lo que desea dormido, se va dejando llevar por algo que lo va hipnotizando. La escritura en los relatos fantásticos es como un hilo de Ariadna al revés: no para salir del laberinto, sino para ir hacia el centro de él. El hilo lleva al fondo, a encontrar al Minotauro, no a escaparse de él. Y eso no sólo funciona con el protagonista, sino también con el lector, que en el gótico o en el fantástico también avanza hipnotizado. Hay un manejo de la trama y del suspenso que te lleva como dormido, aparte no nos olvidemos de que en general son mundos nocturnos. 
-En el fondo hay un crimen, y casi siempre de origen sexual 

-Pero a veces no es un crimen literal. La salida de la infancia es un crimen, la entrada al lenguaje es un crimen. Hay muertos y se mueren partes de nosotros, se censuran partes de nosotros, se suturan, se vuelven tabúes, todos estos son como pequeños crímenes, que quedan abajo en la cripta. 

-¿Cuál es el papel que juega lo femenino? 

-Yo pienso que cuando algo está ausente, en realidad está hiperpresente. Cuando vos vas al castillo de Drácula no hay una sola mujer, es él con él, pero luego viaja en barcos que se llaman Demeter y Ceres, las diosas de la fertilidad, viaja por el agua. El principio femenino está híperpresente en estos relatos. Cuando digo principio femenino digo lo que no se entiende, el cuerpo, el paso del tiempo, los cambios, el fluir de la vida, los ciclos, la muerte. Creo que en el gótico y el fantástico es casi lo único que importa, lo más interesante. 

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Negroni básico
Rosario, Argentina.Poeta, novelista y ensayista.Tiene un doctorado en Literatura Latinoamericana en la Universidad de Columbia, Nueva York. Publicó varios títulos de poesía, entre ellos De tanto desolar (1985), Islandia (1994), La ineptitud (2002) y Andanza (2009). También publicó tres libros de ensayo: Ciudad Gótica (1994), Museo Negro (1999) y El testigo lúcido (2003) y dos novelas, El sueño de Úrsula (1998) y La Anunciación (2007). Tradujo, entre otros a Louise Labé, Valentine Penrose, Georges Bataille, Bernard Noel y la antología de mujeres poetas norteamericanas La pasión del exilio (2007). Obtuvo las becas Guggeheim, Fundación Rockefeller, Fundación Octavio Paz, New York Foundation for the Arts, entre otras. Su libro Islandia recibió el premio del PEN American Center al mejor libro de poesía en traducción del año 2002. Actualmente, enseña literatura latinoamericana en Sarah Lawrence College, Nueva York. 

Fuente: Revista Ñ

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