miércoles, 29 de abril de 2015

El gusano de seda

El gusano de seda estará mañana en las librerías argentinas. Es el segundo tomo de la saga protagonizada por el detective Cormoran Strike, publicado con el seudónimo Robert Galbraith. 

En su cuenta de Twitter, la autora de Harry Potter, J.K. Rowling se mostró orgullosa por el proceso en Escocia. (Twitter)"Más vale que se haya muerto alguien famoso de verdad, Strike -dijo una voz ronca desde el otro extremo de la línea. Aún no había amanecido. El hombre corpulento y sin afeitar que caminaba con el teléfono apretado contra la oreja sonrió.

-Por ahí va la cosa.
-¡Son las seis de la mañana, joder!"

¿Usted también quiere saber qué paso? Porque seguramente esa es la intención de la autora de esas líneas, las que abren la novela El gusano de seda, que se publica hoy en España y mañana aquí, donde se conseguirá a 245 pesos, y en toda Latinoamérica. Es el objetivo de J.K. Rowling, que por segunda vez firma un texto policial bajo el seudónimo Robert Galbraith, y que vuelve a poner en escena a Cormoran Strike, el detective que inventó para la primera entrega, El canto del cuco, publicada en 2013.

"Agotado y hambriento, con ese placer que sólo conoce quien ha puesto su resistencia física al límite, entró por fin al local, en cuya atmósfera casi podía palparse la grasa de innumerables huevos fritos con beicon", escribe Rowling escudada en Galbraith. Describe a su protagonista, un veterano de la guerra de Afganistán, que perdió en ese enfrentamiento una de sus piernas y que trabaja codo a codo con Robin Ellacott, un poco su secretaria y otro poco su Watson del siglo XXI. En esta segunda parte de la saga que la autora planifica que tenga siete libros -igual que Harry Potter-, se sabe un poco más del pasado de Strike: es hijo de una estrella de rock que no le prestó demasiada atención y lidia con ese dolor.

En El gusano de seda la esposa del escritor Owen Quine contacta al investigador para que encuentre a su marido, sospechando que, una vez más, se fue por algunos días de la casa. Pero cuando Strike hurga un poco, entiende que la desaparición de Quine tiene más que ver con su último manuscrito inédito, en el que se mete con el mundillo literario londinense: escritores, editores, agentes y críticos pasan por su ojo irónico y, entonces, conviene que ese manuscrito no se publique.

En el primer capítulo del libro que editó Salamandra y que se puede ver en http://file02.lavanguardia.com/2015/03/15/54428991279-url.pdf

Rowling escribe: "Barajó ansiosamente las hojas de papel, algunas de las cuales contenían anotaciones que Strike había añadido de su puño y letra-. ¿De dónde demonios ha sacado esto?". ¿Usted también quiere saber qué dicen los papeles, qué anotó el detective? Y bueno, los policiales son así.

sábado, 25 de abril de 2015

Singularidades de la lexicografía hispánica: el diccionario general, los de uso, los regionales y los integrales

Por Ricardo Soca

La lexicografía española cuenta con características que la distinguen de las tradiciones lexicográficas de otras lenguas: presenta un diccionario general, prescriptivo y válido para todos los países hispanohablantes —Diccionario de la Lengua Española (DLE/RAE)— y, a su lado, los de uso, los regionales y, desde la última década, los integrales.

Esta peculiaridad obedece a otro fenómeno distintivo: la ex metrópoli colonial tiene, entre otras tantas, una autoridad lingüística: la Real Academia Española (RAE), que se encarga de dictar una norma que es acatada por los veintiún países hispanohablantes, los cuales la consolidan en la enseñanza y en los usos oficiales y formales.

A pesar de que hay numerosos ejemplos de instituciones que se proponen regular diversas lenguas, como la Academie Française, la Accademia della Crusca italiana o la Academia Brasileira de Letras, lo cierto es que ninguna de ellas cuenta con la autoridad y la influencia que ha conquistado la RAE en sus trescientos años de vida, desde la publicación de su primer diccionario, llamado de Autoridades, que vio la luz entre 1726 y 1739.

El prestigio de esta obra excepcional y el acatamiento que los gobiernos y autoridades lingüísticas de los países hispanohablantes dispensan hasta hoy a los diccionarios de la corporación madrileña, y que no tiene parangón en ninguna otra lengua, obedece a razones históricas y políticas que hunden sus raíces en el debilitamiento de la antigua metrópoli colonial después de la independencia y en los esfuerzos que emprendió para reerguirse ante las grandes potencias. Las normas lingüísticas dictadas en Madrid son recogidas hoy por veintiuna academias nacionales, que contribuyen a su elaboración, y son incorporadas y consolidadas por la enseñanza en todos los países de habla española, con el objetivo declarado de preservar la «unidad de la lengua». En el preámbulo del diccionario académico[1], se asegura que este «tiene universalmente reconocido un valor normativo que lo hace único en su género», una afirmación en la que tanto este reconocimiento como su universalidad aparecen ideológicamente naturalizados sin necesidad de fundamentación y sin lugar a cuestionamientos.

El diccionario general

Pese a centralizar la autoridad normativa, la RAE, fundada en 1713, reconoce desde hace no muchos años, al menos discursivamente, que el español es una lengua policéntrica, es decir, cuenta con varios centros de irradiación, que el lexicógrafo mexicano Luis Fernando Lara sitúa en Barcelona, Bogotá, Buenos Aires, Madrid y México[2].

El diccionario, elaborado en Madrid por los lexicógrafos de la RAE, incluye numerosas voces de los países americanos, por lo que la corporación madrileña lo presenta como una obra de carácter «general»[3], sugiriendo así que recoge la lengua de todos los hispanohablantes. Sin embargo, la presencia y la representación del continente americano en el DRAE ha sido un tema controversial desde siempre; y aunque han existido intentos para elaborar un producto lexicográfico representativo del español actual en su totalidad —a través de las varias actualizaciones del DRAE, así como la publicación del Diccionario de americanismos (2010) —, tal material no se ha logrado de forma exitosa. Para Haensch (1980), quien ha trabajado en lexicografía hispanoamericana, «nunca se podrá hacer bastante» para dar cuenta del vocabulario hispanoamericano, el cual es «tan rico, tan variado y tan dinámico». La presencia de los vocablos de distintas variedades americanas del español en el DRAE ha sido cuestionada tanto por la poca representatividad del número de artículos, así como también por presentarse como entradas marcadas, frente a los españolismos, que aparecen sin ningún tipo de marca diatópica. Esto ha acarreado un gran número de críticas, siendo la principal la creencia implícita que dicho diccionario fue concebido como «el diccionario de los españoles, que solo a manera de “préstamo” se ponía al servicio de los demás hispanohablantes»[4].

España, una ex potencia colonial, que tras la pérdida de sus colonias quedó muy debilitada en el plano internacional, intenta recuperar terreno desde la segunda mitad del siglo xix cultivando la idea de que existe

una singular cultura, tradición, formas de vida, características, tradiciones y valores, todas ellas encarnadas por la lengua; la idea de que lacultura hispanoamericana es simplemente cultura española trasplantada al Nuevo Mundo; y la noción de que la cultura hispánica posee una jerarquía interna en la que España ocupa una posición hegemónica.[5]

Esta noción se mantiene en pie, pero el discurso ha cambiado: para validar su pretensión de abarcar con su autoridad todo el universo hispanohablante, la RAE necesita contar con el consenso de los países americanos, por lo que en los últimos años ha construido discursivamente una nueva estrategia: promover la visión de que la lengua, y por consiguiente su diccionario, es de todos y no responde a un único centro. El año pasado, el entonces director de la RAE, José Manuel Blecua, reconoció que el español es una lengua «eminentemente americana con un apéndice europeo» [6]. Este punto de vista puede ser uno de los argumentos propuestos para llevar a cabo una de las varias políticas lingüísticas hispanoamericanas que la Real Academia Española viene poniendo en práctica y que responde al lema de «unidad en la diversidad». De esta manera se busca legitimar un tipo de discurso hegemónico del imperialismo lingüístico, creando una imagen positiva y ubicando a la lengua española como un «lugar de encuentro entre hispanohablantes» de manera de poder disimular las motivaciones políticas y económicas que se encuentran por detrás[7]. Así, el diccionario se presenta como uno de los elementos de una serie de instrumentos normativos, como la Ortografía y la Gramática, que pretenden sentar las bases de la lengua española hablada en América, España y Filipinas, respetando su pluralidad. 

Es decir, las decisiones tomadas acerca del material incluido en el DRAE responden a motivaciones lingüísticas y políticas. El tratamiento de los americanismos en el DLE  obedece, en gran parte, a lo elaborado por la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale). Según la RAE, esta colaboración se hace en forma conjunta, igualitaria y como «ejercicio de una responsabilidad común», mientras que Seco (2003) la conceptúa como «la principal vía de información de que dispone hoy la Academia Española para la revisión de su Diccionario». Está claro que esta colaboración se ha intensificado a lo largo del tiempo, lo cual se traduce, en parte, en la variación del número de marcas americanas entre la vigésima primera edición (1992) y la vigésima primera edición (2001) del DRAE. Mientras que el primero contiene 12.494 americanismos, el segundo posee 28.171. Este número parece haber caído a "cerca de 19.000" en la 23a. edición, que solo contendría "cerca de 19.000 americanismos. En todo caso, el aumento con relación a la edición de 1992, evidencia la participación activa de las academias hispanoamericanas y el interés de la Academia Española en lograr un diccionario (un poco) más representativo del español general. Sin embargo, más allá de las construcciones discursivas, la concepción eurocéntrica sigue prevaleciendo, como demuestra la edición de un voluminoso Diccionario de americanismos (DA), editado en 2010 por la Asale, entidad que, en la práctica, no es más que un departamento de la RAE [8] con sede en una sala de esta corporación en Madrid. 

Ante la constatación de que la lengua española tiene diversos centros, muchos lingüistas, como el lexicógrafo mexicano Luis Fernando Lara (2012), cuestionan el planteamiento diferencial que sustenta el DA, puesto que da por sentado que existe un  «español general» que corresponde, en su mayor parte, al peninsular, y que, en consecuencia, los americanismos «solo pueden constituir un vocabulario periférico, todavía marcado en muchos lugares de España e Hispanoamérica como proclive al barbarismo y siempre objeto de necesaria corrección».[9]

Es preciso señalar que el DRAE se ocupa de la corrección y la incorrección más que del uso real, al punto que incluye vocablos supuestamente sincrónicos (puesto que no presentan marca diacrónica), que no existen en la lengua ni aparecen en los corpora, como es el caso, entre muchos otros, de galicursi o cederrón, que solo están atestiguados después de su incorporación al diccionario, o sea, fueron inventados por la RAE. La voz mouse, usada preferentemente en toda América para designar el dispositivo informático usado para mover el cursor de las computadoras, no figura en el DRAE, aunque sí aparece mencionada en otra obra de la Academia, el Diccionario panhispánico de dudas (2005)...para indicar que no se debe usar, presumiblemente por tratarse de un anglicismo, por lo que se recomienda el empleo de ratón, usada principalmente en España.

Lara (2012) critica el uso del nombre «español general, preconizado por la Academia Española y sus satélites americanas» puesto que, según él, esa clasificación no es otra cosa que «la manifestación de una ideología» colonial. Según el lexicógrafo mexicano, autor del Diccionario del español de México,

[...] no se podrá hablar, objetiva y documentadamente, de un «español general» mientras no haya estudios descriptivos profundos de la realidad de la lengua española en los 20 países que la tienen como lengua nacional, estudios que las Academias no se han planteado llevar a cabo y cuya necesidad ni siquiera parecen reconocer; mientras tales estudios no existan, no se puede proceder a una comparación entre todas las variedades —incluidas, por supuesto, las de España— que permitan deslindar un «español general» o «común» o «internacional».

El DRAE es presentado como una obra moderna y permanentemente actualizada, lo que hace pensar en un diccionario sincrónico, pero en los Preámbulos de sus dos últimas ediciones se defiende la necesidad de mantener en la macroestructura vocablos que se han usado a partir del año 1500, con lo que es frecuente encontrar algunos lemas y acepciones más propios de un diccionario histórico, puesto que no se usan desde hace siglos, en un total de 3.758 en la edición de 2001, la única en la que es posible verificar este dato por medios informáticos.

Como ya dijimos, el DRAE/DLE incluye también palabras que solo se usan en España y que son desconocidas en América, pero que no tienen marca de españolismo. Contiene voces oriundas del caló, la lengua de los gitanos de España, pero no se ocupa de los productos de los contactos de lengua en América.

Los diccionarios de uso

Al lado de este diccionario académico clasificado como general, han surgido en España diccionarios llamados de uso, entendidos como obras que no se proponen dictar una norma, sino poner en manos del usuario «todos los recursos de que el idioma dispone para nombrar una cosa, para expresar una idea con la máxima precisión o para realizar verbalmente cualquier acto expresivo»[10], como explicaba la lexicógrafa María Moliner en la Presentación de su Diccionario de uso del español, obra paradigmática de este tipo. Como las metas enunciadas corresponden a lo que cabría esperar de cualquier diccionario monolingüe, es legítimo suponer que esta autora entendía que el DRAE estaba lejos de cumplir cabalmente tales funciones.

En esta categoría cabría incluir también el Diccionario del español actual (DEA) de Manuel Seco, considerado como uno de los trabajos más completos de la lexicografía española. Sin embargo, es preciso puntualizar que se trata de una obra basada exclusivamente en el español peninsular, lo que permitiría clasificarlo como integral, categoría que veremos más abajo.

Porto da Pena (2002) describe los diccionarios de uso como aquellos que «no se preocupan por la corrección o incorrección, sino por el uso real del vocabulario a todos los niveles y, por lo tanto, se limitan a registrar los hechos sin prejuicios puristas de ningún género, careciendo de todo carácter prescriptivo»[11].

Los diccionarios regionales

La aceptación mayoritaria del DRAE como único diccionario general alimentó la idea de que las variedades regionales deberían ser registradas en diccionarios dialectales, que seleccionarían su nomenclatura contrastivamente, esto es, todos aquellos vocablos que se empleen en el país y que, además, no estén registrados en el diccionario general quedan automáticamente habilitados para ser incluidos en el registro regional o dialectal.

Este criterio presenta el problema de que, al tomar como referencia contrastiva un diccionario general que no es tal, tendrá que acoger palabras que, por diferentes razones diferentes de la diatopía, no han sido incluidas en el DRAE.

Así, en el Diccionario del español del Uruguay, se considera latrodectismo ‘afección provocada por la picadura de la araña viuda negra’ como voz uruguaya, con el único fundamento de que no figura en el DRAE/DLE, cuando en realidad se trata de un vocablo técnico de uso universal, que probablemente no aparece en el DRAE por pertenecer al dominio de la terminología.

El método contrastivo para la elaboración de diccionarios regionales del español fue cuestionado por Lara con base en tres argumentos fundamentales, que se resumen en el rechazo al carácter general que se atribuye al DRAE. Según él, esta conceptuación sirve para que las variedades locales se consideren desviaciones de una norma central naturalizada como general sin que se considere necesario fundamentar esta supuesta cualidad. Los motivos aducidos por Lara son los siguientes:

1) El carácter de generalidad atribuido al español peninsular, del que se deriva el juicio de marginalidad y desviación a propósito del resto del español; 2) el valor supremo de la unidad de la lengua apuntalado por los criterios de corrección emanados del español peninsular y 3) la autoridad prescriptiva de la Real Academia Española. Así pues, la llamada lexicografía «general» del español y su casi único representante, el DRAE, no están respaldados por una comprobación de la generalidad de los usos que recogen (ya que la base documental de su vocabulario no marcado es selectiva, literaria y geográficamente), sino en un juicio normativo sobre lo que es general en español apoyado en los valores ideológicos mencionados. Y los diccionarios diferenciales de regionalismos, o de otro tipo, lo son sólo bajo la idea ficticia de que el DRAE representa una generalidad basada en el cotejo de las diferentes hablas hispánicas.[12]

La diferenciación entre los conceptos de lexicografía diferencial, la de los diccionarios regionales, y lexicografía integral —representada en español hasta cierto momento solo por la RAE o por autores que abrevan en esa tradición— es obra del lexicógrafo alemán Günther Haensch, de la Universidad de Augsburgo, quien participó, junto con Reinhold Werner, en la dirección de cuatro diccionarios regionales americanos (que en un principio pretendió ser un proyecto más general, de americanismos), de Argentina, de Colombia, de Cuba y de Uruguay, publicados por el Instituto Caro y Cuervo, de Colombia.

Entre los parámetros de selección de la nomenclatura de estas obras se destaca el criterio diferencial, «según el cual se registran solo elementos léxicos que presenten algún rasgo diferenciador con respecto al español peninsular»[13]. Este criterio cuenta con el espaldarazo del filólogo, lexicógrafo y académico español Manuel Seco quien, en la Presentación del Nuevo diccionario de argentinismos de este proyecto, afirma que el español de España «es el único, dentro de la comunidad hispanohablante, que —mejor o peor— cuenta con una descripción extensa; y es, por añadidura, el único subsistema que puede servir de referencia externa a la vez para todos los estándares americanos»[14].

Los diccionarios integrales

La centralidad del DRAE desde una perspectiva de autoridad, caso único en las lenguas internacionales, y el cuestionamiento de numerosos lingüistas —entre los que mencionamos, además de Lara, a José Del Valle[15], a Juan Carlos Moreno Cabrera y a Silvia Senz[16]—a los sesgos ideológicos que se atribuyen las obras de la RAE en términos de sexismo, racismo, nacionalismo y catolicismo— han estimulado desde los últimos años del siglo xx el surgimiento de obras de nuevo tipo: los diccionarios integrales, adjudicando al predicado de esta combinación léxica rasgos semánticos diferentes de los que había tenido hasta entonces.

Se trata de diccionarios que, a diferencia de los de regionalismos, se proponen albergar en su macroestructura todo el léxico de un país, incluyendo no solo los vocablos locales, sino también palabras comunes a todos los hispanohablantes, como mesa, gato, puerta, aunque buscando ajustar de acuerdo al uso local acepciones, los matices semánticos y las combinaciones léxicas, escapando —y esto constituye un rasgo esencial— de la tradición centralista con sede en Madrid.

Esta nueva tradición lexicográfica hispanoamericana se inauguró en 2009 con la publicación de El gran diccionario de los argentinos (GDA),publicado en Buenos Aires por el grupo periodístico Clarín, recoge 50.000 elementos léxicos y 100.000 acepciones. La misma obra fue publicada posteriormente por la editorial Tinta Fresca, del mismo grupo, bajo el nombre Diccionario del español de los argentinos.

Este trabajo fue coordinado por el lingüista y lexicógrafo Federico Plager, al frente de un equipo de sesenta especialistas, a partir de un corpus de cuatro millones y medio de palabras extraídas de diversas fuentes orales y escritas.

En el prólogo de este diccionario, el actual presidente de la Academia Argentina de Letras (AAL), José Luis Moure, enumera y compara diversos vocablos del español rioplatense que no encuentran acogida en el DRAE, así como definiciones de este que no se entienden en el Río de la Plata, justificando así no solo esta obra sino los diversos diccionarios integrales que podrán ir surgiendo en el futuro en los países hispanohablantes.

Moure deja claro que el GDA no es un diccionario más hecho a partir del DRAE, sino una obra completamente nueva en todos sus componentes, atendiendo —tanto en lo que hace a la inclusión de palabras como en la información que se da sobre ellas—, a las realidades lingüísticas de nuestra comunidad, independientemente de que algunos de sus aspectos sean comunes con otras variedades y otros nos sean enteramente propios[17].

En la presentación, se precisa que el GDA «es un diccionario de lengua»[18] y, además, un diccionario integral y no uno contrastivo. Esto significa que no se trata de un diccionario de argentinismos. El lemario del Gran diccionario de los argentinos incorpora palabras que se usan en nuestra variedad, independientemente de que estas palabras o sus acepciones sean de uso común en todas las regiones en que se habla español (contracción, punible), de que se usen en América pero no en España (abicharse), de que sean compartidas solo con algunos países hispanohablantes (ablande, palta) o de que sean exclusivas de nuestro país (abrochadora, sopapa).

La publicación de estos diccionarios de nuevo tipo prosiguió en 2010, con la publicación por parte del Colegio de México, de la primera edición del Diccionario del español de México (DEM), elaborado bajo la dirección de Lara en una tarea que demandó 37 años. Se trata de una obra de 1700 páginas, editada en dos volúmenes, con la que se busca «devolver a los hispanohablantes mexicanos el vocabulario de su propia lengua, tal como se usa, para que lo conozcan y aprecien mejor»[19].

El director del DEM delimita la selección de la nomenclatura en la lengua estándar mexicana, de acuerdo con una teoría de la lengua que se basa en las enseñanzas del Círculo de Praga, entendiendo como tal «aquella que se utiliza en todo el país, en textos más escritos que hablados, y que se impone socialmente como modelo de corrección (al hablar de modelo de corrección me refiero exclusivamente a la corrección que tiene vigencia social, no a la que dicten unilateralmente las Academias u otros agentes lingüísticos)»[20].

En una conferencia que había pronunciado en Sevilla, durante la elaboración de esta obra, Lara adelantó, además, que se trataría del primer diccionario integral de la lengua española que se publicaba fuera de España y con base en una investigación original. La originalidad que el lingüista mexicano subrayó entonces fue que la obra se distinguía de los diccionarios regionales por el hecho de que registra toda la lengua hablada en México y no apenas aquellos lexemas que la diferencian del resto de la comunidad hispanohablante o de España. Según Lara, elaborar un diccionario integral de cada país hispanohablante sería más sencillo y más rápido para conocer el léxico general de nuestra lengua —nunca estudiado— que dejar esa tarea en manos de una única institución central.

Desde cierto punto de vista, puede decirse que los diccionarios integrales no constituyen ninguna novedad, puesto la tradición de la lexicografía monolingüe en español ha sido de obras integrales desde el Tesoro de la lengua castellana o española, de Covarrubias (1611). El aspecto novedoso de estos trabajos reside en que expresan la toma de conciencia de que el carácter policéntrico de la norma española debe reflejarse en la lexicografía hispanoamericana, mediante el registro integral de las variedades de los centros de irradiación, y, si fuera posible, de los veintiún países que comparten la lengua. Aun con el respeto que merece la secular tradición lexicográfica peninsular, la más antigua de Europa, es preciso advertir que nunca logró adquirir carácter general, un objetivo difícilmente alcanzable en una lengua de tal extensión diatópica.

Bibliografía

Aliaga Jiménez, José Luis. (2000) «El pensamiento lexicográfico de Luis Fernando Lara», en S. Ruhstaller y J. Prado Aragonés (eds.), Tendencias en la investigación lexicográfica del español. El diccionario como objeto de estudio lingüístico y didáctico, Huelva, Universidad de Huelva, pp. 247-257.

Del Valle, José. (2005): «La lengua, patria común: Política lingüística, política exterior y el postnacionalismo hispánico». En Wright, R. and M. Ricketts (eds.) Studies on IberoRomance Linguistics Dedicated to Ralph Penny, Newark [Delaware], Juan de la Cuesta Monographs (Estudios Lingüísticos N.º 7), 2005, pp. 391–416.

Haensch, Günther y Reinhold Werner (1993). Nuevo diccionario de argentinismos. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.

Lara, Luis Fernando (2011). «Pensar la lengua del siglo xxi». En revista Ñ, Clarín. Buenos Aires: Clarín.

— (2010, director). Diccionario del español de México. Ciudad de México: Colegio de México.

— (2012). «Diccionario de americanismos». En revista Panace@, Vol. xiii, no 36.

Martínez de Sousa, José (1995). Diccionario de lexicografía práctica. Barcelona: Bibliograf.

Moliner, María (1991 [1967]). Diccionario de uso del español. Madrid: Gredos.

Porto da Pena, José Álvaro (2002). Manual de técnica lexicográfica. Madrid: Arco/Libros.

Real Academia Española (2001). Diccionario de la lengua española. Madrid: Espasa.

Real Academia Española – Asociación de Academias de la Lengua Española (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Madrid: Santillana.

Rodríguez Barcia, Susana y M. del C. Méndez Santos (2011). La cultura panhispánica. En Félix San Vicente et al. (eds.). Ideolex. Estudios de lexicografía e ideología. Monza: Polimetrica.

Rodríguez Barcia, Susana (2008). La realidad relativa. Evolución ideológica en el trabajo lexicográfico de la Real Academia Española. Vigo: Universidad de Vigo.

Seco, Manuel. (2003). «El léxico hispanoamericano en los diccionarios de la Academia Española». En Manuel Seco Estudios de lexicografía española, Madrid: Gredos. 362-374.

Soca, Ricardo (2012). Asale: un departamento de la Real Academia Española. http://www.academia.edu/6866819/Asale_un_departamento _de_la_ Real_Academia_Espanola.



[1] Real Academia Española (2001: x).

[2] Lara (2011)

[3] En la lexicografía española, general equivale a usual, común, oficial, académico o vulgar (este último por oposición al de Autoridades [1726-1739]).

[4] Seco (2003)

[5] Del Valle y Stheeman (2004).

[6] Abc. http://www.abc.es/agencias/noticia.asp?noticia=1639383, consultado el 5/12/2014.

[7] Del Valle (2005)

[8] Soca, Ricardo (2012). Asale: un departamento de la Real Academia Española. http://www.academia.edu

[9] Lara (2012).

[10] Moliner (1991 [1967]).

[11] El concepto de «carácter prescriptivo» constituye una marca diferencial de la lexicografía española. En otras lenguas, los diccionarios suelen ser descriptivos a partir del siglo xx, quedando la prescripción restringida a los ámbitos institucionales.

[12] Aliaga (1998).

[13] Haensch-Werner (1993:xxi).

[14] Ibidem, pág. xi.

[15] Del Valle (2004).

[16] Silvia Senz (2011)

[17] El gran diccionario de los argentinos. (2009:vii)

[18] Es decir, que solo se ocupa de significantes y significados, sin ocuparse de los objetos del mundo.

[19] dem (2010:27).

[20] Lara [Sevilla] (1992).


Fuente: La página del Castellano

miércoles, 22 de abril de 2015

Pastillitas de saber: Feria Informática CeBIT

Resultado de imagen para cebitCon motivo de la inauguración durante el mes de marzo del corriente año, de la feria informática CeBIT, celebrada en Alemania, se ofrecen las siguientes claves de redacción:

1. La denominación oficial de la feria es CeBIT, solo con la vocal e en minúscula, grafía que se aconseja respetar —como ocurre con marcas comerciales como eDreams o iPod— por el valor informativo que aporta escribir BIT en mayúscula, pues remite inequívocamente al ámbito de la informática.
2. Como alternativa a CeBIT, cuyo desarrollo en alemán es Centrum der Büro-und Informationstechnik, puede hablarse del Salón de Tecnologías de la Información y la Comunicación.

3. Hannover, mejor que la adaptación Hanóver, es la grafía recomendada para referirse a la ciudad donde se desarrolla el CeBIT, de acuerdo con el Diccionario geográfico universal, de Guido Gómez de Silva.

4. El país invitado este año al CeBIT es China y una de las empresas que despierta más expectación es la multinacional Alibaba, cuya grafía adecuada es esa y no la forma con tilde (Alibabá) que se ve con alguna frecuencia en los medios.

5. Macrodatos o inteligencia de datos son alternativas en español a big data, expresión empleada para aludir a un conjunto de datos que, por su volumen y variedad y por la velocidad a la que deben procesarse, supera las capacidades de los sistemas informáticos habituales.

6. Computación en la nube es preferible a la expresión inglesa cloud computing: en lugar de «La compañía estará en Hannover del 10 al 14 de marzo para presentar su propuesta tecnológica y dar su visión de futuro sobre las tendencias más actuales, como inteligencia de datos, cloud computing, movilidad y sistemas colaborativos», habría sido preferible escribir «… inteligencia de datos, computación en la nube, movilidad…».

7. Inteligencia empresarial es una alternativa en español a business intelligence. Así, en frases como «La empresa presentará nuevas tecnologías que permiten llevar a cabo operaciones de business intelligence», se recomienda optar por «… operaciones de inteligencia empresarial». 

8. Se aconseja escribir empresa emergente, mejor que start-up: «Esta empresa emergente ofrece estos servicios en la casa del cliente o en la nube», mejor que «Esta start-up ofrece estos servicios en la casa del cliente o en la nube».

9. El prefijo ciber- y los adjetivos electrónico, móvil o virtual, según el caso, se presentan como alternativas válidas en español a los prefijos de origen inglés e- y m- (comercio móvil en lugar de e-commerce, administración electrónica por e-administración…).

10. El sustantivo muestra, pese a no estar recogido en los diccionarios académicos como sinónimo de feria o exposición, sí aparece registrado con este sentido en los principales diccionarios de uso, como el Clave o el Vox.     

sábado, 18 de abril de 2015

Chomsky en Buenos Aires

La Facultad de Filosofía y Letras invitó a la conferencia: "60 años de gramática generativa: pasado, presente y futuro de la teoría lingüística", a cargo del Prof. Noam Chomsky.

La conferencia giró en torno al tema del lenguaje, siendo este entendido, a partir de la gramática generativa, ya no como un constructo social sino como una propiedad biológica del ser humano, lo cual lo ubica ya no en la sociedad sino en uno mismo. Chomsky expresó que existe para el aprendizaje de cualquier lengua un "genoma universal que puede generar la gran diversidad que vemos" y aseguró que "todos hablamos un sólo lenguaje uniforme, con diferencias en las propiedades de sintaxis, formas y sonidos".
La charla se desarrolló en un clima ameno, en el que no faltaron las risas, como, por ejemplo cuando el profesor pidió "no ser colgado en la hoguera" porque "no es demostrable" la teoría que une al cerebro, el dote genético y el sistema auditivo a la hora de aprender un lenguaje.



El semiólogo y lingüista norteamericano, Noam Chomsky, afirmó que el aprendizaje del lenguaje es "genético" y se adquiere en forma espontánea, aseguró que el habla "no evolucionó desde hace más de 70 mil años" y pidió a "docentes, lingüistas y sociólogos abandonar las teorías evolucionistas, que están equivocadas", dijo.
Chomsky, que visitó en marzo la Argentina, fue convocado para el Foro Internacional por la Emancipación y la Igualdad, en tal ocasión fue ovacionado en una conferencia de una hora y media para estudiantes de la facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en la que aseguró que el lenguaje que se habla, se trate de cualquier lengua, "tiene una estructura genética, un nodo natural, los niños lo aprenden en forma espontánea", pero advirtió que aún es un "misterio" para la ciencia demostrarlo.

Por eso pidió, entre sonrisas, "no ser colgado en la hoguera" porque "no es demostrable" la teoría que une al cerebro, el dote genético y el sistema auditivo para aprender un lenguaje.

De inmediato, pidió a los especialistas que "abandonen esos supuestos que el lenguaje se adquiere y evolucionó, porque están totalmente equivocados y tienen que dejar esas teorías, como se abandonó la Edad Media".

"Nada puede ser adquirido si no fue universalizado, aprender a nadar o un lenguaje está fijado por la dote genética", dijo el lingüista en el Centro Cultural "Paco Urondo" de Filosofía y Letras, en el microcentro porteño, que sobrepasó su capacidad de gente.

PROFESOR HONORARIO

Previo a su disertación recibió el diploma de "Profesor Honorario" de la facultad de Filosofía y Letras de la UBA, de manos de la decana Graciela Morgade, quien destacó que con Chomsky "compartimos la visión contra la mercantilización de las universidades y de la educación".
El semiólogo, escritor y lingüista aseveró que "no se puede cambiar un embrión humano en un pájaro, la capacidad cognitiva tampoco lo puede hacer", respecto a la supuestas teorías de evolución del lenguaje.

Acerca de su tesis, existe para el aprendizaje de cualquier lengua un "genoma universal que puede generar la gran diversidad que vemos" y aseguró que "todos hablamos un solo lenguaje uniforme, con diferencias en las propiedades de sintaxis, formas y sonidos" y consideró que la ciencia respecto de la investigación del lenguaje "está en la Edad Media".

Chomsky ejemplificó en su disertación "60 años de gramática generativa: pasado, presente y futuro de la teoría lingüística", que "los niños adquieren el lenguaje sin tener datos previos, sin ningún tipo de información".

"A los 2 años de edad, un infante está aprendiendo una palabra nueva en cada hora que está despierto y es un gran logro adquirir una palabra, que hacen una cadena de significados, y frases que crecen mucho", destacó el notable visitante.

"Las capacidades cognitivas y lingüísticas son uniformes en todos los humanos y las diferencias son superficiales", distinguió el especialista.
Para sustentar su teoría, señaló el semiólogo  y lingüista que "no hubo ninguna evolución del lenguaje desde que el humano salió de África y muy poco antes, porque no había ningún lenguaje", aunque admitió que si hubo algún cambio en estos miles de años "son superficiales" y de tipo "genético".

Puso como ejemplo sobre la adquisición del lenguaje que "nuestros ancestros se trasladaban a distintas partes del mundo y aprendían la lengua" y dijo imaginar "un niño de 9 años de edad que no tiene ningún contacto con un humano lo traen a Buenos Aires desarrollará una lengua y tiene que ver con sus capacidades mentales".

"Las capacidades cognitivas y lingüísticas son uniformes en todos los humanos y las diferencias son superficiales", distinguió el especialista.

Para Chomsky nuestro sistema "sensorio motor que existe desde hace millones de años, siempre estuvo presente", y por ello explicó que "el lenguaje se presenta en el cerebro y hay evidencias de la genética".

jueves, 16 de abril de 2015

Diccionario de la Novela de Macedonio Fernández

Ricardo Piglia (ed.): Diccionario de la Novela de Macedionio Fernández. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2000.

Macedonio Fernández nació en Buenos Aires, el 1 de junio de 1874. Cursó estudios de Derecho en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Compañero y amigo íntimo del padre de Jorge Luis Borges, don Jorge Borges, compartió con él estudios de psicología; materia que Macedonio discutirá luego con William James a través de una correspondencia de largos años. Comenzó a escribir artículos para diarios y revistas en 1896, como El Progreso, El Tiempo y La montaña, donde comenzó a perfilarse como vanguardista. En 1920, a la muerte de su esposa Elena de Obieta, Macedonio abandonó su profesión de abogado y vivió con muy pocos recursos en la ciudad y en el campo. Publicó poemas y artículos en ediciones periodísticas de su época como la revista literaria Martín Fierro (primera época) y en Proa, que después reuniría en Papeles de Recienvenido (1929). Su primer libro No toda es vigilia la de los ojos abiertos -largo ensayo metafísico se publicó en 1928. En 1941 publicó en Chile Una novela que comienza. En 1947 deja de vivir en casas de pensión o de amigos para residir con su hijo Adolfo. Medita, escribe, toca la guitarra, oye música, es visitado por Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez y Luisa Sofovich. Murió el 10 de febrero de 1952. En 1974 comienza la edición de las Obras Completas (en 9 tomos a cargo de Ediciones Corregidor) y, a partir de ese momento, se sucede de modo paulatino un vigoroso reclamo de la crítica especializada y los amantes de la literatura, por la multiplicación universal de su obra. 

Nótese que en este libro Ricardo Piglia no es autor sino editor. Aunque su devoción por Macedonio es el origen de las reuniones en las que se idea este diccionario, las entradas del mismo llevan la firma de Beatriz M. Guerra, Patricia García, Mónica Bueno, Cristina Landa, Raquel L. Poblet, M. Alejandra Alí, Silvana Meta, Patricia Somoza, Alicia Allievi, Mónica Rossi, Elena Vinelli y el propio Macedonio Fernández. Los seminarios tuvieron lugar de 1995 a 1997 dentro del Proyecto de Investigación, Poéticas de la novela en América Latina, auspiciado por la Universidad de Buenos Aires.

Sabido es que Macedonio Fernández estuvo durante toda su vida escribiendo una sola novela, El Museo de la Novela de la Eterna. En ella expresa una nueva teoría del género que aspira a modificar la relación entre realidad y ficción. Según Macedonio, el lector ha de introducirse en la novela y la novela ha de convertirse en mundo más real que lo real. Para lograr su objetivo Macedonio reúne ciertas aportaciones estilísticas como el lector salteado, la distancia irónica, la postergación continuada, la supresión de argumento y personajes, el prólogo interminable, la categorización irracional… Todos estos recursos formaron luego parte importante de la obra de autores consagrados como Borges, Bioy o Cortázar.

Siendo un diccionario admite una lectura salteada al estilo de la propuesta por Macedonio. Es, además, un libro escrito por muchas manos, por lo que existen diferencias importantes en el tono de las entradas: unas oscilan más hacia la crítica literaria estrictamente escolástica mientras que otras buscan realmente aclarar y comunicar aspectos esenciales de la teoría novelística de Macedonio.

Como ejemplo del discurso crítico a evitar citaría este párrafo de la entrada Descripción:

Según Philippe Hamon, la descripción como procedimiento del discurso realista “está regida por las reglas del idiolecto textual”. Su estructuración de y en los prólogos corresponde a una reflexión del texto, a su carácter de novela “curiosa de sí misma” (Macedonio dixit). El rasgo de definición que le es atribuible permite enunciar la doctrina, en un gesto que devela los principios de su construcción en la prolongación de este espacio que precede a la novela, postergando la intriga*, a la que también reviste con sus formas. MAA. (p. 32)

Frente a esta forma solipsista de expresión existen otras entradas más interesantes e intersubjetivas. Así la entrada Abecedario, firmada por PS, parece un relato breve:

Principio regulador de Alphabeticus, personaje creado por Macedonio. Absurdo e imposible, Alphabeticus está hecho de letras, no tiene nombre y es mudo. Todos los sucesos de su historia se ordenan alfabéticamente, “es decir, en el más completo desorden”; por eso nace después de apedrear a su primer gato y contrae segundas nupcias antes de ser soltero. PS. (p. 11)

Las entradas Efecto y Recuerdo, también de PS, aclaran uno de los aspectos más conflictivos de la metafísica de Macedonio: su loco propósito de vencer a la muerte mediante la literatura.

Efecto (de desidentificación). Contra el efecto de alucinación o de creencia en el mundo representado que busca la literatura realista, la literatura de Macedonio persigue el “efecto de desidentificación”: marear al lector en su certidumbre de ser, desacomodarlo, conmoverle su mismidad, producirle una conmoción conciencial, un sofocón en su continuidad personal, para devolverle luego la certeza de ser, enriquecida y liberada del temor de no ser.
Trance místico o experiencia metafísica que permite que el lector se libere de la noción de muerte, este efecto de desidentificación es lo que define a la literatura, “el único que justificaría su existencia”. Nada más alejado de un arte que se conciba como consolación. PS. (p. 36)

Recuerdo. Resultado de traer a la memoria algo ausente, pasado o perdido. La palabra proviene del verbo latino recordare, que se forma con cor (corazón); etimológicamente, es el resultado de traer algo al corazón.
En Macedonio, el recuerdo está ligado con la ausencia, la falta, la pérdida de algo amado. Se recuerda lo que no está, lo ausente, amado y perdido. Para él, la ausencia es una figura o palabra clave equivalente a muerte (de quien se ama), principio y motor de su escritura; en su concepción, la única muerte que existe es el olvido. Escribir sería una manera de recordar, y el recuerdo, una forma de negar la muerte, un modo de la eternidad. Así, el recuerdo otorga a lo ausente, perdido, muerto, una existencia paradojal: la existencia de lo que no existe. PS. (p. 88)

En la entrada Biblioteca pueden comprobarse las abundantes lecturas filosóficas de Macedonio, que incluyen autores clásicos del idealismo como Berkeley, Kant o Schopenhauer. Es especialmente importante la influencia del autor de El mundo como Voluntad y Representación. Macedonio pretendió hacer realidad el ideal propuesto por Schopenhauer: abandonar el yo concreto determinado por el interés material y convertirse en sujeto puro del conocimiento a través del arte.

Entre las influencias literarias son muy sugerentes los parecidos con el autor del Tristram Shandy, Lawrence Sterne (1713-1768). Ambos utilizan abundantes recursos para introducir al lector en el funcionamiento de la máquina-novela.

Además de las influencias ya citadas en Borges, Cortázar o Bioy me gustaría resaltar una menos conocida. Es la relación entre el programa estético de Macedonio y una de mis novelas más queridas Si una noche de invierno un viajero… de Italo Calvino. La apelación continua al lector, la figura central de la lectora, la postergación continuada, el eterno prólogo… son temas comunes a Macedonio y Calvino como ya he insinuado en otro artículo. Pero creo que la categorización que hace Macedonio de los tipos de lectores está especialmente presente en el discurso de Calvino. Estos son algunos de los tipos de lector según Macedonio:

Lector accidentado: no suceda que “el lector, sorprendido por el límite-fin de la novela cuanto más disparado estaba su apasionado interés por la endiablada madeja de la obra, caiga desbocadamente de un lleno de novela a un vacío atencional”. Macedonio evita esta caída porque “prefiere ralentar tanto la narración cerca del final que […] el lector, concluirá la lectura suave, dormidamente”.
Lector alcanzado o de vidriera: lee, al menos, los títulos y las tapas. Es: “Lector de Tapa, Lector de Puerta-Lector Mínimo, o Lector No-conseguido, tropezará por fin aquí con el autor que lo tuvo en cuenta, con el autor de la tapa-libro, de los Títulos-Obra”. Por cada cien lectores de tapas, hay un lector de libros.
Lector artista: “El lector que no lee mi novela si primero no la sabe toda es mi lector, ése es artista […], sólo el que no busca una solución es el lector artista”.
Lector de desenlace: género de lector descartado: “el que busca leyendo la solución final, busca lo que el arte no debe dar, tiene un interés de lo vital, no un estado de la conciencia”.
Lector personaje: el lector que “por un instante” cree “él mismo no vivir”.
Lector salteado: es el lector sabio porque practica el “entreleer que es lo que más fuerte impresión labra” (y, según la teoría de Macedonio, los personajes y sucesos “hábilmente truncos son los que más quedan en la memoria”). Es el lector completo, que, sin saberlo, se vuelve lector seguido pues lee corrido esta literatura salteada “para mantener desunida la lectura” y seguir siendo lector salteado.
Lector seguido: “El que puede causar mi fracaso y despojarme de la celebridad”
Lector sofocado: al que, dos o tres veces, en cada libro, “he logrado” producir “un ‘sofocón’ en la certidumbre de continuidad personal, un resbalarse de sí mismo el lector”. Ese sofocón es un medio; “y como fin busco la liberación de la noción de muerte”. BMG (p. 58)

Para terminar, algunas sentencias sabias del autor de Museo de la Novela de la Eterna:

“La muerte no es […] sino una mesa eternamente concurrida y de la que se levanta uno y dice: yo me voy a dormir, eso es la muerte […]. Un dormir sin horario, no nocturno.” (p. 63)

“Casi siempre lo que se llama innovación consiste en ponerse todos de acuerdo para imitar a uno solo […]” (p. 73)

“La siempre inteligente y soñadora ciudad de Buenos Aires” (p. 21)

“El mundo y yo nacimos el 1º de junio de 1874″ (p. 107)

“¿Publicar? ¿Publicar cuando hasta los mejores publican 1071% veces más de lo que deberían publicar? Yo no tengo, ni deseo, tener sangre de estatua.” (p. 86)

Un libro imprescindible para adentrarse en la laberinto Macedonio.