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La era de la crónica

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Tras el protagonismo que la crónica obtuvo con el Nobel, 2016 augura una consolidación en América latina con Martín Caparrós a la cabeza


Poco a poco, la crónica se fue convirtiendo en un género cada vez más destacado y, ahora, 2016 podría ser su año de consolidación con colecciones publicadas por editoriales grandes y pequeñas y con un creciente lugar en revistas de toda América latina.

Al género ya se le han dedicado fundaciones, congresos, cursos y talleres. Cuenta con próceres locales y extranjeros: Tomás Eloy Martínez, Gabriel García Márquez, Gay Talese, Alma Guillermoprieto, Juan Villoro. E incluso mereció, el año pasado, un premio Nobel de Literatura, el de la autora de Voces de Chernóbil, Svletana Alexievich.

En la Argentina, la tradición se remonta casi a los inicios de la literatura nacional; las crónicas de viajeros, con Ulrico Schmidl a la cabeza, dieron el tono de un formato universal. Autores como Roberto J. Payró, Roberto Arlt, Sara Gallardo, o, más cerca en el tiempo, Hugo Beccacece, Leila Guerriero, Jorge Fernández Díaz, Flavio Lo Presti y María Moreno ensayaron y ensayan variantes del periodismo narrativo. Y por el apoyo de revistas como Gatopardo, Anfibia, Rolling Stone o Brando, el género se perfecciona y consolida en América latina.

En abril, Martín Caparrós publicará una suma de crónicas titulada lacrónica, nombre que combina lacónicamente un género en ascenso con el lenguaje del hashtag. Dice Caparrós: "Siempre me interesó, de lacrónica, su carácter marginal, cuestionador, político. Y es cierto que ahora veo de vez en cuando cierta tendencia a hacer del género un manierismo". Federico Bianchini, autor de Desafiar el cuerpo y editor de la revista digital Anfibia, coincide con Caparrós: "Muchas veces leo crónicas de gran encanto estilístico que carecen de información. O textos que tienen datos, pero les falta mirada de autor: lo que el escritor mexicano Juan Villoro llama la «centésima moneda». Aquello que distinguirá esa crónica de otras, que la hará única y diferente. Se suele pensar que lo fundamental es que el texto esté bien escrito. Como si el qué contar pasara a un segundo nivel y el cómo estuviera en un primerísimo primer plano".

Guerriero, autora de crónicas y maestra de cronistas, indica que para ella el florecimiento del género reside en el interés que la crónica despierta actualmente en las casas editoriales. Tusquets lleva adelante una colección de crónicas (que dirige la misma Guerriero), la Editorial Municipal de Rosario mantiene una hermosa colección; Penguin Random House, en varios de sus numerosos sellos, edita la obra de Joan Didion, Talese y Alexievich. Planeta hace lo suyo con Gabriela Saidon, Hugo Alconada Mon y Caparrós. "En la Argentina hay cronistas de primera línea", afirma Guerriero.

Para Javier Sinay, autor de Los crímenes de Moisés Ville y ganador en 2015 del premio García Márquez de periodismo por un texto publicado en la Rolling Stone local, opina que la calidad de la crónica se perfecciona gracias a la circulación que diarios, revistas y sellos editoriales le pueden brindar. "La crónica aporta todo lo que puede aportar una persona con ideas y ganas de contarle algo al mundo: contexto, sensibilidad, calidad, prosa, emoción, humanidad, presencia."

"El panorama de la crónica en la Argentina no es muy distinto del que existe en el resto de América latina -dice Josefina Licitra-. Muchos periodistas hacen apuestas personales, y ponen tiempo y energía en trabajos de largo aliento. Pero después sucede lo de siempre: los medios capaces de reconocer esa apuesta en términos económicos y de espacio físico dentro de sus grillas, son pocos. Observa, además, que la crónica se ha convertido en una curiosa máquina de jerarquizar periodistas: "No creo en ese escalafón. La crónica es, sobre todo, un ejercicio de espera en el que hay que estar alerta, rondando, al acecho, a veces por bastante tiempo. Mi recomendación es que aprendan a esperar. Y que lleguen a la crónica después de haber pasado por el abecé del periodismo. En definitiva, hay que tener un pasado. Y calle."

Juan Pablo Meneses fue uno de los pioneros en el rescate de la crónica como un modo original de pensar el mundo. El autor de La vida de una vaca ha publicado Una vuelta al tercer mundo, que reúne crónicas de viaje por diferentes regiones en busca de un imposible: el pensamiento global tercermundista. "El mayor lugar común de la crónica actual viene de fuera de ella -afirma-. La crítica de la crónica ha sido muy débil. No ha estado a la altura de esta irrupción. El crítico actual ha sido sorprendentemente conservador frente al género, y no ha podido diferenciar libros totalmente distintos. No vieron venir la crónica, y hoy sus críticas son a favor o en contra, pero pocas veces entran en la obra, su contenido, su estructura."

Mientras tanto, los cronistas investigan los pliegues de aquello que se llama "realidad" y, libretita o grabador en mano, narran el presente.

Cinco claves de un oficio

"La crónica es lo contrario de la noticia." (Guerriero)

"Los recursos retóricos no juntan polvo." (Bianchini)

Los clichés no son pecados prohibidos." (Sinay)

"No me gustan los narradores íntegros o en pose, no les creo." (Licitra)

"Soy enemigo «cronista miseria», que escribe con un ojo en la página y el otro en el premio desde el primer mundo por la caricatura de los pobres." (Meneses)


Fuente: Daniel Gigena

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