sábado, 30 de abril de 2016

Apropiaciones de la lengua española.

Resultado de imagen para borges¿Qué hablan los argentinos? Su idioma tiene un nombre, el castellano, pero no es igual al que se usa en otros países. Al igual que en otros países, al menos desde el surgimiento de los estados-nación, su lengua ha sido objeto de especulaciones, de debates, de regulaciones. Hasta de sospecha de inexistencia. Así lo denunciaba Borges, por ejemplo, en un texto temprano: algunos creerán que el idioma de los argentinos es un embeleco, un engaño que de ninguna realidad es sostén. El no era uno de los incrédulos, por supuesto, y apelaba, además de a la ironía, al corazón y a la esperanza para remediarlo. Ante todo, a la esperanza de la lengua literaria –y argentina– que él mismo planeaba inventar.

Eso que Borges ejercía en una conferencia de 1927 hoy es estudiado por la lingüística y ha adquirido, hace poco, su denominación técnica: glotopolítica. Al menos desde la Revolución Francesa, ese medio no único pero fundamental de comunicación se había convertido en un objeto de gobierno y de planificaciones. Pero hace algunos años la lingüística puso su atención en que esa no era la única forma ni de operar sobre la lengua ni de hacer política sobre ella. Las instancias de lo político eran múltiples, e iban de lo más normativo hasta lo más inofensivo al parecer: las ideas de los propios hablantes. En el caso del castellano, desde la tarea directiva, por ejemplo, de la Real Academia Española, hasta la convicción, casi cien años después de la proclama de Borges, de que aunque no se dude de la existencia del idioma de los argentinos, sí se lo condene. Porque puestos ante la pregunta ya no del qué hablan, sino de cómo lo hacen, la mayoría de ellos responderá: hablamos mal.

La primera apropiación de la lengua para cada hablante no tiene lugar en la casa, sino en la escuela, si es que por apropiación entendemos ser conscientes de nuestro instrumento, aprender a escribirlo y a conocerlo. Pero la escuela no está exenta de los tironeos de los diversos actores que, estudiados por la glotopolítica, afectan, condicionan y definen el idioma. Antes, su vehículo era la palabra del maestro y su figura de autoridad. Pero tal como lo muestra María López García en Nosotros, vosotros, ellos (Miño y Dávila), hoy esa figura ha quedado desplazada por los manuales escolares y su protagonismo. Y lo que nos enseñan, de ahí el notable descubrimiento del libro, es que nuestra lengua, el idioma de los argentinos, se define en los bordes y en la excepción. El voseo, por ejemplo, es presentado como un rasgo “exclusivo y apartado de las formas normales”.

Nada se dice de nuestro sistema de posesivos ni de nuestros modos de enfatizar (un rioplatense dirá “detrás mío” y dirá “está re-bueno”). El “vosotros” sigue consignado en todas las tablas, aunque lo utilice sólo el diez por ciento de los hablantes mundiales del español. Se crece en una lengua que es propia a medias, formalizada en una mezcla de directivas confusas y convivencia de paradigmas. El resultado no alienta a seguir estos pasos: “un hablante inseguro de su lengua y del uso que hace de ella”.


Oído en los arrabales

Si a principios del siglo XX en Buenos Aires el debate se daba entre la lengua del arrabal y un purismo lingüístico basado en una falsa imitación de la dicción de España, hoy la glotopolítica –que acaba de celebrar su primer Congreso Americano– indica que los actores han cambiado. Con la transformación de España y el enorme desarrollo literario de América Latina a lo largo del siglo, las instituciones clásicas de normativa se vieron obligadas a renovarse. La Real Academia Española ha dejado de fijar, limpiar y dar esplendor –como decía su blasón– a una lengua que se le escapa y se expande. El giro de la estrategia responde a un principio de realidad y a una necesidad económica, la de controlar el mercado del libro en lengua española mediante la industria editorial por un lado, y mediante la enseñanza internacional de la lengua por el otro, a través del Instituto Cervantes. El gobierno y las instituciones españolas depusieron las armas de la regla y levantaron las de la concordia: el castellano es ahora entendido como una “lengua de encuentro”, y este encuentro debe ser, ante todo, para ellos rentable.

La norma, entonces, queda velada en la cordialidad de lo vendible y lleva, cuando abandona el sello de la Península, el de la neutralidad. Desde la televisión hasta la literatura traducida en América, el “neutro” se ha vuelto preocupación de todo aquel que ponga en circulación contenidos en castellano. Es una nueva inquietud que ha adquirido el debate; nuestro borde ya no es ni el castizo ni el arrabal. Lo que nos amenaza es la neutralidad, que encarna una nueva discusión entre la lengua nacional, como identitaria, y el castellano como ilusión del intercambio irrestricto entre quienes lo hablen. El neutro resulta una forma –buena y mala– de globalizarnos. “La necesidad de homogeneizar es funcional al desempeño activo del mercado en la regulación de los medios de comunicación”, entiende López García. Pero también hay, detrás de la entelequia de un castellano neutro, la expresión de un miedo de los hablantes a quedar –la pesadilla del mundo de hoy– perorando a solas.

La historia de la lengua enseña que todos los idiomas tienden a la dialectización absoluta; es decir, que las fronteras naturales y políticas harán, tarde o temprano, que los que hablaban la misma lengua acaben a lo largo de los siglos por hacerlo en idiomas distintos. En el mientras tanto del castellano, usado en un vastísimo territorio por casi quinientos millones de personas, conviven el deseo clásico de la identidad como lengua de un estado-nación, en tanto espejo de los ciudadanos, y la voluntad de comunicación transnacional. Pero esta voluntad entraña, como muestra López García en el caso particular de los argentinos, la denegación de nuestra propia variante en su versión más triste: la de su desconocimiento. La glotopolítica ha enseñado que no toda la norma es la que se enuncia como tal; el poder simbólico de un agente de la lengua, aunque no se anuncie como regla, la estará estableciendo. Y en caso de ausencia de regulación del Estado, esa norma será impuesta por la industria editorial, por los medios, por la escuela a través del dominio del manual escolar.


Variedad rioplatense; habla coloquial

Este cambio está afectando también a los saberes lingüísticos. La antigua diferencia entre lengua (como ideal) y habla (como realidad cotidiana) que había instaurado el padre de la disciplina, el suizo Saussure, está en duda. El peso va cayendo hacia el habla, hacia el estudio del uso efectivo de una lengua en un territorio dado. Es decir, la descripción tiende a hacerse normativa. De ahí que Nosotros, vosotros, ellos cierre con una reparación: la tentativa de describir para la escuela –para ese maestro inseguro que confunde variedad rioplatense con habla coloquial– eso que es el idioma de una buena parte de los argentinos.

En su proclama de 1927, Borges mencionaba el léxico, la cadencia y la afectividad de la frase como características particulares de nuestra lengua. No mencionaba el voseo. Su literatura inventó una elegancia que, vista con atención, se propuso minimizarlo. Una lengua propia pero a medias. Que fuese una proclama da razón a las de hoy: la lengua es una disputa de muchos actores, que van de la maestra al poeta, pero no se resuelve con una fórmula. Lo propio está tan amenazado como atravesado y enriquecido por lo ajeno, y nada se dirime de una vez y para siempre. Pero esto no puede ocurrir a oscuras, esto hay que hacerlo visible.


Fuente: Mariana Dimopulos

miércoles, 27 de abril de 2016

El lenguaje activa las mismas zonas del cerebro en todos los idiomas

Una investigación internacional con individuos que hablaban español, chino, hebreo e inglés, en la que ha participado el Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL), sostiene que hay "un principio universal de organización cerebral".

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No es ningún secreto que idiomas como el inglés, el hebreo, el chino y el castellano se escriben, leen y hablan de formas muy dispares. Sin embargo, un equipo de investigadores internacional del Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL), la Universidad de Yale (Estados Unidos), la Universidad Hebrea de Jerusalén (Israel) y la Universidad Nacional Yang - Ming de Taipei (Taiwan), sostiene que en los cerebros de sus hablantes se activan áreas comunes tanto para descifrar lenguaje escrito como el oral. Un trabajo que ha sido publicado en "Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)".

En concreto, los datos de esta investigación sugieren "que se trata de un principio universal de organización cerebral", en palabras de Kepa Paz-Alonso, investigador del centro vasco y autor del estudio.

Se ha demostrado que tanto al leer como al escuchar palabras se activan áreas cerebrales comunes. Pese a que cuando leemos un texto o escuchamos una voz percibimos esos estímulos a través de sentidos distintos (la vista y el oído, respectivamente), hay zonas de nuestro cerebro que se activan cuando llevamos a cabo cualquiera de esas dos tareas.

Ese solapamiento entre las redes neuronales de lectura y comprensión de la lengua se ha observado en los cerebros de los hablantes de las cuatro lenguas analizadas, por lo cual los investigadores consideran que se trata de un principio universal.


84 voluntarios

Para llegar a estas conclusiones los investigadores han estudiado los cerebros de 84 voluntarios, 21 por idioma. Mientras se les hacía leer o escuchar diversas palabras, se analizó su actividad cerebral mediante una técnica conocida como resonancia magnética funcional, gracias a la cual se pueden observar las regiones cerebrales implicadas en una tarea determinada.

Como ha explicado el investigador Paz-Alonso, «escogimos unos idiomas tan diferentes entre sí porque de este modo podíamos observar mejor si la manera en que se lee, y se comprende el lenguaje oral en cada uno tiene más o menos similitudes en términos de las redes cerebrales encargadas de procesar esa información».

Este científico ha añadido que «dado que el español se lee igual que se escribe y en inglés o en hebreo no, se podría pensar que en un hablante de estas últimas lenguas se deberían activar redes cerebrales diferentes, y sin embargo no es así: se activan las mismas regiones en todos los idiomas, también en el chino, que sigue un sistema totalmente diferente».


Red neuronal

Los investigadores interpretan que el proceso natural del aprendizaje nos lleva a desarrollar, a partir de los primeros meses de vida, la red neuronal encargada de comprender el lenguaje oral, y que sobre ella se apoya la red que se ocupa de descifrar el lenguaje escrito cuando aprendemos a leer, hacia el final de la primera infancia.

El investigador español ha añadido que de esta forma, "se produce una convergencia entre ambas redes, ya que la red cerebral dedicada a la comprensión de la lengua hablada sirve como andamio para la lectura, dado que este fenómeno se ha observado en los hablantes de lenguas tan dispares como las citadas". En este sentido, en palabras de Paz-Alonso, se ha descubierto "un principio universal de organización cerebral del lenguaje".

A su juicio, todo «esto implica una cierta economía en la organización cerebral: seguramente sería poco eficiente tener dos sistemas de lenguaje totalmente separados o con poca convergencia entre sí para la comprensión y la lectura, especialmente cuando uno de ellos se ha desarrollado previamente».

A raíz de estos hallazgos, a los investigadores se les plantean nuevas cuestiones. Por ejemplo, si pese a que en los distintos idiomas se activan zonas cerebrales comunes, estas se comunican de manera similar o diferente, o en qué medida afecta a la capacidad de lectura la manera en que esté establecida la red cerebral dedicada a la comprensión, la cual se establece antes en el desarrollo del lenguaje.

 Fuente: ABC

domingo, 24 de abril de 2016

El idioma, un hecho político

VII Congreso de la Lengua. De manera inesperada, el evento académico se transformó en foro de discusión sobre soberanía lingüística.

Diplomacia. El rey de España, Felipe VI, inauguró el Congreso de la Lengua de Puerto Rico feliz de volver “a los Estados Unidos”.

Dizque por divisoria, dizque por desfasada, dizque por patriotera, algunos compatriotas menosprecian la palabra puertorriqueñidad, benigna después de todo. Nada más a lo que alude el Inca Garcilaso de la Vega cuando bautizó –va para 400 años–, el amor natural de patria”. El que exclamaba era el muy querido escritor puertorriqueño Luis Rafael Sánchez, autor de la novela ya clásica “La guaracha del Macho Camacho” y de tantos libros de relatos, en el discurso más aplaudido en la inauguración del VII Congreso Internacional de la Lengua Española que finaliza hoy sábado en San Juan de Puerto Rico. Ante los miembros del Instituto Cervantes y los de la Real Academia Española, Sánchez habló sobre “puertorriqueñidad”, esa palabra que define a quienes viven en la isla y fuera de ella, y que dijo no es aceptada por el Diccionario de la Real Academia Española, aunque sí lo es “argentinidad”. Y entonces miró con picardía al público, que lo abrazó con un aplauso fuerte.

La RAE recogió el guante y el miércoles puso en su versión digital la palabra solicitada, definida ahora como “calidad de lo que es privativo de la isla de Puerto Rico”. El Instituto de Cultura Puertorriqueño detalló que la RAE aclaró que “puertorriqueñidad” es un derivado correctamente formado para expresar lo equivalente a españolidad o argentinidad pero relativo a Puerto Rico, que, no obstante, no figuraba en el DRAE.

El detalle despierta sonrisas pero no todo es así de amable. Durante la inauguración, antes de comenzar a hablar el rey Felipe VI de España, un activista local pidió por la libertad de Oscar López Rivera, preso en una cárcel estadounidense acusado de intentar atentar contra el gobierno federal hace más de tres décadas.

El escritor Eduardo Lalo publicó una columna de opinión en el diario El Nuevo Día bajo el título “Actos de barbarie” donde manifestaba su fastidio porque el Rey había señalado que estaba contento de haber vuelto a los Estados Unidos... Lalo también recordó que Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, festejó el hecho de que el Congreso se hiciera por primera vez fuera de Iberoamérica... Lalo fue ovacionado en su presentación académica en el Congreso.

Del mismo modo, el escritor y periodista Héctor Feliciano –presidente de la Comisión Organizadora del Congreso– declaró ante medios españoles: “Aquí el idioma es un hecho político”. Y así los comentarios se multiplicaban en los pasillos del Congreso, que cuestionaban asuntos de soberanía lingüística y territorial.

Puerto Rico, paraíso turístico, posee el estatus de país bilingüe y tanto el inglés como el español son lenguas oficiales. El inglés se enseña como segunda lengua, aunque se ha estimado que sólo 10 a 20 por ciento de los isleños domina el inglés “muy bien”.

Un estudio de la Universidad de Puerto Rico sostuvo en 2009 que 9 de cada 10 residentes no hablan el inglés “en un nivel avanzado”. El censo de 2010 concluyó que el 95% de los residentes habla español en casa, y el 85% no habla el inglés “muy bien”.

Es también el territorio del boricua como gentilicio –popular– y como un lenguaje que oficia como jerga, lunfardo que le da identidad en tanto aporte singular de los habitantes de la isla.

Suena paradójico que aparezca permanentemente la mención al crecimiento del idioma español en los Estados Unidos en una isla que pertenece a esa jurisdicción. El periodista español Juan Luis Cebrián recordó un deseo del escritor mexicano Carlos Fuentes ante la expansión del español en los Estados Unidos: “que estábamos ante una revancha de la historia: una reconquista pacífica del territorio que le fuera arrebatado por las armas al país hermano no para hacerlo regresar a sus antiguas fronteras sino para ensanchar la patria universal del español”.

Estados Unidos no es un país que declare ser bilingüe y el hacerlo es una decisión política que difícilmente sea posible en el corto o mediano plazo. Y esto va más allá del crecimiento de la población de origen hispano.

En estos días cálidos que se vuelven muy calurosos rápidamente se distribuye en el Congreso Isla destinada , un libro de Juan Ramón Jiménez, el escritor español que vivió y murió en Puerto Rico en 1958. Dos años antes había ganado el Nobel de Literatura. “Algo de resurreccionista ha tenido siempre Puerto Rico para mí, y yo me siento unido a Puerto Rico en un destino común sin ser él, y por eso más fuerte todavía, tanto que yo siempre indeciso en mi lugar de muerte, quiero quedarme cuando mi muerte sea, muerto aquí”.

Fuente: Hector Pavon (Puerto Rico) para Revista Ñ

miércoles, 20 de abril de 2016

Uso de la mayúscula inicial en documentos administrativos y jurídicos

Resultado de imagen para mayusculaEl sector jurídico-administrativo es uno de los más perjudicados por el uso indebido de las mayúsculas. Así, con frecuencia podemos encontrarnos con textos invadidos por ellas, en los cuales no parece que se siga ninguna norma. Para facilitar su lectura, es necesario que estos textos guarden coherencia y se unifiquen criterios en cada documento.
El ortógrafo José Martínez de Sousa afirma en su Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas (2010, Ediciones Trea, p. 11), que «No hay unas reglas lo suficientemente extensas y claras para su aplicación, y cuando las hay deben tenerse en cuenta también las numerosas excepciones […]. El hecho de que la mayúscula sea de aplicación tan subjetiva hace que reducir su empleo a un conjunto de normas claras sea sumamente complejo e inseguro».

Partiendo de que en el ámbito de la ortografía el tratamiento de las mayúsculas es uno de los temas más complejos, este artículo se guiará por la normativa de la Ortografía de la lengua española de 2010 y el Diccionario de uso de las mayúsculas y minúsculas de Martínez de Sousa.

Derecho

Minúscula. Si se usa en general: derecho laboral; derecho internacional.

Mayúscula. En contextos académicos (nombres de asignaturas y materias de estudio, cátedras, facultades, etc.) o curriculares: Soy licenciado en Derecho; Facultad de Derecho; Derecho Francés y Extranjero.

Justicia

Minúscula. Si se usa genéricamente: la justicia penal; la justicia militar.

Mayúscula. Cuando forma parte del nombre propio de una entidad: Administración de Justicia; Ministerio de Justicia; Tribunal Europeo de Justicia.

Cuando es la forma abreviada de nombrar al Ministerio de Justicia o a la institución judicial: Justicia e Interior trabajan juntos; La Justicia española solicitó la extradición del traficante. 

Tribunal

Minúscula. Si se usa genéricamente: Tengo que acudir al tribunal médico.

Mayúscula. Cuando forma parte del nombre propio de una institución: Tribunal de Cuentas; Tribunal Supremo.

Corte

Algunos tribunales de justicia de América llaman Corte a lo que en España se denomina Tribunal. Por lo tanto, seguirá las mismas normas que Tribunal: la Corte Suprema.

Juzgado

Minúscula. Si se usa de modo genérico: El juzgado es aquel edificio.

Mayúscula. Si se aplica a un juzgado concreto: Juzgado de lo Penal; Juzgado de Primera Instancia.

Ministerio

Minúscula. Cuando se emplea como nombre común y no se refiere a una institución: Hablaremos cuando salga del ministerio.

Mayúscula. Cuando se refiere al departamento del gobierno: Ministerio de Hacienda.

Organismos públicos, instituciones, sociedades, asociaciones, departamentos

Mayúscula. Tomo el párrafo que nos ofrece la Ortografía de la lengua española de 2010 (Espasa, págs. 482 y 483):

Se escriben con mayúscula inicial todas las palabras significativas que componen la denominación completa de entidades, instituciones, organismos, departamentos o divisiones administrativas, unidades militares, partidos políticos, organizaciones, asociaciones, etc.: Cámara de los comunes, Ministerio de Sanidad y Consumo, Biblioteca Nacional, Real Academia de Bellas Artes, Instituto Caro y Cuervo, Universidad Nacional Autónoma de México, Federación Venezolana de Deportes Acuáticos, Facultad de Farmacia, Departamento de Recursos Humanos, Área de Gestión Administrativa, Partido Conservador, Grupo Parlamentario Socialista, Asociación de Amistad Hispano-Árabe.

Órganos de una sociedad: Consejo de Administración, Asamblea General, Junta General

Minúscula. Si se utiliza de modo genérico, fuera del ámbito empresarial: El consejo de administración en la sociedad actual; Se celebró una asamblea general; Se reunieron en una junta general.

Mayúscula. Cuando se usa dentro del ámbito empresarial: La decisión final recae en el Consejo de Administración; La Asamblea General de la Universidad de Salamanca; El presidente de la Junta General dio un discurso.

Nombres de títulos y cargos

Minúscula. Por razones de solemnidad y respeto, en textos jurídicos se tiende a escribir con mayúscula inicial los nombres de cargos o títulos de cierta relevancia, pero son nombres comunes que deben escribirse siempre con minúscula inicial, vayan solos o acompañando al nombre al que se refieren: presidente del Gobierno, jefe del Estado, ministra, delegado, director, rector, secretaria general, diputado, senador, consejera, concejal, juez, magistrado, alcalde, notario.

Mayúscula. Es obligatoria en las abreviaturas de los títulos o cargos, donde a menudo se olvida el punto abreviativo, la marca que señala que falta parte de la palabra: D./Dña. o D.ª (don/doña); Sr./Sra., también Sr.ª, S.ª (señor/señora); Pdte./Pdta. (presidente/a); S.ª (señoría); Ilmo./Ilma. (ilustrísimo/a); Mtro./Mtra. (ministro/a).

Leyes, códigos, decretos, tratados, convenciones, órdenes, declaraciones

Mayúscula. En todos los elementos significativos del título (sustantivos y adjetivos): Ley para la Ordenación General del Sistema Educativo; Código Civil; Real Decreto 122/1999; Tratado de Maastricht; Convención de Ginebra; Real Orden; Declaración Universal de los Derechos Humanos.

No obstante, cuando la descripción de la ley que constituye el título de esta es demasiado extensa, el uso de la mayúscula se limita al primer elemento:

Ley 17/2005, de 19 de julio, por la que se regula el permiso y la licencia de conducción por puntos y se modifica el texto articulado de la ley sobre tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial. (Ortografía de la lengua española, p. 491). 

Términos que se escriben enteramente en mayúsculas

Los verbos que expresan finalidad o introducen las partes esenciales de un documento: CERTIFICA, EXPONE, SOLICITA, CONSIDERANDO, DESESTIMAMOS. Esta mayúscula facilita la lectura del texto.
Los números ordinales que ordenan los Antecedentes o los Fundamentos:

Antecedentes

PRIMERO.- La parte dispositiva de la resolución…

SEGUNDO.- Contra la anterior resolución…

TERCERO.- En la tramitación del juicio…

Los términos en los que se cita breve y repetidamente a las partes intervinientes en un documento: La Universidad Autónoma de Barcelona, en adelante, la UNIVERSIDAD…; D. Álvaro López Sanz, en adelante, el DEMANDANTE…

En textos informativos, las oraciones que manifiestan el contenido principal del escrito: PROHIBIDO DEPOSITAR BASURAS EN TODO EL TÉRMINO MUNICIPAL.
Términos como aviso, nota, advertencia, etc., cuando introducen un texto de forma autónoma: AVISO: El pago de recibos se efectuará los lunes.


Conviene destacar que existe la falsa creencia de que la tilde en las mayúsculas no es obligatoria. Excepto las siglas, las mayúsculas siguen las normas de acentuación, por tanto, llevan tilde siempre que la palabra lo requiera.




Fuente: Artículo de Manuela Mangas Enrique, asesora lingüística y correctora ortotipográfica y de estilo de textos en español. Es miembro de UniCo (la Unión de Correctores) y autora del blog Con propósito de enmienda. 

domingo, 17 de abril de 2016

Pastillitas de saber

Resultado de imagen para peroUsos apropiados de la coma antes de pero

La palabra pero suele tener una coma antes y no después, aunque hay ciertos casos especiales que hay que tener en cuenta, tal como explica la Ortografía de las Academias de la Lengua.
Según se indica en esta obra, en la mayoría de los casos la conjunción pero va precedida de una coma, aunque no es raro que se omita indebidamente, como en «La carretera se cobra menos vidas pero se lleva a muchos jóvenes», frase en la que falta una coma tras «vidas».

Los casos especiales más importantes son los siguientes:

Cuando pero precede a una pregunta, no le sigue una coma; en este caso, la partícula puede ir dentro o fuera de las interrogaciones: «Pero ¿por qué Cubillas decidió trasladar los entrenamientos?» o bien «¿Pero por qué Cubillas…?».
Cuando se contraponen directamente dos palabras o expresiones que indican cualidades o características, se escribe sin comas: «La alianza suma 69 escaños, un escaso pero suficiente margen de diferencia», «El tránsito es lento pero sin interrupciones».
Cuando a pero le sigue un inciso, se escribe una coma después: «Esta iniciativa estaba planteada para diciembre, pero, dado lo positivo de los resultados, se decidió ampliarla a enero».

miércoles, 13 de abril de 2016

Pastillitas de saber

Resultado de imagen para conjuncion sinoUso de la coma antes de sino

La conjunción sino va precedida de coma en frases con valor adversativo, como en «El problema no son las crisis financieras en sí mismas, sino el aumento de la desigualdad económica».
Sin embargo, tal y como indica la Ortografía académica, existe una excepción a esta regla: cuando esta conjunción tiene un significado aproximado a más que, otra cosa que, salvo, excepto, aparte de, no se escribe coma antes de sino.

De este modo, en frases como «¿Quiénes son los responsables, sino los Gobiernos?», lo adecuado habría sido prescindir de la coma: «¿Quiénes son los responsables sino (más que) los Gobiernos?».


domingo, 10 de abril de 2016

Los tiempos de la narración

Resultado de imagen para tiempos de narracionEl espectro narrativo tiene numerosas aristas y coyunturas desde la que puede ser analizado un texto. Ya sea desde el tipo de narrador que usa, pasando por el tipo de lenguaje, el tema y hasta llegar a los tiempos de la narración. Como todos sabrán, narrar es el acto de contar algo; citando al DRAE, narrar es «contar, referir lo sucedido, o un hecho o una historia ficticios». Lo que, dicho en otras palabras, no es más que la necesidad humana de contar a sus compañeros algún hecho que, a diferencia de lo que diga la RAE, puede o no ser ficticio. Narrar va desde decirle a papá cómo nos caímos cuando teníamos tres años, hasta escribir un libro de gran extensión contando una historia épica de algún mundo lejano e imaginario.

Ahora bien, dentro de la narración como acto literario, nos encontramos con una amplia gama de aspectos que analizar y tomar en cuenta –como ya mencioné–, y uno de ellos vienen a ser los tiempos en la narración. ¿Qué es el tiempo narrativo? Sin ir demasiado lejos, el tiempo en una narración está determinado, a priori, por el tiempo verbal empleado y se divide en tres categorías: pasado - presente - futuro. Esos nombres son los más descriptivos, pero a lo largo de los años varios autores han propuesto otros nombres y una de las denominaciones más aceptadas son las usadas por Gérard Genette, que les llama narración ulterior, anterior, simultánea –análogas a los sustantivos que he utilizado respectivamente– y la simultánea.

Sin embargo, independientemente del término que se utilice, lo cierto es que un texto puede tener tres tipos diferentes de tiempos –que no son excluyen el uno al otro, puesto que se pueden combinar más de un tiempo en algún texto. Esto último, aunque no sea muy recomendado, resulta interesante para marcar con más énfasis algún paso del tiempo o jugar con la línea temporal, entre otros– y estos, a su vez, se corresponden al tiempo verbal pasado, presente y futuro.

Narración ulterior

Cuando en tu vida cotidiana le cuentas a alguien más alguna aventura o anécdota, ¿qué tiempo verbal sueles utilizar? Sí, todos aquellos tiempos que corresponden al pasado puesto que, en el mayor de lo casos, ya la anécdota habrá pasado y tú, como protagonista, necesitas dejar esa distancia temporal clara. Este tiempo verbal puede considerarse el más natural a la hora de contar alguna historia porque le da la sensación al lector de que el narrador está enterado, muy de antemano, de todo lo que va a suceder.

El siguiente extracto de «Cien años de soledad» de Gabriel García Márquez lo ejemplifica:

Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.
Como podrán apreciar, en la novela el tiempo verbal está en pasado («Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas»).

Narración anterior

Esta narración es la que ocurre en un tiempo verbal futuro y es la menos común de todas. Su nombre viene a que se supone que el narrador está en un espacio-tiempo anterior al momento en el que ocurre la historia y, por lo tanto, decide narrarla en futuro. Genette no brinda ningún ejemplo de alguna novela narrada en su totalidad de esta manera.

Abrirá los ojos y lo verá metido hasta lo más profundo de las entrañas de la casa, que se lo estará comiendo sin ninguna clase de apuro, sin ninguna clase de presión. Y luego morirá en un charco inagotable de sangre espesa y viscosa debajo de ella.

Narración simultánea

Corresponde al tiempo verbal presente y su nombre se debe a que la historia ocurre a medida que el narrador la cuenta. Les lauriers sont coupés (1886) se toma como la primera representante del tipo e cuestión. El siguiente extracto de «Todos mis sueños, tuyos», de Sofía Olguín, lo ejemplifica:

A veces me gustaría poder desconectarme. Tener un botoncito rojo en el cuello, como los robots en las películas, y poder apagarme: no escuchar nada, no sentir nada, no ver nada. Sí, Alexis... eso existe: se llama dormir. No. No se llama dormir. Se llama morir, que es apagarse para siempre.

Narración intercalada

Ésta, añadida por Genette, no se corresponde a priori con ningún tiempo verbal y se refiere a la, también llamada, narración epistolar. Es decir, a la narración se hace de manera fragmentada y se inserta en distintos momentos de la acción. Suelen ser textos en forma de diario o una novela epistolar (en donde uno o más personajes cuentan la historia a través de cartas que se envían los unos a los otros). Un ejemplo de esto es la novela «Las ventajas de ser un marginado», de Stephen Chbosky.



Dentro de la narración no es exclusivo utilizar un solo tipo. Y por esto mismo tampoco se les llama de acuerdo a los tiempos verbales que más utilizan puesto que, por ejemplo, en la narración simultánea se usan con frecuencia los tiempos verbales futuro y presente. Y cualquier tipo de narración puede tener, en algún punto, una narración intercalada compuesta por una carta que el narrador quiere que el lector lea en su totalidad, algún extracto de periódico o de libro, entre otros. Y, a pesar de que la unión reiterada y constante puede ser desaconsejada y, en algunos casos, mal vista, no hay ninguna regla escrita que prohíba la unión y utilización de tiempos verbales simultáneamente.


Fuente: Daniel J. Oropeza para La cueva del escritor.