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Diario de una escritora

Diario de una escritora recoge fragmentos de los escritos personales de Virginia Woolf, desde 1918 hasta 1941. Estos fragmentos fueron seleccionados por su marido, Leonard Woolf de los veintiséis volúmenes manuscritos que quedaron de ella tras su muerte. Como él mismo explica en el prólogo que escribió para acompañar la edición original, de 1953, su selección incluye sobre todo fragmentos que explican el arte narrativo de Virginia y sólo, excepcionalmente, algunas anotaciones en las que la autora comenta su vida y sus relaciones personales.

Ayer me pregunté qué será de estos diarios. Si muriese, ¿qué haría Leo con ellos? Se sentiría remiso a quemarlos; no podría publicarlos. Bueno, podría entresacar lo suficiente para hacer un libro, y quemar el resto. Me atrevería a decir que en este diario se contiene un librito, siempre y cuando se puliera un poco el texto.
                                                                                                                 Virginia Woolf


Más allá de una versión mutilada o censurada de los diarios íntimos de la escritora Viginia Woolf, los textos que forman este Diario de una escritora resultan imprescindibles para una comprensión del método e intención de la novelista inglesa. Dudas y temores, constancia y honestidad, compromiso y desánimo conforman estas páginas como diario íntimo. Nuestra suerte reside en encontrar del mismo modo, en la selección de Leonard Woolf, rastros y testimonios de las impresiones de la autora sobre la concepción de sus obras, sobre la trama y la forma, sobre la caracterización de sus personajes, sobre los avatares de la publicación, y, en definitiva, sobre las circunstancias del proceso creativo.

Las minuciosas descripciones de sus jornadas demuestran la concienzuda dedicación con la que la autora se entregaba a su profesión. Pero otro tipo de extractos nos ilumina con su destreza narrativa. Y es que Virginia aprovechaba las páginas de sus diarios para dejar volar su pluma sobre las líneas y ensayar su prosa más arriesgada. Pero estos diarios no sólo nos hablan de su propia escritura, sino también de la obra de quienes la rodeaban o de los clásicos que leía. La autora consignaba detalladamente sus impresiones acerca de muchísimos autores, los considerara brillantes o mediocres. Así, en voz baja, sin dogmatismos, la escuchamos confesar que Joyce no era del todo de su agrado, o su debilidad por Madame de La Fayette y los clásicos ingleses, incluyendo a su adorado Shakespeare. A través de estas páginas, sentimos a Virginia en carne y hueso, no sólo como consejera literaria, sino también como ser humano lúcido y consciente. Sus diarios desenmascaran la fragilidad de la escritora, una artista preocupada por la recepción de sus obras, por las críticas y las ventas. Pero también muestran su evolución, un camino hacia la madurez en que poco a poco vence sus inseguridades, aceptándose con entereza, sabiéndose una escritora honesta con su concepción de la literatura. 
En definitiva, el hecho de que Leonard Woolf sólo escogiera fragmentos de los diarios de Virginia que se refieren a su faceta de narradora no la encierra en una visión restrictiva sino todo lo contrario: los extractos nos demuestran que fue una escritora hasta la médula. Por eso, descubrirla como escritora es descubrir su esencia. Virginia Woolf dedicó su vida entera a la literatura, se aferró a ella, como a un bote de salvamento, consciente de que muchas otras mujeres no habían tenido esa oportunidad. La literatura fue la base sobre la que armó su vida, el apoyo en el que confió hasta su muerte. Seguramente, una elección inmejorable.


He leído cuidadosamente los veintiséis volúmenes del diario de Virginia Woolf, de los que he entresacado, para publicar en el presente volumen, prácticamente todo lo que hace referencia a la literatura de la propia Virginia Woolf. He incorporado también otros tres tipos de fragmentos. En la primera categoría se encuentran ciertos párrafos en los que Virginia Woolf evidentemente utiliza el diario como método para practicar o ensayar su arte literario. En la segunda, tenemos unos cuantos párrafos, pocos, que, a pesar de no guardar directa o indirecta relación con el arte literario de Virginia Woolf, he seleccionado debido a que dan al lector una idea de la forma en que ciertas escenas y ciertas personas, es decir la materia prima de su arte, impresionaban su mente. En tercer lugar, he incorporado párrafos en los que Virginia Woolf comenta los libros que estaba leyendo a la sazón. La presente obra arroja luz sobre las intenciones, finalidades y métodos de Virginia Woolf en cuanto a escritora. Ofrece un insólito cuadro psicológico de la producción artística, contemplada desde dentro.
                                                                                                     
  Leonard Woolf


Sobre la autora

Ensayista y novelista, Virginia Woolf nace en Londrés en 1882. Al morir su padre —Sir Leslie Stephen, hombre de letras—, se translada junto con su hermana Vanessa desde el elegante Kensington al más modesto barrio de Bloomsbury que ha dado nombre al brillante y reducido grupo de intelectuales que ro-dearon a las hermanas Stephen. En 1917 funda junto con su marido Leonard Woolf la editorial Hogarth Presss que edita a Katherine Mansfield, a T.S. Eliot, a Freud, y a novelistas franceses y rusos... El 28 de marzo de 1941, enferma de una depresión crónica, se suicida en las aguas del río Ouse. En veintiseis años de escritura había publicado importantes novelas como La señora Dalloway, Al faro, Orlando, Las olas, Los años o Entre actos. Inéditos quedaban ensayos, relatos, una abultada correspondencia y los 26 volúmenes de un diario íntimo, los diarios de sus 26 años de experiencia como escritora.



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