sábado, 28 de febrero de 2015

El chico del ataúd

Narrativa argentina. El tema del doble, los laberintos de la subjetividad y lo onírico pueblan el tercer libro de cuentos de Gustavo Di Pace.

Di Pace. Es autor de libros de cuentos, novela y ensayo.

¿Pueden entrecruzarse los sucesos de la vida real y los del mundo onírico? ¿Es posible vivir sin recuerdo ni registro de los sueños? Con estas preguntas juegan las historias de El chico del ataúd , tercer libro de cuentos de Gustavo Di Pace. Porque en estos relatos, el límite entre la llamada “realidad” y lo que los personajes nombran “lo otro” se vuelve al extremo borroso: los cuentos transcurren en un territorio que abarca no sólo el estado de vigilia, sino también el dormir y sus matices, la ensoñación. Y este territorio –que se extiende a la dimensión del misterio o lo sobrenatural– cuando la historia alcanza su desenlace, cobra valor de metáfora, redime, celebra.
En “El chico del ataúd”, cuento que da nombre al volumen, los escenarios de los sueños de dos amigos –una ciudad fantástica, Wilde– se revelan permeables a la visita del otro, posibles de ser compartidos. El duelo por la pérdida del padre, la nostalgia de un mundo donde se cumplen los deseos prohibidos o la madurez que conlleva la propia paternidad pueden suceder y hasta alcanzar su epifanía en esta imaginaria convivencia onírica.

Para el protagonista de Aquiles Manzi en busca de una pesadilla, quien no puede recordar lo que sueña, sin sueños no hay descanso. “Nada despejaba la molestia de sentirme siempre de este lado del mundo”, “Supe que necesitaba el sueño o, mejor dicho, la evocación de un sueño” se dice el personaje. Como si el desgaste vital se limpiara al acceder al contenido de los sueños; como si la capacidad de soñar le diera a la vida la necesaria levedad a la que se refiere Calvino en sus célebres propuestas.

La escritura de Di Pace sostiene la tensión, se caracteriza por el ritmo, la intensidad. Variaciones del tema del doble, distorsiones que acusan la relatividad del tiempo, laberintos de la subjetividad, aún en sus resonancias borgeanas adquieren una impronta personal.

En “Delfines del Plata”, los rumores acerca de una rebelión que se fragua en la clandestinidad de la jabonería de Vieytes son el indicio de que los protagonistas, uno español y otro mestizo, pueden estar inmersos en dos “realidades” diferentes. Así, hasta la verdad de los hechos de la historia argentina –relato al fin y al cabo– es puesta en cuestión.

El conjunto que integra El chico del ataúd convida al lector a zambullirse en la incertidumbre de la percepción, en los meandros de la conciencia. Con habilidad, los cuentos insisten en explorar las manifestaciones de lo real, logran asir sus pliegues inesperados y transforman historias tramadas en el devenir cotidiano para elevarlas al goce literario. Porque una vida sin misterio, parece querer decirnos el autor, una vida sin el aire de los sueños, acaso no merece ser vivida.

Fuente: María José Eyras

miércoles, 25 de febrero de 2015

Magali Le Huche, ilustradora de Princesas, dragones y otras ensaladas

Casualidad. Le Huche participó del Filbita y descubrió Buenos Aires, donde se conocieron sus padres.
Entrevista. Autora de libros para niños, la francesa Magali Le Huche propone historias sin estereotipos



"Para mí, la interacción entre texto e imágenes en un libro debe funcionar como –la escritora e ilustradora francesa Magali Le Huche hace un silencio, baja la mirada como quien busca algo muy adentro y suelta entre risas– una mayonesa. Creo que hay mucho de receta de cocina en este arte y el secreto es encontrar un buen menú: texto, imágenes, papel, tipografías, cubiertas...” Algo de eso hay porque sus libros son una verdadera delicia, historias que barren con todos los estereotipos e ilustraciones que comprometen al lector en una relación de complicidad, casi una forma de metalenguaje en el que la propia autora interroga a los personajes, los escenarios y hasta las tramas. Tanto Héctor, el hombre extraordinariamente fuerte, como Rosa-Luna y los lobos, –ambos editados por Adriana Hidalgo–, comienzan como cuentos clásicos: “En un país llano y ventoso, muy lejos de todo y en medio de ningún lugar, se encuentra el circo extraordinario”, y “Esta historia transcurre en el pueblo de los Nunca-Contentos, cuando la Luna aún no existía”, respectivamente. Sin embargo, nada en ellos se ajusta a estructuras seguras, sino que se afanan a la aventura, al riesgo y la libertad. Le Huche visitó Buenos Aires en ocasión del último Filbita y se reconoció emocionada al descubrir, por fin, la ciudad en la que sus padres, casualmente, se conocieron. “Escuché historias sobre ese encuentro durante toda mi infancia. Mi madre lo contaba de una manera muy novelesca y para mí Buenos Aires es, de alguna manera, el origen del amor”. La ilustradora de Princesas, dragones y otras ensaladas (Adriana Hidalgo) habló de su método creativo, de sus primera lecturas y del ejercicio de crear, sólo a veces, con su hija mayor Clara, de seis años, a quien definió como “una colaboradora nada fácil de convencer”.

–Una característica muy fuerte de su trabajo es esa aceitada articulación entre texto e imágenes, un diálogo en el que ambas partes tienen su peso.

–Me gusta dar sorpresas con la imagen, hacer algún tipo de guiño. Esa relación entre texto e imagen es la base del trabajo de mis libros, específicamente porque creo que el dibujo es una escritura. Es muy complejo hacer algo simple. Personalmente empiezo dibujando porque creo que es allí donde se hace el trabajo más potente de síntesis. Admiro mucho el trabajo del ilustrador Tomi Ungerer porque aborda temas complejos muy directamente, con rapidez. A veces es muy difícil que las imágenes digan algo que parece obvio, porque detrás de ello hay un ejercicio de síntesis muy potente. Al mismo tiempo, cuando las imágenes acompañan un texto debe poder alejarse de la ilustración al pie de la letra, deben poder enriquecer el relato, responderle al texto y permitir crear un juego constante de ida y vuelta. Eso es lo maravilloso de la infancia, que el niño tiene la posibilidad de navegar entre ambas lenguas, y con cada una apelar a diferentes sensibilidades.

Libro Princesas  Dragones Y Otras Ensaladas–¿Cómo opera eso en su proceso creativo?

–Yo necesito siempre el dibujo, porque al inicio tengo una idea que surge generalmente de un croquis y antes de entrar en la sinopsis o la escritura necesito hacer algo concreto con el dibujo, sin embargo las imágenes no están terminadas hasta que escribo la historia. Como sea, los dibujos me van acercando a los personajes, a los escenarios. Por ejemplo, en Rosa Luna al principio dibujaba muchos árboles, soñaba con dibujos de bosques, luego, en medio del bosque cayó el personaje de Rosa Luna y me empezó a cuestionar sobre qué podría pasarle a esa mujer en ese bosque. Allí tenía la punta del ovillo de la historia, así que empecé a escribir algunas cosas y a dibujar lobos. Como una especie de casting, a medida que voy avanzando en la historia, van apareciendo nuevas imágenes. Y luego llega un punto en el que tengo que hacer a un lado todos los dibujos para poder concentrarme en el sentido de la historia. Cuando tengo la sensación de que tengo algo que se sostiene, me pregunto qué pasa, cuál es el sentido y adónde estoy llevando a la gente que va a leer. Es un trabajo largo, no siempre que empiezo puedo terminar un libro, a veces los personajes me acompañan durante mucho tiempo. La primera vez que dibujé a Rosa Luna todavía estaba en la escuela de arte, y el libro apareció publicado recién en 2012. Como sea, la imagen es el soporte que me ayuda a escribir.

–¿Cuándo dice “esta historia está terminada”?

–Cuando el editor me obliga a entregarlo, sino siempre tengo dudas. De hecho, cuando recibo el libro impreso no lo puedo mirar, pasan varios días hasta que me puedo asomar a él. Pasado ese primer momento tengo necesidad de acompañar al libro a ferias, presentaciones, lecturas, como una forma de no soltar a los personajes, no dejarlos ir.

–¿Cómo representa a su lector?

–Siempre parto de una historia, y las ganas de contarla. No pienso en un lector determinado, sino en la historia, el personaje y cómo va a ir modelándose. Cuando ya tengo un universo. Una idea y un clima me siento a escribir y trato de llevar al lector por una trama, recién ahí me pregunto qué tipo de lector tengo, pero la mayor parte de las veces es el editor el que me lo pregunta y el que me fuerza a buscar un lector. Para mí es difícil determinarlo, porque tengo ganas de contar una historia para todos. Creo que no hay temas para niños, la estratificación del lector es una imposición de las editoriales más que una necesidad o inquietud de los autores. Naturalmente, mis dibujos y mi escritura se acercan a los niños, creo que porque la infancia resuena con fuerza en mí. Como escritora siempre tengo que precisar las edades a las que van dirigidos mis libros, pero yo creo que los buenos libros son buenos para todas las edades.

-¿Cuál era el lugar que ocupaban los libros en su casa paterna?

–Había muchos libros, mi papá era foniatra y trabajaba mucho con libros y con niños. Tenía muchos libros de literatura infantil en el consultorio, eran sus herramientas de trabajo. Me acuerdo que cuando iba a su consultorio, me fascinaba ver sus libros con anotaciones.

–¿Cómo fueron sus lecturas de infancia, su relación con los libros?

–Empecé a leer tarde, pero desde muy pequeña tenía mucha necesidad de imágenes. Cuando era pequeña los libros me daban tranquilidad, sobre todo las imágenes. Tengo recuerdos fuertes de deseos de evadirme en el universo de esas imágenes, como si fueran capaces de crear una vida paralela y sacarme de la real. Me gustaba mucho Max y los Maximonstruos de Maurice Sendak. Empecé a leer con Roald Dahl y también me gustaban las historietas. Recuerdo que de chica tenía pesadillas muy frecuentes, me daba mucho miedo despertarme en mitad de la noche y mi mamá siempre me decía: “Si te despertás con un mal sueño, prendé la luz y lee”. Así que los libros me protegían de la oscuridad, eran una suerte de protección contra los miedos de la noche. Mi hija ahora hace lo mismo, pone muchos libros alrededor de la cama.

Fuente: María Luján Picabea

sábado, 21 de febrero de 2015

Mi personaje favorito, de Jennifer Diggs

Recomendaciones de fin de semana

Un catorce de febrero de un año incierto, la magia comenzó a gestarse dentro de una señorial casona cercana a la estación Vicente López. Se asoma así entre nosotros una historia de amor inesperada que suspira altas dosis de entusiasmo y desilusión dentro del espacio de lo maravilloso.

Mi personaje favorito tiene la cualidad de ir desanudando una historia envolvente y acogedora como un largo abrazo, acaso podríamos decir que se trata de una novela de amor escrita en clave fantástica. La trama nos presenta a una heroína inexperta en las artes amatorias que obligada a causa de su profesión —Brenda Dikinson es escritora— a urdir una novela romántica, se encuentra ante el obstáculo de representar una experiencia que no ha conocido aún y, por ello, supone que tal vacío le traerá dificultades con la verosimilitud. Sin embargo, en el camino hacia esa composición irá construyendo también su propio destino para descubrir que sus deseos más profundos y contradicciones habrán contribuido, muy a su pesar, en la concepción de sus dos personajes principales.

Un texto dentro de otro, una ficción que se vuelve real y una realidad que se asemeja a una invención es el resultado de una imaginación frondosa y juvenil que recorre con mucha sensibilidad y humor una especie de educación sentimental donde el punto de partida y la cifra del mundo real se asientan en la propia escritura. 
Desde allí y solo desde allí, el universo tejido por Dikinson es posible, por ello, el lenguaje empleado tiene la idiosincrasia de lo literario en cada rincón del texto, y denota una clara influencia de los grandes clásicos del género (incluso se los nombra de manera explícita), por todo eso Mi personaje favorito se lee con creciente tensión e interés, producto de una estructura dramática que funciona de manera aceitada. 

El lector encontrará, además, algunas reflexiones sobre el amor y el desapego, las relaciones familiares y amorosas, el miedo a crecer, la imposición de los modelos sociales y los estereotipos que sobre la pareja, el hombre y la mujer pululan entre nosotros como imposiciones absurdas; una escritura que indaga mediante una perspectiva eminentemente femenina todos estos tópicos que discurren en el texto, valiéndose de un tono que por momentos recuerda la atmósfera y los escenarios (sobre todo la casa donde vive la protagonista) de las novelas de Austen, pero en la Argentina de las redes sociales y los reencuentros con excompañeros de estudio.

Dentro del espacio narrativo donde las peripecias románticas tienen un peso tan importante como la desilusión, un elemento fantástico irrumpe para instalar algo más que una historia de amor corriente, revelando situaciones casi cinematográficas que enderezan la trama con la verosímil naturalidad de lo imposible. 
Mi personaje favorito nos brinda una lectura ágil que podrá, sin dudas, ser atractiva para todos los lectores.

La autora

Jennifer Diggs es redactora especializada en textos literarios. En 2009 publica Copos de nieve en Buenos Aires. Cuentos nuevos para niños nuevos (Dunken), donde colabora con algunos relatos su abuelo, el escritor Pedro Vives Heredia. En el 2012 y en la misma editorial repetirán la experiencia con Encuentros y desencuentros con escritores, una recopilación de relatos y anécdotas sobre escritores y pensadores admirados por ambos. El año anterior sale a las librerías su primera  novela Suyana, boleto a las nubes (Dunken, 2011), finalmente, en octubre del 2014 llega Mi personaje favorito publicada también por Editorial Dunken.

Entrevista

Correctores en la Red.: ¿Cómo ha sido la experiencia de la gestación de este nuevo libro tuyo?

Jennifer DiggsMi personaje favorito nació como un talismán mágico para ayudarme. Quería darme la oportunidad de vivir el amor, aunque fuera solamente dentro del campo de mi imaginación. Por otro lado, mi mamá me pedía hacía un tiempo que le escribiera una novela para ella. Me pareció una experiencia divertida jugar con mis sueños, con el género romántico y con mis propias experiencias. Y la verdad, una vez que nació, fue creciendo y desarrollándose por sí mismo.



C: ¿Cuáles son tus influencias literarias? ¿Alguna de ellas incidieron en la escritura de esta novela?

J. D.: He leído de todo, pero tengo preferencia por la literatura británica. Mi mamá quería una novela romántica, he leído de ese género las novelas de Victoria Holt, a nuestra escritora Florencia Bonelli, a las Brönte, a Austen; leí obras como Lo que el viento se llevó o La guerra y la paz. Sabía bien lo que mi mamá quería, pero la pluma propone y los personajes disponen; creo que no era una novela romántica lo que Mi personaje favorito debía ser. Así que, supongo que no me influenciaron mucho. Tal vez me influenció más el cine, películas como las de Woody Allen; La rosa del Cairo, que la vi cuando era chica, o una en la que el escritor hablaba con los fantasmas de sus esposas.

C: ¿Hay mucho o poco de vos en Brenda Dikinson?

J. D.: Creo que hay algo de mí en cada personaje. Escribir es como jugar. De chica jugaba con mis amigas, yo inventaba la historia, yo hacía de mi personaje, le inventaba el diálogo que tenía que decir mi amiguita, luego hacía de la bruja, de los príncipes… Lo mismo hago cuando escribo, soy quien querría ser, quien soy y quien no soy. Soy escritora como Brenda, soy culposa como Brenda, quiero encontrar el amor, como Brenda, me gustaría ser más aventurera como Amanda y tener su éxito con los hombres.

C.: En tu novela, la libreta mágica de Brenda materializa todos sus deseos, desde artefactos cotidianos como el mobiliario y prendas de vestir hasta la invención del hombre perfecto. ¿Qué peligros o beneficios tendría esa libreta de existir en la realidad?

J.D.: Creo que el peligro de poder controlarlo todo es que eliminás la posibilidad de que la vida te sorprenda, y no hay nada más lindo que eso. El otro problema, es que en general no sabemos bien lo que realmente necesitamos.

C.: ¿Cuán mágica y sorprendente puede ser para vos la escritura como oficio y elección de vida?

J. D.: Yo vivo escribiendo, incluso cuando solo lo hago en mi mente. Creo que ser escritora no es mi profesión, sino parte de mi personalidad. Me define. Para mí la escritura es como la espada de Giman, es mi arma, mi escudo, mi refugio, ¡todo eso!

C.: En la novela irrumpe un elemento fantástico cuando Dikinson penetra en el mundo de su propia ficción: "Un libro sin final, nudo ni movimiento alguno" donde está "obligada a mirar", ¿cuánto de ello creés que sucede con el escritor que se enfrenta a la página en blanco?

J. D.: Bueno, yo no creo en eso de la página en blanco. Al menos a mí nunca me pasó eso de tener miedo a que no se me ocurra nada. Siempre tengo algo que quiero decir. Creo que ese momento de Brenda en la novela tiene más que ver con el miedo a la vida misma. Miedo a que nada suceda, a quedarse detenido en un estado depresivo. Experimentar momentos en los que te quedás quieta, ves la vida pasar y no tenés fuerzas para volver a ella. La página en blanco de la vida es la que me asusta.

C.: En un capítulo de la novela hay un mundo paralelo donde, insospechadamente, un personaje crea escenarios para su propio autor que no puede impedir someterse a sus caprichos. ¿Considerás esto una metáfora de la escritura o todo lo contrario?

J. D.: Sí, es una metáfora. Generalmente, nos sentimos dueños de nuestros propios actos y nos olvidamos que hay miles de otros poderes que están influenciando y dirigiendo nuestro destino. En la novela, este giro representa cómo a veces yo misma me he sentido presa de los caprichos de alguien superior.


C.: ¿Estás preparando algún libro en la actualidad?

J. D.: Sí, estoy trabajando con diferentes nuevas ideas. Pienso seguir experimentando con este cruce entre realidad y fantasía, y me propongo escribir una verdadera novela romántica en el futuro, una como la que quería mamá.

C.: ¿Cuál es tu personaje favorito de la literatura universal?

J. D.: Mi personaje favorito pienso que sería Jo, de Mujercitas, porque me sentía muy identificada de niña. La imagen de ella escribiendo en el ático puede haberme influenciado bastante en el deseo de ser una escritora.













miércoles, 18 de febrero de 2015

Orwell. Escritor en guerra.


Orwell. Escritor en guerra. Correspondencia y diarios (1937-1943). 
Traducción de Miguel Temprano Debate. Barcelona, 2014. 544 pp.

La izquierda radical nunca ha perdonado a George Orwell (seudónimo de Eric Blair), que descubrió en España la verdadera faz del comunismo y se atrevió a denunciar su carácter represivo, excluyente y ferozmente antidemocrático. La publicación en castellano de una selección de textos de su correspondencia y sus diarios en el período comprendido entre 1936 y 1943 nos permite corroborar una vez más la lucidez y el insobornable compromiso con la verdad de un escritor sin miedo a ser incómodo, heterodoxo o intempestivo. Orwell (Motihari, Raj británico, 1903 - Londres,1950) nunca fue un reaccionario. De hecho, jamás abandonó el terreno del socialismo democrático, denunciando las injusticias del capitalismo y la ignominia del imperialismo. Sin embargo, ser miliciano del POUM marcó su interpretación del hombre y la historia, pues le mostró que las checas de la retaguardia republicana eran tan inhumanas como cualquier mazmorra franquista. Su carácter inconformista siempre le mantuvo cerca de un anarquismo vital, no ideológico, que reflejaba su apego al individuo como piedra angular de una sociedad libre y abierta.


Paul Potts describió a Orwell como “un Quijote en bicicleta”. No es una mala definición para un idealista que apenas conoció el éxito, pues Rebelión en la Granja se publicó en 1945 y 1984 seis meses antes de su prematura muerte en 1950. Es inevitable pensar en Albert Camus, que también murió a una edad temprana, no sin protagonizar una sonada ruptura con el comunismo y sus mandarines. Ambos representan la conciencia intelectual en estado puro, que se caracteriza por un implacable espíritu autocrítico, lejos de cualquier forma de autocomplacencia. Orwell opinaba que no hay “dictaduras benévolas”, incluyendo la dictadura del proletariado, falsa utopía de la escatología marxista. Cuando los comunistas le acusaron de lacayo del capitalismo, Orwell respondió: “Si la gente piensa que estoy defendiendo el statu quo, ello es, según creo, porque se ha vuelto pesimista y cree que no hay alternativa más allá de la dictadura y el capitalismo de laissez-faire...”. Un obituario comparó a Orwell con el desconocido que se acerca en una estación para advertirnos que aguardamos al tren equivocado, obligándonos a replantearnos nuestro viaje.

Las cartas y los diarios aquí reunidos contienen la misma enseñanza, extremadamente necesaria en una época donde renacen y se propagan los radicalismos y los populismos por culpa de la crisis económica. Jennie Lee conoció a Orwell en la Barcelona de 1936. Le sedujo su idealismo, pues se había costeado el viaje desde Inglaterra y llevaba unas botas al hombro, consciente de que no encontraría su talla en España, pues medía más de un metro ochenta. A pesar de su beligerancia antifascista, Lee descubrió que su temperamento escondía grandes tensiones y paradojas: “Parte de su malestar se debía a que no solo era socialista sino profundamente liberal”.

El material reproducido en esta edición, que procede de A Life in Letters y Diaries (dos ediciones críticas de Peter Davison), incluye numerosas cartas de Eileen Blair, la primera mujer de Orwell. Eileen nos relata las penalidades económicas del matrimonio, los estragos de la tuberculosis contraída por Eric durante los años de vagabundeo por Londres y París, la estancia en Marruecos, con su clima seco y sus paisajes desolados, la lucha de Orwell por el reconocimiento, su talante ascético y su estricta honradez.

Las cartas y las anotaciones del escritor y periodista se caracterizan por su prosa nítida y precisa. Son textos que no se concibieron para su publicación, pero que contienen pasajes memorables: “Creo que hay que combatir por el socialismo y contra el fascismo, y me refiero a combatir físicamente, con las armas en la mano, aunque antes habrá que distinguir lo uno de lo otro”. Orwell nunca fue pacifista y jamás disimuló su escasa simpatía hacia Gandhi, al que consideraba providencial para los intereses del imperio británico, pues desactivó la insurgencia más agresiva. Es fácil caer en la tentación de darle la razón, pero Orwell no quiere acólitos, sino lectores, hombres y mujeres libres aficionados a cuestionar, debatir y disentir.

En 1941, Orwell empezó a trabajar para el Servicio Oriental de la BBC, desarrollando una actividad frenética. Su misión era captar apoyos para la causa aliada en la India, Indonesia y la Malasia ocupada. Uno de sus jefes escribe en un informe confidencial: “En otra época creo que lo habrían canonizado o quemado en la hoguera. Ambos destinos los habría sobrellevado con idénticos estoicismo y valor”. Algunas de las cartas de ese período, reflejan su exquisito sentido moral y su clarividencia. En una nota enviada al director de The Times, manifiesta su indignación ante la decisión de encadenar a los prisioneros alemanes: “Hay una profunda diferencia moral entre la democracia y el fascismo, pero si empezamos a regirnos por el principio de ojo por ojo y diente por diente, conseguiremos que se olvide dicha diferencia”. En otra carta anticipa la tesis central de 1984. El fascismo y el comunismo no son el único riesgo. El capitalismo se encamina hacia “un Estado esclavista centralizado gobernado por un pequeño grupo”, que alimentará “una especie de nacionalismo rabioso y un liderazgo mantenido por una guerra literalmente continua”. Se dijo que 1984 era una profecía fallida, pero la concentración de capital, el renacer del virus nacionalista y los 11 millones de muertos provocados por distintos conflictos entre 1945 y 2014 sugieren que no se hallaba tan desencaminado.

Son especialmente emotivas las entradas del Diario de guerra (1940-42). La oficina de alistamiento rechazó a Orwell por su salud, pero el escritor se incorporó a la simbólica e inoperante Home Guard. Aunque no hay confesiones íntimas, sí se expresan importantes rasgos de carácter: el aprecio por las armas y la camaradería masculina, un patriotismo que no excluye la antipatía hacia los impuestos, el horror ante el sufrimiento ajeno, el carácter efímero y falible del periodismo, un humor que no se deja abatir por la adversidad y una proverbial flema británica, que tal vez explica su reticencia a exteriorizar sus sentimientos.

Se puede cuestionar la selección de textos, que elude importantes acontecimientos vitales, como su segundo y efímero matrimonio, pero no minimizar la notable aportación de esta edición, que permitirá al lector conocer mejor a uno de los personajes más fascinantes de la historia reciente. Quizás la mejor cualidad de Orwell sea su “brutalidad intelectual”, aún intolerable para los que no han renunciado a la realización histórica de las grandes distopías del siglo XX. El nazismo carece de escasos valedores, pero el comunismo sigue disfrutando de una incomprensible benevolencia. “Las purgas rusas no me han cogido por sorpresa -señala-, porque siempre había tenido la sensación de que eran inherentes al dominio bolchevique”.

George Orwell consideraba que su misión era vapulear a los intelectuales con “una absoluta ignorancia de cómo son las cosas en realidad”. Su capacidad de molestar, irritar y encolerizar sobrevive intacta y es la mejor evidencia de su condición de clásico chisporroteante de vida e ingenio. 

Fuente: Rafael Narbona

sábado, 14 de febrero de 2015

Ello: una red social alternativa

Por: Ricardo Soca

Acabo de descubrir Ello, una red social alternativa, surgida hace algunas semanas en Estados Unidos como reacción al espíritu mercantil y a la estrategia invasiva de Facebook, aunque no se propone ganar dinero ni competir con la empresa de Mark Zuckerberg. ¿Cómo se financiará esta iniciativa? Bueno, inicialmente consiguieron contribuciones por 435.000 dólares, pero aseguran que en ningún caso venderán anuncios ni datos de los usuarios, como hace Facebook. A lo sumo, se ofrecerán algunos servicios especiales a usuarios con un costo de uno o dos dólares.
Esta noticia me llamó la atención porque hace poco tiempo cerré mi cuenta de Facebook. Me sentía abrumado por el gran número de "amigos" a quienes en su mayoría no conocía, así por la banalidad de algunos posts. Experimentaba asimismo recelo ante el manejo abusivo de los datos de cientos de millones de usuarios de esa red. Espero que Ello llegue como una brisa de aire fresco, libre de las trivialidades, los abusos y la cantidad de anuncios de Facebook.

Esta situación de las redes sociales, que inquieta a muchos, puede pavimentar el camino para el surgimiento de redes alternativas, sin fines de lucro, sin publicidad, como Ello (http://www.ello.co).  La nueva red había sido creada por un grupo de siete artistas gráficos y programadores como un servicio privado destinado a un conjunto limitado de personas, sin anuncios comerciales, con una interfaz sencilla y bonita, a fin de compartir creaciones y conectarse con amigos de todo el mundo.

Había sido pensada inicialmente para un grupo de noventa amigos, pero creció como una bola de nieve, a tal punto que en poco tiempo en poco tiempo sus servidores se atascaron ante la afluencia de nuevos entusiastas usuarios. Decidieron suspender temporariamente el proyecto y cambiar sus objetivos, a fin de poner a disposición del público una red de nuevo tipo, sin fines de lucro y sin anuncios comerciales. Actualmente, están recibiendo 50.000 mensajes por hora entre solicitudes de ingreso, consultas y comentarios de personas interesadas. Por ahora, Ello está en fase "beta", de modo que solo admite nuevos usuarios por invitación, pero es posible ponerse en la fila enviando una dirección de email a http://www.ello.co/request-an-invitation.  

Los creadores de Ello creen que todas las demás redes sociales son visualmente poco atractivas y están abarrotadas de material inútil, de posts triviales  y de anuncios comerciales.  Según ellos, esas redes convencionales han sido creadas según la conveniencia de los anunciantes, no de la gente. Cada movimiento de los usuarios de redes como Facebook es registrado automáticamente en archivos gigantescos y vendido para que otras empresas puedan poner anuncios con más eficiencia. 

Uno de los artífices de Ello, Paul Budnitz (foto), de Burlington, Vermont, comentó recientemente a la revista Forbes que, para él, Facebook no es en realidad una red social sino una plataforma de anuncios. "En Facebook, los usuarios son productos; quieren saber lo más posible sobre ellos para mostrarles propaganda", expresó.

Los fundadores de la nueva red aseguran que es posible llevar adelante una red social de una manera mejor de lo que se ha visto hasta ahora en la internet. "Creemos en la audacia, en la belleza, en la sencillez y en la transparencia", declaran. En su manifiesto, aseveran que la nueva red deberá ser "una herramienta para el empoderamiento, no para el engaño, la coerción, ni la manipulación", porque creen que "la gente que hace las cosas y la gente que las utiliza deberían ser socios". 

Mientras la suscripción no llega, es posible reservar un nombre de usuario enviando un mensaje a invitationreserved@ello.co, como ya hice con mi nombre de Twitter, @rrsoca, antes de que alguien me gane de mano.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Nuevo Diccionario Histórico del Español


El nuevo diccionario histórico del español, cuya primera muestra de consulta electrónica ya está disponible, permitirá conocer las palabras de esta lengua en todo sus ámbitos, ha informado hoy a Efe su coordinadora y profesora de la Universidad de Santiago de Compostela, Mar Campos.
Este es uno de los asuntos que aborda el VI Congreso Internacional de Lexicografía Hispánica, que reúne desde hoy y hasta el próximo día 12 en el monasterio riojano de San Millán de la Cogolla a más de un centenar de especialistas nacionales e internacionales en esta materia y que ha inaugurado el consejero de Cultura de La Rioja, Gonzalo Capellán.

Campos, quien ha pronunciado la conferencia inaugural del Congreso, titulada "Lexicografía del futuro para la lengua del pasado", ha destacado el alcance de este diccionario, que dirige el académico José Antonio Pascual, ya que no se publicará en papel, sino en formato electrónico.

Ha añadido que en agosto de 2013 se publicó la primera muestra de consulta de este diccionario y, en la actualidad, está en fase de revisión de artículos por parte de un equipo reducido de lexicógrafos, que cree que "está haciendo un trabajo realmente innovador porque no existe un diccionario de este tipo en el ámbito de la lexicografía histórica".

En su opinión, este nuevo instrumento permitirá contar con "un instrumento de conocimiento de la lengua española de primer orden", ya que "todas las lenguas europeas de cultura que se conocen, salvo el español, tienen un diccionario histórico, en el que se estudian las palabras en toda su extensión geográfica, temporal, etcétera".

Campos ha subrayado que el nuevo diccionario histórico del español es "imprescindible para conocer no solo la lengua del pasado, sino la del presente", ya que, a partir de todos los datos, se podrá entender mucho mejor, por ejemplo, qué significan las palabras y cómo se usan.

En su opinión, este nuevo diccionario permitirá tener recogido "el gran patrimonio léxico de la lengua española y, al ser electrónico, estar en vanguardia en lo que se está haciendo en lexicografía en el mundo".

Durante el congreso, los expertos debatirán la aplicación de la lingüística a la confección de diccionarios, ya sean monolingües, bilingües o plurilingües.

El Congreso está organizado por el Cento Internacional de Investigación de la Lengua Española (Cilengua), con sede en San Millán; y la Asociación Española de Estudios Lexicográficos (AELex), cuya finalidad es fomentar los estudios sobre diccionarios y repertorios léxicos y la elaboración de diccionarios.

La intención es facilitar el intercambio de ideas y de métodos lexicográficos y alentar nuevos proyectos lexicográficos, atendiendo a todas las lenguas y a todo tipo de diccionarios.

Acogerá trabajos que versan sobre la aplicación de los avances lingüísticos al ámbito lexicográfico organizados en las secciones de lexicografía histórica, semántica e historia de los conceptos y lingüística y diccionarios.



sábado, 7 de febrero de 2015

Sobre el origen supuesto de ciertas palabras comunes

Por: Alessandro Pucci

Soy un intenso defensor de los libros de carne y hueso pero,  cuando de esta clase de materiales vitales se trata, la democratización de la información que ofrece el medio digital por Internet es lo más cercano que el ser humano ha llegado a una verdadera torre de Babel.

Mar Campos, la coordinadora del Nuevo Diccionario Histórico del Español (NDHE), parece muy entusiasmada por los prospectos de esta nueva herramienta y, claro, no es para menos. Estoy de acuerdo con ella cuando dice que una herramienta tal es “imprescindible para conocer no solo la lengua del pasado, sino la del presente”, y añadiría yo que es imprescindible para comprender que el lenguaje es cosa viva y en constante evolución y acabar con el miedo que muchos le tienen y que resulta en un general desinterés por aprender a usarlo bien. Con una herramienta como el NDHE, tal vez antes de dogmatizar sobre él, intentar constreñirlo, controlarlo e imaginarlo exclusivo, se logre recordar que, además de inmensamente hermoso, el lenguaje es nuestro gran don de comunicación.

En el pasado ha habido ya dos intentos de construir un diccionario histórico. Entre 1933 y 1936 la Real Academia Española publicó un tratado de las palabras comprendidas entre la ay la combinación ce. Luego, entre 1960 y 1996 se publicaron los fascículos que iban desde laa hasta la palabra bajoca. A partir del 2013 se encuentra disponible en Internet una muestra de lo que es ciertamente una labor en curso y en sus primerísimas etapas pero que ya revela el cuidado y la profundidad que son de esperarse para que un NDHE sea lo que la lengua española merece.

Con el poco interés que la sociedad por lo regular le da a la lengua hoy, cualquier labor de esta índole, pesada y lenta, naturalmente, si se quiere hacer bien, lo es aún más, pues el dinero no suele estar del lado de tales iniciativas. Esperemos, sin embargo, tener tan hermosa herramienta a nuestra disposición más temprano que tarde. Por lo pronto, y hasta que el NDHE  esté abierto al público para corroborar o desmentir lo que sigue, aquí les dejo un pequeño puñado de resultados de mi propia y ampliamente ignorante búsqueda en la historia del español.

La idea detrás de este texto vino luego de una discusión respecto del origen de la palabra testimonio.No sin razones, la teoría expuesta era que esta deriva de testículo, pues en la época romana se usaba tocarse los testículos al momento de jurar y, entonces, el dar un testimonio era, en efecto, tocarse los testículos mientras se aseguraba la veracidad de eso que se decía. Pero a mí me parece esto improbable, aunque inmensamente divertido como tema de conversación en un cóctel.

Testimonio nos llega del latín testimonĭum y testículo, de testicŭlus. El significado de la raíz compartida testis difiere en un caso y en otro. Cicerón escribió al respecto en su Epistulae Ad Familiares: testes verbum honestissimum in iudicio, alio loco non nimis (testes  es palabra de buena reputación en un juicio; no tanto en otro lugar), pues testes, el plural de testis  significaba ya 'testigos' en un caso y 'testículos'en otro. De modo que incluso en los cócteles romanos se jugaba con esta ambigüedad oculta dentro de ambas palabras.

A esta altura surge la pregunta más evidente. ¿No es igualmente posible que fuera inversa la influencia? Testicŭlus es diminutivo de testis. De modo que los testículos bien podrían ser los 'pequeños testigos'. Evidentemente, esta explicación tiene también sentido. En un principio, fue esta mi reacción; mi hipótesis en aquel cóctel fue que la influencia era inversa.

Poniendo a prueba esta segunda posibilidad llegamos a la etimología de testis  por un lado, y testis  por el otro, y vemos que, a pesar de los paralelos aparentes, cada palabra bien podría tener un origen independiente y, por tanto, no existiría relación alguna sino en la superficie. En el segundo caso, testis  vendría de testuo 'vaso' (más tarde 'tiesto') y ahí, aparentemente, acaba o, en todo caso, se nos enfría la pista. Mientras tanto, el viaje que parte en testimonio  nos lleva mucho más lejos. Su testis pasa por teste  y enlaza testimonĭum  con  testamentum; en el osco, otra lengua itálica, la palabra tristamentud es el equivalente a la latina testamentum.  Aquí veríamos más claramente el vestigio del protoindoeuropeo, la lengua madre de todas las indoeuropeas (el osco, el latín, el griego, etc., y, finalmente, el español), en lo que sería un desarrollo de la construcción PIE de trei- y stā-: 'tres' y 'parar(se)', es decir, “pararse como tercero”.

De modo que aunque sea muy seductor decir en un cóctel que los Testamentos, el Antiguo y el Nuevo, provendrían, inicialmente, del acto de pellizcarse un testículo, debo preferir la explicación que nos lleva hasta el PIE, menos anecdótica pero más excitante.

Si de tener materia de conversación que nos refiera de vuelta al testículo se trata (esta vez cortesía de griegos y no romanos), en un cóctel se le puede preguntar a la gente si sabe de dónde proviene la palabra orquídea. 

La palabra  trabajo es una de las más utilizadas en el español. Tuve el presentimiento de que de algún tiempo para acá, seguramente entre los siglos XIX y XX, esta palabra habría acaparado la atención de la humanidad y que incluso se habría vuelto más popular que aquella otra palabra que supuse habría sido hasta entonces la más popular: Dios.

Otra herramienta muy instructiva en Internet y que felizmente ya está andando viento en popa, Google Books NgramViewer revela la popularidad de un conjunto definido de letras (una palabra, por ejemplo) en la suma de libros que Google ha logrado hasta el momento digitalizar y que abarca publicaciones desde el año 1.500. Ejecutando una búsqueda rápida con una serie de términos que juzgué de gran importancia para la humanidad (dinero, felicidad, amor, guerra, persona, enfermedad, etc.) y, desde luego, trabajo y Dios, corroboré ambos, el presentimiento y la suposición. Aproximadamente en 1896 la palabra trabajo realiza el milagro de sobrepasar a Dios  en popularidad y, mientras esta baja bastante más y se estanca, aquella continúa un crecimiento sostenido hasta hoy. Comprensiblemente, entonces guerra había alcanzado los niveles de popularidad de Dios  (incluso en ello podríamos explicarnos la tendencia en declive de una en función de lo que implica la popularidad de la otra), pero en 1903 trabajo la sobrepasa también. Y salvo por el período entre 1914 y 1920, en el que guerra comprensiblemente supera con un pequeño pico a trabajo, esta se mantiene en un crecimiento ininterrumpido que la aparta inalcanzablemente del resto.

La mayoría de los seres humanos, sin importar su lengua, utilizarán la palabra trabajo para hacer referencia a las actividades que ocupan sus días y que, a duras penas o con gran holgura, les aseguran la supervivencia; el resto, para congratularse de no necesitar usarla sino tangencialmente y en referencia a la vida de otros o a cómo ella no aplica a la suya. De esta mayoría trabajadora, la gran mayoría, a su vez, formula su propia definición de la palabra trabajo.  Lo interesante es que esta definición, connotativa e individual, no cae muy lejos de las que nos ofrece el DRAE. Pregunten al hombre y a la mujer de a pie con qué frecuencia encuentra que trabajo significa 'dificultad, impedimento o perjuicio'; con qué frecuencia, 'penalidad, molestia, tormento o suceso infeliz' (y hasta 1925 también 'prisión o galeras'); 'estrechez, miseria y pobreza o necesidad con que se pasa la vida'.

Otros ciudadanos de a pie, hace muchísimo tiempo, tuvieron la misma visión del trabajo y nos legaron lo que para ellos este representaba. Yo he corroborado hace mucho el posible origen de este término investigando y me encantaría conocer qué encuentran los del  NDHE,  que del tema sabrán mucho más que yo, cuando finalmente lo tengan completo, o al menos hayan llegado a la combinación tra de este nuevo intento por hacerlo.

En teoría, la palabra trabajo viene del latín tripalium.  El tripalium  era un instrumento de tortura conformado por tres palos, uno vertical y dos en aspa; el cuerpo del torturado era atado al aspa y se procedía a torturarlo de las maneras más creativas con el fin deseado.

Aunque existen diversas fuentes que apuntan a esta teoría, no es seguro que sea acertada. Como con todo, la verdad es más un campo de juegos. Y aunque mucha gente concederá que el trabajo es, en esencia, un suplicio, no necesariamente estarán de acuerdo con que el término venga literalmente del instrumento de tortura. Sin embargo, hay que aceptar que, provenga o no de él, la intención clara detrás de gran parte de sus acepciones es la de asegurar que el trabajo en sí es, en efecto, un instrumento de tortura.

Detesto ser quisquilloso o pedante, aunque seguramente lo soy, y mucho, pero he aquí el adjetivo bizarro, -a, que seguramente queremos creer nos viene del francés bizarre o por medio del préstamo inglés de este mismo bizarre, o directamente del origen italiano bizzarro, en cualquier caso cargando su significado, el más reciente, el de caprichoso, extravagante, fantástico, etc. Este es un ejemplo contemporáneo de la evolución de un significado por uso popular. Y, sin embargo, si consultamos el DRAE  veremos que la RAE solo acepta dos acepciones posibles: 'valiente' y 'generoso, lucido, espléndido'. Es más, la RAE nos amonesta de la siguiente manera: “Debe evitarse su empleo con el sentido de ‘raro o extravagante’, calco semántico censurable del francés o del inglés bizarre […] Tampoco debe emplearse bizarría con el sentido de ‘rareza o extravagancia’”.

Debo confesar que hubo un tiempo en que empleé el adjetivo bizarro de manera censurable y meritoria de una severa reprimenda de la RAE. Como también debo confesar que por un momento me creí la seriedad de esta amonestación y descontinué el mal empleo. Es evidente que aquí la RAE habla de chanza. Nos aclara que esta palabra, bizarro, viene de una palabra italiana que quiere decir “iracundo” y luego nos quiere hacer creer que en español significa cualquier cosa menos “iracundo” pero que, de ninguna manera, podrá significar “raro o extravagante”. ¡Pues, si es evidente que esta es una palabra comodín! ¡Puede significar lo que uno quiera que signifique!

Retomemos la seriedad por un momento. La RAE censura el calco semántico toda vez que este provenga del francés o del inglés pero se olvida que el italiano que nos parió la palabra, según confesión de la mismísima RAE, también carga con la misma definición que el francés y el inglés y que hace mucho ha abandonado también la definición que el español mantiene celosamente para sí como la única aceptable. Si investigamos la etimología de bizzarro  en el italiano nos dicen que “parece que el primer significado fue el que aún permanece en el español y el portugués (bizarro) de animoso, audaz, generoso, liberal (de ahí, probablemente, el nombre propio de Pizarro) […] Aquello, sin embargo, no armoniza con […] el significado hoy prevalente de caprichoso, extravagante, fantástico, extraño”. (Bonomi, Vocabolario Etimologico della Lingua Italiana.)

Lo que en última instancia nos demuestra lo reacio que es el español a cambiar incluso cuando el mundo y las palabras vivas fuera del diccionario andan cambiando y evolucionando a su alrededor. Bueno, no es el español el reacio, sino aquel tribunal de señores añosos que conforma la RAE como un cancerbero de cabezas de carrillos colgantes y que nos prohíben hacer como los franceses y decir bizarro cuando algo es raro y escribir cruasán de una manera menos cruel a los ojos.

Cualquier lista del origen considerable de las palabras podría extenderse de manera ilimitada. Como supongo que no muchos encuentran tal placer como yo en esta clase de cosas, no quisiera extender mi suerte más allá de lo que me permite un ensayo de talla promedio—la cual, me temo, he trasgredido ya con muy poca vergüenza, dándole placer a nadie más que a mí mismo al contar estas cosas. De modo que revisemos un caso más, ¿les parece?, y luego quedemos en continuarlo más adelante en nuestra relación, cuando ya nos conozcamos mucho mejor y ustedes hayan condescendido a perdonarme ciertas tonterías.

Hay dos clases de palabras que me alegran sobre otras: aquellas que entran en el vocablo cotidiano por medio de la literatura y aquellas que entran por medio de la cultura popular. (Siempre y cuando sean estas ingeniosas.)

En inglés existen muchas palabras acuñadas por escritores y que ahora son corrientes. Mi favorita: chortle, encendida en la mente singular de Lewis Carroll y puesta en función en el poema dentro de Through the Looking-Glass, and What Alice Found There. Chortle es una construcción de las palabras ya existentes  chuckle y snort  (risa ahogada y resoplido), de modo que podemos imaginar que  chortle es eso que ocurre cuando las mujeres entradas en carnes salen de misa y cuchichean las unas a las otras y explotan a intervalos por las pícaras confidencias oídas. Este solo poema ofrece al inglés tres nuevas palabras.

Shakespeare, por supuesto, fue el gran artífice de nuevas palabras para el inglés. Jugando con las palabras ya a mano, ordenándolas y apareándolas, y creando otras por completo nuevas, aportó más de 1.700 términos al léxico, algunos de los cuales han incluso goteado sobre español.

No obstante, el español es menos entusiasta de generalizar los buenos términos acuñados por los autores. Tal vez por eso que hablábamos cuando nos ocupaba el término  bizarro;  tal vez porque los señores del español no quieren que el que escribe piense que puede hacer lo que se le venga en gana con el lenguaje, que puede reconstruirlo y recrearlo y utilizarlo para mejor comunicar. Lo que está claro es que hay menos palabras en el diccionario español provenientes de la literatura que en otros diccionarios. Las pocas que hay suelen referenciar el texto para representar una cualidad genérica de él: quijotesco, donjuán, celestina, lazarillo, etc. Pero si el español no suele admitir nuevas palabras de la literatura es porque el hispanohablante tampoco suele adoptarlas en el uso cotidiano. El cancerbero tendrá sus garras firmemente clavadas sobre la lengua oficial pero ni siquiera la lengua vulgar admite penetración de la literatura. Me pregunto qué diferenciará al lector en español y a otros, al lector en inglés, a saber, de manera que la invención léxica en la literatura en español no llegue a desarrollarse y extenderse y convertirse en parte del habla común. Es más fácil para el hispanohablante admitir cotidianamente términos de otras lenguas que aceptar un nuevo invento propio de la lengua española.

En fin, para muestra, un botón. Hace unos días me hablaban respecto de alguno de estos últimos escándalos fotográficos que sufren las estrellas que tienen la mala pata de ser vistas siempre semidesnudas en playas europeas. Mencionaban la palabra  paparazzi y yo, que andaba ya tramando este rejunte que nos ha ocupado al menos unos largos minutos, me desvié del tema central que, evidentemente, en absoluto me interesaba y comencé a reconstruir en mi cabeza el origen de esta palabra.

Claramente una importación intacta del italiano, hay que ver que incluso en su lengua original la historia del término paparazzi  es bastante corta. El plural masculino regular en italiano acaba en  i, mientras que el singular masculino regular acaba en  o. De modo que paparazzi son varios paparazzo. Paparazzo era el apellido del fotógrafo que en La dolce vita trabajaba con Marcello Rubini (el personaje de Mastroiani) y que en una parte del filme toma fotografías no bienvenidas de un miembro de la familia real. Lo más interesante es que incluso el apellido Paparazzo, que luego nos llega pluralizado ya por el italiano y que se origina en un film, podría provenir antes de la literatura. Entre diversas anécdotas del origen, existe una contada por el guionista de Fellini en La dolce vita, Ennio Flaiano. Aparentemente, él y Fellini andaban buscando el nombre apropiado que diera vida al personaje y en el libro de narrativa de viaje que Fellini leía entonces, By the Ionian Sea: Notes of a Ramble in Southern Italy de George Gissing, Paparazzo era el apellido del respetable propietario de un hotel calabrés. Sobre esto Flaiano escribe algo muy bello en su libro La solitudine del sátiro: “[E]ncontramos un nombre prestigioso: ‘Paparazzo’. El fotógrafo se llamará Paparazzo. No sabrá nunca que lleva el nombre respetable de un hotelero calabrés, del cual Gessing habla con agradecimiento y admiración. Pero los nombres tienen su propio destino”.

¡Y qué destino! Sea cual fuera el origen primigenio, este término, paparazzi, usado invariablemente en plural fuera del italiano, estará siempre ligado a su propio destino funesto, pues fue a partir de la trágica muerte de la princesa Diana en 1997 que este se expandió por el mundo como un fuego silvestre, significando las vidas pesarosas de los ricos y famosos que ocupan siempre nuestros cuchicheos y nuestro sueños.


París, diciembre de 2014


Fuentes consultadas:

Bonomi, Francesco. Vocabolario Etimologico della Lingua Italiana. 16 dic. 2014.http://www.etimo.it/

Collins English Dictionary – Complete & Unabridged 10th Edition. HarperCollins Publishers. 16 dic. 2014. http://dictionary.reference.com/browse/testimony

Diccionario de la lengua española (DRAE). Real Academia Española. 16 dic. 2014.http://www.rae.es/

Dictionary.com Unabridged. Random House, Inc. 16 dic. 2014.http://dictionary.reference.com/

Flaiano, Ennio. La solitudine del sátiro. Milano: Adelphi, 1996, p. 244.

Indo-European Lexicon. Linguistics Research Center, The University of Textas at Austin. 16 dic. 2014. http://www.utexas.edu/cola/centers/lrc/ielex/PokornyMaster-X.html

Le Trésor de la langue française informatisé (TLFi). Analyse et Traitement Informatique de la Langue Française, Institut de Linguistique Française. 16 dic. 2014. http://atilf.atilf.fr/

Mapa de diccionarios. Instituto de Investigación Rafael Lapesa de la Real Academia Española (2013). 16 dic. 2014. http://web.frl.es/ntllet

Michel, Jean-Baptiste, Yuan Kui Shen, Aviva Presser Aiden, Adrian Veres, Matthew K. Gray, William Brockman, The Google Books Team, Joseph P. Pickett, Dale Hoiberg, Dan Clancy, Peter Norvig, Jon Orwant, Steven Pinker, Martin A. Nowak, and Erez Lieberman Aiden.Quantitative Analysis of Culture Using Millions of Digitized Books. Science (Published online ahead of print: 12/16/2010)

Nuevo diccionario histórico de la lengua española (NDHE). Instituto de Investigación Rafael Lapesa de la Real Academia Española (2013—). 16 dic. 2014. http://web.frl.es/DH

Olivetti, Enrico. Dizionario latino. 16 dic. 2014. http://www.dizionario-latino.com/