jueves, 31 de marzo de 2011

UMBERTO ECO ENTRE BORGES Y SHERLOCK HOLMES

El nombre de la rosa es una de las narrativas, y también una de las mayores intelectualidades narrativas, más meritorias y justamente famosas del pasado siglo. Fue el inicio ficcional del gran semiólogo italiano. Y en ella vemos dos corrientes canónicas en la polémica literaria intelectualizada: una la popularidad, otra la que se refiere a los ambientes cultos y áridamente letrados. Nos centraremos no tanto en el análisis de la novela, sino en las lecturas, en la receptoriedad de la misma y también desde lo más destacable de una sumarísima sociología autoral, desde el punto de vista de la erudición; nos centraremos, así, en los posibles tipos de sociedades intelectuales que se pueden ubicar y urdir en la revisión de la obra; y también sus plasmaciones personales, en cuanto a una Psique y ánimo narrativo: Borges, por ejemplo, y Conan Doyle y su Sherlock Holmes. Daremos cuenta tanto de los apocalípticos como de los integrados, o, más serenamente, de la erudición divulgativa y su contraparte de erudición difusora. En la difusión, pues, y sin mejoras de una legibilidad digamos que de a pie, o en divulgar, o sea, si bien no vulgarizar, no simplificar, sí hacer a lo erudito o saber social más sencillo, asequible y expositivamente amenizado.


Ambas posturas, ambas intenciones novelísticas que nos ocupan, provienen de un conocido esquema del semiólogo piamontés, acerca de los intelectuales y la cultura de masas: los apocalípticos y los integrados.

Los apocalípticos, según Eco, son los que rechazan como anticultura a la cultura de masas, los integrados los que la aceptan. Podemos ver, pues, al Apocalipsis intelectual, académico, como el academicismo cultista, como lo académico que el mismo Eco, en sus aspectos positivos, adopta en cuanto a una erudición o ciencia de más difícil legibilidad narrativa e intelectual, pero también de mayor y rica complejidad epistémica. Los integrados representan, si extrapolamos el concepto desde el análisis de la cultura de masas, la capacidad divulgativa; el lenguaje ficticio, pues, visto en su dote de significados culturales más sencillos y asibles para la receptividad literaria y cognoscitiva en general. Así, los dos núcleos intencionales de acervo sociológico, de sociología tanto lectora o receptiva como autoral, se encuentran en las páginas de El nombre de la rosa.
Recordemos, yendo a una breve revisión argumental, que en una abadía medieval se suceden varios asesinatos misteriosos, y un investigador, Guillermo de Baskerville- un detective, unSherlock Holmes del medioevo eclesiástico-, es el que se encarga de buscar al asesino, junto a la tan watsoniana simpleza de Adso, el encargado de registrar las aventuras intelectuales y activas de su maestro. Guillermo es alguien que lleva el conocimiento científico, incluso la criminología, a la Edad Media de la mano de la sofisticada ficción de Umberto Eco, y también una resignación o sugerencia atea, como emblema de algunos descreimientos notorios en el ambiente eclesiástico de entonces…

Lo popular, la inteligencia sagaz, se halla en las lógicas tan posmedievales de Guillermo; no obstante, ellas también se hunden en las raíces, antes que en la filosofía o en la filosofía teológica cristiana, de la ciencia o de la lógica rigurosa. La lógica sencilla, que Adso nos descifra, se puede encontrar, siempre en una lectura sobreyacente, en Guillermo de Baskerville. Así, la lógica divulgativa- los sherlockianismos de Umberto Eco en su novela- es un guiño al lector detectivesco, a la inteligencia práctica o, más bien, inteligencia de carácter abstracto practicada. Pero también hay una difusión, a veces mezclada con divulgación, del pensamiento más árido, letrado, culto y también cultista.

Y es que, entre el lenguaje tantas veces lógico de la conversación de Guillermo, y con la descripción de Adso, encontramos sutilezas y subyacencias que requieren nombres propios famosos en los círculos áulicos del academicismo, como Aristóteles; pero la emoción de la lógica práctica, o de la practicidad de la lógica holmesiana de Guillermo, en claro homenaje a la pluma jovial de Conan Doyle, se halla en una especie de dialogía híbrida con la complejidad expositiva de los pensamientos filosóficos, sociales e incluso científicos, cuya aridez está simulada hábilmente por recursos de amena retoricidad, por una mayor pausa y lentitud verbal ante, valga el ejemplo, la prontitud lacónica de Jorge Luis Borges. Aristóteles, por ejemplo, para lujuria del Apocalipsis según Eco, y Sherlock Holmes, en honor de la integración, están mezclados en El nombre de la rosa. El pensamiento abstracto, pues, y el pensamiento abstracto aplicado a la realidad —o, más bien, aplicado a una realidad emotiva y novelesca— se hallan, lo dijimos, en la doble faz del pensamiento y del pensamiento escritural del autor piamontés: los apocalípticos y los integrados.

Es conocida la doblez que analiza y ejerce Eco acerca de la intelectualidad y la cultura. Pues en Umberto Eco, en su labor ficticia, narrativa, se percibe, en conciencia o inconciencia, un apoyo o simpatía por las dos vertientes extrapoladas del ámbito de la crítica de la cultura de masas. En la integridad, en el integracionismo cultural que hace referencia, por ejemplo, a Conan Doyle y al detectivismo literario, Eco se muestra decididamente patente, visible, asible por una lectura más o menos de superficie; pero también- sondeando no sabemos si la intención, pero sí el efecto apocalíptico en la novela- muestra, amén de toda fineza verbal y conceptual de la novela de un intelectual, e incluso de la intención intelectual de la novela y de la narrativa en general, muestra, pues, su decantación y filia por el borgeanismo; el afán, por ejemplo, de la biblioteca como lugar trascendente, como un ánima propia, diferente de lo cósico: el libro, en fin, y cuya gravidez, cuya sensualidad casi antrópica o espiritual tangibilidad plasma los conocimientos en la biblioteca monjil. Eco adopta en la difusión- ya que no tanto divulgación- borgeana conceptos filosóficos, conceptos de ciencia o de la mayor especificada tarea lógico-científica; propicia, ésta última, para los razonamientos, para el novelístico Órganum, digamos, de Guillermo de Baskerville.

Ante la microscopía borgeana, ante la altura cuentística del maestro porteño y sus condensaciones cultas y cultistas, cuya explícita sucintez ha hecho escuela en la lengua y en los conceptos castellanos, Eco adopta mayor holgura narrativa, ficccional, pero también de referencia epistémica, de memoria científica, social o cultural en general.

Las dos vertientes de la apuesta del semiólogo, su doblez en el análisis de la sociedad intelectual, se ilustran, pues, en su novela más famosa; en vista de ello, debemos apostar por un cierto optimismo y optimización en el lector, en el consumo textual de Eco, lo mismo que en el de Borges. Es decir, en la confianza autoral sobre la capacidad o bagaje cultural de los receptores verbales. Alguno podría hablar de soberbia, de holganza deliberadamente poco legible, incitadora de una enigmática pero poco epistémica admiración; pero la parte académica de Eco patentiza la inteligencia lectora, la parte de destreza receptoria en la novela en su faz borgeana, en la referencia a Borges; es una recepción y una escritura, en dicho caso, de tendencia apocalíptica, en el sentido de estar un tanto alejada de las inteligencias o comprensiones ortodoxas; en cambio, las partes de algidez en la estructuración del misterio narrativo, o los hábiles diálogos de bagaje lógico, detectivesco, holmesiano, son integradas: tenemos allí al intelectual en comunicación con el pueblo, o al menos con el pueblo lector.

Umberto Eco, en su facultad y praxis novelística, no es tan taciturno como el cuento borgeano, lo que permite una mayor explicitud, una mayor capacidad amenizadora, más lugar para la aclaración, para diferentes recursos retóricos que clarifiquen los diversos saberes, sean sugeridos o patentes. La macroscopía novelística del autor italiano ante la microscopía del cuento del autor porteño; la lógica de a pie, si seguimos una lectura más literal, la dialogía holmesiana entre Adso y Guillermo, con la misteriosa estructuración formal, de armazón verbal y de concepto de la acción argumental, ante las sutilezas escolásticas y las clarividencias del método científico en el propio Guillermo de Baskerville.

En efecto, la conceptuación de la acción, la inteligencia, la intelectualidad aventurera, digamos, se conjuga con la inteligencia y también las lecturas más adeptas a los apocalípticos. La recepción y producción apocalíptica en Eco, entonces, es posible en El nombre de la rosa: la filosofía, los anuncios de la ciencia experimental y racional en Guillermo son, más que nada, cultismos; la recepción integrada, acaso lo culto, se halla en los pasajes que más divulgan, con una elongación narrativa; sin dejar de lado, en fin, a lo académico literario, apto para los diversos recursos del retoricismo clarificador.

La academia, pues, puede divulgar por medio de Umberto Eco; y el Apocalipsis intelectual y cultural en general se integra con el lector más o menos instruido: integración realizada mediante, por ejemplo, las aventuras históricas, con un aire a lo Walter Scott que se extrapola desde las turbulencias y lizas y caballerosidades británicas y pasa a los scriptoria noritalianos. La aventura intelectual, pues, la aventura de los integrados, se percibe en Eco; pero el Apocalipsis de la cultura también se puede sondear en la novela, aunque hábilmente velado…

Quien quiera leer que lea, pero quien quiera entender- entender de verdad- que se integre, que deje el Apocalipsis a las subyacencias y disfrute de las sobreyacencias, de las patentizaciones no de una lógica, de un Órganum holmesiano, sino de una lógica de a pie, de una lógica, en literatura de criollo, de fierro; y de una aventura integrada o integracional de la inteligencia, de la cultura, de los libros que pueden sentirse en su grávida humanidad, en su antrópica animación, en supasionalidad y personalidad casi orgánica…

La aventura, en suma, de un Jorge Luis Borges o un Jorge de Burgos, ambos encerrados en esa abadía que la buena fama legó al siglo XX; y ambos, como realidad y como ficción, son evocados como un homenaje franco y acaso emotivo, así como también humilde, pupilar.

Y, además, con la disciplina propia de un buen alumno…

Fuente: Daniel Alejandro Gómez


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El nombre de la rosa o la lujuria del saber


De todos es sabido el extraordinario éxito y difusión que ha alcanzado la novela El nombre de la rosa de Umberto Eco. Pero también es notorio que no es una novela fácil y que requiere (supuestamente) una sólida cultura medieval, además de plantear una serie de interrogantes que el lector normalmente no puede contestar por sí mismo. El interés que despertó la novela y la necesidad de satisfacer esos interrogantes del público motivaron la publicación de las Apostillas a «El nombre de la rosa», de Umberto Eco A decir verdad estas aclaraciones satisfacen algunos aspectos de la curiosidad del lector, pero dejan en la oscuridad otros y, a su vez, suscitan problemas literarios de gran trascendencia.
La novela tiene como característica llamativa su ambientación medieval, siglo XIV, y su circunscripción a un monasterio, lo que implica la reconstrucción de ese mundo medieval, de la manera de sentir y pensar de sus hombres y, además, una técnica literaria apropiada para montar ese mundo en forma de novela. En esta perspectiva parece natural que un filólogo interesado por el mundo medieval caiga en la tentación de confrontar sus datos —al menos en los aspectos más significativos— con el mundo que presenta esta novela. Sin embargo, esta primera confrontación conduce inevitablemente a otras cuestiones más complejas como las fuentes del autor, la técnica de inserción de largos monólogos o disputas teóricas en la trama argumental, etc., e incluso lleva a preguntarse sobre el público, el lector de una novela como ésta.

ARGUMENTO
La novela tiene como cañamazo un argumento policíaco: Adso de Melk, monje benedictino, cuenta de viejo los recuerdos de su estancia temporal(noviembre de 1327) en una abadía benedictina, situada en un lugar impreciso de los Apeninos, acompañando al franciscano Guillermo de Baskerville. Este fraile, sagaz y observador, es encargado por el abad de esclarecer una serie de asesinatos que en aquellos días acaecen en la abadía, relacionados con la rica biblioteca del monasterio.
En este argumento tan singular es llamativo el motivo del asesinato: evitar que se conociese y difundiese la parte, perdida hasta hoy, de la Poética de Aristóteles que habla de la comedia y de la risa. En efecto, según el asesino, en esta parte de la Poética (que se conserva en la abadía) la risa se eleva a la categoría de arte y esto llevaría a la liberación del miedo a la muerte, del miedo al diablo y del miedo a Dios. El hombre entonces ya no se sentiría sometido a la muerte, al diablo ni a Dios, sino su amo y dueño.
Al aislado convento benedictino llegan, como en sordina, los lejanos ecos de los sucesos políticos, religiosos y culturales del mundo exterior.
Como Umberto Eco hace discurrir toda la intriga dentro de los muros de un monasterio benedictino, se ve obligado a reconstruir ese ambiente en el siglo XIV, aunque sus datos tópicos sobre la vida interna del monasterio podrían valer igualmente, o tal vez mejor, para los siglos precedentes. La actividad del monasterio tiene un foco de atención primordial: la biblioteca y el scriptorium. En efecto, la biblioteca es un lugar prohibido por las ordenanzas del abad (únicamente tiene acceso a ella el bibliotecario que ejerce la función de censor) y por un laberinto, una creación pintoresca de Umberto Eco: guarda un tesoro extraordinariamente rico de libros inaccesibles de todo tipo, origen e ideología
Pero entre los monjes del scriptorium, especialistas en griego, árabe o retórica, copistas, miniaturistas e iluministas, etcétera, hay una lucha sorda por el poder, el poder del conocimiento, «la lujuria del saber» en palabras del propio Guillermo, por el acceso a la biblioteca. Con la advertencia (destinada a prevenir posibles anacronismos) de que esta biblioteca y este scriptorium eran algo excepcional en el XIV ante la decadencia general y la competencia de corporaciones, gremios seglares y universidades a que se ve sometido el scriptorium monacal , Umberto Eco nos introduce en la labor de copia de manuscritos. Esto le da pie para interesar al lector, a partir del trabajo de miniaturistas e iluministas, en la rica simbología de las figuras y monstruos del arte medieval y en otrosaspectos técnicos codicológicos. Precisamente el manuscrito que ocasiona los asesinatos es un «pergamino de tela», es decir, de papel, material que en el Occidente latino fue introducido a través de España por los árabes y cuyos testimonios más antiguos ofrece Santo Domingo de Silos.
Umberto Eco ha acoplado perfectamente este dato a su narración, pues el español Jorge de Burgos fue el que tiempo atrás en un viaje a su tierra había traído a la abadía, probablemente de Silos, este manuscrito de papel conteniendo el texto griego de la Poética de Aristóteles (conservada por los árabes). Además el hecho de que fuese papel le sirve al autor para desarrollar la trama del veneno impregnado en él, que es el elemento decisivo en el desenvolvimiento y desenlace de la acción.
En la reconstrucción del mundo monacal la novela adquiere mayor profundidad en la manera de hacer pensar y sentir a los monjes. En un momento en el que florecen las lenguas y literaturas románicas aquellos monjes siguen ajenos a ellas, pensando y escribiendo en latín, reflexionando sobre el mundo y el cielo desde una formación y visión bíblica, patrística y escolástica. Las auctoritates, tan típicas en la concepción medieval, son la fuente del conocimiento, a las que obedecen y siguen, pues sólo se atreven a afirmar algo, cuando lo pueden rubricar con el peso de alguna autoridad.
Únicamente Guillermo de Baskerville hace suya la célebre frase de que “somos enanos subidos a los hombros de otros gigantes”.
El éxito mundial de esta novela traducida a múltiples idiomas, plantea un interrogante. El nombre de la rosa es un libro de los llamados «cultos», porque exige una formación cultural específica y un notable esfuerzo mental. Sin embargo, son miles sus lectores que no se han rendido ante una novela de una época que se desconoce, en la que se discuten temas que no interesan, con supuestos que se ignoran y, para mayor complejidad, llena de textos en latin. Umberto Eco, sorprendido también por esta difusión, aduce más de una razón para ello, síntoma de que la explicación no es sencilla. El recurso a la preterición, es decir, el procedimiento de dar por conocidos hechos que,
sin embargo, se explican al mencionarlos, así como el tono didáctico de la exposición puede facilitar las cosas a determinados tipos de lectores, pero no a todos, sobre todo a los de menor formación o menos específica. Puede pensarse que el lector haya ido saltando los excursus, sorteando el latín, evitando la terminología técnica y quedándose solamente con el diálogo policíaco, pero no resulta verosímil. De proceder así la obra quedaría reducida a una novela de Agatha Christie, apasionante tal vez, pero nada más. ¿Puede creerse satisfactorio además para este tipo de lector que el asesino mate en siete días a siete compañeros de regla para evitar que se leyese la parte perdida de la Poética de Aristóteles?
Tampoco resulta convincente del todo la teoría de Umberto Eco de la construcción de su propio lector: “... quería, con todas mis fuerzas, que se perfilase una figura de lector que, superada la iniciación, se convirtiera en mi presa, o sea en la presa del texto, y pensase que sólo podía querer lo que el texto le ofrecía. Un texto quiere ser una experiencia de transformación para su lector Crees que quieres sexo, e intrigas criminales en las que acaba descubriéndose al culpable, y mucha acción, pero al mismo tiempo te daría vergüenza aceptar una venerable pacotilla que los artesanos del convento fabricasen con las manos de la muerte. Pues bien, te daré latín, y pocas mujeres, y montones de teología, y litros de sangre, como en el gran guignol, para que digas: « ¡Es falso, no juego más!» Y en ese momento tendrás que ser mío…”
Lo lógico es que un lector que quiera sexo, intriga y acción, al que se le da a cambio latín y teología, cambie la lectura de El nombre de la rosa por cualquier novela del género negro.
Querido lector, haz tu mismo la prueba…

Fuente: Enrique Montero Cartelle


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Umberto Eco y Jorge Luis Borges

miércoles, 30 de marzo de 2011

¡Alto! Luz roja para conectores

Conectores

Los conectores actúan como verdaderas señales de tráfico que indican al lector cómo interpretar el texto adecuadamente. Por este motivo, se convierten en unos aliados indispensables para una redacción eficaz.


Los conectores pueden servir tanto para unir oraciones como para relacionar párrafos entre sí:

    En el interior del párrafo, aumentan la cohesión entre las oraciones e indican las relaciones que mantienen las ideas entre sí.
    En el conjunto del escrito, actúan como elementos estructuradores y articulan las diferentes partes. Indican el orden de exposición, la jerarquía e importancia de las informaciones manejadas.

Conectores

  1. Para ordenar las partes del texto

Inicio
Continuación
Final
Para empezar
En segundo lugar
En fin
Antes que nada
Después
Por fin
Primero de todo
Seguidamente
Por último
Primero
A continuación
Para terminar
En primer lugar

En definitiva


Finalmente

  1. Para distinguir entre dos ideas
Por un lado / por otro
En otro orden de cosas
Por una parte / por otra parte
Mientras que

  1. Para presentar un nuevo aspecto
Por cierto
A propósito de
Respecto a
En cuanto a
En referencia
Por lo que respecta a
Referente a
Con referencia a
En lo que concierne
En / por lo que se refiere a

  1. Para concluir o resumir
En conclusión
En resumen
En suma
Total
Al final
En último término
En definitiva

  1. Para insistir en un aspecto: estos conectores indican que el texto avanza en una misma línea: reformulan, explican o aclaran una idea expuesta antes. 
Es decir                                                        Tal como
En otras palabras                                          Pues bien
Además                                                        Entonces
Igualmente                                                    En este sentido
Asimismo                                                      El caso es que
A su vez                                                        Esto es           
Encima                                                          Quiero decir
Es más                                                           O sea
Incluso                                                           Mejor dicho
También

  1. Para expresar oposición: estos conectores indican que el texto cambia de orientación en sentido contrario al segmento anterior.
Pero
En cambio
Sin embargo
Ahora bien
Sino
En lugar de
Por el contrario
Antes bien
Al contrario

  1. Para indicar causa-consecuencia: estos conectores introducen la causa o la consecuencia.
Como
Porque
Ya que
Visto que
Puesto que
Dado que
Así que
De manera que
De modo que
Por lo que
De ahí que
En consecuencia
Por ello
Por (lo) tanto
Por consiguiente
Pues
Así pues

  1. Para introducir ejemplos
Por ejemplo
Como ejemplo
Así que
Como muestra
Por ejemplo
A saber
Así
En concreto
Pongamos por caso
Sin ir más lejos

Marcadores discursivos

Son un recurso útil cuando se expone la propia opinión. Indican la posición del redactor ante su escrito, es decir, el compromiso que adquiere respecto a sus consideraciones.

Para expresar el punto de vista
En mi opinión
A mi juicio
A nuestro entender
Desde mi punto de vista
A mi parecer
Por lo que a mí respecta

Para manifestar certeza
Es evidente que
Es indudable
Todo el mundo sabe
Nadie puede ignorar
Es incuestionable
En general
De hecho
En realidad
Está claro que

Fuente: ¡Gracias Adriana Santa Cruz!

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El tejido de un texto

El tejido de un texto: conectores

Los conectores se definen como elementos que sirven para relacionar las ideas de
un texto. Se clasifican de acuerdo a la función lógica que cumplen dentro de una
oración, es decir, considerando el significado que otorgan a la relación.
Las funciones lógicas de los conectores son las siguientes:
1.-   Relación copulativa.
2.-   Relación disyuntiva.
3.-   Relación continuativa.
4.-   Relación adversativa.
5.-   Relación concesiva.
6.-   Relación causal.
7.-   Relación consecutiva.
8.-   Relación final.
9.-   Relación temporal.
10.- Relación comparativa.
11.- Relación condicional.
A continuación veamos cómo se definen y se utilizan los conectores:
1.- Relación Copulativa: los ilativos de este tipo indican unión de elementos
análogos. Los más comunes son: y (e), ni, que.
Ejemplos:
Cantábamos y bailábamos a la vez.
Crear e inventar son sinónimos.
No tenía ganas ni tiempo.
Ven, que te contaré un cuento.
2.- Relación Disyuntiva: los ilativos de este tipo indican diferencia o alternativa.
Los más comunes son: o (u), ya, bien, ya sea, ora
Ejemplos:
Estudias o ves televisión.
Ya nadando, ya corriendo, ya andando en bicicleta, siempre ganaban el triatlón.
Bien vengas, bien no vengas, no me interesa tu compañía.
Ya sea en el mar, ya sea en la cordillera, Argentina tiene hermosos paisajes.
Ora en libros, ora en revistas, hay que leer todo el tiempo.
3.- Relación Continuativa: los ilativos de este tipo indican continuidad en las
ideas. Los más comunes son: además, también, en efecto, o sea, vale decir, es
decir, por ejemplo, más aún, incluso
Ejemplos:
Vinieron mis amigos, además de mis primos.
Las ballenas también son mamíferos.
Tenía que renunciar a su cargo, y, en efecto, lo hizo pocos días después.
Los elefantes son herbívoros, o sea, comen hierbas.
Los conejos son mamíferos, vale decir, animales que se alimentan de leche.
Cantó hasta el amanecer, es decir, toda la noche.
Me gustan las frutas, por ejemplo, las manzanas, los duraznos y las peras.
Juan quería ganar dinero, más aún, ser millonario.
Todos fueron a la fiesta, incluso los que no recibieron invitación.

4.- Relación Adversativa: los ilativos de este tipo indican contrariedad u oposición
en las ideas. Los más comunes son:
4.A) Restrictivas: pero, mas, sin embargo, no obstante, aunque, pese a ello.
Ejemplos:
Era bonita, pero tímida.
Venía a la capital, mas por pocos días.
Se encontraba solo en el mundo, y, sin embargo, amaba la vida.
Saldría a caminar, no obstante la insistente lluvia otoñal.
Era inteligente, aunque flojo.
Ganó el campeonato y, pese a ello, no clasificó para la final nacional

4.B) De exclusión: (no) sino, (no) sino que, sólo.
Ejemplos:
No quiero ir al teatro, sino al cine.
El imperio romano no era un estado totalitario,  sino que pasó por varias etapas
políticas.
No quería comer, sólo dormir.

4.C) De diferenciación: en cambio, mientras que.
Ejemplos:
Tú irás a la playa; en cambio yo iré al campo.
En Buenos Aires nos ahogamos con el smog, mientras que en Córdoba disfrutan con
las brisas marinas
4.D) De oposición total: por el contrario, al contrario, al revés.
Ejemplos:
Tú eres alta, por el contrario, yo soy muy baja.
El hospital no negó la atención a los heridos del choque; al contrario, los atendió
con el máximo cuidado.
Al revés de lo que se cree, las arañas no son insectos, sino que pertenecen a una
categoría especial de seres vivos.

5.- Relación concesiva: los ilativos de este tipo señalan objeción o reparo con
respecto a lo afirmado. Los más comunes son: aunque, por más que, a pesar de
que, no obstante, si bien.
Ejemplos:
Aunque llueva iré al cine.
Por más que trataba de abrir la puerta de su casa, no podía.
Vino al colegio la semana completa, a pesar de que aún estaba convaleciente.
José trajo un montón de amigos para el asado, no obstante le advertimos que
viniera solo.
Si bien llegó, lo hizo tarde.
Relación causal: los ilativos de este tipo indican motivo, causa o razón de lo
expresado. Los más comunes son: porque, ya que, puesto que, dado que, pues.
Ejemplos:

Miguel se comió tres platos de cazuela, porque no desayunó ni almorzó durante el
día.
Viajaría a Chile, ya que lo estaban invitando.
Lo expulsaron del partido, puesto que cometía faltas reiteradas.
En España hay cada vez menos niños, dado que descendió la tasa de natalidad.
Lo sacaron del equipo, pues jugaba mal.

7.- Relación consecutiva: los ilativos de este tipo indican consecuencia o efecto.
Los más comunes son: luego, por ende, en consecuencia, por consiguiente, por lo
tanto, por eso, de aquí que.
Ejemplos:
Pedro tenía un título universitario; luego, era un profesional.
Casi siempre se levantaba tarde; por ende, llegaba atrasado a su trabajo.
Los gatos comen carne; en consecuencia, son carnívoros.
Luis se ganó la lotería; por consiguiente, se hizo rico y querido entre sus amigos.
El camino está interrumpido por los deslizamientos; por lo tanto, no podemos
llegar hasta Tacuarembó.
No estudiaba casi nunca; por eso le fue mal en los exámenes.
Cuando niño, sus padres le regalaban libros; de ahí que le gustara la lectura
8.- Relación final: los ilativos de este tipo indican finalidad u objetivo. Los más
comunes son: para, a fin de (que), con (el) objetivo de, con (el) objeto de, con el
propósito de.
Ejemplos:
Estudiaba continuamente, para triunfar en la vida.
A fin de terminar pronto, se apuraron en completar la tarea.
La Municipalidad trajo veinte camiones con mezcla, con el objetivo de reparar la
calzada destruida por las lluvias.
Viajo por todo el mundo, con el propósito de conocer gente distinta y lugares
exóticos.
9.- Relación temporal: los ilativos de este tipo indican la idea de tiempo. Los más
comunes son: cuando, antes que, no bien, apenas, mientras, en cuanto, tan luego
como.
Ejemplos:
Al parecer, los dinosaurios se extinguieron cuando un meteorito gigante chocó con
la Tierra.
Pásame la panera, antes que se acabe el pan.
No bien Margarita llegó a su casa, comenzó a estudiar.
Te llamo apenas llegue a la oficina.
El chef silbaba mientras cocinaba.
En cuanto supo la noticia, llamó a su casa para averiguar qué pasaba.
Los cocodrilos se arrojaron al río tan luego como vieron sus presas
10.- Relación comparativa: los ilativos de este tipo indican una relación de
igualdad, de superioridad o de inferioridad. Los más comunes son: como, tal ... que,
tal ... como, tanto ... que, tanto(s) ... como, más ... que, menos ... que
Ejemplos:
Cantaba como los dioses.
El estruendo en la fiesta era tal – con la música a todo volumen – que los vecinos
reclamaron.
Increíblemente huyó tal como lo había anunciado: amarrado de pies y manos.
Comió tanto arroz en el campamento de verano que no quiso ni verlo por unos
cuantos meses.
Durante la primera campaña de Lautaro, eran tantos los guerreros mapuches,
como olas en el mar.
Roberto era un poco más alto y fornido que el resto de sus amigos.
Relación condicional: los ilativos de este tipo indican condición, requisito o
necesidad. Los más comunes son: si, en caso de (que), siempre que, a menos que,
a no ser que
Ejemplos:
Si me vienes buscar, voy.
En caso de incendio, rompa el cristal.
Siempre que vengas a Valparaíso, pasa al santuario de Lo Vásquez.
A Felipe no le gustaba la música clásica, a menos que la escuchara en vivo.
Leticia se casaría con el príncipe, a no ser que alguien se opusiera rotundamente


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