Jamás se me ocurriría corregir a quienes escriben abortos ortográficos como ‘oy k bn! abr kndo kdms’. ¿Lo traduzco?: ‘Oye, ¡qué bien!, a ver cuándo quedamos’. Allá ellos y sus gustos. A mí lo que realmente me fascina –y lo considero un deber– es ayudar a determinadas personas que, aunque emplean de forma eficaz el idioma, cometen ocasionalmente deslices menores. Es entonces cuando no me puedo controlar y aprovecho el Facebook para ejercer de forma gratuita mi oficio de corrector.
Una de esas correcciones se la envié a un buen amigo, periodista tremendo y amante incondicional de nuestra lengua, pero tan sometido como cualquiera a los juegos malabares de un idioma traicionero. Leí en el Facebook un artículo suyo y disfruté de su talla intelectual y de su estilo de redacción. Sin embargo, vi que empleó una locución que a los académicos de la lengua no les resulta simpática: ‘en relación a’. El Diccionario panhispánico de dudas recomienda no usar esa expresión, que considera un cruce de estas otras dos: ‘en relación con’ y ‘con relación a’, ambas aceptadas por los gramáticos.
Quién me iba a decir a mí que las redes sociales me permitirían el lujo de corregir, aunque fuera en un mínimo detalle, a este viejo compañero de fatigas. Un amigo que, por cierto, me contestó por la misma vía privada para agradecerme la explicación. El buen talante y la corrección –entendida en este caso como la ‘cualidad de la persona de conducta irreprochable’– siguen estando en boga y tienen cabida también en el Facebook. Como tiene que ser.
Fuente: Ramón Alemán, en Lavadora de textos.
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